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El Gran Otro | Martes 27 de Junio de 2017

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Wake up, woman, de la mano de Jorge Acebo

Wake up, woman, de la mano de Jorge Acebo

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Por Dra. Raquel Tesone

Es un hombre quien escribió Wake up, woman: Jorge Acebo. Y esto es remarcable, al igual que el título de la obra teatral, que justamente nos despierta, nos hace tomar conciencia y problematizar un tema tan delicado como es la violencia doméstica. Tratado por una figura masculina, la obra contiene un valor agregado. La modalidad con que Jorge Acebo aborda este tema es absolutamente original por lo desprejuiciada. Sin bien advierte, defiende y despierta, no enjuicia al victimario, al que muestra como una víctima más con una dolorosa contracara. Tanto víctima como victimario se encuentran envueltos en una historia de amor de la que ambos partenaires se encuentran alienados dentro del imaginario que nuestra sociedad sustenta acerca del amor.

Es una historia de amor en capítulos, que cabe en una valija llena de metáforas de lo que gesta el campo de ilusión de muchas relaciones amorosas. En cada capítulo, asistimos al desvanecimiento de las primeras ilusiones, aparecen las señales de violencia cuando se pretende que la mujer ocupe el lugar de objeto de posesión del hombre. Desde esta perspectiva, la sexualidad pasa a ser un elemento de satisfacción del hombre que prescinde del deseo de la mujer, así como la convivencia está al servicio de petrificar a la mujer en el rol de ser la doméstica y la domesticada. Y todo esto ocurre en nombre del amor.

Jorge Acerbo tiene la audacia de deconstruir en el desarrollo de esta estructura dramática la noción alienante del amor alimentada por los cuentos de hadas que matrizaron nuestro psiquismo. Una noción del amor también fundamentada y enraizada en una concepción machista que incita indefectiblemente a reducir a la mujer al no ser en tanto objeto de pertenencia del hombre. Este lugar o no lugar que, si no es aceptado desde el sometimiento y el temor, provocará en el hombre la violencia para forzarlo, violencia que nace del sentimiento de inferioridad y del dolor de creer que no es amado. El personaje encarnado por Sebastián García muestra de manera magistral todo un abanico de emociones plenas de contradicciones, confusiones y un sufrimiento transmitido de manera descarnada.

Si el imaginario social sostiene esta concepción del amor, será inevitable que se siga reproduciendo en el seno familiar la otra violencia que transciende los muros del hogar, la que fuerza a la mujer a un no lugar en el que el sometimiento y la vulnerabilidad parecen ser los signos del amor. Por eso, la mujer no solo acepta un lugar por temor a la violencia, por lo que Naty, la protagonista, interpretada por Natalia Pascale, tendría que haber hecho las valijas ante los primeros atisbos de agresión, pero se queda pese al tormento de ser golpeada. En nombre del amor y por este amor, queda a la espera de que su príncipe azul no se destiña y pueda, por amor y con amor, cambiar su conducta. Este aspecto no se refleja tanto en la obra, que más bien exalta el miedo y el terror antes que otras emociones que contienen mayor carga de ambigüedad. Sin embargo, se respetan las sutilezas y los gestos que llevan a la conducta violenta. Una escena clave que muestra un tipo de violencia larvada que impide la comunicación transcurre durante una cena. Los protagonistas no se miran a los ojos al hablarse, porque ella está pendiente de responder su celular y él se queja mientras mira la televisión porque ella cocino con un ingrediente que a él no le gusta. Allí está la semilla que solo puede cosechar violencia.

Las proyecciones audiovisuales de la puesta en escena, la música, la iluminación que realza la sombra de los cuerpos, todo esto muestra el sufrimiento que los une y los separa, y también acompaña la creatividad del despliegue realizado por los actores.

Wake up, woman nos golpea en lo más profundo para despertarnos a la posibilidad de prevenir un daño que, en la mayoría de los casos, es irreparable, y nos hace problematizar la cuestión de la violencia más allá de la cotidianeidad de la vida familiar. Un abordaje que nos permite despertar, implicándonos.

Funciones: sábados, a las 21:00, en Puentes Amarillos Club de Arte – Libertad 1230, C. A. B. A.