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El Gran Otro | Viernes 23 de Junio de 2017

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FEDERICO BASSINI Arte para encontrarse

FEDERICO BASSINI Arte para encontrarse

Por Patricia Esperanza

¿En qué consiste el misterio de la propia subjetividad, del yo, de la interioridad humana? Las respuestas sencillamente manifiestan un deseo concreto, más precisamente, una necesidad de abrirse un claro, un espacio vital, en este mundo que inicialmente se nos muestra hermético. En este escenario de interrogantes y conjeturas, aparece la producción artística de Federico Bassini, con su arte contemporáneo visceral y poético.

¿El arte cura? Es que realmente a mí me ayuda a verme. Más allá de mis horas como empleado fuera del taller, en el taller es todo un diálogo constante conmigo, me ayuda a preguntarme cosas, y a resolverlas. Yo tengo lo que es la obra plástica, pero después estoy en el silloncito mirando, y capaz me surgen preguntas que no están dentro de las pinturas, que son mías, personales, y las puedo poner ahí, porque es un dialogo contaste, va y viene. Me ha ayudado muchísimo, me ha ayudado en momentos durísimos de la vida, momentos críticos, de una necesidad de aislamiento absoluto porque no me quedaba otra, que necesitaba volver a encontrarme y justamente encontrarme. Lo primero que tenía que hacer era aceptar mi oscuridad, si yo no hacía esto iba a ser difícil que pueda surgir algo bueno o productivo y necesario cómo me estaba pasando en ese momento, todo eso personal con la pintura, se va a amoldando, va de la mano.

Tu obra es muy pulsional, se ve en las diversas capas de pinturas, a veces parecen excesos, otras gruesas capas de piel desgarradas… Surge de ahí, porque cuando pinto también pinto por sensaciones, creo que a muchos nos pasa, mis sensaciones son muy viscerales también. Yo necesito que esa obra, me diga algo, y la manera en que me lo dice es con carga de materia, es con las texturas, con esas sensaciones de luces, sombras, que parece podés tocar, eso me trasmite sensaciones fuertes. A parte, cuando arranco las obras mayormente están en el piso, primero hago una primera capa de materia, una pasta de enduido, cola; y después, empiezo a chorrear los líquidos, las pinturas, que son al agua o al aceite, toda esa sensación y esos movimientos que van adquiriendo, y las gotas se quieren ir a un lado y se frenan, y se van de la tela. Todo eso está vivo en ese momento, y las mismas pinturas me van diciendo: «Bueno, hasta acá llegamos». Eso se seca, me fijo que más o menos esté fijo, quieto y después lo levanto, y ahí ya le doy la última idea.

¿Qué pasa cuando te enfrentás al blanco de la tela? Lo de la tela y el blanco es lo más lindo que te puede pasar, porque voy sin miedo, sin ningún tipo de inconveniente, porque es como un desafío, pero que yo quiero tomar, que necesito tomar y me mando con todo, con la materia, la pintura, el chorreado, algún tajo, algún corte, algún raspado.

¿Por alguna razón en especial usás una paleta monocromática? Yo vengo de una etapa surrealista, de pintura de caballete, paleta, pincel, óleo. Hice algunas series, una de ellas es Despertar, obras grandes, y de a poco fui investigando en el surrealismo, utilizaba texturas; y de a poco empecé a deformar eso, y me fui volcando al expresionismo, a todo ese mundo de imágenes que van apareciendo que no terminan de ser algo concreto pero que me van surgiendo, van viniendo. Me gusta utilizar el monocromo porque encuentro riqueza, anteriormente en esas series de surrealismo pintaba con color, y obviamente con color no puedo utilizar la luz y la oscuridad que aparecen en las obras monocromáticas.

Hablemos sobre las dimensiones de tu obra… Por lo general son de tamaño grande, por la necesidad de expandir. En pequeños formatos no me es cómodo, porque por ahí es algo más práctico, y a mí lo practico no me cierra.

Buscas la incomodidad. Sí, eso es lo que pasa, y todo el tiempo es incomodidad, es un experimento cada pintura, porque hay que ver qué pasa con las pinturas, los líquidos, las texturas, por eso digo que es todo proceso vivo, hasta que llega un momento donde todo se fija y queda.

¿Incursionás en algún otro tipo de disciplina? Mirá, mi dibujo es bastante diferente a lo que son mis pinturas, me gusta mucho la línea, me encanta la línea. Aunque ahora estoy mucho con una cosa pasional, estoy como en esa etapa. He tenido etapas de dibujo, carbonilla, lápiz, tintas, pero hoy estoy muy metido con la pintura. Pero, te voy a contar una anécdota, yo empecé a estudiar Bellas Artes en la escuela de Don Lola Mora, donde me recibí después de muchos años, dejé para jugar al futbol, y el taller que menos me gustaba era pintura, lo detestaba, naturaleza muerta, era muerta sobre muerta, pero obviamente, son pasos que tenés que dar para después. Me gustaba mucho el dibujo en ese momento, y mucho la escultura, de hecho hoy en día es como que mi obra es bidimensional, quiere salir, está en eso de querer desprenderse, como que está insinuando, porque viene de algo escultórico. Con el paso del tiempo la pintura seguía sin gustarme, hasta que en determinado momento hice una presentación anual ahí en el Lola Mora y no estaba en un buen momento de mi vida, la docente me dijo: «Federico Bassini, ¿usted realmente quiere seguir con el arte?». Y la verdad que me desmoronó. Allí surgió el desafío de ser artista.

¿Referentes a nivel nacional e internacional? Mirá, hay muchos, a nivel nacional, Fontana fue uno de los que más he visto y veo. Bueno mirá, ves, yo no utilizo mucho color, pero hay cosas de Pérez Celis que me encantan, también me gusta muchísimo lo que fue el grupo «El Paso», Manolo Millares, Tápies, todo eso que tiene que ver con el expresionismo. Y últimamente descubrí a Pierre Soulages, me explotó la cabeza, «el pintor del negro», trabaja medidas grandes, muy grandes, y trabaja con la pintura de grabado, con la tinta, increíble. Y obviamente los grandes, los clásicos, sí, esos están ahí. También me gustaba el surrealismo, de chiquito, todo lo que era surreal me fascinaba.

Una reflexión… Esto que hablábamos en un principio, lo que tiene que ver con la oscuridad, que no tiene que ser vista, o tenemos que sacarnos el concepto o preconcepto de que la oscuridad es fea. Está bien, venimos de chiquitos donde nos quedábamos en un cuarto oscuro y nos moríamos de miedo. Pero, verlo como algo que es necesario y que lo tenemos, tenemos esa parte y está entre nosotros, porque si no está eso no tenemos la luz que tenemos. Porque creo que reconociendo toda esa oscuridad y la luz, creo que existe en los mismos porcentajes, hay un equilibrio.