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El Gran Otro | Lunes 18 de Diciembre de 2017

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Debate sobre diversidad sexual

Debate sobre diversidad sexual

En la sección Analízame, se realizó el debate con el grupo La estrategia del escarabajo integrado por: Darío Cortés, Checha Amorosi, Alejandra Feudal, Viviana Suraniti

Por Dra. Raquel Tesone


Para abrir el debate, empecemos por cómo fue la convocatoria para esta obra de teatro, cómo nació el texto de La estrategia del escarabajo y qué les movilizó, a nivel personal y grupal, la realización de esta obra que trata sobre diversidad sexual.
(Las actrices miran a Darío).

Darío Cortés: Empiezo yo entonces (risas). El génesis de esta obra es la primera parte de una trilogía sobre diversidad sexual, la obra Desmesura. La segunda parte es la que está ahora en cartel, La estrategia del escarabajo. En Desmesura, las chicas tenían los mismos personajes, y trata de la relación en crisis de un dramaturgo y un pintor. Aquí, hice hincapié en el texto, en la construcción de la identidad homosexual masculina. El personaje escribía sobre tres lesbianas que son las que aparecen en la segunda obra, una obra dentro de otra. Hablaba sobre si la infidelidad mataba el amor, qué pasa con los vínculos, más allá si es entre dos hombres. Lo que sucede con el lugar personal de cada uno cuando se borra esa línea porque eran dos hombres, uno que pintaba y otro que escribía, y cada uno sublimaba a través de su creación.

¿Y por qué Desmesura?
D: Porque, en ese camino de búsqueda, entre estos dos hombres pasaban demasiadas cosas intensas. El concepto de desmesura me encanta y viene de hibris, del griego. Cuando los autores se volvían extremadamente profundos, se los castigaba en los comienzos del teatro griego, en la antigua Grecia, porque era como desafiar a los dioses, como ocupar el lugar de Dios. Desmesura es lo exagerado, lo descomunal, romper los limites. El protagonista escritor se llama Manuel, es un guiño a Manuel Puig, nuestro gran escritor homosexual, un genio. Y este personaje lo leía mucho. Esta ficción toca muchas teclas. Pasaban cosas desmedidas como que al autor le empieza a afectar su obra, las conversaciones que tiene con su pareja la incluye en los textos a través de estas tres mujeres. Ellas, en esta obra, aparecían por evocación inspiradas por el autor en escenas surrealistas.
Checha Amorisi: Los personajes interrumpían al autor y hablaban con él.
D: Sí, en cambio, en La estrategia los personajes se vuelven reales, y toca teclas de melodrama y de la comedia dramática; en verdad, no se puede definir el género…
Tal vez lo interesante de tu obra es que se pueda definir un género.
D: (risas) Sí, hablando del género. A mí eso siempre me intereso, cada una de mis obras tiene un código distinto. Oliverio está contada desde un código estético y muy cinematográfico, y Alfonsina, desde un lugar biográfico, y cada una te lleva a un lugar distinto. En La estrategia del escarabajo se muestra la evolución en tres escenas de un triangulo que en algún momento se rompe. Desmesura y La estrategia se estrenaron cuando yo vivía en España en 2008 y 2009, aunque La estrategia la escribí antes. Océano está terminada, pero aún no se estrenó.

¿Qué piensan de este texto de Darío y de no definir a otro con una etiqueta, porque la historia puede ser una historia de amor cualquiera?
Viviana Suriniti: Como actriz, estoy de acuerdo con no etiquetar, no con no definir. Yo no trabajo sobre una idea de algo, lo voy descubriendo en el trabajo. A Marisa, mi personaje, no lo construí de una manera fija, o porque es definida por los demás de una manera.
D: Yo les pedía que se metan en el cuerpo de una mujer que se vuelva loca por otra mujer, no les decía: «Pensá en un chico que te gusta», sino que exploren esa singularidad. Quizás el amor es el mismo con un hombre que con una mujer, pero eso que venga después.
V: Imaginarme enamorada de una mujer no me resulta lo mismo que estar enamorada de un hombre, aunque nos iguale en el sentimiento como condición humana. Creo que abrí una hendija en lo que en mí podría haber sido una relación homosexual. Tiene un nivel de complicidad diferente, no creo que se logre esa misma complicidad con mi pareja o con un hombre, porque si sumás a la amistad entre mujeres que es una cosa muy intensa, y encima lo erótico, debe ser mas que desmesurado (risas). Y conectar con eso es muy intenso.
Alejandra Feudal: Yo trato de conectar (risas).
C: Yo estoy trabajando un nivel de profundidad en esta obra que me está costando bastante, porque soy medio como Mía, mi personaje, no en todo, soy estructurada (se sonroja). Uy, esto debería estar para filmarse…

Cuando vaya a desgrabar, voy a escribir, Mía se sonrojo, no Checha.
D: (risas) Mía es un personaje autoexigente y autosuficiente, es muy difícil de interpretar. Yo lucho contra esos aspectos y Checha también, y el personaje está en conflicto con eso.
Lo hiciste a propósito, Darío, y ahora lo van a tener que superar.
D: (risas) Ojalá, creo que el teatro sirve para eso.
A: En estas obras lo que hacés es conocerte. Ya en los ensayos, estamos las tres, pero siempre estamos los cuatro trabajando, aunque no se vea, él está.

Él está presente, pero ¿qué piensan sobre el lugar de Él, de un hombre, en un grupo de lesbianas?
A: Fijate que ahí hay un hombre que es músico en la obra, y para mi personaje no está registrado, hasta que me sorprende como algo que para en la vida, y de lo que nunca me había dado cuenta (risas). El único registro que tiene Luz, mi personaje, de un hombre es su padre, pero ese padre es un padre ausente, no hay registro de un Él. Y hay un apoyo muy grande en ella. Yo, como Alejandra, tengo un como registro personal que Luz no tiene. Más allá de que tengamos cosas parecidas y distintas a los personajes. Por empezar, a mí no me gustan las mujeres, pero sí me puedo conectar con que a Luz le gusten porque las mujeres somos grandes inspiradoras, y me relaciono mucho con mujeres, desde mi madre y mi hermana, y, además, es fácil enamorarse de Mía, mirá a mi novia, es mi chiste.
D: (risas) Esto sucede cuando te metés en una energía muy profunda. Nosotros nos conocemos hace trece años, y con orgullo lo digo, son personas muy desprejuiciadas. A Viviana yo la dirigí en un infantil…
V: ¡Y mirá donde me llevo ahora! (risas).
D: Sí, otro mundo… Cuando dirijo en los ensayos, me doy cuenta de cuánta información viene del otro. Recuerdo momentos que yo pensaba: esto la esta tocando personalmente a ella, y eso es lo que hace verdadera a la actuación. Ellas, en un momento, entraron en crisis. En eso, no nos hacemos los boludos, se replantea todo.
Es como un lugar de psicólogo el del director.
D: Sí, cada vez lo veo más así y notás como surge lo inconsciente.
V: El proceso de creación es inconsciente, como profesora también lo veo así con mis alumnos.
A: Ese es el desafío, y a mí me gusta por eso. Si no enfrentás ese desafío, no podés crecer, o te echás para atrás, y en algún momento desaparecés. Hay compromiso y comprensión en nuestra relación.
V: Pensá que en la temporada de Mar del Plata convivimos, y el trabajo nos hizo amigos, tuvimos muchas nominaciones. El lugar del director es un guía, y deposito mucha confianza en Darío en cuanto a lo estético y lo actoral, y en el manejo del grupo.
D: También hubo puteadas (risas) y eso está bueno. A veces, puedo ser duro para sacar brillo a una escena, yo dirijo desde el lugar de sacar lo mejor al actor. Sin que suene cursi, hay como un amor hacia ellas y también eso me viene de vuelta porque quiero lo mejor para mi obra. Cada una de ellas es distinta y trato de llevarlas a un mismo lugar desde lo que cada una necesita.

Que interesante que hablen de la diversidad entre ustedes dentro del debate de diversidad sexual. Tu obra habla del respeto por la diferencia, y eso se refleja en tu dirección con las actrices. Por eso, de movida te miraron a vos, sos el referente.
D: Yo me corro desde un lugar autorreferencial, no me importa que se vea mi sello o mi marca, dejo mucho a la creación de ellas, otras cosas las veo dibujadas y se las transmito así porque el director tiene que saber adonde ir, aunque sea irse a la mierda. Pero después de que indico, quiero que esa marca se borre.
R: Esto tiene que ver con respetar al actor.
D: Leía a David Lynch cómo dirige a las mujeres, las mete en unas cuevas que ni ellas saben qué están haciendo, se están yendo al carajo, pero con una visión de algo.
¿Qué se siente al trabajar con mujeres?
D: Fui criado por mujeres, por mis abuelas, mi vieja. Hay una imagen fuerte de ellas, las mujeres dominaban mucho, iba a decir dominaba la escena (risas). Encima, eran mujeres italianas con mucho poder.

Falta un nombre. Y el texto da cuenta de una comprensión de la lógica femenina. Ya es un misterio saber qué es ser mujer, más aun qué es ser lesbiana.
D: Me pareció más interesante ahondar en esta pregunta que responder. Hicimos una promoción en un bar de lesbiana y se siente la misoginia, también en el mundo gay.
Hay discriminación también dentro del mundo gay.
D: Es muy loco, es un gueto estigmatizado y al mismo tiempo discrimina a otro, y dentro del mismo mundo homosexual. Me parece inentendible.
Se llama identificación con el agresor: hacer sufrir activamente lo que se padece pasivamente.
D: Observé en el bar mujeres muy masculinas, y una competía conmigo. Cuando me preguntó qué hacía ahí, y le dije que era gay, se alivió.

Ninguna interpreta un estereotipo masculino extremo, y vos Checha, ¿qué se siente interpretar a una mujer lesbiana que decide tener un bebé con su pareja?
C: ¿Qué siente Mía o qué siente Checha?
Las dos. O ¿qué siente Checha cuando encarna a Mía?
C: ¡Chan! (risas) ¡Que momento! Es loco porque, casualmente, estoy tratando de ser mamá y quizá por eso me cuesta conectar con esto de ser madre. El personaje me toca desde un montón de lugares, esto de ser madre es una referencia… aunque tengo dos gatas, soy muy responsable y las mimo mucho.
D: Mía determinó que iba a ser madre, y eso es fuerte, y lo determinó a cualquier precio.
C: Y por eso, me cuesta poner en palabras lo que me hace sentir el personaje, soy más del cuerpo. Capaz, pienso que cuidarían mejor de un bebe dos lesbianas.
V: (risas) No, para eso están las niñeras.

La niñera también es una mujer. ¿Cuál sería el lugar del hombre? En la obra, el hombre está fuera del escenario.
V: Sí, como observador de las mujeres, y eso Darío lo hizo intencional.
D: Tenía miedo de que las lesbianas activistas no les guste la última escena y les hice leer la escena a muchas de ellas antes de definirla. Si ella se hubiera enamorado del músico, seria otra cosa. Pero él esta para que eso no funcione, pero está.
Y lo interesante es que es un hombre

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que la ama en tanto gay.
D: Sí, un poco desde el lugar del morbo, por eso se ríe la gente.
V: Pero también la acepta desde el lugar del amor.
Acá abordás el tema de la fantasía del hombre con las mujeres lesbianas, o la particular amistad de los amigos gay con las mujeres, que es casi como un enamoramiento. Parece que también hay diversidad en las formas de amar.
V: Fijate que se ama a un ídolo que ni conocés. La gente lloró cuando murió Sandro y no lo conocían.
D: Sí, es cierto. El otro tema fundamental es el momento de anunciarle a la familia que se es gay.
A: A mí me costo asumir que era actriz en mi familia, no fue fácil para mi papá.
Parece que hay algo más profundo que decir soy gay y es decir quién soy yo.
A: Según el mandato familiar, hay que ver lo que el otro pretende de uno. Yo hice terapia y tuve que trabajar la presión de esos ojos que no están, pero que te ven. Mis padres pensaban que ser actriz no era un trabajo. Ellos son mis guías, pero me enseñaron también lo que no quería hacer, porque no todo lo que me enseñaron es lo que yo quiero.
D: Hay padres que, en el momento que sus hijos dijeron «soy gay», les pegaron, otros lo han echado de la casa y esto es de ahora… Todavía hay mucho trabajo que hacer. Si el amor a tu hijo no te frena para ejercer una acción violenta, aunque no lo comprendas…
V: Mi madre se puso a llorar mucho cuando le dije que quería ser actriz y que dejaba la facultad a los diecinueve años, un llanto tremendo.
No te pegó, pero te hizo sentir culpable.
V: De a poco lo fue aceptando más. Un día me vio por Internet en la alfombra roja de Berlín y cuando volví me dijo: «Me diste la alegría más importante de mi vida». Y otro día, mientras le daba un masaje, porque también soy masajista, le pregunté que te hubiera gustado hacer en tu vida, y me contestó: «Actriz». ¡Voy por los diecisiete años de análisis! (risas).

Cerramos con esta escena de Viviana, que es gráfica porque muestra qué pasa cuando al exponerse con lo que se es, se reflejan los deseos irrealizados y reprimidos en otros. Terminamos con esto.