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El Gran Otro | Viernes 22 de Setiembre de 2017

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Cuando la familia se reúne alrededor de las tablas

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El proyecto La Colmenita recupera la niñez a través del teatro.

 

Por María Pilar González

 

Con su proyecto de responsabilidad social empresaria, una operadora turística importó una experiencia cubana que propone la contención de niños y familias mediante la poderosa herramienta del arte.

 

El teatro es y seguirá siendo por siempre una de esas artes lúdicas en donde se ponen en juego la creatividad y la emoción a flor de piel. Para los adultos, esto muchas veces implica un trabajo, un esfuerzo de preparación y una ejercitación continua, que rescata del interior de la personalidad aquellos rasgos más instintivos y puros. Pero, para los más chicos, quizás este sea su estado natural: el del juego, el de la representación constante de mundos imaginarios, en donde las ilusiones toman forma a cada paso y se proyectan —como la sombra del reflector que los alumbra desde el escenario— sobre una platea imaginaria.

Es probable que, con esos conceptos en mente, un día de julio de 1989, una madre y un hijo colgaran en plena ciudad de La Habana el cartel de «Estreno» de la obra Sinfonía para una perla en Mar Mayor, un show acuático sin precedentes. El proyecto databa de meses atrás, durante los cuales Iraida Malberti y Carlos Alberto Tin Cremata despuntaron el vicio y entrenaron a un grupo de jóvenes deportistas, con los que pusieron en práctica todo lo que Tin había aprendido como estudiante de dirección teatral. Con el paso del tiempo, la iniciativa se volcó hacia los niños, muchos de los cuales nunca habían visto una obra de teatro.

El punto cúlmine fue el estreno, en 1994, de una versión de la obra Meñique, de Eduardo Laboulaye, adaptada por José Martí. A partir de allí, la agrupación La Colmenita se convirtió en un fenómeno cultural, dentro y fuera de la isla. Y fue allí en donde un grupo de touroperadores argentinos tomó contacto con esta experiencia y decidió hacerla suya.

 

 

Los inicios en Argentina

Según cuenta Marcelo Sonenblum, titular de Tip Travel Bureau, el vínculo con la Isla Grande excede para su empresa lo meramente laboral. Y es que, luego de 20 años de llevar y traer turistas nacionales, existe una relación con el destino que sobrepasa los negocios. La idea surgió en 2009 en La Habana, al presenciar a La Colmenita Cuba en acción. A partir de allí, se planteó la posibilidad de realizar esto mismo en nuestro país, con la meta de unir ambas culturas con uno más de los tantos lazos históricos, culturales y afectivos que le otorgan a Cuba un lugar de privilegio dentro del imaginario latinoamericano.

«Este espacio que creamos en Argentina permite que chicos y adolescentes practiquen teatro y música. La financiación está a cargo nuestro, con la colaboración de algunos proveedores», afirma orgulloso Sonenblum. Cabe destacar que la firma forma parte del programa Culturar Habana, en donde se generan intercambios culturales entre más de 1.000 personas por año, y a través del cual se financian todo tipo de emprendimientos e ideas que vehiculicen la cultura.

El objetivo final de La Colmenita es, entonces, utilizar el arte como forma de desarrollo, tanto de los niños como de sus padres. Es así como los talleres son abiertos y gratuitos, con la única consigna de trabajar «directo sobre la obra». Así se van generando motivaciones y relaciones entre los pequeños actores, que están en manos de profesores cubanos. «Es teatro para niños hecho por niños», define el titular de Tip Travel.

 

 

Arriba y abajo del escenario

Una de las consignas que dan forma a La Colmenita es la oportunidad de ser un espacio de contención, no sólo para los chicos, sino también para los grandes. A través de actividades compartidas, ensayos y —por supuesto— las tan ansiadas funciones, se forma una comunidad de padres que se integran a este movimiento. Es así como, en las denominadas «Guaridas» (talleres barriales), confluyen familias enteras, que con paciencia y buena voluntad llevan dos y hasta tres veces por semana a ensayar a sus hijos.

«Hay mucha participación de los padres, es un proceso de integración familiar muy bueno», afirma Sonenblum.

Los resultados están a la vista: a fines de 2011, la primera camada de la compañía —unos 40 chicos— estrenó en la Ciudad Cultural Konex una versión de La cucarachita Martina, popular cuento latinoamericano para niños. Previamente, los chicos tuvieron un debut en escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires, y luego en la sala teatral La Casa de Ofelia y en el teatro del Centro Cultural Rojas de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Una vez superado el famoso «pánico escénico» —y gracias a la ayuda de los instructores cubanos Malú Tarrau y Armando Alpízar—, los chicos se lucieron en el Konex, en una presentación que tuvo repercusiones que llegaron hasta sus hermanos cubanos.

Así, los pequeños actores planean continuar la gira en aquellos escenarios a los que sean invitados, a la par que se busca sumar participantes, siempre bajo la premisa de que están allí «en carácter de becados».

 

 

Más Colmenitas en Argentina

En cuanto a la parte solidaria, el titular de Tip Travel agradeció las múltiples donaciones recibidas y expresó que la gran ambición es continuar extendiendo la red hacia el interior del país y el gran Buenos Aires. Hoy La Colmenita cuenta con Guaridas en los barrios de Abasto y Palermo, y en el interior, en Tucumán y Chaco. La ambición de Sonenblum es totalizar seis sedes a nivel federal para fin de año, y en junio se prevé realizar el lanzamiento oficial de proyecto, que buscará aglutinar ayuda, padrinos y, por supuesto, muchos más alumnos. Además, recientemente se inauguró un espacio propio —el Teatro del Viejo Mercado, ubicado en el Abasto—, que será sede de muchas más funciones.

Esfuerzo, cariño y mucha dedicación. Estas son sólo algunas de las cualidades que los orgullosos padres enumeran cuando ven a sus hijos en escena, poniendo en juego el arte de actuar. Gracias a la idea de unos apasionados por el teatro, muchas familias son hoy parte de un proyecto colectivo, que involucra la generación de objetivos conjuntos, que se erigen como el pilar de un crecimiento saludable de las generaciones del futuro.

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