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El Gran Otro | Miťrcoles 18 de Julio de 2018

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El arte, a un click

<!--:es-->El arte, a un click<!--:-->

La tecnología permite hoy recorrer las obras de los museos más prestigiosos del mundo sin moverse del living de casa. Qué nos da y qué nos quita el entorno virtual.

Por  Barbara Roesler

 

En todos los viajes imaginarios que hice por Europa, siempre los museos estuvieron presentes. ¬ęC√≥mo voy a ir hasta all√° y no visitar ninguno¬Ľ, me dec√≠a. En cada recorrido que planeaba hacer a futuro ‚ÄĒmuy lejano, al fin y al cabo‚ÄĒ no faltaban las visitas al Louvre, al Reina Sof√≠a o al Prado. Algo parecido suced√≠a en mis so√Īados viajes a los Estados Unidos, donde las caminatas porla Quinta Avenidaterminaban siempre en el Guggenheim. Pero, al poner los pies sobre la tierra ‚ÄĒla de ac√°, de Buenos Aires‚ÄĒ solo me quedaban los paseos por las librer√≠as en busca de compendios de arte que reprodujeran lo que mis ojos, en vivo y en directo, parec√≠a que nunca iban a ver.

La llegada del siglo XXI, con toda su parafernalia a cuestas, permiti√≥ que la computaci√≥n, disciplina antes circunscripta a unos pocos estudiosos y cient√≠ficos, sea hoy parte esencial de la vida de cualquier mortal, con todo lo que eso implica, desde ir al supermercado sin moverme de la silla hasta encontrar ese dato estad√≠stico que se me escap√≥ por a√Īos, solo con mover un poco la mu√Īeca en alg√ļn buscador. Claro est√°, el arte no dej√≥ pasar esta oportunidad. No pod√≠a tampoco.

Actualmente, las t√©cnicas digitales cada vez m√°s avanzadas permiten que las obras de eximios artistas de todos los tiempos puedan ser vistas, compartidas y analizadas, tanto por expertos como por docentes primarios, estudiantes, comerciantes u operarios. En eso radica parte de la magia de la Internet: los contenidos hasta hace algunas d√©cadas exclusivos est√°n al alcance de cualquier persona que sepa c√≥mo usar una computadora. La l√≠nea entre lo p√ļblico y lo privado y la que separa lo culto y lo popular ‚ÄĒsi cabe hablar de una divisi√≥n tan tajante‚ÄĒ son ahora simples l√≠mites imaginarios, mentalizados, casi invisibles.

Frente a este panorama, los museos sintieron estar ¬ęcasi obligados¬Ľ a tomar cartas en el asunto: sin querer vencer a la tecnolog√≠a, se unieron a ella. As√≠ naci√≥ lo que se conoce como museo virtual, con todas sus aristas.

La web, casa del arte

Tener una página web con información de ubicación, horarios, valor de la entrada, muestras y exposiciones temporarias fue el primer paso. Pero, como todo, la vorágine posmoderna llevó a que esta idea, rápidamente, quedara demodée. Así, los sitios web de los museos se fueron aggiornando: comenzaron a incluir noticias, alguna que otra imagen de su fachada o interior, biografías de los artistas expuestos y agendas completas de actividades.

Si bien en principio se entendi√≥ esta incursi√≥n ciberespacial como museo virtual, simplemente se trat√≥ de la puesta web de lo que un museo es y ofrece: mera informaci√≥n en otro formato, y nada m√°s. Claro est√° que tambi√©n esta modalidad exenta del feedback requerido o necesario para que un sitio de Internet funcione condujo a que el √©xito inicial de la novedad dejara paso a un simple portal informativo sin ning√ļn atractivo, al que los posibles visitantes solo ingresaban para conocer los horarios y la ubicaci√≥n del lugar. No hab√≠a nada que capturara su inter√©s, por lo que cualquier obst√°culo ‚ÄĒl√©ase transporte, tiempo o ganas‚ÄĒ hac√≠a que el tal vez seguro paseo f√≠sico quedara en solo una intenci√≥n.

Así se fueron incorporando nuevas ideas, como la inclusión en la web de los planos del edificio, detalles de las muestras que se ofrecen en cada sala e incluso, con el tiempo, piezas del museo con breves explicaciones y datos de autor. Estábamos a un paso del verdadero museo virtual.

Navegar por el arte: Google Art Project

A principios de 2011, el megabuscador m√°s famoso del mundo lanz√≥ Google Art Project. Los ide√≥logos, todos ellos trabajadores al servicio de lo √ļltimo en tecnolog√≠a, vieron que ¬ęno todo estaba al alcance de todos¬Ľ v√≠a Google, como el imaginario mundial concib√≠a. A√ļn hab√≠a lugares oscuros, espacios vetados, niveles donde la apropiaci√≥n simb√≥lica todav√≠a respetaba antiguas divisiones de clase o academia. No lo iban a permitir, por eso se lanzaron a la caza del arte. Las obras tendr√≠an que poder verse por cualquiera que se interesara, m√°s all√° de su educaci√≥n o su bolsillo, como era entendido hasta el momento. As√≠ surgi√≥ este proyecto, que cuenta con la participaci√≥n de varios de los m√°s prestigiosos museos de todo el mundo: 156 colecciones de arte, formadas por m√°s de 30.000 obras de 400 artistas diferentes, as√≠ como tambi√©n pinturas, esculturas, fotograf√≠as y litograf√≠as de colecciones privadas, est√°n ahora a un solo clic. Algunos de los museos m√°s importantes presentes en este portal son el Museo de Versalles, el Reina Sof√≠a y el Tate brit√°nico. Entre los latinoamericanos, pueden visitarse el Museo Frida Kahlo, el Museo de Arte Moderno de San Pablo y el Museo de Botero.

¬ŅDe qu√© se trata este nuevo servicio? Podr√≠a divid√≠rselo en dos partes. Por un lado se encuentran las obras, magn√≠ficas reproducciones digitales de m√°s de 7 mil millones de pixeles que permiten que ning√ļn detalle se pierda bajo la mano del zoom. Est√°n al alcance de la mano: desde las colecciones de la Acr√≥polis de Atenas hasta las del Museo Smithsoniano de Washington; desde artistas como Botticelli hasta Da Vinci (una de las grandes ausencias es la colecci√≥n completa de obras de Pablo Picasso, protegida por f√©rreos derechos de autor hasta mitad de este siglo). Por otra parte, tambi√©n el megabuscador ofrece lo que llama Street View, una caminata virtual por los pasillos de cada museo, con vistas de 360¬į y libertad para moverse, subir escaleras y cambiar de sala.

En la Argentina, el Museo Nacional de Bellas Artes se sum√≥ a esta iniciativa. Forman parte del Google Art Project 234 obras de 90 artistas. Pinturas como Asalto a la segunda columna brasile√Īa a Curupayt√≠, de C√°ndido L√≥pez, El rodeo y Retrato de Manuelita Rosas, de Prilidiano Pueyrred√≥n y esculturas de la talla de Creced y multiplicaos, de Pedro Zonza Briazo y Abel, deLucio Correa Morales, se encuentran en este recorrido virtual con la posibilidad que ofrece el sitio de conocer el a√Īo de creaci√≥n, el tipo de obra y sus dimensiones, como as√≠ tambi√©n la de escudri√Īar cada detalle de ella.

La experiencia oficial

El portal del Gobierno de la Ciudadde Buenos Aires ofrece una alternativa a la propuesta del megabuscador. A trav√©s de la Subsecretar√≠ade Patrimonio Cultural porte√Īa ide√≥ el Centro Virtual de Arte Argentino, a cargo de la curadora y cr√≠tica de arte Adriana Laur√≠a y del artista pl√°stico Enrique Llamb√≠as. Con el objetivo de impulsar la investigaci√≥n y la difusi√≥n del arte argentino en 2003 se cre√≥ este espacio que contiene im√°genes, estudios est√©ticos, cr√≠ticas, biograf√≠as y bibliograf√≠a espec√≠fica. El micrositio est√° dividido en ¬ęDoscientos a√Īos de arte¬Ľ, con una breve mirada de lo que ofrecieron los siglos XIX y XX mediante im√°genes, una cronolog√≠a art√≠stica y un esquema de desarrollo hist√≥rico; ¬ęEstudios Especiales¬Ľ o simplemente Dossiers en los que se analizan diversos artistas individuales, corrientes, movimientos o agrupaciones con los detalles que ofrecen los documentos y bibliograf√≠a acerca de cada uno de ellos; y ¬ęBreves Biograf√≠as¬Ľ sobre la vida de los principales exponentes a nivel nacional.

Si bien no se trata estrictamente de un museo virtual, es valorable que a trav√©s del Estado se intente acercar el arte al gran p√ļblico por medio de las nuevas tecnolog√≠as. Ubicar a los m√°s reconocidos pintores y escultores en su contexto hist√≥rico-art√≠stico es una experiencia que deber√≠an repetir los museos reales en su entorno en l√≠nea para enriquecer la experiencia de navegaci√≥n.

Qué se gana y qué se pierde

Recorrer un museo vía Internet tiene sus ventajas. En principio, la noción de distancia se desdibuja. Ya no es aplicable ni geográfica ni académicamente. No se viaja en avión, ni en auto, sino por fibra óptica. Las restricciones de erudición ya no están vigentes: no solo cualquier persona con mínimos conocimientos de Internet tiene el arte al alcance de su mano, sino que también puede chatear, hablar con expertos sobre lo que se ve, cómo se lo ve, qué se dice, qué se entiende, qué se interpreta.

Desde el punto de vista educativo, la idea del arte v√≠a web pas√≥ a ser una herramienta de consulta casi obligatoria. Tanto docentes del nivel primario como del universitario utilizan esta interfaz en sus clases de arte. Por supuesto, la mera inclusi√≥n de pinturas y esculturas en Internet no se corresponde con un aprendizaje adecuado por parte de los alumnos. La forma en la que los maestros y profesores trazan sus discursos en el aula y las estrategias mediante las cuales permiten a los chicos, adolescentes y j√≥venes relacionarse con los museos y obras es fundamental. En este punto, tambi√©n puede hablarse de victoria por parte de las exhibiciones en l√≠nea: la mayor√≠a de las instituciones establecieron foros especiales para docentes y alumnos, charlas con expertos v√≠a chat, actividades exclusivas y recorridos virtuales especialmente dise√Īados.

No obstante, no todo es color de rosa. Como sucede con parte importante de los contenidos de todo tipo que se pueden encontrar en el ciberespacio, el hecho de que no haya que moverse de la silla para acceder a obras de los m√°s famosos artistas de todos los tiempos nunca va a reemplazar lo que se experimenta en un recorrido real por un museo.

El verdadero museo virtual

Hablar de museos virtuales sin nunca haber recorrido alguno podr√≠a generar falsas expectativas. El creer que v√≠a computadora recrearemos una visita a uno de ellos, con la posibilidad de caminar sus pasillos y detenernos a examinar sus obras cuando lo queramos no es lo que hoy ofrece Internet. A√ļn no lleg√≥ el d√≠a en que esto ocurra. Lo que se ve es una suerte de fractura: pinturas y esculturas por un lado, paseo 360¬į por el otro. Solo pocos establecimientos intentaron, hasta ahora, salvar esta ruptura. Uno de ellos es el Museo del Prado, el cual eligi√≥ la sala destinada a Rubens para poner en marcha un proyecto interactivo pocas veces visto. Su p√°gina web ofrece un recorrido virtual por este sector mediante un video. Si bien en principio no se distinguir√≠a de cualquier otro que muestre un museo por dentro, la diferencia radica en que el internauta puede detenerse en cualquier obra que le interese para maximizarla y obtener informaci√≥n adicional, incluso auditiva. ¬ŅLa contra? El camino est√° prefijado, no hay libertad de movimientos.

Curiosamente, hoy s√≥lo se puede pasear en l√≠nea en museos que no existen en la vida real. Es el caso del MUVA, Museo Virtual de Artes de Uruguay, una experiencia llevada adelante por el peri√≥dico local El Pa√≠s. Gracias a los avances de la tecnolog√≠a crearon un espacio ficticio que cuenta incluso con fachada, recepci√≥n y divisi√≥n en salas, en las que el visitante puede caminar a su gusto y detenerse cuando as√≠ le parezca frente a alguna de las obras de los m√°s famosos artistas uruguayos. La primera versi√≥n fue lanzada hace m√°s de diez a√Īos, y hoy ya se puede acceder a MUVA II. Con dise√Īo del licenciado Rafael Gallareto y elecci√≥n de obras por parte de la curadora, docente e historiadora del arte Alicia Haber, pueden apreciarse pinturas que hasta hace poco tiempo solo se encontraban en el √°mbito privado, en colecciones personales o en los talleres de sus creadores.

Otro caso para destacar es la pionera argentina RedGaler√≠a, nacida en 2007. Se trata de una iniciativa de Santiago Bengolea, la primera en su tipo a nivel mundial, que tuvo como inter√©s primero modernizar la venta de obras de arte a partir de la utilizaci√≥n del entorno virtual. La novedad radica en que no solo las ofrece, sino que las ubica en el √°mbito en el que, ciertamente, deben estar: en salas de museos, al alcance de todos. Cuando uno ingresa a RedGaler√≠a se topa con una recepci√≥n, y puede elegir por d√≥nde comenzar con el paseo: cuenta con cuatro salas y un auditorio. Cada uno de estos espacios ofrece, apenas se entra en contacto con ellos, una breve descripci√≥n de las obras y datos del autor que albergan. Luego est√°n las fotograf√≠as, esculturas o im√°genes en general del artista en cuesti√≥n, con la posibilidad de maximizarlas. Tambi√©n se puede acceder a los archivos dela galer√≠a. Laintenci√≥n de Bengolea es acercar el p√ļblico y el autor; si interesa algo de lo que se ve, se puede contactar al creador para su compra.

Así, hoy Internet permite que el arte esté cerca, muy cerca. Ya no es más privilegio de unos pocos ni asunto de claustro. Está ahí, al alcance de la mano y con cada vez mayor interés por capturar al hombre todo, en general, en esencia. Y sólo a un click de distancia.

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LINKS DE INTER√ČS

 

Museo del Prado, colecci√≥n Rubens 360¬į

Google Art Project

Colección Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires

Red Galería

MUVA

 HYPERLINK “http://www.arteargentino.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/arteargentino/?menu_id=15602” 

Centro Virtual de Arte Argentino