Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image
Menu +

Arriba

Top

14 noviembre, 2012

Desde el 2 de octubre hasta el 6 de enero de 2013 estará abierta al público la exposición temporal Egon Schiele, en el Museo Guggenheim de Bilbao, con fondos del Museo Albertina de Viena.

Por Candela Vizcaíno (Corresponsal España)

Schiele murió con tan solo 28 años. En apenas una década de intenso trabajo, pudo levantar y construir un universo pictórico propio. Representante del expresionismo, amigo de Gustav Klimt, atormentado y solitario, contrariamente al tópico, disfrutó de un gran éxito en vida.

Egon Schiele: exponente del expresionismo vienés

Hijo de ferroviarios, huérfano a los quince, fue uno de sus tíos quien descubrió el talento del muchacho para la pintura, el dibujo y la creación artística. Aunque intentó (por suerte para la historia del arte, de manera frustrada) que el joven siguiera la profesión familiar, tuvo el acierto de enviarlo a estudiar a la Academia de Bellas Artes de Viena. Como todos los genios, encontró caducos y encorsetados los métodos de enseñanza y, muy pronto, abandonó la institución.

En los años de cambio de siglo, el encuentro fortuito con Gustav Klimt, quien disfrutaba de éxito y reconocimiento público, hizo que el pintor de El beso tomara a Schiele como pupilo espiritual. Con gran generosidad, lo introdujo en los exclusivos círculos de los ricos mecenas, a la par que presentaba sus creaciones ante las galerías de la capital. Participó también en la revista Die Aktion, una de esas publicaciones míticas de principios de siglo XX.

Los encargos no se hicieron esperar, y sus retratos, a veces contorsionados hasta el tormento, fueron del gusto de los coleccionistas dela época. Porque, a pesar de sus actos de rebeldía, del hecho de que fuera acusado de pederastia (por haber tomado una amante de apenas 17 años) y de que en el pueblo de su madre (donde se trasladó en busca de inspiración) no se vieran con muy buenos ojos sus desnudos, Schiele disfrutó de una posición desahogada. Sus dibujos se exponían, se vendían, y el artista dispuso de serenidad para la creación de sus obras.

Y esa estabilidad se afianzó, aun más, tras su boda con Edith Harms, perteneciente a una familia burguesa acomodada. Desgraciadamente, la gripe española, que durante el año 1918 se llevó a más de 20.000.000 de almas solo en Europa, acabó con la vida del artista y, tres días antes, con la de su esposa embarazada.

Los dibujos del Museo Albertina: de Durero a Picasso pasando por Schiele

Aunque Egon Schiele también trabajó el lienzo, fueron (y siguen siendo) sus dibujos, y especialmente sus retratos, los que han entrado en el imaginario cultural colectivo. En ellos se muestran individuos en soledad extrema, sin acompañamiento de naturaleza o paisaje. Sobre fondos neutros, los colores ocres, pardos, cremas y negros expresan, con limpieza absoluta, el total desarraigo del hombre. Todo en derredor ha desaparecido, y predominan las imágenes planas. Las obras de Schiele amenazan con una muerte inminente, con la conciencia de un fin cierto.

Hasta en sus paisajes urbanos se aprecia esta tendencia. Las casas se agolpan cerradas y apiñadas. El hombre no es parte del conjunto. La construcción, como en el caso de los retratos, aparece en una desgarradora soledad, intuyéndose el silencio absoluto.

La piedad, el amor, los desnudos, los cuerpos contorsionados (como si no pudieran soportar un dolor extremo), el trazo firme y largo, las miradas hacia el infinito caracterizan la irrepetible obra de Egon Schiele. En ella se expone en toda su crudeza un ser humano frágil, solo, sin la compañía de semejantes o cosas, salvo en contadas excepciones; un hombre que se nos antoja desamparado; unos individuos que se enrocan ante una desnudez que es física, pero también espiritual y social.

Gran parte de la obra de Schiele se encuentra custodiada en importantes colecciones de Viena. Aunque el Thyssen de Madrid tiene algunos desnudos en papel, la mayoría de los dibujos del pintor expresionista se encuentran repartidos entre la magnífica colección del Leopod Museum y el Museo Albertina, ambos situados en la capital austriaca.

De este último proceden las obras de la exposición del Guggenheim. El Museo Albertina se ha especializado, sobre todo, en creaciones sobre papel (grabados, dibujos, litografías o bocetos). Figuras de la talla de Durero o Picasso forman parte de su colección permanente. A Bilbao solo viajan las obras del expresionista Schiele.

El Guggenheim de Bilbao, una referencia en el arte contemporáneo

El museo diseñado por Frank Ghery está extrañamente cerca de uno de los puentes (el conocido como La Salve) que cruzan la Ría de Bilbao. Desde su inauguración, en 1997, recibe visitantes de medio mundo que van, simplemente, a admirar su original arquitectura en titanio y la puesta en escena de alrededor (incluidas las esculturas Puppy de Jeff Koons, realizada siguiendo el concepto de jardín vertical, y la impresionante Mamá, en metal y mármol, de Louise Bourgeois).

La institución, sin embargo, en un afán por hacer de este centro de arte contemporáneo una referencia mundial, va enlazando una exposición tras otra casi sin dar tregua, y todas son de indudable calidad. Apenas queda tiempo para desmontar la actual de David Hockney, con sus últimos paisajes de formato palaciego y colores vibrantes, y se inaugura esta de Schiele, un referente del expresionismo vienés, tan actual que los rostros contorsionados de sus dibujos nos parecen cercanos y sentimos, incluso, una suerte de familiaridad.

Es, sin dudas, una muestra ambiciosa para un proyecto, el del Guggenheim, que nació con la clara intención de dar que hablar.

 [showtime]