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El Gran Otro | Domingo 22 de Octubre de 2017

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Art decó. Europa y Argentina entre guerras

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ARTES VISUALES

¿Seguimos hablando de art decó o, para ser más afinados dentro de un movimiento tan abarcativo, proponemos una denominación más ajustada y generalizada que corresponda a esa amalgama artística que observamos en el periodo 1920-1930?

Por: Claudia Camaño

Cuando nos referimos al art decó, hablamos de un gran movimiento estilístico que abarcó una gama amplia de manifestaciones artísticas, sobre todo arquitectura y artes decorativas, y que tuvo su epicentro temporal entre ambas guerras mundiales, es decir, 1920-1930. Proviene de la famosísima exposición realizada en París, en 1925, llamada Exposition des Arts Decoratifs et Industriels, en un pabellón especial a partir del Grand Palais, diseñado y construido por muchos de los mismos expositores. Con más de mil diseñadores y muestras, esta exhibición ayudó a conformar las artes visuales en la historia de gran parte del siglo XX, ya superado el espacio temporal de su década. Tanto el racionalismo, la influencia de Bahaus y del Stijl holandés, como el constructivismo ruso devienen, en mayor o menor medida, de arquitectos y diseñadores presentes allí. Además, contribuyó a crear el concepto de diseño, aplicado por primera vez a los objetos industriales y masificados propios de ese siglo.

La expresión art decó fue acuñada en 1966, época del pop art, con ocasión de una retrospectiva en París, Les Annés 25, en el Museo de Arte Decorativo, para recordar y exaltar aquella gran exposición y los movimientos arquitectónicos y ornamentales consiguientes. Si bien el movimiento comenzó en Francia, y aquella exhibición fue casi una muestra exclusivamente francesa, el resto de Europa, Estados Unidos y Sudamérica adoptaron entusiastas el nuevo estilo. En Estados Unidos, tuvo una vertiente particularmente destacada, quizá más intelectualmente razonada, tanto en ciudades como Nueva York y Chicago cuanto en Miami, con el Florida Style. Norteamérica, que no había participado de la Exposición de Artes Decorativas porque sus diseñadores no lograban conjugar gusto refinado con industrialización, encontró rápidamente ese camino cuando se puso a la cabeza del proceso de fabricación masiva.

Quizá, para ser más afinados, convendría hablar del diseño de entreguerras, ya que el art decó no es un estilo coherente y unívoco. Se compone de una amalgama de estéticas que provienen de distintos órdenes; muy importante fue la influencia de las vanguardias de las artes plásticas, tales como el cubismo, el surrealismo, el fauvismo e, incluso, el futurismo italiano. Los descubrimientos de la tumba de Tut Ank Amon en Egipto y de las ruinas mayas en México y Centroamérica, y varios sitios aztecas, al igual que hallazgos de culturas preincaicas, dieron al movimiento el juego de volúmenes en arquitectura, el ángulo recto y la línea quebrada y el zigzag; en la ornamentación, fueron integradas la flora y la fauna de ambos sitios, ramilletes chatos de flores por lo general estilizadas, cactos, las hojas del papiro y la columna papiriforme, las palmeras en todas sus variantes, los elementos de África profunda con su arte tribal, animales tipo gacelas, galgos, aves, siempre representados en actividad. El acelerado desarrollo del automóvil, el avión y el cine nos dan cuenta de la kinesis buscada por los diseñadores de la época, el movimiento y la velocidad, y la búsqueda de la aerodinamia, símbolos de estos años de oro, cuyas raíces se deben buscar en la industrialización y la masificación de la producción, que es uno de los desafíos logrados de este período. En artes plásticas, vemos el uso de la figura humana pero estilizada, en actitudes de trabajo, con una mujer distinta, de pelo y falda cortos, fabricando, haciendo, creando…

Los materiales y el color también remiten a los hallazgos y las revalorizaciones. En un primer momento, las maderas exóticas, en color contrastante, mezcladas y embutidas para lograr efectos de texturas, ébano, nogal, amboína, raíz de caoba, material de altos precios, difícil de hallar, piel de tiburón, de cebra, carey, madreperla; casi sin transición, los protoplásticos, baquelita y galalite, que pueden imitar aquellas ricas materias a un costo mucho menor.

Cada arte tuvo una característica peculiar, pero en todas hay una fuerte presencia de lo geométrico, de lo despojado, de la pureza de líneas contra los excesos del art nouveau y de los varios eclecticismos. El arquitecto Adolf Loos llegará a decir que el adorno es criminal… Fueron apreciadas y buscadas la coherencia estructural y la expresión de la función en la forma.

Se extendió el uso de hormigón en forma corriente. Así, en los frentes, se puede reproducir el mármol; o, dándole distintos grados de rugosidad, ex profeso, se lograron apariencias de texturas y efectos de volumen. También, la repetición rítmica de un mismo motivo ornamental, geométrico o natural estilizado, en relieves muy planos. Se recurrió mucho a la herrería, con o sin adornos de bronce u otros metales, que se erigen en un ornamento más. El color adquirió una presencia fundamental, fuerte y saturado, con atrevidas combinaciones, azul y verde veronés, rojos y azafrán y plateado, que tanto le deben al conocimiento que se tuvo en esos años de los ballets russes, que deslumbraron con el Oriente y sus fastos, además de la influencia del fauvismo.

Por ende, como se mencionó arriba, y en un intento de simplificar y abarcar tantas influencias concomitantes, se podría aplicar la distinción entre el diseño art decó para lo francés y ampliarlo a estilo moderno o de los años 20 o de entreguerras, para las otras variantes que se continuarán en el racionalismo y en muchas formas peculiares de cada país, plenamente vigentes hasta la Segunda Guerra Mundial.

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La época de entreguerras (1920-1930)

Los años que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial comenzaron, en Europa, con diez millones de muertos, desaparición de mercados, paulatina descolonización de los imperios de ultramar; destrucción de ciudades, pérdida de superficies cultivables, un terrible endeudamiento y un hambre casi endémica. En diferentes grados, todos los países europeos sufrieron este panorama. Alemania, país perdedor, quedó con una deuda inconcebible en concepto de resarcimiento. Inglaterra y Francia, especialmente exhaustas, estuvieron inmersas primero en la disputa interna entre partidos, con la nueva presencia política de aquellos de orden sindical y la oposición entre dos creencias: la de ofrecer algún margen a Alemania para que creciera o la opuesta, hacer cumplir rigurosamente el tratado de Versalles, que puso fin a la guerra y estableció un altísimo costo que hipotecaba a ese país durante decenios. Sin embargo, esas dos naciones iniciaron rápidamente gobiernos de coalición, refinanciaciones y consolidaciones de las deudas externas y, de esta manera, se encaminaron muy rápidamente hacia «los dorados años 20».

La Argentina del período está dirigida por gobiernos del partido radical: Yrigoyen, Alvear y el segundo mandato de Yrigoyen. Durante la guerra mundial, hubo una pequeña industria sustitutiva de importaciones, sobre todo textil y agropecuaria; pero, finalizado el conflicto, decae. Ya en la posguerra, grandes fortunas cambiaron de mano y surgieron otras muy poderosas; esos nuevos capitales abrieron caminos poco transitados aún; además, cambiaron las formas de consumo en Europa, nuestro principal comprador. El país entró de lleno en la producción cerealera —trigo, lino, maíz y también oleaginosas— y cárnica, sobre todo carne enfriada —chilled—, de alto costo, y carne congelada o procesada —corned beef—, para ventas masivas. La entrada de divisas es alta, y la balanza comercial, muy favorable.

Ya para los años de la presidencia de Marcelo T. de Alvear (1922-1928), Argentina es un país rico y conocido en el mundo. Sus dirigentes políticos, intelectuales y culturales aspiraron a modos de vida, en lo cotidiano, impensables en épocas pasadas. Dentro de estos esplendores, está el conocimiento simultáneo de todas las corrientes mundiales en filosofía, literatura, ciencias y cultura en general. Muchas veces viajaron a nuestro país las personalidades que encarnaban esos movimientos y teorías. Recibimos la visita del príncipe de Gales y el maharajá de Kapurtala, pero también de Einstein, Anatole France, Ortega y Gasset y Mircea Eliade. La gente de Buenos Aires cambió rápidamente; las mujeres bailaron, trabajaron, se cortaron el pelo; los sombreros grandes dieron lugar a los cloches, encasquetados sobre ojos sombreados; se acortaron las faldas y se treparon a los colectivos. El tango triunfó en París, y en nuestra ciudad Josephine Baker fue aplaudida a rabiar, al igual que Diaghilev y sus ballets rusos. La capital de nuestro país adoptó muy rápido el art decó, ese arte veloz, y esta adopción fue en un primer momento producto de la riqueza, por un lado, y de la reproducción de las formas y los ornamentos en cine, diarios y revistas, por otro. Así, comenzó a ser usado por esas clases medias con más dinero o de elites intelectuales, hasta llegar a los barrios y, unos años más tarde, a ciudades y pueblos del interior.

Su influencia se extendió por muchos años más en la ornamentación. Fue aplicado en todos los rubros, aunque a veces era un uso superficial: hay en la ciudad casas «chorizo» con fachadas decó. Bancos, cines y garajes fueron hechos con este estilo, y aquí vemos la expresión arquitectónica de aquello que está de moda porque se está imponiendo amplia y profundamente, sobre todo el cine y los autos. De todos modos, este arte de entreguerras convivió en Argentina con el «neocolonial» —según el arquitecto. Martín Noel, «la estética de la tradición»—, lo afrancesado preexistente, diversas formas de estilos ingleses, y hasta con el art nouveau, todos en forma pacífica.

Dos ejemplos de este movimiento en Buenos Aires, para mencionar lo arquitectónico (ya que se dejan la ornamentación y el afichismo para otro artículo). La casa que Natalio Botana (hacendado uruguayo, periodista, devenido empresario del periodismo) encargó en 1926 a los arquitectos Jorge y Andrés Kalnay para su invento, el diario Crítica. Este diario sería un fenómeno en Buenos Aires y en toda Sudamérica, tanto por su audacia, su modernismo, su ruptura con los cánones tradicionales del periodismo de su época, casi amarillista, y sus grandes y catastróficos titulares, como por la calidad literaria de sus periodistas, todos ellos escritores o poetas. Un diario que fue escuela de periodismo. Botana, personaje intrincado, un poco oscuro, se consideraba a sí mismo un genio de la vanguardia y quiso tener la sede de su diario, el más moderno, hecha en el más moderno de los estilos. Así, en Avenida de Mayo 1333, la avenida «francesa por concepción…» (en palabras del arquitecto José María Peña), se enclavó este edificio decó que caracterizó el modernismo del dueño y del diario. Está firmada por Jorge Kalnay, pese a que en esos momentos tenía proyectos en conjunto con su hermano Andrés, ambos austrohúngaros.

En esta fachada, vemos como muy característica la utilización de dos pilares que modulan las verticales, componiendo los marcos laterales para la parte central. Los cornisamentos siguen la línea de los vecinos para respetar las ordenanzas de la avenida. En el centro, un gran arco de línea escalonada corona un balcón que correspondía al despacho de Botana. Aun cuando Kalnay no prescindió de la figura humana, la estatuaria se hace chata, alargada y estilizada; como simboliza elementos del periodismo y sus funciones, fueron parte del encargo. Incluye dos pequeños balcones arriba, en forma de proa de barco, también simbólicos de la dirección hacia el futuro; y, sobre todo, la ornamentación de la guarda que rodea el arco, presidida por un sol naciente cuyos rayos iluminan una serie de ornamentación vegetal que corresponde al árbol del periodismo y sus frutos.

El otro ejemplo corresponde a dos obras del arquitecto Alejandro Virasoro (1892-1973), uno de nuestros precursores en arquitectura moderna. Se trata de la actual clínica De Cusatis, antigua casa de renta, de 1931, en avenida Pueyrredón 845/53, y de la casa de Lavalle 2095, muy temprana, de 1913, ambas en Buenos Aires. Virasoro fue un ardiente defensor del estilo de los 20, el abrazó el decó y lo aplicó al pie de la letra. Fue mal comprendido en su momento, criticado y satirizado por su despojamiento, y reivindicado recién hacia fines de los años 60.

En los dos edificios, vemos cómo Virasoro trabajaba en paños. Sus frentes, muy simplistas, no tienen otra ornamentación que la lograda mediante volúmenes creados por líneas de cuadrados y rectángulos con poco relieve; a veces, un color contrastante. En la calle Lavalle, se observa el efecto de la puerta enrejada a la que se hacía referencia, solo de hierro, ornamentada con el movimiento y las formas. Esta casa de la calle Lavalle, tan temprana, comparada con la otra, de dieciocho años después, hace prever en Virasoro una previa voluntad de «estilización geométrica» (J. Martini y J. M. Peña, Alejandro Virasoro).

Por último, es necesario mencionar que en arquitectura se destacaron los cines —el Broadway, el Monumental y, sobre todo, el Ópera, entre otros—, los garajes, y notoriamente el estilo se aplicó a bóvedas de cementerios. En el de Chacarita, si bien fueron destruidos muchos, todavía se pueden ver notables ejemplos de la arquitectura de los años 20.