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El Gran Otro | Jueves 17 de Agosto de 2017

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Acerca del Gran Otro (A) On the Big Other (A)

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“Cuando llega la verdad, parece última su palabra;

pero su palabra última da siempre a luz otra palabra”.

R. Tagore. Pájaros perdidos.

 

Con el símbolo A, en francés, Autre, designa Lacan a ese otro lugar del sujeto- descentrado; en castellano, Gran Otro, que significa: tesoro de los significantes; lugar de lo simbólico. También es un modo de nombrar a lo Inconsciente (como discurso del Otro).

Roberto Harari, en su libro “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, dice que el psicoanálisis debe poder soportar bien la ambigüedad en las categorías y relaciones entre nociones con las que tenemos que pensarlo: “por estar constituido de palabras, los conceptos están abiertos a la multivocidad, sin caer en el extremo opuesto de la falta de rigor discriminante,; por ello, no pertenece al campo de la ciencia, la que pretendería un recubrimiento entre teoría y práctica ,y definiciones claras y definidas.

Mas la materialidad de lo Inconsciente impide dichas pretensiones.

Volviendo al término que nos ocupa, éste lo podemos pensar como multívoco: fue cambiando a lo largo de la obra de Lacan. En sus comienzos, lo ubica en el esquema Lambda, para referirse a que las interpretaciones del analista van dirigidas al sujeto de lo Inconsciente, desde el lugar del Gran Otro, es decir, de Inconsciente a Inconsciente, en contraposición a las escuelas de psicología del Yo, que reforzaban, más bien, el eje imaginario en el tratamiento del paciente, más cerca de la sugestión.

Siguiendo a Lévi-Strauss, el lugar del Gran Otro es lo simbólico, es decir, el representante de la cultura, lo que hace posible la separación del hombre con la naturaleza, inscribiéndolo de entrada en el lenguaje, en la ley fundadora de la interdicción del incesto. El Gran Otro, representante del orden simbólico, es la organización lógica que regla las relaciones del sujeto con la cultura.

El Gran Otro, tesoro de los significantes, lenguaje que preexiste al sujeto es el garante de la ley. (Si hablamos de tiempos lógicos, podemos decir que El Otro preexiste al sujeto).

Dice Lacan en “Función y campo del habla y del lenguaje”: “El hombre habla pues, pero es porque el símbolo lo ha hecho hombre”.

Más adelante, en su enseñanza, Lacan va a afirmar que el Otro no existe, que no hay Otro del Otro.¿Es ésta una contradicción o, como nos advierte Harari, hay que soportar esta ambigüedad en el concepto? Más bien habría que entender, qué nos quiere transmitir con esta nueva afirmación.

Al haber siempre, en ese tesoro, un significante en menos, concebimos al Gran Otro como Otro barrado, es decir, en falta. Esta castración (simbólica) del Otro será el reflejo de la propia castración del sujeto, trabajo de duelo, la cual motoriza el deseo.

En 1977, en “De la lectura de Freud”, Lacan-que al comienzo había afirmado que “Lo Inconsciente estaba estructurado como un lenguaje”- dirá: “El lenguaje estructura lo Inconsciente, pero lo Inconsciente es lo Real en la medida de que es lo imposible de decir”.

El neurótico quiere creer en la existencia del Otro sin barrar. Es la idealización del otro. Mas el trabajo de análisis lo llevará a que acepte que no hay Otro del Otro. Harari cita en el libro “Lo inconsciente, la una-equivocación: cortes, conexiones y derivas”, a M. Cacciari, quien dice que al final de un análisis el sujeto llega a unasoledad acogedora, acompañada de una nostalgia serena, agrega Harari. Y yo digo, llega a una soledad fértil, a partir de la cual aceptar la falta de plenitud, de garantías; y sabe hacer con eso, antes que pedirle autorización a quien él suponía tener la verdad; ya que “no hay encarnación en el lugar del Otro”.

El epígrafe da cuenta de que no existe Otro que posea La Verdad, que ésta se semidice, y que la aceptación de incompletud nos libera de una dependencia infantil segura.

Concluyo esta breve introducción con una frase de mi trabajo “Estudios sobre la histeria”, publicado en el libro anteriormente citado, con motivo de la celebración de los 30 años de Mayéutica en el año2007, dice así: “cuando el estatuto del Otro sin barrar vacila como plenitud, queda en evidencia que, como afirma Lacan “no hay Otro que lo Real.”

 

Por: Graciela Corrao.

gracielacorrao@hotmail.com

 

Psicoanalista Miembro de

Mayéutica Institución Psicoanalítica


                                                      

                                                       “When truth arrives, its word seems the last;
yet the last word always gives birth to another word.”

                                                                       Rabindrath Tagore. Lost Birds.

 

With the symbol A, standing, in French, for Autre, Lacan designates that other place of the (decentered) subject, the Big Other, which signifies: the treasure-trove of signifiers; the place of the symbolic. It is also a way of naming the Unconscious (as the discourse of the Other).

 
Roberto Harari, in his book Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de Lacan,” [The Four Fundamental Concepts of Psychoanalysis, of Lacan] says that psychoanalysis should be able to tolerate ambiguity in the categories and relations between notions with which we have to think it: “by being constituted by words, concepts are open to multivocity, without falling into the opposite extreme of a lack of discriminatory rigor”; for this reason, it does not belong to the field of science, which would demand a perfect fit between theory and practice, and clear-cut definitions.

 
But the materiality of the Unconscious thwarts any such demands.

 

But to come back to the term in question, we can think of it as multivocal: it kept changing over the course of Lacan’s oeuvre. At the outset, he situates it in his Lambda graph, in order to allude to the fact that the analyst’s interpretations are addressed to the subject from the Unconscious, from the place of the Big Other, that is to say, from Unconscious to Unconscious, in contradistinction to the schools of Ego psychology, which instead,  in treating the patient, reinforced the imaginary axis, thereby coming closer to suggestion.

 
Following Lévi-Strauss, the place of the Big Other is the symbolic, that is, the representative of culture, that which makes possible man’s separation from nature, inscribing him from the start in language, in the founding law of the prohibition of incest. The Big Other, the representative of the symbolic order, is the logical organization that governs the subject’s relations with culture.

 
The Big Other, treasure-trove of signifiers, language preexisting the subject, is the guarantor of the law. (To speak in terms of logical times, we can say that the Other preexists the subject).

 
Lacan says in “Function and Field of Speech and Language”: “Man speaks, then, but that is because the symbol has made him a man.”

 

Later on in his teaching, Lacan will say that the Other does not exist, that there is no Other of the Other. Is this a contradiction, or must we, as Harari advises, bear with this ambuiguity in the concept? We would do well to understand what he wishes to transmit to us with this new assertion.

 
In so far as there is always, in this treasure-trove, one signifier missing, we conceive of the Big Other as a barred Other, that is, as lacking. This castration (symbolic) of the Other must be the reflection of the subject’s own castration, the work of mourning that mobilizes desire.

 
In 1977, in “On Reading Freud,” Lacan – who early on had declared that “the Unconscious is structured like a language” – will say: “Language structures the Unconscious, but the Unconscious is the Real, to the extent that it is the impossibility of saying.”

 
The neurotic wants to believe in the existence of the unbarred Other. It is the idealization of the other. Yet the work of analysis leads him to accept that there is no Other of the Other. Harari, in the book Lo inconsciente, la una-equivocación: cortes, conexiones y derivas” [Unconscious, Une-bévue: Cuts, Connections, and Drifts], quotes M[assimo] Cacciari, in saying that at the end of an analysis the subject reaches a hospitable, solitude, accompanied, adds Harari, by a serene nostalgia, and I would say, a fertile solitude, from which to accept the lack of plenitude, of guarantees; and that subject knows what to do with this, before asking authorization of one formerly supposed to possess the truth – since “there exists no incarnation in the place of the Other.”

 
The epigraph takes account of the fact that that there exists no Other who possesses The Truth, that this is something half-said, and that the acceptance of incompleteness frees us from a safe, childish dependency.

 
Let me end this brief introduction with a phrase from my own “Studies on Hysteria,” published in the above-mentioned book: “[W]hen the status of the unbarred Other vacillates as plenitude, it grows clear that, as Lacan says, “there is no Other but the Real.”

 

 

Graciela Corrao
gracielacorrao@hotmail.com

Member Analyst 
of Mayéutica, Institución Psicoanalítica

 

Bibliography
Harari, Roberto; Discurrir el psicoanálisis. Ed. Nueva Visión 1999. Bs. As
Harari, Roberto; Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de Lacan: una introducción. Ed. Nueva Visión 1999. Bs. As.
Harari, Roberto y otros; Lo Inconsciente, la una-equivocación :cortes y derivas Ed. Mayéutica,2009  Bs. As.