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El Gran Otro | Mircoles 18 de Octubre de 2017

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El regreso del mesías del folk

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MÚSICA

BOB DYLAN

Imposible definirlo: desde aquel artesano de himnos antibelicistas, pasando por el rockstar total de mediados de los sesenta, judío converso, tahúr épico, poeta mitómano o hipster anfetamínico, Bob Dylan —como demostró Todd Haynes hace algunos años— es la maquina perfecta de multiplicar miradas, lecturas, significados. Aquí una recorrida por sus presentaciones más importantes hasta llegar a la que, muy pronto, será su cuarta visita a nuestro país.   

 

Por: Martín Jali

Newport – 1963

Estamos a finales del mes de julio de 1963, en Freedom Park, Newport, Rhode Island: una meseta arbolada donde una centena de jóvenes permanecen sentados en el césped, con los hombros tostados por el sol, mientras las estrellas de la música folk del momento rasgan sus guitarras. En algún momento, con una camisa holgada, una armónica, su pelo enmarañado y una guitarra acústica, un jovencísimo Bob Dylan —que ya entonces era una de las grandes promesas del folk estadounidense — se deja caer en una endeble silla de madera. Se trata de la primera gran aparición de un Dylan que, tímido y con la mirada baja, entona las estrofas de su mítica canción anti-bélica With God On Our Side, acompañado por la dulce voz de Joan Baez. Más tarde, en los conciertos nocturnos —el Festival de Folk de Newsport presentaba workshops diurnos, especie de talleres al que usualmente asistían 50 o 60 personas, combinados con presentaciones masivas por la noche— Dylan invitaría a toda la crème folkie: la propia Baez, Pete Seeger, The Freedom Singers y Peter, Paul and Mary para cantar su primer gran éxito, Blowin’ in the wind, tomada en aquellos años por la corriente pacifista y el movimiento contracultural de los años 60. Dylan participa en tres oportunidades del Festival de Folk de Newport y en todas sus presentaciones pueden rastrearse hechos fundacionales de su biografía. No solo esto: en solo dos años (del 1963 a 1965) Dylan sufre una transformación extraordinaria, pasa de promesa y emblema de la renovación musical del folk a mega estrella, profeta contemporáneo, artífice máximo de la contracultura americana y portavoz del colectivo social de los luminosos años sesenta. La metamorfosis de Dylan es solo comparable con los acontecimientos que trastocan la sociedad norteamericana: entre el Festival de Newport del 63 y el 64, muere acribillado el presidente Kennedy y los Beatles visitan por primera vez los Estados Unidos, causando un verdadero delirio adolescente. Entre 1964 y 1965, Estados Unidos se involucra en la guerra de Vietnam y Malcolm X es asesinado en Harlem. En esos años, Bob Dylan se convierte en Bob Dylan. Newport, por su parte, es testigo de la primera versión en vivo de Mr. Tambourine man y, un año más tarde, llega la leyenda. Dylan electrifica su música y hace lo que pocos pueden presumir: inventa un nuevo género, el folk rock. Así, acompañado por los músicos que luego darían forma a The Band, Dylan canta Maggie´s far y Like a Rolling Stone. En la primer parte de autobiografía —Crónicas, volumen 1, traducida al español en 2005 y editada por Global Rhythm Press— escribirá: «La escena de la música folk se había convertido en un paraíso que necesitaba dejar, como Adán tuvo que abandonar su jardín. Era demasiado perfecto».

 

Primer intervalo: el estallido creativo

Entre los años 1963 y 1966 Dylan tiene un estallido creativo fascinante que modifica para siempre la morfología de la música popular del siglo XX. Dylan edita seis discos —uno de ellos doble— en tan solo tres años, algo que pocos artistas han hecho a lo largo de la historia. En1963 presenta su segundo album, The freewheeling Bob Dylan y más tarde The times they are a-changing. Luego será el turno de Another side of Bob Dylan (1964) y, un año después, dos obras maestras: Bringing it all back home —que incluye canciones como Mr. Tambourine man, Love minus zero/no limit y Gates of Eden, dividido en una cara acústica y otra eléctrica— y Highway 61 revisited (1965). En 1966 edita el álbum doble Blonde on blonde (1966) en el cual alcanza, según Dylan, «un sonido delgado y de mercurio salvaje». Sobre Highway 61 revisited, que comienza con Like a Rolling Stone y culmina con los once minutos y pico de Desolation Row, Bob Johnston, productor del disco, exageró: «Dios no puso la mano sobre el hombro de Bob. Dios le pegó una patada en el culo. Y Bob fue poseído por el Espíritu Santo durante esas sesiones de grabación».

Inglaterra – 1966

Como los Beatles en 1964, dos años después Bob Dylan visita Inglaterra. Inicia una gira salvaje que entraría en la historia de la música moderna: furiosos conciertos esencialmente eléctricos, viajes, drogas, cruces brutales con el público que lo abuchea y le critica haberse vendido al establishment. Dylan responde a las amenazas de muerte, cínico: «No me molesta que me disparen; me molesta que me anuncien que me van a disparar». Un exhausto Dylan dice, después del concierto, que le traigan «un nuevo Dylan para usar». Pide volver a casa, pero se muestra aterrado de morir en un accidente aéreo.

Lo que sucedió en el Manchester Free Trade Hall el 17 de mayo de 1966 también es leyenda. En un intervalo, alguien del público le grita «Judas» y Bob, después de un momento de perplejidad, responde: «No te creo, eres un mentiroso». Entonces gira sobre sí mismo y le dice a su banda «Play fucking loud». Suenan los primeros acordes de Like a rolling stone: potentísima, incendiaria, un delirio. Más tarde, de regreso a Estados Unidos, un Dylan colapsado sufre un accidente viajando en moto, literalmente on the road, abandona sus raíces judías —Bob Dylan es, originalmente, Robert Zimmerman— se convierte al cristianismo y desaparece de los escenarios durante ocho años.

 

Intervalo: la poesía dylaneana

On the road, de Jack Kerouac y la Generación Beat edificaron la subjetividad y la esfera compositiva y poética de Dylan. No solo esto: el movimiento Beat, además de forjar la primera vanguardia norteamericana, impulsó a toda una generación de jóvenes a la carretera, fundó una mitología y contribuyó de manera decisiva en la experimentación sexual, en el uso de drogas y la liberación de los estereotipos familiares y sociales de la sociedad norteamericana.  Ahora bien, el imaginario poético de Dylan es muy amplio y abarca desde el modernismo de T. S. Eliot, el imaginismo de Ezra Pound hasta Allen Ginsberg, Kerouac, Conrad y Dylan Thomas. El propio Dylan leyó mucho y logró metabolizar esas lecturas para diagramar su propia dinámica poética.

Locarno, Suiza – 1986

 

Los años ochenta no fueron fáciles para Dylan: intentó perseguir el pulso de su tiempo y editó varios discos que coquetearon con el pop. Él mismo lo expresa en su biografía: «Me sentía acabado, los restos de un naufragio en llamas. Había demasiado ruido en mi cabeza y me era imposible expulsarlo. Dondequiera que vaya, soy un trovador de los sesenta, una reliquia del folkrock, una rapsoda de tiempos pasados, un jefe de Estado ficticio de un lugar que nadie conoce. Me encuentro en el abismo sin fondo del olvido cultural». Después de un concierto en Locarno, Suiza, y en uno de los momentos más pobres de su carrera, el último American Classic decidió que no pararía de tocar en vivo. Así ideó el concepto del Neverending Tour: una gira interminable alimentada por el síndrome del viajero compulsivo, una gira que sigue creciendo, que atraviesa las carreteras de todo el mundo para depositar al viejo tahúr en el escenario de grandes estadios, festivales o pequeños cabarets.

 

Buenos Aires (Vélez Sársfield) – 2008

Los devotos corean por lo bajo estribillos casi indescifrables, ya que Bob ha reformulado sus viejas creaciones y su banda —un quinteto de geniales convictos vestidos de negro— elabora cada pieza no desde la nostalgia, sino a partir del estado vocal y el presente del viejo poeta. Su voz, que fluye de la laringe, se ha tornado más nasal y rasposa; pero aun así aparece su genio: Dylan, desde su juventud, ha hecho de sus limitaciones una decisión estética. Por eso nos emociona. Por eso necesitamos verlo. Finalmente, con paso lento y algo encorvado, Dylan vuelve para los bises y termina su concierto, sin decir una sola palabra al público, con Blowin´ in the wind. Al salir, escucho a una mujer extasiada que explica: «la versión cabaretera de Blowin es una de las cosas más lindas que escuché en toda mi vida». La frase, por supuesto, queda grabada en la memoria.

Buenos Aires (Gran Rex) – 2012

Una vez más, el Neverending Tour trae a Dylan ala Argentina. Serán4 conciertos, el 26, 27, 28 y 30 de abril en un espacio de lujo: el Gran Rex. Como alguna vez dijo Leonard Cohen, Dylan es uno de esos personajes que aparecen cada 300 o 400 años. Sería una locura perdérselo.

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