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El Gran Otro | Martes 22 de Agosto de 2017

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El significado forcluido del descubrimiento de América

El significado forcluido del descubrimiento de América


12 de Octubre: “Dia del respeto a la Diversidad Cultural”

Por: Martín Samartin.

La lucha por el reconocimiento del Otro, por el poder que otorga la posición de quien nombra, es de una naturaleza pre-simbólica, es decir, hay en juego una violencia constitutiva que hace al núcleo real de la dominación, a una relación de fuerzas anterior a todo ordenamiento jurídico.

 

[showtime]

 

A partir de este año, el 12 de octubre se celebra el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, fecha en que antes se recordaba el Día de la Raza. Con el Decreto de Necesidad y Urgencia 1564/2010, la presidenta Cristina Fernández introdujo una serie de modificaciones al calendario de feriados nacionales entre las cuales, además del cambio de denominación conceptual del 12 de Octubre, se conceden por primera vez feriados asociados a festividades religiosas a las colectividades islámicas y judías, en el mismo espíritu progresista en que se abole el Día de la Raza.

Pero repasemos un poquito la historia de esta celebración: Actualmente llamado en España Día de la Hispanidad, se celebró por primera vez en 1914 como Fiesta de la Raza Española. En 1914 cambió su denominación por Día de la Raza y fue incorporado a nuestro calendario como fiesta nacional en 1917 bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen. Si bien no figuraba un nombre específico en el decreto de aquel año, su uso como Día de la Raza fue impuesto por la prensa y conservado posteriormente por la costumbre hasta la actualidad.

Según los diarios de viaje que hoy se guardan en los Archivos de Indias de Sevilla, después de dos meses de navegación con rumbo a las Indias bajo el mando de Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492, un marinero andaluz, Rodrigo de Triana, avistó por vez primera el continente americano. Este hecho parece haber dado lugar a la primera de las confusiones semánticas en torno al encuentro de dos mundos hasta entonces desconocidos. Al creer los conquistadores que el continente avistado era el de Las Indias, forzosamente sus habitantes tenían que llamarse indios. Hechos de esta naturaleza se producen a menudo en el encuentro con un otro cultural, en donde la absoluta diferencia (lo radicalmente desconocido) es reducido a algo que ya se conoce. Lo real de la diferencia queda así estructuralmente reprimido, forcluido del propio universo simbólico. Los prejuicios culturales ante la otredad pueden actuar fantasmáticamente al mitigar la angustia que produce el encuentro con la diferencia, con lo real de un otro que no tiene representación dentro de nuestro marco histórico de referencias. Esto es índice además de que toda identidad es siempre producida como efecto de la mirada de un Otro que puede nombrar; lo cual conlleva ciertamente una amenaza, pues quien nombra, ordena, y quien ordena (en su doble acepción: mandar y establecer un orden social) es el Amo.

En la célebre dialéctica del Amo y el esclavo, Hegel nos enseña que lo que distingue al ser humano del animal, es que el primero –a diferencia del segundo- no desea simplemente cosas materiales (alimento, refugio, etc.) sino que, en última instancia, lo que desea es el deseo del Otro. Se establece así un combate a muerte por el reconocimiento de ese Otro. Producto de esta lucha, quien sale derrotado de la contienda, a fin de no perecer, cede en su deseo y reconoce al vencedor. Así queda conformada la sociedad entre Amos y esclavos. Esto fue lo que sucedió a partir de finales del siglo XV como consecuencia del descubrimiento de América: comenzó la batalla por el reconocimiento del Otro, batalla que precede y determina un ordenamiento simbólico posterior, y que culmina a mediados del siglo XVII con la universalización del sujeto cartesiano.

Pero ni la ciencia, ni el sujeto moderno -ni las revoluciones industriales que aquellos han hecho posible- se produjeron azarosamente. Se suele indicar como comienzo de la Modernidad la caída del Imperio Romano de Oriente, o el descubrimiento de América. En cualquier caso, finales del siglo XV. ¿Qué sucedió entonces en los dos siglos posteriores hasta el advenimiento del sujeto cartesiano? En términos económicos, la conquista de América significó el vaciamiento de los metales preciosos de sus suelos y su transferencia a las potencias coloniales. Durante los siglos XVI y XVII fue dominante en Europa el sistema mercantilista, que basaba la prosperidad del Estado en la acumulación de un capital representado por aquellos metales. Habría que aguardar dos siglos hasta que el nivel de acumulación del capital mercantil llegase a cierto punto para que la ciencia moderna -por un lado- pudiera convertirlo en capital productivo con las revoluciones industriales; y –por el otro lado- el sujeto cartesiano pudiera organizar la estructura formal de la economía capitalista moderna.

Tenemos aquí lo que para Heidegger son las bases objetivas y subjetivas del capitalismo: el descubrimiento de América y el sujeto cartesiano, como puntos históricos correlativos.

 

 

 

 

12 de Octubre: “Dia del respeto a la Diversidad Cultural”

Por: Martín Samartin.

La lucha por el reconocimiento del Otro, por el poder que otorga la posición de quien nombra, es de una naturaleza pre-simbólica, es decir, hay en juego una violencia constitutiva que hace al núcleo real de la dominación, a una relación de fuerzas anterior a todo ordenamiento jurídico.

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A partir de este año, el 12 de octubre se celebra el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, fecha en que antes se recordaba el Día de la Raza. Con el Decreto de Necesidad y Urgencia 1564/2010, la presidenta Cristina Fernández introdujo una serie de modificaciones al calendario de feriados nacionales entre las cuales, además del cambio de denominación conceptual del 12 de Octubre, se conceden por primera vez feriados asociados a festividades religiosas a las colectividades islámicas y judías, en el mismo espíritu progresista en que se abole el Día de la Raza.

Pero repasemos un poquito la historia de esta celebración: Actualmente llamado en España Día de la Hispanidad, se celebró por primera vez en 1914 como Fiesta de la Raza Española. En 1914 cambió su denominación por Día de la Raza y fue incorporado a nuestro calendario como fiesta nacional en 1917 bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen. Si bien no figuraba un nombre específico en el decreto de aquel año, su uso como Día de la Raza fue impuesto por la prensa y conservado posteriormente por la costumbre hasta la actualidad.

Según los diarios de viaje que hoy se guardan en los Archivos de Indias de Sevilla, después de dos meses de navegación con rumbo a las Indias bajo el mando de Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492, un marinero andaluz, Rodrigo de Triana, avistó por vez primera el continente americano. Este hecho parece haber dado lugar a la primera de las confusiones semánticas en torno al encuentro de dos mundos hasta entonces desconocidos. Al creer los conquistadores que el continente avistado era el de Las Indias, forzosamente sus habitantes tenían que llamarse indios. Hechos de esta naturaleza se producen a menudo en el encuentro con un otro cultural, en donde la absoluta diferencia (lo radicalmente desconocido) es reducido a algo que ya se conoce. Lo real de la diferencia queda así estructuralmente reprimido, forcluido del propio universo simbólico. Los prejuicios culturales ante la otredad pueden actuar fantasmáticamente al mitigar la angustia que produce el encuentro con la diferencia, con lo real de un otro que no tiene representación dentro de nuestro marco histórico de referencias. Esto es índice además de que toda identidad es siempre producida como efecto de la mirada de un Otro que puede nombrar; lo cual conlleva ciertamente una amenaza, pues quien nombra, ordena, y quien ordena (en su doble acepción: mandar y establecer un orden social) es el Amo.

En la célebre dialéctica del Amo y el esclavo, Hegel nos enseña que lo que distingue al ser humano del animal, es que el primero –a diferencia del segundo- no desea simplemente cosas materiales (alimento, refugio, etc.) sino que, en última instancia, lo que desea es el deseo del Otro. Se establece así un combate a muerte por el reconocimiento de ese Otro. Producto de esta lucha, quien sale derrotado de la contienda, a fin de no perecer, cede en su deseo y reconoce al vencedor. Así queda conformada la sociedad entre Amos y esclavos. Esto fue lo que sucedió a partir de finales del siglo XV como consecuencia del descubrimiento de América: comenzó la batalla por el reconocimiento del Otro, batalla que precede y determina un ordenamiento simbólico posterior, y que culmina a mediados del siglo XVII con la universalización del sujeto cartesiano.

Pero ni la ciencia, ni el sujeto moderno -ni las revoluciones industriales que aquellos han hecho posible- se produjeron azarosamente. Se suele indicar como comienzo de la Modernidad la caída del Imperio Romano de Oriente, o el descubrimiento de América. En cualquier caso, finales del siglo XV. ¿Qué sucedió entonces en los dos siglos posteriores hasta el advenimiento del sujeto cartesiano? En términos económicos, la conquista de América significó el vaciamiento de los metales preciosos de sus suelos y su transferencia a las potencias coloniales. Durante los siglos XVI y XVII fue dominante en Europa el sistema mercantilista, que basaba la prosperidad del Estado en la acumulación de un capital representado por aquellos metales. Habría que aguardar dos siglos hasta que el nivel de acumulación del capital mercantil llegase a cierto punto para que la ciencia moderna -por un lado- pudiera convertirlo en capital productivo con las revoluciones industriales; y –por el otro lado- el sujeto cartesiano pudiera organizar la estructura formal de la economía capitalista moderna.

Tenemos aquí lo que para Heidegger son las bases objetivas y subjetivas del capitalismo: el descubrimiento de América y el sujeto cartesiano, como puntos históricos correlativos.

 

 


12 de Octubre: “Dia del respeto a la Diversidad Cultural”

Por: Martín Samartin.

La lucha por el reconocimiento del Otro, por el poder que otorga la posición de quien nombra, es de una naturaleza pre-simbólica, es decir, hay en juego una violencia constitutiva que hace al núcleo real de la dominación, a una relación de fuerzas anterior a todo ordenamiento jurídico.

[showtime]

A partir de este año, el 12 de octubre se celebra el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, fecha en que antes se recordaba el Día de la Raza. Con el Decreto de Necesidad y Urgencia 1564/2010, la presidenta Cristina Fernández introdujo una serie de modificaciones al calendario de feriados nacionales entre las cuales, además del cambio de denominación conceptual del 12 de Octubre, se conceden por primera vez feriados asociados a festividades religiosas a las colectividades islámicas y judías, en el mismo espíritu progresista en que se abole el Día de la Raza.

Pero repasemos un poquito la historia de esta celebración: Actualmente llamado en España Día de la Hispanidad, se celebró por primera vez en 1914 como Fiesta de la Raza Española. En 1914 cambió su denominación por Día de la Raza y fue incorporado a nuestro calendario como fiesta nacional en 1917 bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen. Si bien no figuraba un nombre específico en el decreto de aquel año, su uso como Día de la Raza fue impuesto por la prensa y conservado posteriormente por la costumbre hasta la actualidad.

Según los diarios de viaje que hoy se guardan en los Archivos de Indias de Sevilla, después de dos meses de navegación con rumbo a las Indias bajo el mando de Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492, un marinero andaluz, Rodrigo de Triana, avistó por vez primera el continente americano. Este hecho parece haber dado lugar a la primera de las confusiones semánticas en torno al encuentro de dos mundos hasta entonces desconocidos. Al creer los conquistadores que el continente avistado era el de Las Indias, forzosamente sus habitantes tenían que llamarse indios. Hechos de esta naturaleza se producen a menudo en el encuentro con un otro cultural, en donde la absoluta diferencia (lo radicalmente desconocido) es reducido a algo que ya se conoce. Lo real de la diferencia queda así estructuralmente reprimido, forcluido del propio universo simbólico. Los prejuicios culturales ante la otredad pueden actuar fantasmáticamente al mitigar la angustia que produce el encuentro con la diferencia, con lo real de un otro que no tiene representación dentro de nuestro marco histórico de referencias. Esto es índice además de que toda identidad es siempre producida como efecto de la mirada de un Otro que puede nombrar; lo cual conlleva ciertamente una amenaza, pues quien nombra, ordena, y quien ordena (en su doble acepción: mandar y establecer un orden social) es el Amo.

En la célebre dialéctica del Amo y el esclavo, Hegel nos enseña que lo que distingue al ser humano del animal, es que el primero –a diferencia del segundo- no desea simplemente cosas materiales (alimento, refugio, etc.) sino que, en última instancia, lo que desea es el deseo del Otro. Se establece así un combate a muerte por el reconocimiento de ese Otro. Producto de esta lucha, quien sale derrotado de la contienda, a fin de no perecer, cede en su deseo y reconoce al vencedor. Así queda conformada la sociedad entre Amos y esclavos. Esto fue lo que sucedió a partir de finales del siglo XV como consecuencia del descubrimiento de América: comenzó la batalla por el reconocimiento del Otro, batalla que precede y determina un ordenamiento simbólico posterior, y que culmina a mediados del siglo XVII con la universalización del sujeto cartesiano.

Pero ni la ciencia, ni el sujeto moderno -ni las revoluciones industriales que aquellos han hecho posible- se produjeron azarosamente. Se suele indicar como comienzo de la Modernidad la caída del Imperio Romano de Oriente, o el descubrimiento de América. En cualquier caso, finales del siglo XV. ¿Qué sucedió entonces en los dos siglos posteriores hasta el advenimiento del sujeto cartesiano? En términos económicos, la conquista de América significó el vaciamiento de los metales preciosos de sus suelos y su transferencia a las potencias coloniales. Durante los siglos XVI y XVII fue dominante en Europa el sistema mercantilista, que basaba la prosperidad del Estado en la acumulación de un capital representado por aquellos metales. Habría que aguardar dos siglos hasta que el nivel de acumulación del capital mercantil llegase a cierto punto para que la ciencia moderna -por un lado- pudiera convertirlo en capital productivo con las revoluciones industriales; y –por el otro lado- el sujeto cartesiano pudiera organizar la estructura formal de la economía capitalista moderna.

Tenemos aquí lo que para Heidegger son las bases objetivas y subjetivas del capitalismo: el descubrimiento de América y el sujeto cartesiano, como puntos históricos correlativos.