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6 junio, 2014

59 Salón de Montrouge: el espacio para el arte contemporáneo joven

Por Mariano Barrientos

Corresponsal en París

Más de una vez me he preguntado cómo un artista joven expone en sitios de prestigio, donde la expresión artística puede ser escuchada y vista por un gran cantidad de espectadores. Esas preguntas fueron contestadas con los trabajos seleccionados para esta edición del Salón de Montrouge en París.

Es curioso que al entrar a la galería Le Beffroi, sede del Salón, lo primero que encontramos es un mostrador con todos los dossiers de los artistas expositores, prueba clara de la transparencia del espacio y de la temática del evento. Al igual que todos los años, los artistas jóvenes son convocados para presentar sus proyectos para la selección del evento y el resultado de esta política es prometedor.

A diferencia de otro tipo de muestras colectivas, el Salón cuenta con dos pisos enteramente intervenidos, que incluye desde los ascensores y las escaleras hasta los techos. De esta forma, se demuestra que el arte puede manifestarse en cualquier superficie y, al mismo tiempo, le da la oportunidad al público de quedar envuelto por el encanto de la exposición.

Entre lo mas destacado, encontramos los trabajos maravillosos de artistas como Clementine Despocq. Dentro de un espacio minimalista, nos cautiva con su «bijou-art», que utiliza entre otras piezas cabellos de diferentes personas mezclados con fotografías.

Por su parte, JaZoN Frings nos pide que difundamos con «Everywhere» una serie de tacos de pequeñas hojas con el titulo de la muestra para que el espectador arranque una de estas hojas y se saque fotos con ellas en diferentes escenarios de su vida y que luego las publique en la pagina del proyecto.

En cuanto a la mención especial, este año fue el turno de China. De la mano de Qingmei Yao, oriunda del pueblo Yueqing, se presentó una selección de increíbles videos cortos pero con alto contenido político e inconformista sobre la sociedad en la que vivimos, haciendo hincapié en las situaciones de consumo en masa. También la artista se atreve a «discutir» con una maquina expendedora de gaseosas y transmitirle toda su ira.

Sin lugar a dudas, se destacó el sensacional trabajo del francés Julien Salau con dos obras que traspasan el tiempo y las formas. Por un lado, presentó en una sala oscura una cueva forrada con cueros de vaca y cocida de manera decorativa con pequeñas piedras. A través de un único agujero, nos asomamos a la figura de un alce en forma de luz láser, como si viéramos la inminencia de un nacimiento. En otra sala, justo enfrente, se encontraba la figura de un centauro con el mismo cuero utilizado para la cueva, lo que nos hacía suponer que el nacimiento fue efectivamente concluido, hecho que nos hace dueños del paso del tiempo.

A la presentación de obras, se le sumaron distintos workshops y charlas. Gracias a la asistencia de una gran cantidad de público pudo lograrse la difusión del trabajo incesante de muchos artistas jóvenes que buscan su lugar en el mercado y que dejan a disposición del Salón sus carpetas con todas sus ideas a la espera de una mayor difusión.