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El Gran Otro | Viernes 22 de Setiembre de 2017

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Cara a Cara vs Face to Face

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El valor de conectarse en la era 2.0

La antinomia del “ser” en las redes sociales, y el “ser” en la vida real provoca en los adolescentes inconformismo y problemas de valoración. ¿Es posible  acompañar al progreso, de forma tal de capitalizarlo en un bienestar personal?

Por Ivana Nazareno

 

 

Cuenta la leyenda que no hace mucho tiempo, cuando los chicos en edad escolar tenían algún problema con un compañero o amigo, jugaban al piedra papel y tijera para definir su elección, o se recurría al mítico pan y queso para sortear el primero que empezaría con algún partido de futbol,  alguna lección oral o trabajo práctico.

Hoy en tiempos 2.0 la inmediatez y la presencia absoluta que demandan las redes sociales para “estar conectados” son el punto de encuentro esencial en materia escolar, social, y de entretenimiento, fenómeno global al cual no escapa Rosario.

Generalmente se puede observar que el comportamiento de los jóvenes en las redes sociales es muy contradictorio al que manifiestan en la vida real, ya que mientras abundan posteos y mensajes de felicidad,  fotos bellas o sensuales y pensamientos ideológicos de fuertes convicciones, en la cotidianeidad estos mismos chicos suelen desarrollar conductas antisociales, narcisistas, inconformistas y de excesiva inseguridad. Según un estudio realizado por Larry Rosen, profesor de psicología en la Universidad Estatal de California presentado en la Convención Anual de la American PsychologicalAssociation, estos efectos negativos se deben a la sobreexposición de los jóvenes en las redes sociales de mayor presencia como Facebook o Twitter.

¿Pero acaso negarse al progreso es la respuesta correcta?, cuando surgen interrogantes tan primordiales como saber si los jóvenes son capaces de: poder debatir argumentar y exponer una idea en público, defender una ideología o bien intercambiar opiniones discordantes con miembros de una misma audiencia manteniendo pautas de respeto y escucha activa para con los demás. Valorarse y amarse a sí mismos por lo que son y no por lo que les exigen las convenciones sociales.

¿Acaso Facebook y el uso indebido de la tecnología generan estas limitaciones,  o bien hay una retroalimentación con malas prácticas comunicativas producto del individualismo burgués?

Aparentemente el tema exige cierto desglose para ser analizado. Por un lado el papel que cumple hoy por hoy internet en los hogares de los chicos escolarizados, ya sea en el nivel primario, secundario o terciario, y por el otro realizar una medición de  como a medida que la interacción escrita en medios cibernéticos va en aumento, de la misma forma disminuye el trato interpersonal físico, lo que típicamente se llama el  “cara a cara” y de esta forma ya desde los primeros años en la escuela los chicos demuestran una ambivalencia importante entre su carácter en publico y el modo de ser  “detrás del monitor” .

Esta antinomia se ve reflejada en ciudades como Rosario, que si bien recientemente han tenido un considerable aumento demográfico, han permanecido en ella ciertas costumbres de pueblo como lo son: pedirle fiado al almacenero, ir caminando hasta la escuela o en bici, vivir en un barrio pero tomarse un colectivo y llegar al centro en menos de 20 minutos, o volver del cole y disfrutar  un almuerzo familiar porque se trabaja cortado y tantos otras actividades que forman parte de la identidad social que todo adolescente empieza a formar y definir cuando sale de la micro esfera de la familia y construye su realidad en torno al otro. Este otro muchas veces hostil, delimitado por la mirada adulta, las pretensiones y estándares de belleza y popularidad imperantes y los bombardeos constantes de los medios de comunicaciones funcionales al poder de turno que pretenden inculcar ideas desde temprana edad, para que las reproduzcan casi automáticamente al convertirse en adultos productivos.

Sumado a todas estas variables Internet cumple un rol preponderante en la maduración y cultura de los jóvenes rosarinos. Al haberse globalizado la forma de vivir del working full life, la dependencia de los teléfonos móviles y el ajetreo  de las grandes metrópolis, Rosario está pasando paulatinamente a tener un estilo de vida Manhatanizado, con adultos acelerados en pleno compromiso laboral y niñeras sustitutas de meriendas y deberes dejando a merced de los videojuegos y Facebook o Twitter la creación de la identidad de los adolescentes y perdiendo aquellas actividades que se tenía hace apenas una década atrás.

Juntarse en el umbral de alguna esquina con amigos a mirar pasar los autos o programar las próximas salidas, tomar la leche en la casa de los compañeritos de escuela ya no son costumbres tan corrientes.  La inseguridad es un factor clave que desencadena la preocupación de los padres que prefieren que sus hijos estén adentro de sus casas a salvo de los peligros del afuera, y eso genera un círculo vicioso interminable donde vuelve a cubrir un vacío existencial la irrupción de las redes sociales.

Los chicos socializan frente a una pantalla lo que antes solían hacer en el club, en la vereda o en el patio de atrás. Pero como todo fenómeno social  muchas veces tienden a masificarse ideales inexistentes y erróneos que se obtienen de imágenes photoshopeadas, celebridades del mundo entero viviendo experiencias insólitas, objetos necesarios para no estar excluido del círculo social. Esto conlleva a una desvalorización y menosprecio de la propia identidad de los adolescentes que consumen a diarios estas imposiciones, y al compararlas con las que realmente tienen en su vida diaria nunca son suficientes. Por ende los adolescentes se vuelven inconformistas  y con una valoración escasa de su persona lo que lleva a trastornos  de la autoestima y sus derivados como los trastornos de alimentación, y a sumirse más en la falsa apariencia que pueden dar de sí mismos en los perfiles multimedia de las redes sociales.

ArmandMattelart, sociólogo belga y autor junto a  Ariel Hoffman del clásico “Para leer al pato Donald”, advierte que las redes sociales no son un medio de solidarización con proyectos colectivos sino que son redes de personas aisladas que se interconectan individualmente de una forma muy débil con su entorno.

Desde las instituciones educativas de Rosario aún no se ha implementado un plan de contención y concientización de las consecuencias de la sociabilización a través de la computadora y las redes sociales, pero sí dentro del escenario académico se están percibiendo cierto cambios de conductas de los alumnos que al encontrarse con exigencias propias de la escolarización como ser : realizar una redacción, exponer en publico una idea, refutar , debatir un tema determinado no están a la altura de dichas actividades y tienden a evadir el compromiso o bien hacerlo de manera muy pobre, incluso a nivel terciario y universitario.

Según el testimonio de Sonia Cid,  profesora y  docente de educación para adultos y adolescentes en el CECLA nro. 19 de Rosario y Roldan, esto se debe a la falta de hábitos en el hogar que luego se traspasa al ámbito educativo donde los chicos intentan mantener la misma cotidianeidad y expresión que manifiestan usualmente. Por otro lado Sonia destaca que no sólo se han extranjerizado con el uso de las redes sociales las formas de comunicación con todos los efectos nocivos que ello conlleva, sino que aparece el bullying (acoso escolar) como herencia de las películas norteamericanas, que aísla aun más a los chicos que no se rigen por los parámetros de popularidad de la sociedad y sufren las descalificaciones y abusos físicos o psicológicos de sus compañeros.

La solución más reconfortante seria compatibilizar y equilibrar la educación de los padres que deberían poder escapar a las demandas laborales al menos en la hora de la cena o el desayuno, y crear un espacio de diálogo y escucha en los hogares, con un refuerzo de parte de las instituciones educativas de los valores de compañerismo, igualdad, democracia y conciencia de la realidad actual que domina a gran parte del mundo.

Esta iniciativa se vislumbra hoy en centros de educación no formal que brindan talleres y cursos post escuela para jóvenes, adolescentes y adultos como los que ofrece la municipalidad de Rosario de forma gratuita, que fomentan actividades al aire libre, de contención y seguridad y sobre todo que permiten expresar a las personas en diversos ámbitos como el teatro, circo, pintura, música, etc.

De acuerdo a lo publicado en http://www.rosario.gov.ar/sitio/lugaresVisual/verLugar.do?id=120, estos talleres abordan específicamente la temática juvenil con el objetivo de difundir, promover y/o restituir el ejercicio de los derechos a través de:

  • propiciar la participación y la inclusión de las y los jóvenes;
  • desarrollar políticas públicas integrales e integradas territorialmente con y desde las y los jóvenes como actores estratégicos;
  • favorecer el encuentro de las juventudes entendidas como múltiples identidades juveniles y sus expresiones;
  • fortalecer la construcción cotidiana de ciudadanía y de proyectos colectivos.

 

Entretanto se vayan consolidando el balance entre escuela y hogar respecto al uso adecuado de redes sociales, es una medida importante poder criticar lo establecido con el fin, no de detener el progreso, sino de poder capitalizarlo en un bienestar familiar, individual a futuro, para poder cimentar paso a paso una construcción personal  sólida, íntegra y sana mentalmente, que en definitiva es el único cambio transformador para una sociedad más humanitaria.

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