Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El Gran Otro | Sabado 21 de Octubre de 2017

Arriba

Top

One Comment

Cómo explicar la crisis actual y la permanente

Cómo explicar la crisis actual y la permanente

Por: Daiana Magalí Martínez.

La actual crisis económica y social mundial de los Estados Unidos ha hecho que cientos de jóvenes de todo el mundo se vuelquen a las calles. Entre otros motivos, por el miedo a la recesión y al aumento del desempleo en las economías europeas. Este panorama político abre un misterioso interrogante: ¿nacerá una nueva realidad sociocultural que marque un cambio a nivel mundial?

La crisis de los Estados Unidos importa un poco más por la abundante historia que desencadena el “efecto rebote” (efecto que termina y vuelve a empezar como de los años 30 de la Gran Depresión) y por la situación de penurias de ese país, que recientemente se vio obligado a engrosar su gasto público, no tanto destinado a ayuda social sino como medida de ajuste para frenar el déficit estatal. Sin embargo, la contracara del gasto fue un aumento del desempleo y la pobreza.

El periodista de Resumen Latinoamericano Brett Arends sostiene: “las corporaciones estadounidenses no financieras en general están profundamente endeudadas, en el orden de los US$7,3 billones. Eso es un nivel récord, y un aumento de 24% en los últimos cinco años. Y cuando se suman deudas de los hogares, la deuda pública y las deudas del sector financiero, el nivel de deuda alcanza al menos los US$50 billones”.

Para explicar por qué los Estados Unidos fabrican su propio endeudamiento, se recurre como ejemplo, generalmente, a la industria de la guerra: “el gasto militar exacerba el déficit presupuestal, pero permite el funcionamiento de un ‘equilibrio del terror financiero’, reporta inmensas ganancias al complejo militar industrial y mantiene un chantaje global basado en la fuerza militar”, según el ya citado diario digital, en palabras de Osvaldo Martínez, su director.

Otro motivo de índole sociocultural es la incorporación de un nuevo actor en la escena protagónica de la política: el joven. Aunque se trata sólo del caso de los Estados Unidos, sin dudas, este fenómeno se podría haber extrapolado a la terrible crisis socioeconómica que los argentinos sufrieron entre 2001 y 2002 y el impacto que tuvo en el empleo, especialmente entre los mas jóvenes. La juventud, lejos de impacientarse por la amenaza de sus inversiones y la inflación, tiene como objetivo ser parte determinante de las acciones políticas, postura activa que, por cierto, recién comienza. También se suma el reciente antecedente de las protestas chilenas y londinenses, integradas por jóvenes universitarios, formados y con exigencias más sólidas.

El desempleo, a nivel mundial, es uno de los más altos de las últimas décadas e impacta en especial sobre los jóvenes. Los expertos en economía estadounidenses habían pronosticado una creación de empleo entre los 90 mil y los 110 mil puestos de trabajo; pero la desbordante realidad dio cuenta de sólo 18 mil empleos creados en junio pasado. Con ello, la tasa de desempleo oficial aumentó del 9,1 % al 9,2 %, aunque la tasa real, como indica CNSNews, llega al 16,2 % o 25,3 millones de personas.

También podría sumársele España, en donde de cada dos personas una no tiene trabajo, lo que totaliza un impactante 45 % de su población actual. Por lo tanto, la falta de pan que desencadena el deterioro del valor dignidad para la vida pública y personal de cada habitante, se ve altamente amenazado tanto en los Estados Unidos como en Europa. El más amenazado es el empleo joven: “si la persona no consigue un trabajo decente en sus primeros cinco años de vida profesional, ¿lo conseguirá algún día? No crea hábitos estables de trabajo y no desarrolla la autoestima necesaria para progresar profesionalmente […] es un desperdicio terrible de capital humano”, afirma Matthew Bidwell, profesor de Gestión de Wharton.

Sin embargo, el mapa político actual está dando las condiciones para que dos sucesos únicos se promuevan de país en país como un dulce contagio sano: extender puentes culturales, por los cuales se pueda conocer cómo hacen frente a sus problemas otros países, intercambiar ideas y prácticas de las experiencias locales (el lado más amigable de la globalización) y, por el otro, diversificar las economías. Hoy en día, las grandes empresas pueden nacer en países periféricos y competir con las ancestrales de los países centrales.

La tríada Estados Unidos-Europa-Japón pasará a la historia, antes de 2025 China se habrá convertido en la segunda potencia económica mundial e India en la sexta, antes que Italia, casi al nivel de Francia. Por ello, hoy en día los expertos hablan de “mutua dependencia”. El juego de dependencias se abre para demostrarles a países “ricos” que su riqueza no les bastará en la obtención de materias primas para sostener proyectos empresariales que sumen empleo para la población.

Politólogos, periodistas y economistas resumieron la situación actual del sistema capitalista estadounidense en que todo es incierto y en que pareciera imperar la lógica de “todos y cada uno son sospechosos”,  la falta de confianza en los principios que reúnen a las economías globales. Confianza es una palabra que está en boca de quien sea que hable de crisis y caída. “Hay un grado de temor ahí fuera que se aparece de a poco”, puntualiza Michael Hanson, un veterano economista del Bank of America y Merrill Lynch. “No son solo los fundamentos. Es el miedo a lo desconocido”.

El escenario político plantea una nueva realidad social en base a la lucha, no a la dependencia, con la apertura de mercados legítimos y contratos de negocios que impliquen modelos socioecológicos que aseguren el rescate del medioambiente. La misma sociedad civil se opone a gobiernos autoritarios, pendencieros y consumistas. La crisis continuará también en esos aspectos positivos que permiten replanteos más morales que ideológicos, alejados del interés conformista y reactivo, buscadores de un sistema: la no-sumisión, la apuesta al cambio —el cambio joven— e incorporación de intereses históricamente relegados.

 

Por Daiana Magalí Martínez