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El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

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Impresionismo y pintura de paisajes

<!--:es-->Impresionismo y pintura de paisajes<!--:-->

La pintura al aire libre comenzó a finales del siglo XVIII. Los impresionistas hicieron seña de identidad de esa tendencia. En esta línea, el Thyssen de Madrid, desde el 5 de febrero hasta el 12 de mayo de 2013, realiza una ambiciosa muestra con pinturas de paisajes, desde Corot hasta Cezánne.

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Por: Candela Vizcaíno (corresponsal España)

 

En el quinto fragmento de Los sueños de Akira Kurosawa, aparece Van Gogh enfrascado en uno de sus famosos cuadros al aire libre. A continuación, el director japonés deja al protagonista de la cinta vagando por una serie de pinturas del artista holandés. Esta escena maravillosa, que tanto se comenta en las escuelas de comunicación de medio mundo, da debida cuenta de la importancia y la fascinación que el impresionismo, en general, y los paisajes, en particular, ejercen sobre el público más o menos cultivado.

Los óleos, sobre todo, pero también dibujos y obras ejecutadas con otras técnicas, teniendo modelos al aire libre o grandes escenas naturales, son favoritos del aficionado contemporáneo. La corriente pone al contemplador frente a lo mejor del ser humano, que es, ni más ni menos, su capacidad de simbiosis con el espacio natural y, por ende, con la divinidad. Por eso, estos cuadros se encuentran entre los más famosos de la historia, y las reproducciones de algunas de estas obras señeras decoran millones de estancias repartidas por el planeta.

Corot y la Escuela de Barbizón

La pintura de paisajes comenzó como tal a finales del siglo XVIII, con la llamada Escuela de Barbizón (un pueblo cercano a París). Allí se reunía un grupo de pintores, huyendo del calor veraniego de la Ciudad de la Luz entre los años 1830 y 1870 (aproximadamente). Los inmensos bosques de Fontainebleau, antiguo coto de caza real, sirvieron de inspiración a los artistas que formaban el grupo. Rousseau, Millet (1814-1875), cuyo cuadro Las espigadoras pasaría a ser insignia de la escuela, o Camille Corot (1830-1870), por poner solo los más famosos, formaban parte del cónclave.

Este último es considerado por los impresionistas como su referente artístico. De familia adinerada, realizó, siendo solo un muchacho, lo que se denominaba el Grand Tour: un viaje de iniciación y aprendizaje por tierras de Italia. Allí se empapó de lo mejor del Renacimiento.A su vuelta, sus dibujos y óleos con paisajes y vistas de la campiña italiana, Roma incluida, tuvieron una gran acogida entre el público asistente a la Exposición Universal de 1855.

La Escuela de Barbizón estaba formada por personalidades divergentes, desde el amable Corot hasta un Millet que despunta en la denuncia social. Por eso, esta pintura del natural y las estampas sobre la naturaleza salvaje se mezclan con retratos de campesinos y gentes humildes que malvivían de las penosas labores del campo. Se anunciaba, por tanto, el naturalismo literario de Zola.

Impresionistas

Una obra, un artista, un cuadro iban dando paso a otra tendencia (como siempre ha sido, por cierto). Y del romanticismo y los paisajes bucólicos de Corot se pasa a la obra con tintes de denuncia de Millet, y de aquí a los impresionistas.

Pisarro, Renoir, Sisley, Monet e, incluso, Van Gogh sacaban sus caballetes al aire libre. Los lugares de ocio de las afueras de París se convirtieron en un decorado perfecto para sus creaciones. Buscaban aprehender la luz y los cambios que esta producía en las personas y las cosas del mundo. De la capital marchaban hacia las costas de Normandía. El epicentro era el pueblo marinero de Honfleur, aún hoy tan fotogénico como en la época de los impresionistas.

Allí retrababan la población local, las fiestas bretonas y el bravo mar de alrededor. Los acantilados, las olas, los puentes, los ríos y los campos se mostraban en todo su esplendor ante los ojos de los impresionistas. Los nenúfares de Monet (muy difícil que salga de su enclaustramiento en el museo parisino de La Orangerie) se ha convertido en la referencia popular sobre este tipo de pintura; pero otros siguieron haciendo lo mismo con su particular técnica y visión.

Van Gogh y Cézanne

Si Monet hasta el fin de sus días intentó, en la vecina Giverny, recrear ese jardín paradisíaco que ansiaba para sus obras, Van Gogh y Cézanne van en busca de otros mundos y otros paisajes que sirviesen de modelos para sus pinturas al aire libre.

Hacia la Provenza se traslada Van Gogh y allí pinta Puente del Anglois, Campo de trigo con vuelo de cuervos, Noche estrellada, Casas en Cordeville, caminos, paisajes, chozas, carros y campos. Los ocres, los amarillos, los rojos, con su particular pincelada, han quedado grabados en la retina de todos.

El primer postimpresionista, Van Gogh, da la mano a Cézanne, quien realizará también pinturas al aire libre, aunque sus obras más conocidas sean naturalezas muertas o recreaciones de interiores. El trazo de Cézanne abre las vanguardias con otra concepción artística y con otras miradas, esta vez hacia el interior del ser humano y su lado oculto, pero la pintura de paisaje, o la realizada al aire libre con figuras humanas, nos abrieron puertas hacia una realidad que aún no había sido hollada.

Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh

Con este recorrido de infarto, el Museo Thyssen de Madrid abre una exposición el 5 de febrero de 2013. Permanecerá hasta el 12 de mayo. Es, sin lugar a dudas, una muestra ambiciosa en la estela de las ya clausuradas teniendo como protagonistas a Matisse, a Hopper o a Gauguin.

Comisariada por Ángel López, curador de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza, el museo de Madrid se pone a la vanguardia internacional, no solo en lo que se refiere a colección permanente, sino también a las inolvidables exposiciones temporales que organiza.