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El Gran Otro | Martes 26 de Setiembre de 2017

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Amadeus

Amadeus

Por Margarita Gómez Carrasco

La pieza teatral Amadeus, dirigida por Javier Daulte, recrea la vida de Mozart, ficción que nos zambulle en las profundidades del alma humana y que nos abre muchos interrogantes, aunque en esta ocasión solo me detendré en un tema emergente: la envidia.

Esta excelente versión teatral tiene por actores principales a Oscar Martínez encarnando al gran compositor Salieri y a Rodrigo de la Serna en la piel de Mozart. Este último nos jaquea el sentido común: ¿acaso puede un hombre brillante como Mozart olvidarse de su genialidad para diluirse en una vida miserable? Aquí aparece como un presagio la sentencia freudiana «el fracaso de los que triunfan”. Sin embargo, sobre este enigma no me explayaré, sino que me ocuparé de su contracara, Salieri, quien abre la obra. Es un hombre viejo, tembloroso y enfermo que arrastra el peso de la muerte de Mozart. Se dirige a la audiencia para expiar su culpa a través de un relato muy sentido sobre la vida de Amadeus y el motivo que lo llevó a matarlo. Grita a los cuatro vientos su decepción por la personalidad de Amadeus, un hombre libertino, alocado e indigno de un genio. No puede creer que Dios haya elegido a Mozart y no a él para un don tan grande.

Hasta aquí se podría decir que aparece el rostro de la envidia. Si bien esta se encuentra emparentada con los celos y el odio, podríamos aventurarnos a decir que Salieri odia a Amadeus por no poder ser como él, también se odia a sí mismo por ser como es, porque se ve opacado y ensombrecido por el genio. Esa mirada, que también se dirige a Amadeus, lo hace sentirse incompleto, porque la supuesta completud la tiene el otro, ese otro es el lugar donde él debería estar. Algo más para destacar es que Salieri había hecho un pacto con Dios, entonces, se queja, no se siente premiado por su laboriosidad, ya que él se considera un modelo de virtud, de generosidad, un gran ejemplo para todos; sin embargo, todo eso no le alcanza para ser un genio.

A lo largo de la obra, se despliega el oscuro sentimiento de odio y admiración que envuelve a Salieri. Mozart, entonces, representa una amenaza, por lo que trata de sacarlo de su camino, y para ese cometido su principal propósito es destruir la obra de Dios, arruinar su reputación para evitar el éxito de sus piezas.

Esta claro que Salieri lo envidia, pero no solo como compositor, sino también como hombre. Nos encontramos ante una despiadada lucha en torno al falo, que lo lleva a humillar a Constanze, la esposa de Amadeus, quien en una escena se le insinúa, como última alternativa a la que recurre para ayudar a su marido. Pero lo único que Salieri quiere es verlo demolido, sacarlo fuera de su camino, con la creencia ingenua que tras la desgracia y la caída de Amadeus logrará reconocimiento.

Mozart muere y Salieri sobrevive para su tormento. Seguramente, provocarle la muerte al joven compositor haya sido una alternativa desesperada para ser recordado a toda costa y así poder salir de su mediocridad.