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El Gran Otro | Lunes 21 de Agosto de 2017

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Entrevista a Diego Paszkowski

Entrevista a Diego Paszkowski

Por Francisco Giarcovich

Nos reunimos en casa de Diego Pazskowski, escritor argentino, Bestseller, vive en el barrio de Colegiales, a pasitos de la plaza Cortázar. Nos recibe siempre sonriente, con su mate, sus cigarrillos y sus bibliotecas que ocupan las paredes de la sala donde dicta de lunes a viernes sus talleres literarios. Decidimos empezar por una breve biografía antes de lanzarnos a preguntar por su obra y sus ideas sobre la escritura y la vida.

Diego Paszkowski (Buenos Aires, 1966): Ganador del Premio de Novela del diario La Nación por “Tesis sobre un homicidio” (Sudamericana, 1999; DeBolsillo 2007; Sudamericana 2013), llevada al cine en 2013 por Hernán Goldfrid y protagonizada por Ricardo Darín; autor de “El otro Gómez” (Sudamericana, 2001), de “Alrededor de Lorena” (Mondadori, 2006) y de “Rosen — Una historia judía” (Sudamericana, 2013). Algunos de sus libros fueron traducidos al portugués, al italiano y al francés. Coordinador del Taller de Escritura para Jóvenes en el Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA), y director de diversas colecciones de “Nuevas Narrativas” y de ciclos de lecturas a partir de los trabajos realizados en sus talleres literarios.

¿Diego, quiénes son tus autores favoritos?
Isaac Bashevis-Singer, Justo Navarro, Borges, Bioy Casares, Oscar Wilde y muchísimos otros. Es un tema interminable.

¿Cómo explicarías la música en la sucesión de las palabras que escribís?
Cada novela tiene su tempo, su ritmo, su respiración. Uno de los ejercicios que planteo en mis talleres de iniciación en el Rojas tiene que ver con eso: se trata de escribir un mismo relato con frases cortas y palabras cortas, en relación con el ritmo de un tema de Miles Davis, y luego reescribirlo con palabras más largas y frases largas, a partir de un tema lento de Branford Marsalis.

Cinco consejos de Diego Paszkowski para un joven escritor…

  1. Evitar los adverbios terminados en mente y los gerundios, que suelen arruinar las frases.
  2. Buscar una suerte de armonía, tanto en los párrafos como en las frases y en la historia en general.
  3. Al terminar un texto, confiar en la opinión de alguien más a quien uno respete (yo lo hago, aún hasta el día de hoy, y por suerte hay muchos alumnos que confían en mi criterio).
  4. Tratar de llegar al corazón de las cosas. Es decir, no ser superficiales. Pero, al mismo tiempo, evitar ser pretenciosos, que es el mayor error de todo escritor que se inicia. Hay gente que cree que la literatura se piensa con «L» mayúscula, que no está al alcance de nadie, y no es así. Para entender esto, se puede empezar por leer a Manuel Puig, de punta a punta.
  5. La conocida frase «no aclares que oscurece» viene muy bien para la literatura. No hay que sobre explicar. El lector es tan inteligente como uno.

¿Qué temas se contemplan en tus novelas?
Cada una de mis novelas trata un tema distinto. En «Tesis sobre un homicidio» hablo de la justicia, de sus alcances y posibilidades; en «El otro Gómez» de la identidad, quién soy y quién podría ser; en «Alrededor de Lorena» toco, de alguna forma, el tema del amor, y en «Rosen-Una historia judía», aunque también puede leerse como la historia de un pícaro estafador, hablo fundamentalmente de Dios.

¿Qué mueve a Rosen, el personaje de, hasta ahora, tu última novela?
Creo que lo mueve lo mismo que a todo el mundo: la necesidad de ser aceptado y querido. Es cierto que sus métodos –estafar a la gente- no son muy ortodoxos que digamos, pero a fin de cuentas Rosen busca lo que buscamos todos.

 ¿Hasta qué punto de empatía podés llegar con tus personajes al escribirlos?
Creo que escribir es como actuar, y eso mismo enseño en mis clases de taller literario. Parte de la gracia de la literatura, como sucede con el teatro, tiene mucho que ver con poder vivir otras vidas, ser otras personas, habitar otros países, otros mundos, otras épocas.

¿Qué tipo de escritor te consideras?
Me considero un muy buen escritor, en especial porque trabajo muchísimo cada texto antes de darlo a conocer. Publico un libro más o menos cada cinco años, y sólo si considero que es excelente. De lo contrario, ni siquiera lo muestro a la editorial, porque creo que publicar cualquier cosa, todo el tiempo y porque sí, es una falta de respeto al lector, que ha invertido su dinero y su tiempo en el libro. Hay quienes lo hacen, y me resulta lamentable.

¿Qué tipo de tallerista te considerás?
El mejor. La docencia es mi verdadera vocación, mucho más que la escritura. Tengo una gran habilidad para detectar los errores en los textos ajenos, y tengo mucha menos disposición a mostrar los propios. Es por eso que coordino muchos grupos de taller y tengo muy pocas novelas publicadas. Creo que para ser un buen tallerista uno tiene que ser generoso, entregar al alumno las mejores ideas, ayudarlo en el camino para que encuentre al fin una voz propia. Algo de eso puede verse en las antologías de alumnos que cada dos años publicamos con Clásica y Moderna, con el auspicio de Sudamericana. La anterior fue «Letras y músicas», y ahora, en diciembre de 2014, se presenta «Letras y sabores», con cuentos sobre comidas. Allí puede verse que cada alumno tiene, o trata de encontrar, su propia voz, su propio estilo, y que ninguno se parece en nada a los otros. Esa es la función del docente, y es el lugar en el que me siento más cómodo. 

¿En qué cambiaste desde tus inicios como tallerista hasta ahora?
En principio, reduje la cantidad de grupos y de alumnos, para poder dedicarme con mayor intensidad a cada uno de ellos. A mis treinta años llegué a tener doce grupos en mi casa, más el taller de iniciación en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Hoy sólo tengo cinco grupos, uno por día, de lunes a viernes, más el del Rojas, que mantengo, y hay lista de espera para trabajar en mis clases.

¿Qué pensás de la fama?
Que es muy divertida. Es agradable que los medios presten atención a lo que uno hace, en principio porque lo ideal es, según creo, llegar a la mayor cantidad de gente posible con la propuesta estética y ética que uno plantea en cada novela. Para eso, resultó muy útil la adaptación que hicieron Hernán Goldfid y Patricio Vega de mi novela «Tesis sobre un homicidio», protagonizada por Ricardo Darín, y sólo en Argentina vista por más de un millón de personas.

Tu relación con el cine…
Mi relación con el cine comienza con mi primera novela, «Tesis sobre un homicidio», en la que el protagonista está obsesionado con la actriz Juliette Lewis (eso es algo que no se ve en la película, pero en la novela está muy desarrollado). En «El otro Gómez», mi personaje, William Puente, mira una y otra vez «Scarface», con Al Pacino. Mi mejor momento en relación con el cine me lo ofreció la adaptación de mi «Tesis…», ya que pude hacer una suerte de cameo, jugar una pequeña escena, al principio de la película, nada menos que con Ricardo Darín. No se la pierdan.

¿Qué buscás cuando leés?
Algo que me sorprenda, tanto desde el argumento como desde el estilo. Por suerte, eso me sucede bastante seguido.

¿Cuál es tu método para la creación literaria?
No hay un método. Cada novela busca su propio lenguaje, su propia cadencia, su propio estilo, su propia respiración. Si hubiera una fórmula, no sería algo artístico. Hay una forma específica para cada relato, y la tarea del escritor es encontrarla y desarrollarla.

Entre el escritor y el tallerista, ¿cómo proyectas estos diez próximos años?
Espero seguir publicando una antología de mis alumnos cada dos años, mantener mis cinco grupos de taller (o tal vez reducirlos), y publicar dos o tres novelas más. También tengo esperanzas de que mis libros se traduzcan a más idiomas (hasta ahora me publicaron el Francia, Italia y Portugal).

¿Cómo es tu relación con la música?
Mi relación con la música es pasional. Toco el clarinete desde hace más de veinte años, siempre en forma amateur, y soy desde siempre un amante del jazz. Por otra parte, tengo la suerte de formar una dupla con el excelente músico Alejandro Devries, para quien escribí la mayor parte de las letras de su primer disco, «Andanzas cotidianas» (MDR Récords). Unos de esos temas que compusimos juntos, «Estoy aquí» (que surge a partir de un monólogo de mi tercera novela para adultos, «Alrededor de Lorena»), es el que abre el último disco de Sandra Mihanovich, de cuya banda Devries es el director musical.

Diego, querido, muchísimas gracias por tu tiempo.
No hay de qué. Gracias por preguntar…

Fotos: Daniel Mordzinski