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El Gran Otro | Lunes 21 de Agosto de 2017

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Amelia Imbriano – Sobre el discurso capitalistaAmelia Imbriano – The capitalist discourse

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El discurso capitalista deja al amo dando vuelta la manivela y le hacen creer «que tiene la manija en la mano». Es un esclavo del sistema.

Hacía poco que la Dra. Imbriano había regresado de un viaje por Centro América. Allí volvió a confrontarse con la enorme brecha de diferencias sociales que se abren en la actualidad como producto del post-capitalismo. Se la vio reflexiva, pero sin que perdiera ese rasgo de alegría y buen humor que la caracteriza. De este modo, Amelia abrió las puertas de su hogar para que pudiera realizarle este reportaje. No puso límites de tiempo, y se explayó con el estilo directo que distingue a esta seductora de audiencias, comprometida con los problemas actuales sobre los padeceres, la juventud y los niños que delinquen.

Debido a la extensión del reportaje, será publicado en dos partes.

 

Dra. Amelia Imbriano

-¿Cómo nace el libro La Odisea del siglo xxi?

Este libro nace como emergencia y producción de saberes pasados. Comienza a pensarse alrededor del año 95, época en proximidad al fin de siglo que acentúa aún más mi preocupación por la incidencia en la subjetividad de las cuestiones sociales, culturales y económicas. Es el trabajo de una interrogación que nunca tuvo pausa, que surgió en mi juventud, y que sigue siendo joven. Allá por los años 70 tuve dos grandes maestros: uno de ellos fue mi profesor de Sociología, el Doctor Pedro David —hoy Ministro de la Corte Internacional de La Haya dedicado a juzgar los crímenes de lesa humanidad de la ex – Yugolasvia—, y el otro, el Doctor Herrera Figueroa, ya fallecido,  profesor de Psicología social y política. Pedro David, allá por los 70, hablaban sobre geopolítica y globalización, sobre la velocidad tecnológica y sus efectos negativos, sobre la des-subjetivación, sobre la anomia y su relación con la delincuencia juvenil, sobre los procesos de legitimación de lo ilegítimo , preocupándose por los aportes de la Psicología a la Criminología, teniendo en cuenta que el ser humano es un ser de lenguaje, considerando – en esa época- el concepto de intersubjetividad. Herrera Figueroa, también en la misma línea, se ocupó muchísimo por la psicosocio-axiología en un amplio espectro, en el cual se ocupó de cambiar el rumbo de la vida universitaria, en pos de abolir la esclavitud teorética de los claustros académicos. Sus hipótesis siempre articulaban sujeto, cultura y sociedad y desde esa plataforma interrogaban al mundo de su época respecto de las consecuencias de los cambios axiológicos.

En 1970 yo era muy joven y me parecía interesante, pero quizá yo no podía, en aquel entonces, disponer mi ánimo para avanzar en el saber respecto de la temática, que desde el psicoanálisis, no podemos más que pensarla como evidencia de la pulsión de muerte.
Creo que todos —y hasta los psicoanalistas— tenemos bastante rechazo del saber respecto de la pulsión de muerte. Digo «y hasta los psicoanalistas», porque sabemos muy bien que en la historia del psicoanálisis, hubo quienes pudieron seguir con Freud y aceptaron las teorías de 1920 de Más allá del principio del placer, y quienes no. Pero a su vez, creo que es necesario transitar un análisis personal, además de transitar la vida, para pasar por experiencias, interrogarse por el propio lugar en ellas, para que un sujeto se pueda hacer cargo de su relación con la pulsión de muerte, y pueda decidir acotarla, o sea, se asuma como sujeto acotado, y no se acobarde frente a la incomodidad del deseo.

-¿Qué piensa sobre la globalización?

-Hay una versión fashion de la globalización, esa versión práctica que tenemos todos cuando decimos «vamos al shopping»-, y cuando creemos que dentro de muy poquito nos vamos a poder comprar un producto de determinada marca en Roma o en Dominicana y cambiarlo en Buenos Aires. Si la prenda que compré no me gustó, no importa, la puedo cambiar en cualquier local que exista en el mundo, ¡es práctico, absolutamente práctico, tener todos los negocios, todas las marcas, en un mismo lugar! Eso ofrece el shopping. ¡También es absolutamente práctico hacer click en el teclado de una laptop conectada a Internet! Me tiene más que maravillada, me permite tener una biblioteca en mi casa, – la mejor de las bibliotecas -, me permite ver qué hacen mis amigos en sus centros de investigación en diferentes partes del mundo, ¡una maravilla!. Pero también sabemos que tiene sus influencias no tan positivas: con una apariencia de ser un mecanismo «pro» de la diversidad cultural, termina siendo un mecanismo que lleva la igualación obligatoria tratándose de mascarada de esclavitud moderna. No es obra de Internet, sino efecto del discurso.
El tema es que, ya advertida en los años 70 por estos profesores, esta cuestión siempre quedó dando vueltas en mi preocupación. Si miro mi vida como una panorámica retrospectiva, puedo ver que mi trabajo con pacientes psicóticos fue una manera en que podía, en aquellos años, ver y ocuparme de la segregación humana,  del desecho humano. Recuerdo que en mi primera presentación de un libro sobre psicosis escrito como coautora de Roland Broca – El sujeto de la clínica, el sujeto psicótico en el discurso analítico – lo primero que dije fue: «Hay que reivindicar los derechos del sujeto psicótico».

¿En qué radica la odisea del siglo xxi?
-Voy a poner como causa, como raíz, algo que teoriza Marta Gerez Ambertín, con lo que coincido plenamente: la falta de metáfora jurídica.
Si lo decimos más simplemente, la falta de inscripción de la diferencia entre prohibido y permitido. Entonces, lo que falta es una inscripción adecuada del “no matar” (no al parricidio) y del “no al incesto”, leyes que introducen al sujeto en la cultura y que hacen posible el lazo social, con cuestiones aparentemente tan simples pero que protegen las irrupciones de la violencia en el lazo social.

-En su libro La Odisea del siglo xxi habla del discurso capitalista, ¿es posible la globalización sin la pulsión de muerte?

-Tomando como marco una posmodernidad que funciona como purgatorio tánato-político, en donde la lira armonizante de Orfeo funciona como ilusión agonizante, se destaca una relación de intimidad entre el colapso del Estado, la mundialización mercantil y el poder de la mas-media.
El debilitamiento de la función simbólica que los estados de excepción generan, conlleva a un detrimento de la elaboración subjetiva y social de los violentos traumas sufridos por el ejercicio de los mismos. Más aún, empuja a mayor violencia, fundamentalmente bajo el modo de industrialización de lo delictivo, que puede aparecer en forma disimulada u obscena, pero siempre se trata de la industrialización de la muerte: los consumidores se convierten en consumidos, se notifican tarde, cuando el acto está consumado.
El ideal de consumo se establece como un fenómeno de masas, en donde los individuos se identifican, con un ideal de unicidad que conlleva al aumento de la agresión narcisística. En estas identificaciones reconocemos tres características: a.- falta de mediatización simbólica; b.- circularidad e indiferenciación entre actualidad y virtualidad; c.- fusión entre la verdad y el ser. El proceso lleva a la  infatuación del sujeto. Y, en el transcurso, se posibilita el franqueamiento de toda ley y tal como en la construcción freudiana sobre la horda primitiva, una primera resolución es matar. La pulsión de muerte predomina sin mayores obstáculos, quedando al descubierto la pulsión homicida primordial.
La deficiencia de lo simbólico deja al sujeto atrapado en la fascinación de la imagen, y expuesto a una pendulación  imaginaria sin salida, en donde la relación con el semejante queda sujeta a la máxima agresividad: mato o muero son los hechos consumados que nos muestran obscenamente los noticieros actuales. Cada día, día por día, el perverso “discurso” contemporáneo –discurso entre comillas pues no lo considero tal-  nos alimenta de imágenes, y hace lo suyo, su “juegos de manos” para generar una adicción a la saturación. El sujeto se identifica en la máxima satisfacción, produciéndose un  nivel muy alto de alienación y predominio de la identidad de percepción (no hay imposibilidad entre plus de goce y verdad).
Consecuentemente, la falla en el entrecruzamiento simbólico-real, deja al sujeto sin defensas –simbólicas- frente a lo real. El sujeto queda expuesto a la emergencia de lo real sin recursos de mediatización simbólica. Frente a las falencias en la castración simbólica, la tensión imaginaria se resuelve en lo real: matar o morir, y entre medio, todo tipo de sacrificios.
Estudiando las articulaciones de los cuatro lugares en el discurso capitalista, así denominado irónicamente por Lacan, descubrí que lo que yo llamaría «perversión» del discurso reside en que en él, lo que está “pervertido” es lo que se funcionaliza en el lugar de la verdad, en tanto que se puede alterar; es decir, es una verdad hecha a la mano del amo. Me interesó mucho estudiar eso, porque en los textos de Pedro David, él habla de que en la cultura actual, el derecho no tiene el lugar de patrimonio de la normatividad, sino que —él dice— el derecho es el comodín, por eso se refiere a los procesos en donde continuamente se legitima lo ilegítimo, y que eso cada vez toma más velocidad. Esa afirmación de David me dejó pensando y mucho, y cuando comienzo a trabajar el matema lacaniano del discurso capitalista, en donde vemos la rotación en el lado izquierdo de la fórmula, -en donde el sujeto tachado va a parar al agente y el S1 va a parar al lugar de la verdad -,  comienzo a estudiar el estilo de articulación que gestiona.  En el libro La Odisea del siglo XXI hay un gráfico que deja muy a la vista esta cuestión de que ese S1 puede ser alterado permanentemente, sustituido uno por otro; entonces, es una verdad toda y a su vez sustituible por otra, pero siempre funciona como verdad absoluta, verdad toda.
Hay otras cuestiones interesantes en este discurso: si es verdad toda, no deja lugar a ninguna interrogación. Dicho de otra manera, no deja lugar a ninguna falta, entonces no deja lugar al deseo, funciona como imperativo. Como no soy socióloga, no me queda más que pensar que ese imperativo es un imperativo de goce. Además, la fórmula lo muestra bien que los objetos vienen siempre a rellenar el lugar de verdad…
Cuando leía a Lacan en el Seminario XVII, que es también el Lacan de los años 70, me parecía que sus expresiones eran un tanto escandalosas… Lacan decía que el giro discursivo que realiza el discurso capitalista deja al amo dando vuelta la manivela, es decir, deja al amo en el lugar del tonto, que a lo sumo da vuelta la manivela y le hacen creer «que tiene la manija en la mano». Es un esclavo del sistema, pero le hacen creer que tiene la manija en la mano.

-¡Qué fuerte!
-Es muy fuerte. Cuando era joven pensaba que esas cuestiones eran exageraciones lacanianas, demasiado irónicas, y hoy no hago más que comprobar que en esta cuestión de la destitución del Amo, lo que se destituye es la tradición, la transmisión de generación en generación de las insignias, y las insignias no son cualquier cosa… Las insignias están ligadas a los nombres propios, siempre con relación a los nombres del padre, a como cada cultura organiza su articulación para ser posible una vida  en la civitas sin violencia, sin abusos. Hoy nos encontramos con una Sudamérica muy esclava – me autorizo a hablar de ella porque la recorro mucho—, … en donde la cantidad de gente sin trabajo, de gente sin viviendas, de gente sin derecho a la salud ¡son los nombres de la esclavitud! Los homeless, les ponemos una palabrita también globalizada, homeless… ¿quedará más elegante decir homeless al desquite de Tánatos?
A modo de conclusión, la globalización contemporánea funciona como un modo particular de estado de excepción, es un recurso geopolítico, cuya consecuencia es un modo de goce exuberante del cual el sujeto responde a través de  la violencia en lo real. Considerando que el sujeto queda atrapado por la fascinación del horror frente a las imágenes de dominación y violencia que consume y por las cuales es consumido, vale poner en consideración la posibilidad que el sujeto, se patentice como tal, en lo real, ha expensas del empuje a la violencia.

 

Por: Margarita Gómez Carrasco.
Psicoanalista- Periodista
mgomezcarrasco@elgranotro.com.arCapitalist discourse leaves the master turning the crank and believing he’s “running the show,” when in fact, he’s a slave of the system.

It wasn’t long after Dr. Imbriano returned from her trip through Central America, where she once again confronted the huge gap in social differences that has been widening in recent times as a product of post-capitalism, that she received me for this interview.  She was reflective, yet with her typical good humor and cheerfulness, she received me at her home, setting no time limits on our talk; she spoke at length yet with that direct style of hers that compels audiences, showing her commitment to current problems of suffering, youth, and juvenile delinquency.
Due to its length, the interview will be published in two parts.

 

Dra. Amelia Imbriano

How did you get the idea for your book, The Odyssey of the 21st Century?

This book is the product of previous ideas.  I began thinking about it around 1995, as the 20th century was coming to a close, when I was particularly concerned with how social, cultural, and economic questions were affecting subjectivity.  This book is the result of a ceaseless questioning that started in my youth, a questioning that persists.  In the 70’s I had two great teachers:  one was my professor of sociology, Dr. Pedro David, who’s now the Minister of International Court in The Hague, and devotes himself to judging crimes against humanity in  ex-Yugoslavia.  My other teacher was Dr. Herrera Figueroa, who’s passed away, who was my professor of social psychology and politics.  Pedro David, in the 70’s, was talking back then about geopolitics and globalization, the speed of technology and its negative effects, about the loss of subjectivity, anomie or ‘the lack of norms’ and its relation to juvenile delinquency, and about processes of legitimizing the illegitimate. And he was interested in the findings of criminal psychology, though he kept in mind that the human being is a creature of language, and he was considering the concept at that time of intersubjectivity. Along the same lines, Herrera Figueroa was very interested in psychosocial  axiology in the broad sense, through which he attempted to change the direction of university trends and to abolish the theoretical slavery of the cloistered academy. His hypotheses always connected the subject, culture, and society, and from that perspective he asked the world of his times about the consequences of its axiological changes.
In 1970 I was very young, and all of this interested me, but at the time I wasn’t able to advance these issues along those lines.  From the perspective of psychoanalysis, we can’t consider these things as anything other than evidence of the death drive.
I think everyone – even psychoanalysts – feel a certain repulsion to the theory of the death drive.  I say “even psychoanalysts” because we know very well that in the history of psychoanalysis, there were those who followed Freud and accepted his theory in 1920 in Beyond the Pleasure Principle, and those who didn’t.  But at the same time, I think it’s necessary to go through a personal analysis in addition to going through life, to go through experiences, and to ask oneself about one’s role in those experiences, so that one can position oneself as a subject who takes responsibility for his or her relationship with the death drive, and can then decide how to limit it, and therefore accept oneself as a subject with limits and who doesn’t back down from the discomfort of his or her desire.

What do you think about globalization?

There’s a fashion version of globalization, the practical version that we all have when we say we “want to go to the mall,” and when we believe that before long we’ll be able to buy a product of a certain brand in Rome or the Dominican Republic and be able to exchange it here in Buenos Aires.  If I don’t like the item I bought, it won’t  matter, I’ll be able to exchange it in any store around the world.  It’s practical, completely practical to have all chains and all brands in the same place.  That’s what malls offer.  It’s completely practical to connect to the internet from a laptop with just a click.  I’m more than amazed, it allows me to have a library in my home – the best library…it lets me see what my friends are doing in their research centers in different parts of the world – how great!  But we also know that it has certain effects that aren’t so positive.  It has all the appearances of being a mechanism that is “pro” cultural diversity, but it ends up being a mechanism that brings forced leveling and that becomes a mask of modern slavery.  It’s not the effect, though, of internet, but of a discourse.  The thing is, I was already warned by those professors in the 70’s, and this question was always buzzing around in my head.  If I take a retrospective glance, I can see that in those years my work with psychotic patients was a way in which I could see and do something about human segregation and marginalization.  I remember that in my first presentation of a book on psychosis that I coauthored with Roland Broca, the first thing I said was, “We have to win back the rights of psychotic patients.”

What is The Odyssey of the 21st Century based on?

It’s based on something that Marta Gerez Ambertín theorizes, and with which I completely agree:  the lack of legal metaphor.  To say it more simply, the lack of inscription of the difference between what’s forbidden and what’s allowed. So, what’s missing is an adequate inscription of “don’t kill” (the prohibition of parricide), and of “don’t commit incest,” laws that initiate a subject into a culture and make social ties possible, with questions that seem so simple, and yet prevent eruptions of violence in the social bond.

In La Odisea, you speak of capitalist discourse.  Is globalization possible without the death drive?

Using post-modernity as a framework that functions as a thanato-political purgatory, where the harmony of Orpheus’ lyre serves as an agonizing illusion, the close relationship between the collapse of the State, the growth of international trade, and the power of mass media stands out.  The weakening of the symbolic function that the states of exception generate is also detrimental to the subjective and social processing of the violent traumas suffered at the hands of those states.  Even worse, it provokes greater violence, basically under the industrialization of the criminal, which can show up in some disguised or obscene shape, but always has to do with the industrialization of death.  Consumers become the consumed, notified late, only after the act’s been consummated.
The ideal of the consumer society is established as a phenomenon of the masses, where individuals identify themselves with an ideal of oneness that leads to an increase of narcissistic aggression.  We can recognize three characteristics in these identifications:  a. the lack of symbolic mediation; b. circularity and lack of a distinction between reality and virtuality; c. the fusion between truth and being.  This process leads to the infatuation of the subject and to the evasion of all law, and, as in the Freudian myth of the primal horde, the first solution is to kill.  The death drive predominates unobstructed, leaving the primordial homicidal drive completely exposed.
The symbolic deficiency leaves the subject trapped in a fascination of the image and prey to an endless pendulum swing in which the relationship with one’s peer is locked into a state of maximum aggressivity: kill or be killed, as we are obscenely shown on the news.  Day by day, every day, the perverse contemporary discourse – “discourse,” quote unquote, but I don’t consider it a discourse – feeds us images and uses its sleight of hand to breed an addiction to saturation.  […] Consequently, the failure in the meeting of the symbolic with the Real leaves the subject without defenses – symbolic tools – with which to face the Real.  The subject is left exposed to the emergence of the Real without any resources for symbolic mediation.  In the face of the failings of symbolic castration, the tension of the imaginary is resolved in the Real:  kill or be killed, and between these extremes, any type of sacrifice is acceptable.

…. If capitalist discourse is a total truth, it leaves no room for any questioning.  In other words, it leaves no room for any error or for any gaps, so it leaves no room for wishing, and it functions as an imperative.  Since I’m not a sociologist, I can’t but think that this imperative is an imperative to take pleasure.  In addition, the formula shows us that objects always occupy the place/position of the truth…
When I read Lacan’s Seminar XVII, which he gave in the 70’s, I found his expressions scandalous…Lacan said that the discursive turn that capitalist discourse leaves the master turning the crank and believing he’s “running the show,” when in fact, he’s a slave of the system.

How about that! 

Yes, how about that.  When I was young I thought that these questions were Lacanian exaggerations that were excessively ironic.  Today I don’t do anything else except prove that with this question of the fall of the master, what is removed is tradition, the transmission of insignias, emblems, from generation to generation, and insignias aren’t just anything…Insignias are tied to a name, always to the name of the father, to how each culture organizes itself and its discourse so that it can maintain a civic life without violence and abuse.  Today we find ourselves in a South America that is quite enslaved – I feel qualified to make such a statement because I travel all over this continent – where the number of people without work, without shelter, without health care…those are the names of slavery!  The homeless, “loshomeless” – we’ve found a universal term for them now, homeless…does it sound more elegant to say homeless, does it make up for the Thanatos lurking there?
To conclude, contemporary globalization functions as a particular mode of state of exception.  It’s a geopolitical resource whose consequence is a mode of exuberant enjoyment to which the subject responds through violence in the Real.  Considering that the subject gets trapped by a certain fascination for horror when faced with images of domination and violence that he consumes and is therefore consumed by, it’s worth considering the possibility that the subject is manifested as such in the Real at the expense of the push toward violence.

Margarita Gómez Carrasco
Psychoanalyst – Master’s in Journalism and Communications
mgomezcarrasco@elgranotro.com.ar