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El Gran Otro | Martes 21 de Noviembre de 2017

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Carlos Thays y la herencia del paisaje

Carlos Thays y la herencia del paisaje

PATRIMONIO

La huella del paisajista francés Carlos Thays recorre el país, desde Barrancas de Belgrano y el Jardín Botánico hasta el Parque Sarmiento en Córdoba y el Parque Nacional Iguazú.   

Por Martín Jali

El busto de Carlos Thays se erige imponente en el centro del Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires. Realizado a manera de homenaje por el escultor Alberto Lagos en 1947, con base de bronce y enchapado en mármol travertino, la mirada pétrea de Thays discurre atenta —y con preocupación, esgrimen algunas sociedades de conservación y protección del patrimonio natural y escultórico de la ciudad— a través de las más de 7 hectáreas que ocupa el jardín, emplazado entre la avenida Santa Fe y la avenida Las Heras. El Botánico, como se lo conoce comúnmente, es una de las mayores creaciones del paisajista, arquitecto, naturalista y urbanista francés Carlos Thays, quien llegó a la Argentina en 1889 recomendado por Jean Alphand para realizar la que sería su primer obra en el país: el maravilloso Parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba.

Thays nació en París en 1849 y se formó con Edouard André, uno de los más importantes arquitectos y urbanistas franceses de su tiempo. En1889, a los 40 años, arribó a la Argentina y, después de culminar el diseño del Parque Sarmiento, decidió instalarse en el país. En 1891 fue designado Director de Parques y Paseos de la Ciudad de Buenos Aires. De esta manera, aprovechó como nunca nadie lo había hecho su cargo público y forestó calles (más de 150.000 ejemplares de alineación) rediseñó plazas, paseos y parques públicos, además de trabajar en otras provincias como Mendoza, Córdoba, Entre Ríos, Salta, San Juan y Tucumán, espacios desde los cuales hizo traer miles de árboles que luego plantó en los parques y aceras de Buenos Aires.

Las obras de Thays son muy numerosas: desde el Parque Centenario (remodelado recientemente), Lezama (en evidente estado de abandono), Patricios, las Barrancas de Belgrano o la plaza Constitución, Congreso o la Plaza de Mayo, además del Botánico y el Parque Tres de Febrero, quizá las dos mayores obras que realizó en Buenos Aires. El Parque Tres de Febrero —el Central Park porteño— representa el pulmón más importante de la ciudad y posee mas de doce mil árboles, entre los que se cuentan magnolias, jacarandás, palmeras, araucarias, nueve fuentes y decenas de monumentos. Thays, por otra parte, proyectó parques campestres de recreación turística, jardines y ornatos de distintos establecimientos rurales, especialmente de estancieros bonaerenses, realizó parques y paseos en San Luis de Maranhao (Brasil), Rosario (Santa Fe), Montevideo y Santiago de Chile. Todo el paseo balneario de Mar del Plata, por otra parte, fue creación de Thays entre 1903 y 1909. El proyecto de mayor envergadura lo acometió en 1911, cuando llevó adelante la creación del Parque Nacional de Iguazú, en Misiones, poniendo en práctica sus ideas acerca de la preservación y ordenamiento de parques nacionales en el país. A pesar de que el proyecto recién tomaría forma en 1934 con la Dirección de Parques Nacionales, el pionero del proyecto fue Thays, quien propuso el primer diagrama para proteger el marco paisajístico de las Cataratas del Iguazú, la selva misionera y la vegetación y fauna subtropical que la rodea. Carlos Thays falleció en 1934 en Buenos Aires.

Las obras de Thays aparecen marcadas por el estilo pintorequista francés y, especialmente en el diseño de jardines, por el estilo inglés con ciertas reminiscencias romanas. Más allá de esto, el interés de Thays siempre estuvo en la preservación de la flora y las especies vegetales autóctonas, por eso no es en absoluto extraña la presencia de jacarandás y araucarias en las calles de Buenos Aires.

El Jardín Botánico fue el resultado de distintas investigaciones realizadas por Thays en relación a las características forestales de nuestro país, con el objetivo de preservar las especies más importantes de la región. Dentro de sus límites, Thays no solo vivió con su familia entre 1892 y 1898, sino que, además, construyó un herbario, realizó investigaciones sobre la yerba mate y conformó un centro de investigación botánico de prestigio internacional. El Jardín Botánico cuenta con especies vegetales de Asia, África, Oceanía, Europa y América, sin embargo se destaca especialmente el área de la flora argentina, por su cantidad, riqueza e importancia. Dentro de su perímetro se distinguen tres tipos de diseño paisajístico: simétrico, mixto y pintoresco. Posee, además, un jardín de estilo italiano y otro de estilo francés. No hay que olvidar, tampoco, los cinco invernáculos diseñados por Thays, entre ellos, el invernáculo principal, traído de Francia en 1900, con una gran colección de especies vegetales tropicales y subtropicales, un ejemplo extraordinario del art noveau.

Las obras de Carlos Thays recorren nuestro país, desde Buenos Aires a Salta, de Rosario a Mendoza. No es casual, por otra parte, que Buenos Aires, más allá de las calles y los bares de San Telmo, guarde una notable semejanza con París. El diseño de paisajes y jardines, paseos públicos y plazas, en los cuales Thays tuvo una influencia decisiva a principios del siglo XX, llevan los rasgos de identidad del paisajismo francés.

El estado actual de las distintas obras paisajísticas de Carlos Thays es bastante diverso. Al correcto mantenimiento y recuperación de zonas como el Parque Centenario o el Jardín Botánico, se superpone el deterioro y la destrucción de zonas arbóreas de Plaza Francia, ocasionadas por la ampliación de la línea H de subterráneos. Esto último motivó una carta pública de Carlos J Thays, nieto de Carlos Thays, dando a conocer la problemática y previniendo sobre los peligros que está ocasionando la actual gestión del Gobierno de la Ciudad sobre el patrimonio paisajístico de Buenos Aires. En idéntica dirección, el caso del Parque Lezama es elocuente: la vegetación frondosa, los caminos prolijos, las palmeras exuberantes, las fuentes y senderos de copones que lo caracterizaban han sufrido un profundo deterioro en las últimas décadas. El Lezama —declarado Monumento Histórico Nacional— se encuentra en evidente decadencia, abandonado por el Gobierno de la Ciudad, más allá de restauraciones superficiales en el año 1999 y 2003 y de un plan de recuperación anunciado en 2008 que nunca fue ejecutado.

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