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El Gran Otro | Lunes 18 de Diciembre de 2017

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El jazz ya no es coolJazz is not cool anymore

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Nicholas Payton: «El jazz murió en 1959»

Por: Arturo Lunis.

 

El trompetista de Nueva Orleans agita polémicas desde su muro de Facebook y sus intervenciones en Twitter. Llama a «ocupar el jazz» y a dejar de aferrarse a una idea que murió hace medio siglo.

Durante décadas, los músicos se han cansado de tener que enfrentarse a la recurrente pregunta de los críticos: ¿hacia dónde va el jazz? Sin embargo, pocos se atrevían a contestarla sinceramente. Algunos adoptaron una postura ultraconservadora, que pone la etiqueta por encima de la música (como la fórmula que se repite en el documental de Ken Burns, «the music called jazz», pronunciado afectadamente tchsaesss). Otros simplemente escaparon del rótulo, negando ser músicos de jazz.

Invariablemente, el tema aparece en las discusiones entre músicos después de cada actuación, en la sobremesa, junto al último trago de la noche o el primer café de la madrugada. La aparición de las redes sociales permite, por primera vez, al público tener acceso de primera mano a estas charlas y al pensamiento de los artistas. El trompetista Nicholas Payton es uno de los usuarios más activos de Twitter y Facebook; además, vuelca todo lo que piensa, sin intermediarios, en su bitácora Into The Blog.

Hace pocos días, arremetió con Por qué el jazz ya no es cool, una catarata de oraciones cortas, un poema-manifiesto-declaración de principios. Para Payton, el jazz ya no es cool porque, en realidad, la etiqueta jazz lo asfixió. Se define a sí mismo como un músico que «toca música posmoderna de Nueva Orleans» y se inscribe en una tradición que se compromete a honrar, no a través de la repetición del pasado, sino desde el presente y hacia el futuro. Afirma que no es la misma persona que grabó con Doc Cheatham un álbum bajo el aura de Louis Armstrong, llama «necrofílicos» a quienes se aferran a un sonido muerto (y, por lo tanto, no cool); pero, a partir de esos fundamentos, construye su evolución como músico y se lanza a experimentar con nuevas formas. El ejemplo de Miles Davis aparece en la cita «Miles ahead»: él siempre miró hacia adelante, se negó a repetirse y renegó de la fatídica palabreja jazz. Payton destaca que Kind of Blue sigue siendo el disco de jazz número uno, a la vez que marca la fecha de defunción en 1959. Davis pasó luego a usar instrumentos eléctricos e incorporó elementos de R&B, funk, rock y hip-hop; Payton, en Bitches, su último álbum, plantea una inmediata referencia visual en el título y el arte de tapa a Bitches Brew, de Davis, y crea texturas inspiradas en el R&B, canta y suma el aporte de varias vocalistas (Cassandra Wilson, Esperanza Spalding, N’Dambi, Chinah Blac).

«Si pensás que el jazz es un estilo musical, nunca vas a empezar a comprender»

Payton descerraja: «El jazz no tiene nada que ver con la música o con ser cool. Es una idea de márketing». La pregunta ¿es arte?, que se repite en cada encuentro con curadores y críticos de artes visuales, encuentra su equivalente en ¿es jazz o no es jazz? El trompetista concede a los guardianes de «una forma que murió hace medio siglo» que se conviertan en mártires y pone como ejemplo de lo que anda mal en el jazz precisamente la manera en que la gente se pelea, discute, escribe e intenta perpetuar esos preconceptos que le causaron la muerte en —aparente— vida.

El mercado aparece como el mayor interesado en conservar la etiqueta: «El jazz es una maniobra de márketing dirigida a una elite». «La elite gana todo el dinero mientras les dice a los verdaderos artistas que es cool estar en quiebra». También es difícil negarlo cuando vemos que el jazz se ha desplazado de los jook joints y los bailes populares a los clubes llenos de humo y, finalmente, a las salas de concierto de música académica. Se ha convertido en un producto para consumo casual, que otorga un cierto prestigio intelectual a los sectores pudientes, mientras los músicos tienen que dedicarse a la docencia para poder subsistir e incluso para asegurarse una vejez digna: «En realidad, el jazz solo es cool si no tenés que tocarlo para ganarte la vida». En este sentido, Payton también se identifica con el 99% que está sufriendo mientras el 1% concentra toda la riqueza, y llama a la rebelión: «Ocupen el jazz».

El trompetista sentencia: «demasiados músicos y muy pocos artistas…». Imposible no estar de acuerdo cuando se graban cada vez más discos de jazz en todo el mundo pero es muy difícil distinguir sonidos o conceptos únicos. Si armamos una playlist con temas de los discos de jazz editados este año, en orden aleatorio, ¿quién puede diferenciarlos? Todos los intérpretes tienen un amplio dominio de sus instrumentos, pero la música suena extrañamente impersonal, uniforme, solemne y carente de swing. No es cool, es un ritual previsible y aburrido, aunque en apariencia profundo y exclusivo. El emperador está desnudo; cuando parecía que nadie se atrevería a decirlo, la polémica se desata en las redes sociales.

Ante la inquietud de otro músico, que le hizo notar que ahora hay jazz europeo, blanco o asiático, respondió por Twitter: «Esa es la razón por la cual la mayor parte del jazz de hoy suena como suena, pero es una forma artística afronorteamericana, aunque muchos no quieran reconocerlo». «Si no te sentís cómodo tocando blues, no formás parte de la tradición de la música negra improvisada», tuiteó. «Es el blues, por eso lo tocamos. Por eso y porque los blancos aún hoy nos pagan más si tocamos standards». Luego respondió a otro músico: «Mi problema con el jazz no se relaciona con el arte. Está vinculado con las ideas que lo rodean».

Payton se muestra orgulloso de su herencia: «Eso que llaman jazz no existía en África. Tiene influencias de ritmos africanos, pero es un invento afronorteamericano. Nacido en Nueva Orleans», como él. Desde el lugar donde los esclavos tenían permitido tocar sus tambores y contar sus historias para conservar su cultura, esta forma artística comenzó a tomar forma. Más allá de las etiquetas, la discusión refuerza la idea de que hace falta un estudio sistemático y un profundo compromiso para honrar la tradición, poder tocar convincentemente dentro del idioma, y así construir el presente y el futuro.

Sonido más silencio es igual a música.

A veces, cuando estoy haciendo un solo, no estoy tocando nada.

Solo muevo bloques de silencio de un lado a otro.

Las notas son un pensamiento posterior.

El silencio hace que la música sea sexy.

El silencio es cool.

Nicholas Payton @paynic

http://nicholaspayton.wordpress.com/

 

Discografía recomendada:

Gumbo Nouveau (Verve)

Doc Cheatham & Nicholas Payton (Verve)

Payton’s Place (PolyGram)

Trumpet Legacy (Milestone) con Lew Soloff, Tom Harrell y Eddie Henderson

Sonic Trance (Warner)

Into The Blue (Nonesuch)

Bitches (In+Out)

Fotos: © Michael Wilson, gentileza AMS Artists Inc.

 Nicholas Payton: «Jazz died in 1959»

by Arturo Lunis

 

The trumpet player from New Orleans sparks controversy in Facebook and Twitter, making a plea to “occupy Jazz” and to let go an idea that died long ago.

For decades, musicians got tired of facing the critics’ ever popping question: Where is jazz going? However, only a few dared to answer sincerely. Some musicians took the conservative route, putting the label above the music (as the repeated phrase in Ken Burns’ documentary “the music called jazz”, with an affected pronunciation tchsaess). Others just ran away from the label, denying being jazz musicians.

The subject kept unavoidably turning up in debates between musicians after the gigs, after dinner or the last drink or the first early morning cup of coffee. Social media is allowing the audience to listen to the artists’ conversations and thoughts for the first time. Trumpet player Nicholas Payton is one of the most active in Twitter and Facebook; besides, he dumps his unfiltered thoughts in his blog Into The Blog.

 

A few days ago he rushed forth with “On Why Jazz Isn’t Cool Anymore . . . .”, a waterfall of short sentences, a poem-manifesto-declaration of principles. According to Payton, jazz isn’t cool anymore because, in fact, the jazz label suffocated it. He defines himself as a musician who plays “Postmodern New Orleans music” and inscribes himself in a tradition he is committed to honor, not by means of repeating the past, but from the present and into the future. He says he is not the same dude who recorded an album under the aura of Louis Armstrong with Doc Cheatham, he calls “necrophiliacs” those who hold on to a dead sound (therefore, not cool); but, from that ground, he builds his evolution as a musician and throws himself into experimenting with new forms. The example set by Miles Davis appears when he quotes “Miles Ahead”, as he always looked forward, refused to repeat himself and denied the word jazz.  Payton emphasizes that Kind of Blue is still the number one jazz record, while it stamps the time of death in 1959. Davis later used electric instruments and added elements of R&B, funk, rock and hip hop;  Payton, in Bitches, his latest album, poses an immediate visual reference in the title and cover art to Davis’ Bitches’ Brew, and creates textures inspired in  R&B, singing and with collaborations with several female vocalists (Cassandra Wilson, Esperanza Spalding, N’Dambi, Chinah Blac).

 

“If you think Jazz is a style of music, you’ll never begin to understand”

Payton shoots: “Jazz ain’t music, it’s marketing, and bad marketing at that.” The recurring question “is it art?” in every meeting between visual arts critics and curators finds its match in “is it jazz?”

The trumpet player grants the custodians of “an idea that died over a half a century” the privilege to become martyrs and illustrates as an example of what is wrong with jazz is precisely the way people fight, argue, write and try to perpetuate the preconceptions that caused its death while it was –or it seemed to be– alive.

He claims the market is openly concerned in keeping the label: “Jazz is a marketing ploy that serves an elite few.” “The elite make all the money while they tell the true artists it’s cool to be broke.” It’s hard to deny it, when we see jazz has gone from jook joints to dancing rooms to smoke filled clubs and finally to the European music concert halls. It has become a casual consumer product, granting some kind of intellectual prestige to the wealthy few, while the musicians resort to teaching to make ends meet and to plan for retirement: “Jazz is only cool if you don’t actually play it for a living”. Accordingly, Payton identifies with the 99% suffering the crisis while the 1% concentrates wealth, and makes a call for rebellion: “Occupy Jazz!”

 

He says: ” Too many musicians and not enough artists.” Impossible to disagree when records are increasingly being made all over the world but it’s very hard to make out unique sounds or concepts. If we choose a playlist with songs released this year, in random order, who can tell who they are? All the players master their instruments, but the music sounds strangely impersonal, uniform, solemn and lacking swing. It’s not cool, a foreseeable and boring ritual, with an appearance of depth and high class.  The emperor is naked; when it seemed nobody dared to say it, the controversy started in social media.

 

To some musician’s remark about European, white and Asian jazz, he replied: “That’s why most Jazz sounds like what it does now, but it is still a Black art form even though most don’t acknowledge that.” “If you’re not comfortable playing the Blues, then you are not a part of the Black Improvisational Music tradition”, he twitted. “It’s still the blues, that’s why we played it. That and because White folks pay us more money to play the standards. Still do!”. Then he told another musician: “my issues with Jazz has little to do with art. It has to do with the ideas surrounding it.”

 

Payton is proud of his heritage: “So-called Jazz didn’t exist in Africa. It is influenced by African rhythms, but it is a Black-American invention. NOLA born”, just like him. This art form took shape in the place where slaves were allowed to play the drums and tell their stories to keep their culture. Beyond the labels, the discussion strengthens the idea that intense study and a deep commitment is needed in order to honor the tradition, to play convincingly within the idiom so the present and the future can be built.

 

Sound and silence equals music.
Sometimes when I’m soloing, I don’t play shit.
I just move blocks of silence around.
The notes are an afterthought.
Silence is what makes music sexy.
Silence is cool.

 

Nicholas Payton @paynic
http://nicholaspayton.wordpress.com/

 

Recommended discography:

Gumbo Nouveau (Verve)
Doc Cheatham & Nicholas Payton (Verve)
Payton’s Place (PolyGram)
Trumpet Legacy (Milestone) with Lew Soloff, Tom Harrell, and Eddie Henderson
Sonic Trance (Warner)
Into The Blue (Nonesuch)
Bitches (In+Out)

Photos: © Michael Wilson, courtesy AMS Artists Inc.