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El Gran Otro | Viernes 23 de Junio de 2017

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ALEJANDRO IKONICOFF «Me interesa el proceso creativo, ser parte de esa construcción»

ALEJANDRO IKONICOFF «Me interesa el proceso creativo, ser parte de esa construcción»

Por Margarita Gómez Carrasco

«…la identidad se configura más bien en el consumo, depende de lo que uno posee o es capaz de llegar a apropiarse» Néstor García Canclini

El coleccionismo en Argentina incluye consideraciones sociales, políticas y económicas, estrategias y apropiación del inventario de piezas que narran la historia del país a través del arte. La construcción de valor de una obra no necesariamente está ligada al dinero, «si bien puede tener un valor monetario, al mismo tiempo tiene una carga simbólica por su capacidad de comunicar y transmitir ideas superiores, espirituales, estéticas», dice el coleccionista Alejandro Ikonicoff.

¿A qué edad descubriste el arte y las ganas de coleccionar? Las ganas de coleccionar aparecieron después de un proceso de aprendizaje. Tuve la suerte de caer en la galería de arte Belleza y Felicidad a principio de los 2000, porque un excuñado y amigos eran parte del staff. Yo en el 90 no sabía nada de artes plásticas y quería ser productor de bandas de música, después tuve la idea de trasladar ese formato a artistas de la galería, entonces comencé a sponsorearles las muestras, siempre por intercambio de obra. Ese formato ya venía de una tradición de Gustavo Bruzzone, ícono del coleccionismo argentino, pero en ese momento el tema de poder apoyar una muestra desde un lugar económico y darles el aval de lo que ellos necesitaban para que sus cosas mejoraran, era inédito. Luego ese formato se popularizó y empezaron a usarlo todos los artistas. El formato nació en Belleza y Felicidad, luego se trasladó a la galería Petit, y por último a la Beca Kuitca en el 2002-2004. Terminando el esquema generacional en la última Beca Kuitca y siguiendo el esquema del 2010, con los parámetros de Gustavo Bruzzone, él hizo su colección en los años 90 y yo continué con el legado en el 2000 para poder tener un registro del 90 y del 2000. Después hay nuevos actores que están armando nuevas colecciones pero basadas en las posteriores, veremos cómo se van afianzando dentro de este esquema.

¿Qué descubriste en el arte en la galería de Fernanda Laguna? A mí me interesaba la música en los 90 como lenguaje. Lo que pasó cuando llegué a Belleza era que todo lo que me interesaba de la expresión artística estaba resuelto en el mismo lugar, no había mucha diferencia con lo que yo buscaba con la música, ese deseo de evolucionar constantemente por medio de la expresividad, entonces parecía que estaba en el momento indicado, porque tampoco había mucha mercado para sostener todo lo que sucedía. No contaban con fondos para mantener su trabajo, desde la materialidad o todo lo que ellos necesitaran, llegué en un momento bastante oportuno, yo desde mi lugar de interés de poder generar un tipo de producción y ellos con las necesidades cubiertas para poder realizar una muestra.

¿Qué fue lo que te enamoró del arte? La adquisición de obra fue una consecuencia en mi caso, mi caso no es el clásico, a mí me interesa más el proceso creativo, ser parte de esa construcción y después cuando me establecí en ese formato en el 2003 fue cuando evolucionó, empecé a construir ese registro histórico continuando el legado de Bruzzone. Es decir, no hay posibilidades de que uno se involucre en las artes plásticas si no tiene un interés personal por las artes mismas, después uno se va involucrando con la gente, pero de entrada el interés es personal. Lo que me movilizó fue que encontré en las artes plásticas lo mismo que buscaba en la música y lo había encontrado en otro lenguaje que para mí era totalmente nuevo. Sabía quiénes eran los artistas a través de los museos de Europa, pero cuando empecé a involucrarme con Belleza fue distinto, creo que tuve mucha suerte con Belleza y Felicidad porque estuve desde el inicio. Y ver cómo después se transformaron en amigos y colegas desde el arte, y ver cómo fueron creciendo.

Esa forma de involucrarte con la creación de los artistas, de formar parte del proceso, ¿te lleva a considerarte artista-coleccionista? No, no, es muy difícil ser artista, es muy duro, no cualquiera es artista, armar una carrera es algo muy duro. Digo colega cuando me refiero al lugar desde donde estamos involucrados en el arte.

¿Cada vez hay más coleccionistas? Sí, el parámetro es la revista Ramona 53, porque fue la primera vez que el coleccionismo se involucró. Ese es un buen punto de partida. En este sentido, un libro de referencia es otro parámetro, Lo que nos rodea nos refleja, que se hizo en el 2008. También está el catálogo de la muestra del Proa, es la primera vez que una institución se interesó por mostrar lo que se hacía en los 90, y como no tenían forma de registrar cuáles eran las piezas relacionadas a la representación de esa época, juntaron tres colecciones, la de Esteban Tedesco, la de Gustavo Bruzzone y la mía, desde ese lugar trataron de hacer un recorte de lo que había sucedido en 20 años de la historia argentina.

¿Cómo se arma una colección? Hay muchos lenguajes. Es difícil armar una colección, después uno va formando una mirada. Empecé a difundir el coleccionismo en el 2008 donde comencé haciendo las primeras clínicas de coleccionismo para coleccionistas. En el 2012 terminé la última clínica en Rosario. Hice dos en Salta, en Mendoza, en Rosario y cuatro en Buenos Aires. En otros países hay una exigencia social de saber quiénes son sus artistas, acá no la tenemos, las escuelas y las universidades no tienen este requisito, al no haber exigencia desde lo social para que la gente se involucre con las artes plásticas, es difícil. La gente entiende que hay un valor simbólico en el arte, pero no tienen la información básica. Los viajeros traen una lámina de Guggenheim y con eso les basta. No saben, es por una limitación cultural, porque no tienen acceso; difundir el coleccionismo, es lo que trato de hacer en las clínicas. Hay que perder el miedo a involucrarse con el arte.

¿Qué vas a hacer con tantas obras de arte, un museo, un espacio de arte para compartirlo con el público? Alguna vez lo pensé, pero por ahora no, me conformo con el reconocimiento del Proa.

Hablemos de mercado de arte, ¿cómo se evalúa una obra? Cuánto vale una obra de verdad nadie sabe, uno sabe que tiene un valor económico y simbólico. Si uno divide lo que invierte por el placer estético que te da cuando dialogás todos los días por el resto de tu vida, por cada uno de los días que la ves, te das cuenta que termina siendo migajas lo que pagaste. ¿Cuánto pagarías por cada vez que veas por algo que te moviliza? Por suerte ahora vamos por un buen camino, solo falta que el Estado se involucre a través de premios, pasajes, becas…Me refiero a un Estado como contenedor para que se legitimen más artistas.

Si nos preguntamos, ¿qué es una obra del arte? Podríamos pensar una respuesta en el acto de creación, sin embargo, a este interrogante le sigue, ¿cuándo hay arte? Y es ahí donde se apuntala la necesidad de expresarse, intrínseca al ser humano, al artista que plasma sentimientos, dudas, ideas que subyacen en la intimidad más profunda de su ser. Por eso es tan importante el proceso de creación y la participación de un Otro –con mayúsculas porque es un Otro lacaniano–, sin el cual el deseo y la supervivencia no serían posibles, por ese motivo el rol del coleccionista pasa a ser motor y rol coprotagónico en la historia del arte.