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El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

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Cuando el color se apodera del MALBA

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Curada por el francés Frédéric Paul, Panamericano-Beatriz Milhazes. Pinturas 1999-2012 se concentra en los últimos 10 años de la producción de la artista, reuniendo alrededor de 30 piezas provenientes de colecciones de Brasil y Estados Unidos. El color, la música y las flores se apropian de las paredes del MALBA, transportándonos a su Río de Janeiro natal e invitándonos a celebrar la vida.

Por: Lucía Gerván

 

«Es importante que mi trabajo tenga conexión con la vida. Río es una ciudad que me estimula. Descubrí a lo largo de los años que el contacto con la naturaleza, tan exuberante, es importante para mi obra, y al mismo tiempo Río tiene la vida urbana, que es bien intensa. Este conjunto siempre me estimula…».

Es la primera vez que esta multifacética artista expone de manera individual en América Latina, reconocimiento más que merecido teniendo en cuenta que sus obras ya forman parte de las colecciones permanentes de algunos de los museos más importantes del mundo, entre ellos el Guggenheim, el Museo de Arte Moderno de San Pablo y el Reina Sofía.

Hija de una profesora de arte y un abogado, Beatriz Milhazes trabaja con un estilo estético derivado de los patrones decorativos, incluyendo estándares ornamentales y el art decó. También, toma como referencia el barroco brasileño, las obras de Tarsila do Amaral y Burle Marx, al igual que las obras de Piet Mondrian, Henri Matisse, Albert Eckhont (quien viajó por el Brasil colonial) y Bridget Riley. Utiliza una paleta bien autóctona, con colores audaces y alegres que buscan crear una obra de lo más divertida y libre, pero al mismo tiempo geométrica y organizada, basándose en el ritmo.

«Mi trabajo es muy racional aunque no parezca. Todos piensan que mi pintura es una explosión de emoción, y la verdad es que es toda muy racional», reflexiona. Partiendo de esta premisa, podemos observar cómo sus pinturas brillantes y ornamentales parecen dialogar no solo con los juegos decorativos artesanales y barrocos de su Brasil natal, sino también con pentagramas abstractos, donde los círculos, las líneas rectas y las formas espiraladas juegan un rol principal, acompañando al color y generando, al mismo tiempo, una intensidad visual y el patrón de movimiento característico de sus lienzos.

En todas sus obras, los arabescos geométricos, que van desde el fucsia al dorado, pasando por los colores flúo, buscan evocar los paisajes tropicales, donde las flores y la vegetación son los grandes protagonistas. Una de las principales razones de semejante fijación se puede atribuir al hecho de que, desde 1987, su pequeño taller se encuentra ubicado justo al lado del Jardín Botánico de Río. También encontró inspiración en la vida urbana, incorporando a sus trabajos el chitao (una tela muy barata y colorida típica del Brasil), joyas, bordados, arte popular y, en algunos casos, envoltorios de dulces y chocolates.

A lo largo de los años, desarrolló una técnica cercana a la calcomanía, en la que cada motivo y capa de color intervienen de forma separada, trasladándose a la tela por collages sucesivos. Con el tiempo, Milhazes fue incorporando otras técnicas, como la serigrafía, los libros de autor y realizaciones tridimensionales. Por eso sus obras, de gran escala, funcionan a modo de collages, donde se superponen no solo las tramas de color sino también las estructuras geométricas. Para alcanzar esta finalidad, la artista en ocasiones raspa o levanta el color del lienzo, dejando entrever su trasfondo, e incluso lo mancha, dándole un toque de antigüedad, que logran reforzar esta idea de obra-collage.

En obras como Love (2007) y Night Club (2007), podemos ver cómo estas características se conjugan. No solo resaltan por su gran colorido, sino que también podemos ver claramente cómo las formas circulares, al igual que la superposición de líneas rectas y los rosetones espiralados, generan el movimiento que hace que uno pueda percibir, al observar el cuadro, tanto la música y el baile de un boliche como la sensación de vértigo que se experimenta al estar enamorado.

También podemos observar la similitud que tienen con las formas psicodélicas y la típica decoración de los años 70, que estaban cargadas de gran movimiento, ya que muchas de esas formas hacían alusión, por aquellos años, a los efectos del ácido lisérgico y el «viaje» que este ocasionaba. En el caso de la obra O Magico (El Mago, 2001), las flores, las formas espiraladas y los rosetones nos invitan a explorar con los sentidos, pero de una manera más onírica, ya que trata una temática más fantasiosa, la magia, con la cual uno puede soñar y percibir a través de la imaginación o en los sueños. Tanto en Love y Night Club como en O Magico, se ve presente el Brasil. Aunque sus títulos sean muy genéricos, se pueden ver en ellos el carnaval carioca, el arte regional, las flores del Jardín Botánico de Río y la vida urbana que tanto la fascina.

Panamericano alude a ese ir y venir entre Norte y Sur, a la bossa nova, al carnaval, a las iglesias barrocas y a la vegetación. Alude a la idea de vivir en Río, a su cultura, y a la fusión entre el arte moderno y el arte regional que ella genera. Como resume el director del MALBA, Eduardo Constantini: «Milhazes maneja un vocabulario sumamente personal que combina raíces coloniales y actuales, con una visualidad típicamente carioca, exuberante y envolvente, al tiempo que su obra descubre las fuentes de lo decorativo y lo festivo de rituales tan antiguos como el carnaval».

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La muestra se puede visitar hasta el 19 de noviembre en la Fundación MALBA, avenida Figueroa Alcorta 3415.