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El Gran Otro | Jueves 19 de Octubre de 2017

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El Reino de Bolonquia: Una sátira de la política argentina

El Reino de Bolonquia: Una sátira de la política argentina

El costado benévolo de la política, a días de las elecciones presidenciales.

Por: Marcos Larre.

La muestra de arte retrata, de forma irónica e ingeniosa, los principales personajes políticos argentinos que se destacaron desde el retorno de la democracia al país en el año 1983.

 

[showtime]

 

Decenas de dirigentes políticos, defensores de ideologías antagónicas y referentes de partidos enfrentados, están congregados en un mismo salón sin conflictos, ni denuncias, ni agresiones de por medio. A simple vista, la prédica responde al soñador más optimista pero, para sorpresa de muchos, hay un espacio situado en Buenos Aires que transforma lo meramente imposible en realidad: el Reino de Bolonquia.

Los artífices de este mundo imaginario son los caricaturistas, escultores y humoristas Pablo Bach y Jorge Maculán, quienes comenzaron a trabajar en agosto de 2008 y finalizaron su labor en diciembre de 2009.

La exhibición, que cuenta con un total de veinte esculturas, cinco pinturas y un fotomontaje, podrá apreciarse en la Galería Leonardo Da Vinci —Libertad 1226— de Buenos Aires, hasta el próximo 15 de octubre. Los artistas se valieron de diversos materiales y técnicas para la composición de las obras. Acrílico, cemento, terracota y óleos varios conformaron la materia prima para que el reinado cobrara vida.

Ahora bien, ¿qué es exactamente el Reino de Bolonquia? Una sociedad. Esta creación artística corresponde a una comunidad o, mejor dicho, un reinado en donde políticos convertidos en dioses y reyes de la antigüedad conviven y, al mismo tiempo, representan una brillante sátira de los personajes y los acontecimientos nacionales más significativos desde el momento en que el pueblo argentino asumió nuevamente el derecho de elegir a sus mandatarios.

Uno de los catálogos de la muestra exhibe la máxima del reinado: «es famoso por la costumbre de generar periódicamente monumentales crisis». Así, los bolonquios, habitantes imaginarios, indignados gritan «que se vayan todos», aunque otros, más incisivos, optan por afirmar: «nos tendríamos que ir todos».

De esta manera, el Reino de Bolonquia representa, con ingenio e ironía, los episodios políticos y los vaivenes económicos que impactaron en la sociedad argentina en sus últimos años de historia. La vuelta a la democracia es satirizada en todos sus tintes, desde una escultura de Raúl Alfonsín hasta la caricatura de la actual presidenta, Cristina Fernández.

Con una sonrisa, se pueden apreciar períodos complicados del país y, casi con ternura, observar a dirigentes que participaron en grandes crisis políticas y sociales. Así, en un sector de la muestra se expone a un disminuido Fernando De La Rúa sentado en un enorme sillón mientras duerme sobre el bastón presidencial.

También, el exmandatario Carlos Menem es representado como si fuera Luis XIV, el Rey Sol, a quien se le atribuye la frase «el Estado soy yo», mientras que el Dios Muyannus (Hugo Moyano) es una divinidad mitad hombre, mitad búfalo que protege los carruajes del reino.

Los mencionados con anterioridad solo conforman algunas de las ingeniosas sátiras políticas ejecutadas por los dos escultores. Ricardo Alfonsín, Cristina Fernández, Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Juan Domingo Perón también conviven y se exhiben en la galería porteña.

Como es costumbre, en todo regla existe una excepción, y el Reino de Bolonquia no escapa a esta premisa. En medio de mandatarios encarnados en personajes de la historia antigua, invade, con su mejor gambeta, una personalidad que no responde al escenario político pero que su presencia, indudablemente, es reclamada por la proclama popular: Diego Armando Maradona, llamado el Manosanta Metabola, es aquel que aconseja cómo ejecutar acciones indebidas sin que trasciendan.

Así, el Reino de Bolonquia, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el próximo 15 de octubre, se convierte en el sueño de todo pueblo: políticos que conviven pacíficamente unidos en pos de la felicidad de los habitantes, aunque el único inconveniente que obstaculiza la utopía es que los mandatarios, en esta oportunidad, son de acrílico.Por: Marcos Larre.

El costado benévolo de la política, a días de las elecciones presidenciales

La muestra de arte retrata, de forma irónica e ingeniosa, los principales personajes políticos argentinos que se destacaron desde el retorno de la democracia al país en el año 1983.

 

[showtime]

 

Decenas de dirigentes políticos, defensores de ideologías antagónicas y referentes de partidos enfrentados, están congregados en un mismo salón sin conflictos, ni denuncias, ni agresiones de por medio. A simple vista, la prédica responde al soñador más optimista pero, para sorpresa de muchos, hay un espacio situado en Buenos Aires que transforma lo meramente imposible en realidad: el Reino de Bolonquia.
Los artífices de este mundo imaginario son los caricaturistas, escultores y humoristas Pablo Bach y Jorge Maculán, quienes comenzaron a trabajar en agosto de 2008 y finalizaron su labor en diciembre de 2009.
La exhibición, que cuenta con un total de veinte esculturas, cinco pinturas y un fotomontaje, podrá apreciarse en la Galería Leonardo Da Vinci —Libertad 1226— de Buenos Aires, hasta el próximo 15 de octubre. Los artistas se valieron de diversos materiales y técnicas para la composición de las obras. Acrílico, cemento, terracota y óleos varios conformaron la materia prima para que el reinado cobrara vida.
Ahora bien, ¿qué es exactamente el Reino de Bolonquia? Una sociedad. Esta creación artística corresponde a una comunidad o, mejor dicho, un reinado en donde políticos convertidos en dioses y reyes de la antigüedad conviven y, al mismo tiempo, representan una brillante sátira de los personajes y los acontecimientos nacionales más significativos desde el momento en que el pueblo argentino asumió nuevamente el derecho de elegir a sus mandatarios.
Uno de los catálogos de la muestra exhibe la máxima del reinado: «es famoso por la costumbre de generar periódicamente monumentales crisis». Así, los bolonquios, habitantes imaginarios, indignados gritan «que se vayan todos», aunque otros, más incisivos, optan por afirmar: «nos tendríamos que ir todos».
De esta manera, el Reino de Bolonquia representa, con ingenio e ironía, los episodios políticos y los vaivenes económicos que impactaron en la sociedad argentina en sus últimos años de historia. La vuelta a la democracia es satirizada en todos sus tintes, desde una escultura de Raúl Alfonsín hasta la caricatura de la actual presidenta, Cristina Fernández.
Con una sonrisa, se pueden apreciar períodos complicados del país y, casi con ternura, observar a dirigentes que participaron en grandes crisis políticas y sociales. Así, en un sector de la muestra se expone a un disminuido Fernando De La Rúa sentado en un enorme sillón mientras duerme sobre el bastón presidencial.
También, el exmandatario Carlos Menem es representado como si fuera Luis XIV, el Rey Sol, a quien se le atribuye la frase «el Estado soy yo», mientras que el Dios Muyannus (Hugo Moyano) es una divinidad mitad hombre, mitad búfalo que protege los carruajes del reino.
Los mencionados con anterioridad solo conforman algunas de las ingeniosas sátiras políticas ejecutadas por los dos escultores. Ricardo Alfonsín, Cristina Fernández, Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Juan Domingo Perón también conviven y se exhiben en la galería porteña.
Como es costumbre, en todo regla existe una excepción, y el Reino de Bolonquia no escapa a esta premisa. En medio de mandatarios encarnados en personajes de la historia antigua, invade, con su mejor gambeta, una personalidad que no responde al escenario político pero que su presencia, indudablemente, es reclamada por la proclama popular: Diego Armando Maradona, llamado el Manosanta Metabola, es aquel que aconseja cómo ejecutar acciones indebidas sin que trasciendan.
Así, el Reino de Bolonquia, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el próximo 15 de octubre, se convierte en el sueño de todo pueblo: políticos que conviven pacíficamente unidos en pos de la felicidad de los habitantes, aunque el único inconveniente que obstaculiza la utopía es que los mandatarios, en esta oportunidad, son de acrílico.Por: Marcos Larre.

El costado benévolo de la política, a días de las elecciones presidenciales

La muestra de arte retrata, de forma irónica e ingeniosa, los principales personajes políticos argentinos que se destacaron desde el retorno de la democracia al país en el año 1983.

 

[showtime]

 

Decenas de dirigentes políticos, defensores de ideologías antagónicas y referentes de partidos enfrentados, están congregados en un mismo salón sin conflictos, ni denuncias, ni agresiones de por medio. A simple vista, la prédica responde al soñador más optimista pero, para sorpresa de muchos, hay un espacio situado en Buenos Aires que transforma lo meramente imposible en realidad: el Reino de Bolonquia.
Los artífices de este mundo imaginario son los caricaturistas, escultores y humoristas Pablo Bach y Jorge Maculán, quienes comenzaron a trabajar en agosto de 2008 y finalizaron su labor en diciembre de 2009.
La exhibición, que cuenta con un total de veinte esculturas, cinco pinturas y un fotomontaje, podrá apreciarse en la Galería Leonardo Da Vinci —Libertad 1226— de Buenos Aires, hasta el próximo 15 de octubre. Los artistas se valieron de diversos materiales y técnicas para la composición de las obras. Acrílico, cemento, terracota y óleos varios conformaron la materia prima para que el reinado cobrara vida.
Ahora bien, ¿qué es exactamente el Reino de Bolonquia? Una sociedad. Esta creación artística corresponde a una comunidad o, mejor dicho, un reinado en donde políticos convertidos en dioses y reyes de la antigüedad conviven y, al mismo tiempo, representan una brillante sátira de los personajes y los acontecimientos nacionales más significativos desde el momento en que el pueblo argentino asumió nuevamente el derecho de elegir a sus mandatarios.
Uno de los catálogos de la muestra exhibe la máxima del reinado: «es famoso por la costumbre de generar periódicamente monumentales crisis». Así, los bolonquios, habitantes imaginarios, indignados gritan «que se vayan todos», aunque otros, más incisivos, optan por afirmar: «nos tendríamos que ir todos».
De esta manera, el Reino de Bolonquia representa, con ingenio e ironía, los episodios políticos y los vaivenes económicos que impactaron en la sociedad argentina en sus últimos años de historia. La vuelta a la democracia es satirizada en todos sus tintes, desde una escultura de Raúl Alfonsín hasta la caricatura de la actual presidenta, Cristina Fernández.
Con una sonrisa, se pueden apreciar períodos complicados del país y, casi con ternura, observar a dirigentes que participaron en grandes crisis políticas y sociales. Así, en un sector de la muestra se expone a un disminuido Fernando De La Rúa sentado en un enorme sillón mientras duerme sobre el bastón presidencial.
También, el exmandatario Carlos Menem es representado como si fuera Luis XIV, el Rey Sol, a quien se le atribuye la frase «el Estado soy yo», mientras que el Dios Muyannus (Hugo Moyano) es una divinidad mitad hombre, mitad búfalo que protege los carruajes del reino.
Los mencionados con anterioridad solo conforman algunas de las ingeniosas sátiras políticas ejecutadas por los dos escultores. Ricardo Alfonsín, Cristina Fernández, Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Juan Domingo Perón también conviven y se exhiben en la galería porteña.
Como es costumbre, en todo regla existe una excepción, y el Reino de Bolonquia no escapa a esta premisa. En medio de mandatarios encarnados en personajes de la historia antigua, invade, con su mejor gambeta, una personalidad que no responde al escenario político pero que su presencia, indudablemente, es reclamada por la proclama popular: Diego Armando Maradona, llamado el Manosanta Metabola, es aquel que aconseja cómo ejecutar acciones indebidas sin que trasciendan.
Así, el Reino de Bolonquia, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el próximo 15 de octubre, se convierte en el sueño de todo pueblo: políticos que conviven pacíficamente unidos en pos de la felicidad de los habitantes, aunque el único inconveniente que obstaculiza la utopía es que los mandatarios, en esta oportunidad, son de acrílico.