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El Gran Otro | Lunes 21 de Agosto de 2017

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Acerca de lo pulsional en las producciones artísticas con adolescentesOn Aspects of the Drive in Artistic Productions with Adolescents

<!--:es-->Acerca de lo pulsional en las producciones artísticas con adolescentes<!--:--><!--:en-->On Aspects of the Drive in Artistic Productions with Adolescents<!--:-->

Un decir en juego, un trabajo posible.

Este artículo se propone reflexionar acerca de los procesos de simbolización que se manifiestan a través del lenguaje de las artes en el trabajo clínico con aquellos que nuestro tiempo llama adolescentes, a quienes como adultos nos toca acompañar hoy en el trabajo cotidiano de la educación y de la enseñanza.

¿Qué posibilidades tienen los adolescentes de nuestro tiempo de tramitar las formas de violencia simbólica y real a las que se encuentran expuestos? ¿Qué recursos simbólicos les brindamos nosotros, adultos, para realizar este trabajo de procesamiento? ¿Qué trabajo hay por hacer allí?

Estos interrogantes nos llevan a otros, desde los que propongo repensar algunos conceptos teóricos para que nos guíen en nuestra práctica clínica:

¿Por qué apostar al arte como un medio favorecedor y productor de nuevos sentidos?

¿Para qué le pueden servir las formas de producción artística a un adolescente de hoy?

¿Qué nos dicen sus producciones artísticas?

Y finalmente, una pregunta que es necesario formular: ¿Hay producción artística?

Imagino la producción artística, la obra de arte, cualquiera sea ésta, pensándola como aquella manifestación que posibilita una construcción, motoriza un deseo y amplía las posibilidades simbólicas de un sujeto; producción necesaria para llenar vacíos, para poder encontrar-se en otra dimensión diferente, que permita otros espacios de identificación que no sean, por ejemplo, el de las adicciones, el de los actings, el de ver al otro como objeto o ser objeto del otro.

Le preguntaron a Picasso de dónde le venía su arte, y él respondió la famosa frase: «yo no busco, encuentro»; pero sabemos que hay una distancia entre aquello prentendido y algo de lo encontrado. Desde esta perspectiva pienso algunas cuestiones:

 

1. ¿Qué es lo que hace a una obra de arte, aquello que caracteriza a un objeto artístico en tanto tal? ¿En que se diferencia de otras producciones?

La obra del artista (me refiero a todas las manifestaciones que se desprenden: teatro, música, danza, pintura, escultura, etc.) es una producción en su máxima singularidad subjetiva. Podríamos decir que lo que una obra expresa es el saber del artista, saber no sabido al mismo tiempo, pero que encuentra una manera de ser lenguaje que se expresa. En tanto producción subjetiva, eso habla, pero al mismo tiempo, tiene para el autor un significado que él mismo des-conoce.

Voy a dar una especie de definición absolutamente personal de lo que considero podría ser una obra, o más bien lo que prefiero llamar «producción artística», que es, a la vez, una definición que me permite trabajar con proyectos vinculados con la creación y también en la clínica:

Entiendo la producción artística como un trabajo en donde se pone en juego la expresión del mundo subjetivo de un ser humano, transmitida por diferentes medios perceptuales, no necesariamente estéticos (es decir, no está relacionado con lo «bello»), pero que además reúne la condición de poder dar cuenta de un mensaje para otro. Por ello, más que obra de arte, prefiero referirme a este proceso como acto creativo, en el sentido de producción.

Por otro lado, me parece necesario resaltar que la obra necesariamente acude siempre a otro para nombrarla como tal. Aquí, lo importante para pensar es si algo del acto de creación se puso en juego, es la posibilidad de poder mirar la propia obra y enlazarla con la palabra. En efecto, un artista nombra la obra, aunque quede «sin título». La condición de permanencia a través del lenguaje es lo que ha convertido a ciertas obras en patrimonio artístico de la humanidad.

Nótese que no estoy diciendo que lo que hace de una obra una genialidad no es necesariamente su perfección estética, sino que para mí lo importante es el mensaje que ella es capaz de transmitir. Un mensaje que estará cargado de sentido tanto para el autor como para quien capta la obra, mensaje que además no necesariamente puede coincidir.

Pienso, entonces, en las manifestaciones artísticas de los adolescentes: por ejemplo, el tema del arte callejero, en esas grafías con letras como en tres dimensiones en donde apenas se logra leer algún nombre, escritas en lugares marginados, prohibidos. Pienso en los mensajes, en los saberes que allí se esconden, que tal vez para el mismo autor también sean enigmáticos. Justamente la posibilidad de traducirlos es el sentido de un trabajo clínico. La posibilidad de traducción de esos saberes en juego es el eje del trabajo con muchos de los proyectos que toman al arte como eje.

Pero volviendo a esta definición que, como ya fue mencionado, me era útil para la clínica y para el trabajo con adolescentes, ésta supone una nueva reformulación: la de pensar qué procesos deberían ponerse en juego para posibilitar la expresión creativa en vez de la de quedar atrapado en otro tipo de salida no tan saludable, es decir, ¿cómo relacionarla con aquel destino pulsional al que Freud se refiere como sublimación? ¿Todo acto de creación implica sublimación?

Este concepto, el de la sublimación, es un concepto que aparece en la teoría psicoanalítica, pero que también circula en el lenguaje cotidiano. Quiero detenerme en esto porque es ciertamente importante, pero también es cierto que se trata de uno de estos conceptos en los que hay agujeros por todas partes, incluso en las mismas formulaciones realizadas por Freud.

Entonces, si consideramos la sublimación como uno de los destinos de la pulsión, ¿qué podríamos considerar respecto de los destinos de la pulsión en la actualidad y de qué modos estos se relacionan con los problemas de los adolescentes?

2. Comenzando por la represión: ¿Qué se reprime en la adolescencia?

Pienso en el acceso y disponibilidad de medios para acceder a lo sexual y en las diversas exploraciones que un adolescente realiza para construir un rol en este sentido. Pienso también en el tema de lo público y lo privado, lo íntimo, en los realities.

3. La transformación en lo contrario lo refiere a la modalidad de satisfacción pulsional: activa o pasiva; o en la vertiente del contenido: amor-odio.

Aquí podríamos pensar el tema de la agresividad en los adolescentes, también relacionado con el exceso de violencia en nuestros días y qué posibilidades de simbolización, de tramitación psíquica, existiría en la adolescencia. También merece consideración el tema de la identificación con el agresor, las modas, los pibes chorros…

4. La «vuelta hacia la propia persona» referida al objeto de la pulsión, al lugar que ocupa respecto a su satisfacción, sujeto u objeto, también estaría relacionada con algunas formas de violencia, por ejemplo con la autoagresión, el masoquismo, las marcas en el cuerpo (tatuajes, piercings).

Pensemos en estos destinos como formas en las que insiste lo pulsional: ¿cuál de ellas brindaría mayores capacidades de tramitación en lo simbólico?

La idea es pensar qué podría servirnos hoy para trabajar con un adolescente, para proponer algo distinto que permita resignificar el mundo que nos toca, no porque el mundo que nos toca sea mejor o peor, sino porque la apuesta es siempre potenciar los recursos que en la adolescencia están latentes.

Respecto de pensar algo como un acto creativo, si nos atenemos a la definición anteriormente expuesta, vemos cómo la dimensión de obra de arte deja de ser acotada a los artistas y pasa a ser extensiva a todos los sujetos, potenciando los recursos simbólicos que poseen o posibilitando otras formas de identificación posibles.

Pienso, entonces, que las posibilidades de hacer jugar algo de la creación o producción en lo artístico brindaría mayores capacidades de tramitación, mayores posibilidades de que pueda surgir aquello del orden del Eros —no del Thánatos— y fortalecer procesos simbólicos necesarios para que un púber o un adolescente construyan un proyecto de vida más pleno, más compatible con su deseo.

La adolescencia es un tiempo en que se suceden muchos cambios, se replantean proyectos, se vive en la incertidumbre. Esto plantea la búsqueda de lugares y espacios de identificación, de expresión. Y toda la energía, para llamarlo de alguna manera, esa energía «rebelde» puede ser orientada hacia modos que permitan la construcción e inserción en un espacio social conjunto. Muchos adolescentes se sienten atraídos por el diseño, el dibujo, el grafitti, los blogs, la escritura. Estos son espacios potentes para pensar un trabajo desde lo clínico, para ir armando otras versiones posibles de aquello de lo que se padece, en tanto sujeto de un determinado tiempo lógico; para pensar las manifestaciones artísticas como lugar de constitución subjetiva y pensar el arte no solo como medio de elaboración, sino también de reelaboración y de construcción de otros posibles, sobre todo en la adolescencia.

 

Lic. Nancy Amado

lic.nancyamado@gmail.com

http://nancyamado.blogspot.com

www.lic-nancyamado.com

 

[box]Bibliografía: El siguiente trabajo es un resumen de la conferencia presentada en el marco de las Primeras Jornadas Psicopedagogía y Problemáticas Sociales:

  • El adolescente de hoy en los nuevos escenarios sociales, 30 y 31 de octubre de 2009.
  • Aulagnier, Piera: Un intérprete en busca de sentido. México: Siglo Veintiuno Editores, 1994.
  • Freud, Sigmund: «Psicoanálisis», Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones, 1976.
  • Freud, Sigmund: «Teoría de la libido», Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones, 1976.
  • Freud, Sigmund: «Introducción del narcisismo», Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones, 1976.
  • Freud, Sigmund: «Conferencias de introducción al psicoanálisis», Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones, 1976.
  • Laplanche, Jean y Silvia Bleichmar: La sublimación. Problemáticas III. Buenos Aires: Amorrortu, 1987.
  • Pommier, Gérard: El descenlace de un análisis. Buenos Aires: Nueva Visión, 1988.
[/box]

 By Lic. Nancy Amado
In this article I propose to reflect on the symbolization processes that are manifested through the language of the arts in clinical work with those whom we call adolescents, and whom we, as adults, are in charge of accompanying in the daily task of teaching and education.

What possibilities do teenagers these days have to process the forms of violence, symbolic and real, to which they are exposed?  What symbolic resources do we, as adults, offer them?  What tasks remain?

These questions lead to others which I propose to use in order to rethink certain theoretical concepts that can guide us in our clinical practice:  Why should we promote the arts as a medium that enhances and produces new meanings?  Of what use are forms of artistic production to a teenager today?  What do their artistic productions tell us about their adolescent pathos?   And, finally, a key and necessary question:  Can we even speak of artistic production?

I conceive of artistic production or the work of art – whichever is the preferred term – as that manifestation that allows a construction, puts in motion some desire, and increases a subject’s symbolic possibilities.  It is a production necessary to fill “voids” and to be able to find oneself from another position.  And it makes room for identities and identifications other than those of addictions and acting out and objectifying oneself and others.

Picasso was once asked where the inspiration came from for his art, and he answered with his famous phrase:  “I don’t search, I find.”  But we know that there is a distance between what is intended and what is found.  From this perspective, I would like to raise certain questions:

1. What determines a work of art?  What is it that characterizes an object of art as such?  How does it differ from other productions?  The work of an artist (I’m referring to all artistic manifestations:  theatre, music, dance, painting, sculpture, etc.) is the realization of maximum subjective singularity.  We could say that the piece expresses the know-how of the artist, which at the same time he doesn’t consciously know, yet manages to find a medium to express. In terms of subjective production, “it speaks,” though at the same time the author may be unaware of its meaning.
I am going to offer a completely personal definition of what I consider to be a work of art, or rather what I prefer to call an artistic “production.”  This definition allows me to work with projects related to creativity as well as clinical practice:

I understand artistic production to be work in which the expression of the subjective world of a human being is put into play and transmitted through different perceptual mediums, which don’t have to be aesthetic (that is, they don’t have to be related to the “beautiful”).  In addition, some message intended for another can be recognized.  For this reason, rather than work of art, I prefer to refer to this process as a creative act, in the sense of production.

On the other hand, it seems necessary to emphasize that the work requires that someone else name it as such.  What we need to think about here is if something of the act of creation has been realized, whether it’s possible to look at one’s own work and link it with one’s own word.  In fact, an artist always names his work, even if it remains as “untitled.”  What has converted certain works into part of the humanity’s artistic legacy is the condition of permanence conferred through language.

Please note that I’m not saying that a piece can’t be considered a masterpiece because of its aesthetic perfection, but rather for me what is important is the message that it is able to transmit.  A message that is charged with meaning as much for the author as for the person who “gets” the work, though that message might not be the same.

I’d like to go back now to the artistic expressions of adolescents, such as graffiti, with those fat, three-dimensional letters in which one can barely make out a name, written in marginal or forbidden places.  I’d like to consider the messages and the knowledge or knowing that is hidden there, enigmatic perhaps even to its author.  And here is where clinical work becomes relevant through the possibility of “translating” these works with their messages.  Most projects based on using artistic mediums revolve around this possibility of translating this “knowing” that the teenagers are working out through their artistic productions.

But returning to the definition that, as I mentioned, has been useful to me in clinical work with teenagers, I now want to propose a reformulation:  What processes need to be activated so that  teenagers can access creative expression instead of getting caught in some sort of unhealthy dead-end?  That is, how can we relate creative expression to that destiny of the drive that Freud calls sublimation?  Do all creative acts imply sublimation?

Sublimation is a concept that appears in psychoanalytic theory, but it also circulates in daily conversation.  I’d like to pause for a moment because while it’s certainly important, it’s also certainly one of those concepts that is full of holes, even in Freud’s own definitions.  Therefore, if we consider sublimation as one of the destinies of the drive, what can we say regarding the destinies of the drive in today’s world and how do these relate to the problems that teenagers face?

2. Repression:  What is repressed in adolescence?  I’m thinking of all the ways available to teenagers to gain an understanding of the sexual and of the diverse explorations that they go through in order to construct a sexual identity.  I’m also thinking about the issue of the public, the private, the intimate, and what goes on in the reality shows.

3. The transformation of the drive into its opposite refers to the type of satisfaction, active or passive, or to its contents, that is, love into hate or vice versa.  Here we can consider the issue of aggression among teens- related to the current excess of violence- and how they are able to process this violence.  There is also the issue of identification with the aggressor, trends and fads, delinquency…

4. The “redirecting of the drive onto oneself” refers to the object of the drive and to the place it occupies with respect to satisfaction, whether it be as subject or object.  It also is related to certain forms of violence, such as self-harm, masochism, and markings on the body (tattoos, piercings).

Let’s think of these destinies as ways in which the drive activity insists:  which of them best lends itself to symbolic processes?  I’d like to think about what could be of use to us in our work with teenagers and to propose something different that allows us to give new meaning to the world we live in, though not because today’s world is better or worse. The goal is always to enhance the inner resources that teenagers have.

Returning to the creative act and returning to the earlier definition, we see that a work of art is no longer limited to the work of artists but rather is extended to the work of all subjects, and thus strengthens their resources for symbolization or facilitates other forms of identification.
I think, then, that allowing them the opportunity for artistic and creative production would allow teenagers to process their world, and let emerge for them on the order of Eros instead of Thanatos.  These strengthened symbolic processes will ultimately help a teen construct a life project that is coherent with his or her desire.

Adolescence is a time of many changes – goals change and uncertainty reigns.  This period inevitably pushes the teenager to look for spaces and places where he or she can process his/her identity and express him/herself.   They can direct all that “rebellious” energy in ways that allow the construction of and the insertion into a social space.  Many teenagers are attracted to design, drawing, graffiti, blogs, and writing.  Those are the spaces to incorporate into clinical practice in order to channel and give outlet to those phenomena that usually cause suffering in adolescence. We can think of artistic manifestations as a place for subjective constitution, and we can think of art not only as a medium for working through issues but also a place for a re-processing and construction of other possible mediums, especially for adolescents.

Lic. Nancy Amado 
lic.nancyamado@gmail.com
http://nancyamado.blogspot.com
www.lic-nancyamado.com