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El Gran Otro | Jueves 17 de Agosto de 2017

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Entrevista: Juan Carlos Romero

<!--:es-->Entrevista: Juan Carlos Romero<!--:-->


Arte público y compromiso social

Por: Dafne Roussos

Juan Carlos Romero define su hacer artístico como conceptualista, y su trayectoria lo confirma. Nacido en 1931, los inicios en su carrera artística fueron en 1956, año en que comenzó a exponer y a recibir premios como grabador. Estudia en La Plata, expone desde muy joven, influenciado por Vasarely y el cinetismo. En varios momentos de su vida tuvo una militancia activa. Desde un comienzo, su obra pone el acento en la participación del público. Es difícil detallar la riqueza y la variedad técnico-expresiva en su obra, ya que incursionó en el grabado, el arte objetual, la gráfica política, la performance, la fotografía, la poesía visual, el arte correo, el mural y el libro de artista. Expresa una visión crítica de la realidad política, social, humana, para lo cual utiliza infinidad de recursos artísticos.

De todas las intervenciones que hizo en el espacio público, ¿cuál es la que le parece que más llegó a los espectadores? ¿Y cuál es la que le parece más significativa?

La que hicimos con el grupo Escombros en Recoleta, Artista animal peligroso (1990), convocada por la Asociación de Críticos, una intervención en la calle. Convocamos a cerca de 80 artistas, hicimos una especie de celda con caños de plástico, con una definición del artista latinoamericano como un animal peligroso para el poder político. Adentro estábamos nosotros, haciendo serigrafía con un mapa de Sudamérica contando lo del animal peligroso. Esa me parece la obra más importante, mucho público un día de semana a la tarde. Se llenó de gente Recoleta. Nosotros siempre invitamos a otros artistas, como Teresa Volco, una artista muy importante en relación al arte público.

¿Qué representó la utilización de basura en la muestra Escombros realizada en el Mamba? 

Esa fue muy buena, se llamaba Mar de corrupción (1993). Santana nos invitó a hacer una muestra en el museo, queríamos hacer una obra que empezara en la calle y terminara en el museo. Hicimos que las bolsas de residuos entraran por la ventana al primer piso del museo; era en la época de Menem, y las bolsas estaban impresas con la palabra «corrupción». Juntamos bolsas de basura de las calles. Fue muy interesante, ya que movilizó a las personas, quienes ponían bolsas de basura. Donde pude escuchar la opinión del público fue en una intervención: también un grupo de artistas en la peatonal de Rosario. Cada uno hacía su intervención: uno repartía botellitas con sangre de sidótico (la gente no quería saber nada, no quería contaminarse); dos artistas entrerrianos pusieron sus cosas como si se fueran a quedar a pernoctar, bajaron sus bolsas de dormir, sus mochilas, sus despertadores. El público preguntaba si se iban a quedar para siempre. Ahí escuché la opinión de la gente: qué interesante es esto, qué bueno que es esto. Esto me impactó porque, en general, uno no puede escuchar sus opiniones, está trabajando; uno termina y se va.

¿Cómo ve a los jóvenes artistas en relación con la problemática del arte público y las intervenciones con compromiso político?

A los jóvenes los veo más descontracturados, veo que son muy creativos, hacen grandes murales, trabajan con máquinas para hacer los murales, con aparatos que suben y bajan para hacer murales gigantescos; pero son despolitizados, no tienen ningún sentido, a veces copian de Internet, a veces son originales, pero no tienen nada que ver con la política. Son totalmente pasteurizados. Hace muy poco, con una galerista y artista, Carla Rey, hicimos una pegatina de afiches en Palermo Viejo, contra la violencia de género. Eran afiches de tamaño A4, nos permitió hacer wallpaper. Hubo un repunte de gente comprometida con la situación del país hasta hace cinco o seis años. Pero en este momento hay una decadencia en cuanto al compromiso, un desinterés. Hay muchos teatros, gente haciendo música, centros culturales, pero la gente no busca hacer arte para expresarse y decir cosas, sino para vender. Se ve una lucha personal por entrar en el mercado del arte. Yo estoy yendo a dar clase a talleres y escuelas del interior.

La decadencia de las escuelas de arte está vinculada con el desinterés de la sociedad por la situación del país. Desde los 60 hasta el 75, crece el compromiso político de los artistas, hasta el golpe militar, donde se silencia, salvo los músicos de rock. La gente no participa, salvo los rockeros, que siempre tuvieron una participación de doble lectura. En el 83 hay un repunte. En el Siluetazo, organizado por Aguerrebery, Kexel y Flores, participé en la realización de las siluetas que se hicieron en el piso, algunas en positivo, otras en negativo. Fue muy impresionante porque llovió esa noche, y tuvo más efecto cuando pusieron los nombres de los familiares desaparecidos en las siluetas colocadas en Plaza de Mayo. Hace poco, también mi obra reflejó un tema muy grave, que fue la desaparición de Julio López en democracia; es una participación activa en una época de baja participación. Hay épocas de alta y baja con respecto al compromiso, ahora estamos en una época de baja en cuanto al compromiso con la realidad.

 ¿Cuál es su experiencia con respecto a la recepción de las intervenciones de arte público? 

Hay cantidad de habitantes de una ciudad que no tienen posibilidad de llegar a los museos y las galerías; entonces el arte público permite que la gente pueda ver el arte desde su lugar cotidiano: uno va caminando por la calle y se encuentra con un artista haciendo una obra. Porque ir a una galería de arte o un museo implica una actitud especial que no toda persona tiene o puede tener. Puede ser una performance, un afiche, una pegatina o un mural. La calle implica mayor cantidad de espectadores  y mayor oportunidad, mayor oportunidad del público de poder gozar de la obra de arte. El arte público me parece el arte del futuro, más que el arte de la galería, que es el arte pegado al mercado. El arte público permite un cambio de percepción y lleva a la reflexión.

Durante esta entrevista, Romero nos cuenta de su intención de poner a disposición del público su colección de afiches políticos. Sus afiches, donde la palabra va apareciendo en distintos cuerpos y familias tipográficas, presentan a un artista coherente y comprometido a través de décadas con temas como la violencia y la justicia. Juan Carlos Romero, en su obra, presenta una reflexión crítica sobre la realidad, nos propone reflexionar, cuestionarnos y cambiar el mundo desde el arte de las calles.

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