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El Gran Otro | Jueves 24 de Agosto de 2017

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Al diván con el teatro

Al diván con el teatro

Hoy en el diván, el grupo de Las putas de San Julián, de Osvaldo Bayer, en versión libre de Rubén Mosquera

Raquel Tesone

El 17 de febrero de 1922, cinco mujeres del prostíbulo de San Julián (Santa Cruz), se atrevieron a presentarse en huelga, negándose a brindar sus servicios a los soldados que fusilaron a mil quinientos obreros. Esta matanza se produjo como respuesta a la huelga de los peones rurales que se rebelaron ante la explotación de sus patrones. Frente al silencio del resto de la sociedad, este grupo de mujeres tuvo la valentía de hacerse oír con una forma particular de repulsa. «Nosotras no nos acostamos con asesinos», dijeron con convicción. Y por esto, fueron torturadas por aquellos policías avalados por los militares de la época. Hombres que consideraban que había que castigar semejante osadía. Ellas no titubearon en arriesgarse a pagar con sus vidas el precio de la libertad. Esta certeza de saberse libres de elegir las convirtió en ejemplo de la dignificación del género femenino. En su libro, O. Bayer documentó los acontecimientos, y él hubiese deseado que el film La Patagonia Rebelde tuviera como final esta historia que hoy la pudo transformar, junto con Mosquera, en una obra de teatro. Si bien el film en sí mismo provocó una denuncia que le costó a Bayer el exilio, parecería que finalizarlo con las putas de San Julián hubiera sido algo mucho más audaz. Siendo que todo el film fue y es una condena absoluta a la violencia, ¿cómo explicarnos que este final caiga bajo la censura? ¿Será por el mismo motivo que la historia de Lilit casi no aparece en la Biblia cristiana?

Según el Talmud, la primera mujer de Adán fue creada por Dios con barro y excremento a su imagen y semejanza. Se llamaba Lilit. Ella se rehusó a aceptar lo que le imponía Adán, por ejemplo (y no es cosa poco significativa), la exigencia de estar debajo de él cuando mantenían relaciones sexuales. Lilit, luego de varias disputas, decidió dejar a Adán solo en el Edén y partió con su amante Asmodeo a orillas del mar Rojo, y también se entregó a otros demonios. Adán, tras corroborar que Lilit no deseaba volver con él al Edén, pidió a Dios una mujer que no fuera perfecta, y es por eso que Eva nació de la costilla de Adán. Eva es el tipo de mujer que asume sumisamente el rol que Adán le asigna. Pese a esto, no deja de jugar su papel de seductora al ofrecerle la manzana prohibida. En la Biblia cristiana solo hay algunas alusiones a Lilit, pero la historia en sí misma fue «censurada». ¿Es que Lilit era una puta como las de San Julián? La raíz etimológica de la palabra puta proviene del latín putta (muchacha, «chica de la calle») y también de putare, que significa pensar, disputar, destinar, elegir. En este sentido, y paradójicamente, parece que puta señala a una mujer que se considera con libertad de pensamiento y de elección. Es curioso que la palabra puta, que se utiliza para calificar a la mujer de forma peyorativa, cuando se refiere en masculino, es decir, puto, sirve para denigrar al hombre cuya elección es la homosexualidad. ¿Cómo denominar entonces a los policías que torturaron a las «putas» de San Julián? ¿Será que no existen palabras para nominar el horror del ser humano?

La mujer, desde el ángulo que Bayer y Mosquera toman para armar este original recorrido de los diferentes aspectos del ser mujer, tiene el denominador común de ser librepensadora. Hasta la muerte para ellos es una bella mujer que piensa que su intervención en la huelga de los peones rurales fue siniestra, y que llevarse a un hombre con tanta vida como Osvaldo Bayer no tiene ningún sentido. Sin embargo, como toda mujer que se precie, ¡no

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deja de intentar provocarlo! A través de Marlene Dietrich, quién lo visita todas las noches habitando sus fantasías, la mujer también simboliza el amor. Y es otra mujer quien lo acompaña como guía en el sendero de la sabiduría y le dice: «Sé siempre fiel a tus ideas». Esa mujer es su madre. Ese amor maternal incondicional es el que parece otorgar a Bayer la fuerza para seguir luchando por sus ideales y, desde ahí, reivindicar a la mujer en todas sus dimensiones. Esta obra, que sin duda es un homenaje a las putas de San Julián, se atreve a hablar de los hombres que, castigando y expulsando a las Lilits, intentan hacerlas callar con el objetivo de poner un manto de silencio en el entramado histórico. Bayer y Mosquera, por el contrario, las reviven, y se aventuran no solo a historizarlas, sino que también se animan a ofrecer, a través de ellas, una perspectiva de las mujeres que nos honra y nos enaltece.

Por nuestras Lilits argentinas de San Julián: ¡Vivan las putas!