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El Gran Otro | Mircoles 18 de Octubre de 2017

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Iluminando la oscuridadGiving light to the darknessIlluminando l’oscurità

<!--:es-->Iluminando la oscuridad<!--:--><!--:en-->Giving light to the darkness<!--:--><!--:it-->Illuminando l’oscurità<!--:-->

Por: Nadia Caramella.

Poética de la iluminación, fotografía de autor

Así como en la vida hay senderos que se bifurcan, Gallery Nights 2011 invita a recorrer sus senderos poblados de grandes artistas. Esta vez, fuimos por el camino de Samsung al encuentro del fotógrafo Arturo Aguiar.

 

[showtime]

 

Apenas entrada la noche. La urbanidad de la calle Arroyo arrojaba luces sobre una de las primeras fotos que estaba apostada sobre la vereda, en un tótem blanco que rezaba el nombre de la obra: Paisaje con flores. Allí me esperaba Arturo Aguiar: «nada puede conocerse sin las luces y la sombras» dijo, parafraseando al gran Da Vinci.

La obra de este fotógrafo impacta porque sabe jugar con la luz. Utiliza una técnica muy efectiva para atrapar la imaginación del espectador, que él llama «toma directa de acción». Toda la escena es iluminada manualmente, para crear un espacio de subjetividad: «cuando observas algo, el hecho de observarlo lo modifica. Observar perturba. Y la luz es una perturbación».

En la galería Agalma expuso dos obras: Florecida, un retrato de una mujer que se transforma en un ramo de flores con forma de pez, y Los hijos de la criada, en la que podemos ver cómo una mujer de aspecto renacentista acuna a un bebe en sus brazos. Ambas imágenes tienen una oscuridad que las vuelve igual de enigmáticas y sus aires pictóricos nos recuerdan a las obras prerrafaelistas.

Al verlas le dije: «Arturo, cuánto misterio hay en las oscuridades de tus fotos. Parecieran decir más que lo que la luz ilumina, y no puede acallar». Él respondió: «En la oscuridad pasan más cosas de las que uno puede imaginar. El mundo está en la oscuridad y en la luz está lo que a penas vemos. Es todo un juego poético. Me interesa que en una obra de arte haya misterio porque eso es lo que captura la imaginación del espectador».

Seguí recorriendo los diez tótems ubicados en las dos manos de la calle. Las imágenes iban mutando a lo largo de la cuadra. Llegué a una foto titulada La muerte del pintor. Abajo decía: «el pintor ha muerto, la pintura no». El autor de la obra había sentenciado una muerte. A riesgo de ser condescendiente, hay algo de razón en sus palabras: este artista logró que algunas de sus fotos sean pinturas de paisajes o figuras prerrafaelistas. Pero claro, con un toque actual, que las vuelve mucho más impactantes.

Cada una de las imágenes es un relato conceptual y su lenguaje oculta algo en las sombras: «La función de la poesía es esconder, hay una diferencia entre el lenguaje y el lenguaje poético. El lenguaje cotidiano informa sin importar las formas, al lenguaje poético le importa las formas. Mi trabajo es un trabajo poético, por eso oculto», aseguró Arturo.

«El pintor ha muerto», decía el texto. Eso me hizo pensar en Roland Barthes, el afamado crítico y filósofo que alguna vez decretó la muerte del autor. Un poco para alejar toda referencia autobiográfica del texto y reconocer al autor como función, no como sujeto. «La fotografía también tiene que ver con la muerte». Nuestro artista logra, a través de la fotografía, engendrar nuevos sentidos; entonces, la muerte es sólo mutación, cambio de sentidos.

Unos cuantos años atrás, en la época de los daguerrotipos, las familias fotografiaban a sus muertos: esto les permitía recordarlos y asumir la pérdida. De una u otra manera, hoy lo seguimos haciendo: fotografiamos autores y pintores «muertos» para dar testimonio de sus ausencias y engendrar en ellos nuevos sentidos: «el pintor ha muerto, la pintura no». El autor ha muerto, su función en el texto no.

Al final del recorrido, Lo fotográfico retrata una mesa en penumbras; sobre ella, el blanco de unas fotocopias brilla y hace perceptible un título muy sugerente: «lo fotográfico». Entonces, lo fotográfico es literalmente una fotocopia, como si pusiéramos dos espejos enfrentados, la misma imagen se repetiría hasta el infinito.

La obra de Arturo Aguiar es inquietante e invita a recorrer caminos, a veces insondables, llenos de sentidos y de formas ocultas. Abre las puertas de un viaje introspectivo, del cual no regresaremos siendo los mismos que fuimos antes de partir.

 

Por Nadia Caramella.By Nadia Caramella.

Poetics of illumination. Fine Art Photography.

Gallery Nights 2011 invites us to walk along its paths, full of artists, as if they were the forked paths we follow in life. This time we went along the Samsung path to meet photographer Arturo Aguiar.

 

[showtime]

 


At dusk, the street lights on Arroyo Streetilluminated one of the first pictures, Paisaje con flores, which was shown on a white totem pole standing on the sidewalk. Arturo Aguiar was there, waiting for me: “Nothing can be known without lights and shadows” he said, paraphrasing Da Vinci.

Aguiar’s works of art are impressive, mainly because he knows how to play with the light. He uses a very effective technique to capture the viewer’s imagination; he calls it “a direct shot of the action”. The entire scene is manually illuminated, to create a space of subjectivity “when you look at something, the act of looking at it alters it. The observation makes changes; light is an alteration.”

In the art gallery Agalma, he exhibited two pieces: Florecida, the portrait of a woman who transforms into a fish-shaped bunch of flowers and Los Hijos de la Criada, where a Renaissance- looking woman rocks a baby in her arms. Both pictures are dark and enigmatic, with a pictorial touch that reminds us of pre-Raphaelite paintings.

When I looked at the pictures, I told him: “Arturo, there’s a lot of mystery in the darkness of your photographs. It seems as if they were saying more than what light illuminates and cannot be silenced” He answered: “More things than what we can imagine happen in the darkness. The world is in the darkness and just what we see is in the light. It’s a poetic game. I like it when there is mystery in a work of art, because that’s what captures the viewer’s imagination”.

I kept on looking at the ten totem poles located on both hands of the street. The images were changing. I stood by a picture called La Muerte del Pintor which read: “the painter has died, the painting has not” The author had declared a death. At risk of being condescending, I think that the author was right: this artist was able to make his pictures look like landscape paintings or pre-Raphaelite figures, but with a present touch that makes them much more impressive”

Each photograph is a conceptual story, hiding something in the darkness. “The role of poetry is to hide; there is a difference between language and poetic language. Everyday language gives information, no matter the words used; poetic language cares about the ways. My job is a poetic job, that’s why it is hidden”, stated Arturo.

“The painter has died”, read the picture. That made me think about Roland Barthes, the renowned critic and philosopher that once declared the author’s death. Just to forget about any autobiographical reference and recognize the author as a function, not as a subject. “Photography is also related to death”. Our artist manages to create new senses through photography; then, death is only mutation, a change of senses.

Several years ago, in times of daguerreotypes, families took pictures of the family members who had died; it was a way of remembering them and enduring the loss. In one way or another, we are still doing it today: we take pictures of “dead” authors and painters to give testimony of their absence and create new senses in them. “The painter, has died, the painting has not”. The author has died, his role in the text, has not”.

At the end of the circuit, “The photographic” shows a table in half-light. On the table, some white photocopies shine, and a very suggestive title can be seen: “The photographic”. “The Photographic” is literally a photocopy, as if two mirrors were faced, the same image would be repeated over and over again, to infinity.

Arturo Aguiar’s work is exciting; it invites us to walk along challenging paths, full of senses and hidden shapes. It opens the doors to an introspective journey, from which we will come back being different.

By Nadia Caramella.

 di Nadia Caramella.

Poetica della luce, fotografia d’autore

Così come nella vita ci sono sentieri che si biforcano,  Gallery Nights 2011 invita a transitare i suoi sentieri popolati di grandi artisti. Questa volta abbiamo seguito il cammino di Samsung per incontrare il fotografo  Arturo Aguiar.

 

 

[showtime]

 


E’appena scesa a notte. La urbanità di via Arroyo gettava luce su una delle prime foto collocate sul marciapiede, in un totem bianco che recitava il nome dell’opera: Paesaggio con fiori. Lì mi attendeva Arturo Aguiar: «niente può essere conosciuto senza le luci e le ombre » dice, parafrasando il grande Da Vinci.

 

L’opera di questo grande fotografo colpisce perché sa giocare conla luce. Utilizzauna tecnica molto efficace per catturare l’immaginazione dello spettatore, che lui definisce «presa diretta d’azione». Tutta la scena è illuminata manualmente, per creare uno spazio di soggettività: « quando osservo qualcosa, il fatto di osservarlo lo modifica. Osservare perturba. E la luce è una perturbazione».

 

Nella galleria Agalma ha esposto due opere: “Florecida”, il ritratto di una donna che si trasforma in un mazzo di fiori con forma di pesce, e “I figli della domestica”, nella quale possiamo vedere come una donna di aspetto rinascimentale culla un neonato tra le sue braccia. Entrambe le immagini possiedono un’oscurità che le rende enigmatiche e la loro aura pittorica ci ricorda le opere preraffaellite.

 

Al vederle commento: «Arturo, quanto mistero c’è nell’oscurità delle tue foto. Sembrano dire più di quello che la luce illumina e non può tacere».  Lui risponde: «Nell’oscurità succedono più cose di quello che uno possa immaginare. Il mondo sta nell’oscurità e nella luce c’è quello che a mala pena vediamo. E’ tutto un gioco poetico. Mi interessa che in un’opera d’arte ci sia del mistero perché questo è ciò che cattura l’immaginazione dello spettatore».

 

Ho continuato il cammino dei dieci totem collocati sui due lati della strada. Le immagini andavano cambiando lungo il percorso dell’isolato. Sono arrivata ad una foto intitolata “La morte del pittore”. Sotto diceva: «il pittore è morto, la pittura no». L’autore dell’opera aveva emesso una condanna a morte. A rischio di sembrare condiscendente, credo vi sia qualcosa di giusto nelle sue parole: questo artista è riuscito a fare in modo che alcune delle sue foto siano pitture di paesaggi o figure preraffaellite. Ma ovviamente, con un tocco contemporaneo, che le rende ancora più impressionanti.

 

Ogni immagine è un racconto concettuale e il suo linguaggio nasconde qualcosa nell’ombra: « La funzione della poesia è nascondere, c’è una differenza tra il linguaggio e il linguaggio poetico. Il linguaggio quotidiano fornisce informazioni senza dare importanza alla forma, per il linguaggio poetico invece la forma è essenziale. Il mio lavoro è un lavoro poetico, per questo nascondo», ci ha assicurato Arturo.

 

 

«Il pittore è morto», diceva il testo. Questo mi ha fatto pensare a Roland Barthes, il famoso  critico e filosofo che a suo tempo decretò la morte dell’autore. Un po’ per allontanare dal testo qualsiasi riferimento autobiografico e riconoscere l’autore come funzione, non come soggetto.  «Anche la fotografia a che fare con la morte». Il nostro artista riesce, attraverso la fotografia a generare nuovi significati; quindi la morte è solo mutazione, cambio di significato.

 

Molti anni fa, all’epoca dei dagherrotipi, le famiglie fotografavano i propri morti: questo permetteva loro di ricordarli e di accettarela perdita. Inun modo o nell’altro, oggi continuiamo a farlo: fotografiamo autori e pittori «morti» per testimoniare la loro assenza e generare in loro nuovi significati: : «il pittore è morto, la pittura no». L’autore è morto. La sua funzione nel testo no.

 

Alla fine del percorso “Il fotografico”  ritratta un tavolo in penombra: sopra il tavolo, il bianco di alcune fotocopie brilla e rende percepibile un titolo molto suggestivo: «il fotografico». Quindi, il fotografico è letteralmente una fotocopia, come se mettessimo due specchi uno di fronte all’altro, la stessa immagine si ripeterebbe all’infinito.

L’opera di Arturo Aguiar è inquietante e invita a percorrere dei cammini a volte insondabili, pieni di significati e forme occulte. Apre le porte a un viaggio introspettivo, dal quale non torneremo uguali a come eravamo prima di partire

Di Nadia Caramella.