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El Gran Otro | Mircoles 20 de Setiembre de 2017

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ANA GIOVINAZZO “Esculturas de vidrio con el alma al desnudo”

ANA GIOVINAZZO “Esculturas de vidrio con el alma al desnudo”

Por Julian Marcó
Ana Giovinazzo es una de las pocas artistas argentinas que trabaja con esculturas de vidrio. Esta tendencia artística contemporánea nace a nivel internacional a finales de los años 50 del siglo XX. Sus obras admiten el calificativo de «mágicas», porque no solo expresan la subjetividad de la artista, sino que dejan al descubierto un amplio abanico de recursos estéticos y emotivos.

Hablemos del proceso de producción y sobre los materiales que usás para realizar tus obras.

Es vidrio granulado, lo compro y lo mezclo; resina también, uso un colador y arriba le pongo resina polyester, y cuando edifico le hago la capa de resina epoxi para levantar el brillo.

No es inocente elegir un material para trabajar…

La verdad que debo confesar, complicarme un poco me divierte también. Es como si te fueras probando a vos mismo, como un desafío, creo que eso lo tenemos todos los artistas, no únicamente yo. Soy bastante osada, quedarme en lo mismo llega un momento que me aburre.
Tampoco es inocente, sacar algo del cuerpo y ponerlo en otro cuerpo, que todos querrían tocar.

Sí, arranqué haciendo figurativo, tal vez ahora quiero mostrar mi fragilidad, mi transparencia, mi mundo de colores. Es verdad, mis obras soy yo, suave por fuera, femenina. Más que nada creo que expreso formas y sentimientos, porque cada día tenés distintos estados de ánimo, y te vas dando cuenta que vas trabajando de acuerdo a cómo estás ese día de ánimo, de humor, de ganas, en ese sentido no permito que nada me quite mi espacio de estar creando.

¿Qué situación te lleva a decirte, «yo quiero ser artista»?

Cuando terminé el colegio empecé a estudiar Bellas Artes, pero no me dejaron, porque tengo una familia que es super de los mandatos familiares, donde todos se dedicaban a la economía, la administración; imaginate que mi hermana era arquitecta y era un horror que estudiara esa carrera, yo con Bellas Artes atrás, olvidate. Así que al principio me la hicieron difícil, y de hecho estudié comercio exterior, nada que ver, a la par trabajaba, y con mi sueldo me iba a un taller a aprender escultura los sábados y domingos, pero con toda mi familia en contra diciendo: «Le va a durar uno o dos meses el capricho».
¿Referentes?

Rogelio Polesello, Enio Iommi, y también como referentes internacionales, Claude Monet, Pollock. Pero con Rogelio tuve una amistad de chica porque mi padre lo conocía, de hecho cuando presenté mi tesis para terminar el colegio la hice sobre la vida de Polesello. Después llegó un momento en que con Rogelio me juntaba más de grande, él aconsejándome ya de artista a artista. Cuando presenté la serie en el Recolecta con resinas y vidrios, le dije: «Bueno, de vuelta tengo que bocetar con qué serie arranco», y él me dijo: «Con la crítica y el éxito que tuvo esta muestra tenés que seguir con el vidrio y la resina. Disculpame, como a mí me reconocen por mis acrílicos, a vos te tienen que reconocer a través de esta obra». Por eso, también seguí con estos materiales.
¿Cómo pensás que te mostrás en tu obra?

Todo artista cuando está creando, pone su alma al desnudo, inconscientemente pone su alma al desnudo, lo reconozco, yo sé que pongo mi alma al desnudo a todo el mundo. Muchas de mis obras están relacionadas con la sensibilidad, que si te das cuenta, utilizo un material que es super frágil, no soy la mujer super fuerte, mis amigas me dicen: «Sos la dama de hierro», internamente no soy una dama de hierro y antes me costaba más reconocer que era sensible, hasta que dije: «Basta, sos sensible y sos sensible, ¡esta postura de dama de hierro no la soporto más!».
¿Experimentás con otras texturas?

Sí, tengo obras de antes, esculturas hechas con texturas, modeladas en barro, sacándole el molde de yeso, haciendo las coladas con cargas de distintos metales, con rugosidades…

Rugosidades que parecen marcas…

Sí, fue toda una serie que hice en plena época de divorcio. Por eso te digo, en el momento por ahí no lo relacionás, pero después dije: «Esta serie la hice en un momento», separándome, divorciándome, y evidentemente, hacía catarsis a través de mi obra.
¿Cómo surge Chula, tu espacio cultural?

Es un espacio, porque quiero ir más allá de lo que es únicamente muestra de arte, de lo que sea, pintura, escultura, fotografía; porque también un libro me parece que forma parte del artista, porque un escritor tiene creatividad también, lo hice para hacer un espacio más amplio.
¿También hacés la curaduría de las muestras en Espacio Chula?

Sí, es un concepto de galería que también, si viene una persona del Interior, mientras expone puede trabajar acá arriba en el taller, puede exponer y trabajar al mismo tiempo, y de ese concepto acá no hay mucho. Este es un espacio más relajado, porque yo siendo artista también sé lo que es el tema de trabajar con el galerista, y por eso trato de facilitar el trabajo, porque ya pasé por ese proceso de la galería que te condiciona. Yo tomo todo como un juego, voy, veo al artista, veo la obra. Me divierto mientras trabajo. Ese es el secreto.
Las esculturas de Ana se caracterizan por la transparencia, oponiéndose a la rotundidad de las formas, y aunque tienen una apariencia ligera, tienen peso, solidez y dureza. Tal vez, como su artífice, las diferentes piezas muestran el afuera y el adentro, la suavidad de su
materialidad se ofrece al tacto, a riesgo de que un accidente pueda destruirlas. Este mundo paradojal las hace sumamente atractivas.