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El Gran Otro | Jueves 21 de Setiembre de 2017

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Al servicio de la comicidad

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Humor y virtuosismo han sido desde siempre dos factores determinantes en las obras de Les Luthiers.          

 

Por: Guillermo Dellmans

Históricamente, dentro del mundo del arte, la comedia fue considerada un género «menor». Una de las hipótesis acerca del origen de tal consideración es posible encontrarla a través de la lectura de la Poética de Aristóteles. Allí es considerada, junto con la parodia, como lo más «bajo» moral y socialmente, motivo por el cual son separadas de los géneros poéticos nobles: la tragedia y la epopeya. Sin embargo, ante cualquier obra de Les Luthiers —en general— y de Johann Sebastian Mastropiero —en particular—, toda la connotación negativa que se perpetuó desde la antigüedad sobre el humor se disipa.

La presencia del humor en la música consistió habitualmente en comedias puestas en música, en donde, por lo general, se trataba de piezas vocales representadas, para las que no hacía falta poseer conocimiento musical alguno para echarse a reír. Pero existió otra forma de explorar el humor por parte de la música: la parodia. En este caso, se requiere un tratamiento más sutil y una exigencia adicional del oyente-espectador acerca de los códigos del objeto parodiado. La parodia presenta un cúmulo de significaciones sin diferenciación estricta, lo que conlleva habitualmente a confusiones. En su sentido clásico, se trata de sustituir o modificar un tema, generalmente serio, siempre manteniendo su estilo.

Desde sus inicios, Les Luthiers planteó diferentes formas de utilización de la parodia. Especialmente en lo que refiere a los aspectos musicales, es utilizada como método de composición y, a la vez, como herramienta humorística. Su manera más habitual de emplear la parodia consiste en retomar estilísticamente un género musical conocido y establecido para darle una significación nueva, jugando tanto como sea posible, simultánea o independientemente, con sus elementos constitutivos: texto (juego de las palabras), música (en sí), instrumentos (sonidos y componentes) y gestualidad. La utilización de la imitación estilística como medio y la comicidad como fin evidencia un procedimiento que se distancia de lo que comúnmente se asocia con la parodia.

 

Johann Sebastian Mastropiero

Que se comprenda en su totalidad la parodia que implican la figura y las obras de Johann Sebastian Mastropiero depende, en gran medida, de los conocimientos del espectador-oyente. Por lo cual existen, en los espectáculos de Les Luthiers, bromas o ironías que apelan al entendimiento del público en general, habitualmente plasmadas en el argumento temático, exageraciones relacionadas con la gestualidad y/o los juegos de palabras. Pero las parodias que abundan en las obras de Mastropiero son las que requieren la capacidad para decodificar los códigos propios del ambiente de la música «clásica».

Una de las primeras obras compuestas por el maestro fue la Cantata Laxatón, evidente parodia de la cantata barroca, y más precisamente de La Pasión según san Mateo, de Johann Sebastian Bach. A diferencia de Bach, que extrajo el argumento temático de su cantata del Evangelio de san Mateo, la cantata de Mastropiero fue tomada del prospecto de un laxante y muestra, a lo largo de su proceso, todo un estudio sobre la correcta utilización y los siguientes efectos del medicamento. Sumado a esto, la Cantata Laxatón parte y se desarrolla a partir de la melodía del coral N.º 15, «Mich Erkenne, mein Huter», de La Pasión de Bach, extraída sin la constancia de su autor por Mastropiero. Recurre al mismo procedimiento al tomar «prestada» la melodía completa del primer movimiento de la Sonata en Mi menor K. 304, de Wolfgang Amadeus Mozart, para componer un ciclo de cuatro «sonatas para latín y piano», para que sean interpretadas por Rudolf von Lichtenkraut («latinista») y su esposa Gundula von von Lichtenkraut (pianista). La relación amorosa que inicia con Gundula lleva a Mastropiero a colocar en la partitura extensas secciones de solos para el latín, con el único fin de mantener entretenido a Rudolf, mientras él se encuentra con su esposa detrás de los telones.

En cuanto a las obras que parodian la estética singular de un estilo, se destaca su célebre Concerto Grosso alla Rustica, compuesto para orquesta de cámara, dúo de recitantes y concertino puneño. Esta es una forma musical que fue ampliamente practicado en el Barroco, que posee la particularidad de intercambiar el material musical entre el tutti (orquesta completa) y el concertino (grupo de instrumento solista). Si bien este último se componía generalmente de un trío de cuerdas (violines y viola), en la pieza de Mastropiero el concertino está conformado por un grupo de instrumentos del Altiplano, integrado por quena, charango y bombo, de ahí la cualidad «rustica» del concierto.

Entre las obras donde la parodia se fundamenta a nivel textual (títulos y narración), y no musical con respecto a la obra aludida, están por ejemplo «El polen ya se esparce por el aire, op. 21 N.º 3 (o La consagración de la primavera)», ya que la simple canción de Mastropiero presenta una incompatibilidad estética en relación con la revolucionaria obra de Igor Stravinsky. También su ópera Ariadna y Teseo hace referencia a la Ariadna de Claudio Monteverdi, en donde la parodia se desarrolla a nivel superficial, es decir, en cuanto a género (ópera), título (Ariadna), temática (amorosa), y especialmente a aspectos históricos, porque, así como de la ópera de Monteverdi solo se conserva su aria «Il Lamento d’Arianna», casualmente también de Mastropiero se ha encontrado únicamente el aria «La invocación al beso (o El beso de Ariadna)».

Por último, la única obra para ballet que se conoce de Mastropiero es El lago encantado, opus 37. Tanto título como género nos remiten inmediatamente a El lago de los cisnes op. 20, primer ballet de Piotr Ilich Chaikovski.  Pero, a diferencia de la obra del compositor ruso, la de Mastropiero presenta la particularidad paradójica de ser un ballet leído, es decir que, ante la ausencia de la coreografía y la música para esta, la narración se convierte en el centro de la pieza. De esta manera, en vez de visualizar la performance, el espectador debe imaginarse cada uno de los movimientos de los distintos personajes a través de la descripción de todo lo que acontece en el transcurso de la obra por parte del narrador.

La parodia organológica

No podemos hablar de Les Luthiers sin mencionar una de sus partes más importantes y que los ha hecho destacar desde su creación: su aspecto organológico. Los llamados «instrumentos informales» son una serie de instrumentos creados y concebidos para parodiar a los instrumentos tradicionales. Por ejemplo, el «latín» (violín de lata), parodia del violín convencional; el «nomeolbídet», construido con la réplica de un bidet de baño, imitación paródica del «organistrum» medieval; y el «tubófono silicónico cromático», parodia del sikus del norte Argentino o la legendaria flauta de Pan, compuesto de tubos de ensayo dispuestos en doble hilera, en un soporte de acrílico, los cuales se afinan cromáticamente con diferentes medida de silicona.

El «instrumento Informal» es una especie de ready-made musical, porque se construye a partir de objetos tomados de la cotidianidad, los cuales, al ingresar a un contexto ajeno, para el cual no fueron concebidos, están resignificándose ellos mismos y el espacio nuevo al cual ingresan. Por eso los «instrumentos informales» no solo parodian al instrumento en sí, sino todo el ritual que conlleva su utilización. Desde lo más ínfimo hasta lo más general, la parodia abarca desde el tipo de materiales empleados para la construcción de los instrumentos, la transformación del sonido, hasta el contexto del cual son parte.

Más allá de ser «artesanos constructores de instrumentos musicales», Les Luthiers son ante todo verdaderos artesanos generadores de parodias. Ellos resignifican muchos elementos fuertemente establecidos por la tradición del mundo del arte. La solemnidad y la eriedad de todo concierto son invertidas, sin dejarlas de lado por supuesto, por la primacía de la comicidad. El carácter de tensión constante que se da por la conjugación de efectos serios y cómicos en sus obras es un disparador infalible de placer.

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