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El Gran Otro | Jueves 17 de Agosto de 2017

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Explícitamente confesional: la obra de Tracey Emin en el MALBA

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Cuando alguien la llamó «Vieja bruja», su respuesta fue rápida: «¡Claro que sí! Tengo más de cuarenta años, vivo sola con un gato, leo la palma de la mano y las llaves, participo de una sesión de espiritismo al menos una vez por semana y mato de miedo a los hombres. No hay dudas. Cuatrocientos años atrás, de no haber estado escondida, me habrían quemado».

Tracey Emin / How it Feels – Lo que se siente

Muestra de videos curada por Philip Larrat-Smith (puede verse hasta el 25 de febrero)

Por: Cordón

La inauguración de How it Feels en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires es una oportunidad única para aproximarnos al trabajo de una de los creadores británicos más significativos de los últimos años, que hace su primera exposición en un museo americano: Tracey Emin.

Esta controvertida inglesa es, junto con Damien Hirst, de los más destacados integrantes del Young British Artists (YBAs). Los Jóvenes Artistas Británicos, la mayoría provenientes del Goldsmith College of Arts de Londres,  deben el rótulo a una serie de exposiciones que, con este nombre, fueron organizadas en la Galería Saatchi  a partir de 1992, posicionándolos mundialmente.

Emin cobró notoriedad en los años 90 con dos instalaciones polémicas.

La primera, Everyone I Have Ever Slept With 1963-95, constaba de una tienda de campaña que contenía más de cien nombres en su interior, de todas las personas con quienes alguna vez durmió,  incluidos compañeros sexuales, familiares con quienes trasnochó en su infancia, su hermano mellizo y sus dos embarazos perdidos. Emin dijo que esta exposición se trataba de su intimidad en un sentido general, y no de sus conquistas sexuales. Esta obra, junto con muchas otras de Emin y de otros artistas YBA, como los hermanos Chapman, fue destruida en un incendio en Londres, el 26 de mayo de 2004.

La otra es My Bed, su obra más célebre desde que formó parte de la terna final del premio Turner  en 1999. Tracey nos muestra literalmente su propia cama, en toda su gloria embarazosa, sin hacer, rodeada de detritus doméstico, con sábanas sucias, tampones, preservativos usados, cigarrillos apagados, ropa interior con manchas de sangre y una botella de vodka vacía, en un ambiente de dejadez general. Aunque no ganó, dicha obra concitó enorme atención y abundantes crónicas en la prensa internacional.

Emin nació en Londres, donde estudió pintura en el Royal College of Art. En sus inicios se reconoce la influencia de Edvard Munch y Egon Schiele. Tracey Emin destruyó todos sus cuadros de la primera etapa. Posteriormente a sus estudios en pintura, estudió filosofia. En 1994 realizó su primera exposición individual, en la galería de arte White Cube, una de las más importantes de Londres. Se tituló My Major Retrospective y fue absolutamente autobiográfica: consistía en fotografías personales y de sus hoy destruidas primeras pinturas, junto a objetos que muchos artistas no sacarían al público, como paquetes de cigarrillos, que llevaba su tío cuando murió decapitado en un accidente de tráfico.

Su disposición por enseñar detalles de  su vida privada es uno de los sellos distintivos de su obra. Why I Never Became a Dancer (Por qué nunca llegué a ser bailarina); How It Feels (Lo que se siente);

Homage to Edvard Munch and All My Dead Children (Homenaje a Edvard Munch y a todos mis hijos muertos); Riding for a Fall (Tentando a la suerte), y Love is a Strange Thing (El amor es una cosa extraña) son los títulos que integran How it Feels, un conjunto de cinco videos producidos entre 1995 y 2000, que nos permiten acercarnos a un trabajo rotundamente confesional.

La obra de Emin cuenta la historia de su vida con rigurosa claridad y honestidad: nació en 1963, tuvo una difícil adolescencia, fue violada a los trece años en un callejón y sufrió dos abortos, experiencias traumáticas que retoma permanentemente en sus trabajos.

Tracey Emin es, sin duda, una gran narradora, que logra involucrar al espectador en una indagación franca de sus más profundas emociones. Estas emociones, que son universales, y la capacidad de expresarse integrando su trabajo con su vida personal le  permiten a Emin establecer una intimidad con el espectador desde el primer momento.

Lo detectamos inmediatamente  en estos cinco videos que, como asegura el norteamericano Philip Larratt-Smith, curador de la exposición, «sintetizan todo lo que Emin hace como artista». «Los filmes captan sus talentos de narradora y mitógrafa de sí misma y revelan el germen de su proyecto general de eliminar la frontera entre la vida y el arte», explica el curador.

Los videos mostrados transcurren en un amplio rango, sentimental, melancólico,  atormentado, sarcástico o vulgar: «Una combinación de crudeza y de lirismo que definen tanto al arte como a la persona —según Larratt-Smith—. Emin es a la vez totalmente real y una personalidad construida. Esta mezcla es lo que más me fascina en su obra, donde se juntan acting out exhibicionista y performance calibrado. Además su arte es verdaderamente popular. Emin habla de las cosas que más interesa a la mayoría de la gente y de un modo que todo el mundo puede entenderlo. Según mi punto de vista, eso es lo realmente imperdonable para el establishment del mundo de arte, que Emin haya logrado tanta popularidad sin pasar por las estructuras de legitimación establecidas».

Otra parte es su vida social, «ampliamente documentada  por los tabloides ingleses. Emin era un fenómeno de la cultura de los realities antes de que los realities existieran. Su libro Strangeland se ha convertido en el libro que cada chica adolescente lee al tener catorce años. Ya es un clásico popular auténtico por su candor».

En base a la autoexposición, Emin utiliza los eventos de su vida como inspiración  para realizar pinturas, videos, instalaciones, fotografías, bordados y esculturas, lo que le valió representar a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia en 2007 y ser nombrada miembro de la Royal Academyof Art.

Cuando alguien la llamó «Vieja bruja» en la calle, su respuesta fue rápida: «¡Claro que sí! Tengo más de cuarenta años, vivo sola con un gato, leo la palma de la mano y las llaves, participo de una sesión de espiritismo al menos una vez por semana y mato de miedo a los hombres. No hay dudas. Cuatrocientos años atrás, de no haber estado escondida, me habrían quemado».

[showtime]

Organizada con la colaboración especial de British Council, la exposición se podrá visitar hasta el 25 de febrero en la sala 3 (primer piso)  del MALBA, avenida Presidente Figueroa Alcorta 3415.