Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

Arriba

Top

No Comments

Analizame, Hoy: Red

Analizame, Hoy: Red

Dirección: Daniel Barone 

Dra. Raquel Tesone 

«¿Qué ves?», le pregunta Mark Rothko a su asistente Ken, quien, al sentirse instado por una gran figura del expresionismo abstracto, le responde: «Rojo». «Esperá. Acercate. Tenés que acercarte. Dejalo que palpite. Dejalo que trabaje en tu interior. Más cerca. Demasiado cerca. Ahí. Dejalo que se expanda. Dejalo que te envuelva en sus brazos. Dejalo que te abrace, de manera que nada más exista o haya existido o vaya a existir alguna vez. Dejá que el cuadro haga su trabajo, pero trabajá con él. ¡Por el amor de Dios, encontralo a mitad de camino! Inclinate, inclinate hacia él. ¡Comprometete con él!». Y con esta interpelación, el artista plástico Mark Rothko (1903-1970), recreado por el dramaturgo John Logan, confronta no solo a su ayudante a una serie de interrogantes muy polémicos sobre el arte, sino también a los espectadores que salimos de la sala con profundos cuestionamientos.

Red no es una obra convencional, no relata un cuentito, sino que trabaja sobre lo conceptual del arte contemporáneo, invitando al público a actualizar sus conocimientos para problematizarlos y también a cultivarse.

El disparador para el despliegue de una temática que trabaja bordeando aristas filosóficas, psicológicas y sociológicas es el encargo que en l958 recibe Rothko por parte de Philip Johnson, uno de los arquitectos que, junto a Mies Van der Rohe, construyó el edificio Seagram en Park Avenue. Rothko acepta pintar una serie de murales para el restaurante del hotel Four Seasons por un contrato de 350.000 dólares. Maestro y discípulo irán gestando una relación de enriquecimiento y transformación mutua. Por ello, John Logan, el autor de la obra, considera que lo relevante son los vínculos maestro-estudiante y padre-hijo. Es el desarrollo de estas relaciones lo que da lugar a pensar temas tales como si existe un justa valoración para determinar cuando una obra de arte es arte por su valor artístico, si es o no arte todo aquello que pueda responder al gusto popular, y en ese caso, si el arte solo pertenece a una élite de consumidores de arte. Para Rothko, su arte solicita la contemplación de la obra en tanto emana una espiritualidad mística. Si bien Ken concuerda con esto, lo enfrenta a la contradicción de acceder a pintar un restaurante emblemático del capitalismo donde la gente no tiene tiempo para apreciar su obra. ¿Es posible hacer de un restaurante un templo, un lugar de comunión, una capilla para la contemplación? Si una obra de arte se completa en la captura de la mirada de quienes la interpretan, entonces, ¿sería el otorgamiento de significado lo que diferencia a un artista de aquel que hace solo aquello que le gusta a la gente? Logan intenta dar respuestas en este texto. Lo popular lo pone del lado de lo efímero y sería del orden de lo descartable. «No tengo enemigos porque los tengo, y no me refiero solo a otros pintores y galeristas y curadores de museos y los críticos de arte, reverendos hijos de puta, sino también a los miles de espectadores descontentos que me detestan a mí y a mi trabajo porque no tienen corazón, ni paciencia, ni la capacidad de pensar», y con estas palabras, este personaje distingue el negocio del arte. Rothko proviene de una familia judía rusa que emigró a Estados Unidos cuando él tenía diez años. Él se consagra al arte, pero se resiste a que sus obras se vendan por la moda. El protagonista considera que el arte reside en la atemporalidad de los artistas, ya que sus obras contienen la eternidad de los múltiples significados.

Cuando Ken, luego de contemplar la obra de Rothko, le dice que ve «rojo», la cadena de significantes se abre con metáforas y metonimias. Rojo es el amanecer, es el latido del corazón, es pasión, es el vino tinto, son las rosas rojas y los tulipanes, es el pimentón, es el óxido de la bicicleta sobre el césped, es la toga en El Greco, es la bandera rusa, la nazi y la china, es cortarte las muñecas, es Papa Noel y Satán… Con esta donación de sentido, ¿se puede producir sin el tiempo que requiere la captación emocional de una obra?

La otra temática de la obra se instala a través de El origen de tragedia, de Nietzsche, quien plantea que la tragedia es inherente al arte y se gesta en el ensamble de lo dionisiaco (exceso, movimiento, transformación) y lo apolíneo (orden, método, limites). En este aspecto, la tragedia no es roja, sino negra. El negro es la muerte y la disminución de lo vital, y quizá por este motivo, el negro, en los últimos años de Rothko, se tragó al rojo. En ese negro que plasmó Rothko vaticinó su final trágico.

«Tenemos arte para no morir frente a la verdad», afirma Nietzsche y Logan retoma esta definición para plantear que la tragedia de los artistas es llegar a la fama. El deseo de trascendencia en un artista lo convierte en un producto. Logan le hace decir a este Rothko que Jackson Pollock, por responder al mercado, deja de creer en sí mismo en el acto de entregarse a la fama. Aquí se abre otro interrogante referido a la posición ética del artista frente a la tentación humana de reconocimiento. Rothko, en esta obra, se pregunta si los que compran sus cuadros lo hacen solo por una buena inversión o para «cagar a los vecinos», o porque el New York Time lo recomienda. La alienación social llega a tocar al arte cuando debe responder a lo que es «lindo» y esta cultura del «todo bien», en la que no se desea escuchar una verdad («estoy molesto, triste, enfermo… todo menos ¡todo bien!»), algo que involucra también el consumo de arte.

Si giramos el interrogante, podemos pensar que si la obra del artista se significa a través de la mirada del Otro, ¿cómo sería posible que el artista se sustraiga del deseo de reconocimiento si su arte involucra esa mirada que le da sentido?

Hay un esbozo de respuesta cuando Ken le cuenta que él pinta sobre la vivencia de una situación traumática, y sobre lo que imagina a partir de esto, pero que no construye toda su sensibilidad artística alrededor de eso. Rothko le responde que quizá debería hacerlo. Maestro y discípulo, en ese aprendizaje mutuo, comprendieron que «el niño debe desterrar al padre; respetarlo, pero matarlo», y que para que exista el expresionismo abstracto se tuvo que superar el cubismo, y así Ken deberá hacer algo nuevo si quiere ser un artista. La autenticidad del artista no se basa en hacer algo que guste al público, sino en hacer arte con su propia vida, con su rojo y con su negro. En este mismo aspecto, se destaca la actuación de Julio Chávez, que logra encarnar a un Rothko multidimensional en su más profunda complejidad. Esto demuestra que es más que un actor, es un verdadero artista, ya que en esta interpretación demuestra su propio enfrentamiento con las paradojas por las que se debate todo artista.