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El Gran Otro | Domingo 25 de Junio de 2017

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Alejandro Aravena – Reportando desde el frente en la 15a Bienal de arquitectura de Venecia

Alejandro Aravena – Reportando desde el frente en la 15a Bienal de arquitectura de Venecia

Por Miguel Jurado

El chileno Alejandro Aravena, ya era reconocido por su talento cuando le ofrecieron la dirección de la prestigiosa Bienal de Arquitectura de Venecia que se inaugurará en mayo este año.

Para este evento, el arquitecto de escasos 48 años, propuso como tema «Reportando desde el frente», mostrar casos en los que la arquitectura haya mejorado la vida de la gente que pasa por circunstancias difíciles. «Mostremos arquitecturas que, a pesar de la escasez de medios, intensifican los recursos que están disponibles, en vez de quejarse de lo que falta», declaró.
Hace unos meses, en plena tarea en la Bienal veneciana, recibió una de las distinciones internacionales más importantes de la arquitectura: el Premio Pritzker. Así, Aravena se convirtió en el cuarto latinoamericano en recibir el galardón, después de los brasileños Oscar Niemeyer y
Mendes da Rocha, y del mexicano Luis Barragán. Además, acredita ser el ganador más joven de un premio considerado el Nobel de la arquitectura.
El éxito del chileno sorprendió porque es un tipo de arquitecto diferente al que se premia comúnmente en los círculos internacionales: comprometido con la problemática social de la vivienda, pensador racional e innovador de contenidos, antes que de formas.
Aravena reconoce su interés por la arquitectura social, pero «con ánimo de lucro» y explica cómo le saca provecho a estos conceptos en su país: «El caso de Chile, a mitad de camino entre ser suficientemente pobre para tener que justificar las respuestas que das, pero no tan pobre como para actuar sólo para sobrevivir, permite inaugurar algo que no existía antes». En efecto, repensando las ideas de escasez y abundancia es que «Elemental», el estudio que fundó en 2001, inventó las viviendas sociales progresivas, una tipología de casa que prevé futuras expansiones.

Para Aravena, la vivienda social requiere que se trabaje con calidad profesional, no con caridad profesional. Con esta idea, más un análisis de los hábitos de las clases más desfavorecidas de Chile, trabaja en la construcción de unidades incrementales. «En lugar de invertir todos los recursos en una casa terminada y con mal diseño, como se suele hacer en los planes sociales, con este sistema se invierte el dinero en ‘media casa buena’, y la otra mitad, queda proyectada para que la terminen sus dueños en la medida de sus posibilidades y a su criterio», afirma.
El logro del chileno no es una sorpresa para los que conocen su trayectoria y ambición. Hace años que viene mostrando voluntad de renovar una profesión que se agota en la repetición
de formas vacías. Aravena entiende que la arquitectura debe ampliar fronteras hacia campos más sociales, aunque no se define como un profesional con demasiada sensibilidad social. Lejos de la alta tecnología, Aravena aboga por encontrar inspiración en la escasez de recursos.
Desde el momento en que egresó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, hasta ahora, Aravena construyó su propio presente. El primer paso, viajar. La experiencia fue fructífera, ya que la dictadura de Augusto Pinochet había aislado a su país del mundo.
La transición democrática fue central para la formación de los arquitectos chilenos de la generación que integra Aravena, como Smiljan Radic, Cecilia Puga, Mathias Klotz y Sebastián Irarrázaval, entre otros.

A su regreso de Europa, Aravena encontró un país permeable a las tendencias internacionales, pero volvió a partir, esta vez para dedicarse a la docencia en Harvard.
Profesor en Harvard a los 33 años, también enseñó en Venecia y Londres. Muy joven, Aravena se convirtió en un personaje académico. Sin embargo, sus primeras obras mostraron que era un profesional dispuesto a entrar en acción. De regreso a Chile, Aravena combinó el desarrollo
de casas subsidiadas con grandes obras, tanto en Chile como en Teherán, Nueva Orleans y Moscú.
El jurado que le otorgó el Pritzker encontró en esta cualidad un ejemplo para los jóvenes. En el fallo que justificó el concederle el Premio Pritzker, dijeron: «Las nuevas generaciones de arquitectos y diseñadores que están buscando oportunidades para generar cambios, pueden aprender del modo en que Alejandro Aravena asume diferentes roles en lugar de tomar una sola posición para hacer más fácil su tarea como diseñador».