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El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

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El art nouveau en Buenos Aires

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( Primera parte )

Asociado a la «Belle Époque», el art nouveau, o modernismo, surgió en Europa y Estados Unidos a finales del siglo XIX y se prolongó hasta comienzos del siglo XX.

Por: Lucía Gerván

El art nouveau puededefinirse como una reacción esteticista contra la civilización industrial, basada en las ideas del simbolismo y un acercamiento a la morfología de la naturaleza. Frente a la artificialidad del academicismo y de los historicismos eclécticos, buscaba una liberación llevada a cabo en nombre de la vida y de la sinceridad.

Este movimiento toma como referencia al movimiento inglés Arts & Crafts. Fue natural que Inglaterra, pionera de la industrialización, fuese la primera en producir una reacción esteticista ante ella. A mediados del siglo XIX, John Ruskin y William Morris, sus fundadores, habían predicado el retorno a la artesanía y a cierto espiritualismo, como antídoto a la fealdad producida por la industria. Concibieron la fabricación artesanal de objetos de uso, desde muebles y tejidos hasta libros y lámparas, con el objetivo de brindar calidad a la vida cotidiana del hombre común. Si bien en la práctica su intento fracasó, ya que volver al trabajo artesanal en un momento de producción mecanizada era una contradicción que convertía los presuntos objetos usuales en artículos de lujo, Arts & Crafts dio el puntapié inicial para el surgimiento de un nuevo estilo: en la estética de Morris, había cierta evocación de los aspectos naturalistas del gótico, así como una pureza formal y una influencia de las temáticas figurativas prerrafaelistas, con sus doncellas de larga cabellera flotante y trajes vaporosos, que comenzaron a cobrar gran importancia.
Fue Arthur Heygate Mackmurdo quien, en 1880, resumió las diferentes corrientes en un estilo coherente, cuyo rasgo predominante era la presencia del tema vegetal curvilinear, los ondulantes tallos, las capas de follajes y las flores, dando origen al art nouveau. También se vio influenciado por las estampas japonesas, el erotismo y las «femmes fatales». Los vitrales comienzan a tomar protagonismo en ventanas y cúpulas; y lámparas y muebles adquieren formas extrañas, siempre imitando en algo a la naturaleza.
Este fenómeno, que tuvo gran injerencia en Inglaterra, no dejó de afectar los otros núcleos industriales. Estos lo experimentaron en diferentes escalas, con variantes propias, debido a la situación socioeconómica de cada uno. En Austria se lo denominó Sezessionstil; en Alemania, Jugendstil; en los Países Bajos, Nienwe Kunst; en España, modernismo; en Francia y Bélgica, art nouveau, y en Italia, liberty o stile floreale. Esta amplia tendencia internacional renovó los sectores más diversos de las artes, desde la pintura y el grafismo a la impresión publicitaria, encontrando sus principales y más significantes expresiones en la arquitectura, las artes aplicadas y la decoración de interiores. Al mismo tiempo, se actualizó el binomio arte-industria a través de lenguajes elaborados, utilizando materiales modernos como el hierro, el vidrio y el cemento, con la finalidad de crear una fusión orgánica entre estructura, decoración y disposición. En esta atmosfera de innovación, el art nouveau difunde su estilo a través de revistas, exposiciones y conferencias; las de Dresde, Mónaco y Viena fueron las más importantes y las encargadas de sentar las bases del diseño moderno.

Art nouveau en Buenos Aires

Argentina no fue ajena al proceso, y su ingreso se produjo a finales del siglo XIX. Siendo un país fuertemente agroexportador, sin industrias manufactureras, el acceso a productos europeos con el diseño de moda se vio altamente favorecido. La dependencia de Buenos Aires respecto de la cultura europea, especialmente la francesa, es otro de los factores importantes para tener en cuenta. Sin embargo, se considera que el factor principal fueron las corrientes inmigratorias que se produjeron en las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX: los oficios de los inmigrantes europeos dejarán una huella del estilo, el cual se limitó a las publicaciones populares, a la arquitectura, especialmente los frentes de viviendas, y a los objetos decorativos, siendo en general un fenómeno vinculado con la clase media.

Arte gráfico

El cartelismo y la ilustración son los dos campos principales que resumen el arte gráfico del modernismo. Considerados un oficio menor, es durante este período cuando comienzan a ser impulsados, influenciados por el cartelismo xilográfico japonés. Ahora, folletos publicitarios, carteles, ilustraciones de libros, revistas y almanaques se animan a

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incorporar figuras dibujadas según el nuevo estilo; en cada caso, adaptado con un gran refinamiento, frescura y un preciosismo absoluto.
Entre sus máximos exponentes, encontramos a Alfons-Maria Mucha, el más elegante cultivador del estilo moderno, con sus elegantes muchachas de larga cabellera ondulante y joyas decorativas. También podemos nombrar a Privat-Linemont, el creador del tipo de la mujer-flor; a Gisbert Combaz, que cultivó el gusto por lo oriental, y a los catalanes Alexander de Riquer y Pasco, quienes seguían de cerca las novedades británicas, mezclando lo floral con lo prerrafaelista, y Ramón Casas, gran dibujante que creaba carteles monumentales con líneas y arabescos, muy parecidos a los de Henri Toulouse-Lautrec.
Respecto de las gráficas y publicaciones en Buenos Aires, el art nouveau se reflejó en algunas de las tapas del famoso Almanaque Peuser. También, algunas tapas de los tangos publicados recogieron la influencia floral, especialmente las guardas decorativas. Un ejemplo que podemos citar es la edición del tango «¡Te la di, chanta!», de Ángel G. Villoldo. Sin embargo, y a pesar de que se encuentren varios ejemplos de graficas de estilo art nouveau «puro», una gran cantidad de piezas poseen formas híbridas, con profundas mezclas estilísticas, generando unos objetos culturales-visuales no tradicionales en otras culturas.

Arquitectura

En el campo de la arquitectura, podemos citar varios ejemplos notables.
Uno de los más importantes es la galería Güemes, también conocida como pasaje Güemes; es un edificio de estilo art nouveau que posee un pasaje peatonal interior que une las calles Florida y San Martín. Su arquitecto fue Francisco Gianotti, al cual en 1913 le fue encomendado ese emprendimiento, y utilizó un repertorio estilístico de raíz italiana y francesa. Fue el primer edificio argentino construido íntegramente en hormigón armado y también es considerado por muchos el primer rascacielos de este país. Para construirlo, se prefirió utilizar ese material, cemento armado, y se colocaron puertas de amianto y acero. Posee dos halls de 20 metros de alto, con una cúpula circular. Gianotti había traído, desde la fábrica que su hermano poseía en Milán, pilastras de mármol Boticcino, y las 36 vidrieras con carpintería de bronce símil oro, los frentes, y las cabinas de los ascensores, las luminarias y las cúpulas de hierro de los halls, entre otras cosas. Su altura es de cerca de 80 metros en su parte central, sin contar la torre, con la que se llega a 87 metros.
Otro edificio de estilo art nouveau que se le encomendó a Francisco Gianotti en 1918, y que es un clásico de nuestra ciudad, si bien dejó de funcionar en 1997, es la Confitería del Molino. Para construir este valioso exponente de la Belle Époque, Gianotti hizo traer todos los materiales de Italia: puertas, ventanas, mármoles, manijones de bronce, cerámicas, cristalería, y más de 150 metros cuadrados de vitraux. El edificio tuvo una estructura de hormigón armado, material aún novedoso en esa época, y losas de bovedilla catalana. El inmueble, que tiene la forma básica del edificio académico típico de Buenos Aires, está constituido por tres subsuelos, una planta baja y cinco pisos. Su fachada, que abraza la esquina, tiene un desarrollo simétrico y está revestida por piedra París. Se destaca en ella su fantasiosa ornamentación, de influencia veneciana. El edificio posee mosaicos opalinos, capiteles de bronce y cerámicas de oro en la mansarda. Existían, coronando el ático, unas esculturas alegóricas que homenajeaban a las provincias argentinas. Aún pueden verse en el frente las aspas de un molino de fantasía, y justo encima de él se alza la imponente cúpula en aguja, que fue cerrada con vitrales art nouveau multicolores.

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