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El Gran Otro | Domingo 25 de Junio de 2017

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Jeff Koons: ¿La pesadilla kitsch de Greenberg o el arte de mediatizar?

Jeff Koons: ¿La pesadilla kitsch de Greenberg o el arte de mediatizar?

Por Tamara Mejia

Se han subastado sus obras hasta por 58 millones dólares (Ballon dog), esto ha convertido a Jeff Koons (Pensilvania 1955) en uno de los artistas vivos más cotizado, también en un empresario con gran éxito, gracias a un gran trabajo de marketing que le ha otorgado su millonaria fortuna y la aceptación del establishment contemporáneo de arte.

En 1939 Clement Greenberg publicó «Vanguardia y Kitsch» mencionaba que “La condición previa de kitsch, es la accesibilidad a una tradición cultural plenamente madura, de cuyos descubrimientos, adquisiciones y autoconsciencia perfeccionada se aprovecha el kitsch para sus propios fines”, esos fines tiene que ver con el lucramiento de los monopolios que manejan la industria de la cultura de entretenimiento.

Se puede producir kitsch para diferentes segmentos sociales y culturales, habrá cultura kitsch masiva para las masas de clase baja, y un kitsch que se disfraza de academicista para engatusar a las masas de clase media alta, aunque de vez en cuando del kitsch pueda salir uno que otro producto popular meritorio.

En el taller artístico de Koons, se puede observar a varios trabajadores dando forma a sus grandes esculturas, o pintando sus miles de cerámicas, Koons tiene la idea y ordena como hacerlas ¿la pesadilla de Clement se hizo realidad?

Koons, la marca

Desde que Fountein instauró lo banal en la escena del museo, se ha visto desfilar un sin número de obras de arte en una extensión casi infinita de lo que es arte. El teórico Raymonde Moulin, menciona que el mercado del arte contemporáneo actual está signado por la extrañeza y la rareza, y «el grado de capacidad de sustitución de la oferta decrece a medida que nos acercamos a la excelencia artística y a la extrema rareza» según lo cual la obra de Koons, al no poseer excelencia artística o extrema rareza, sino lo contrario como ha afirmado el autor «sus obras pueden ser contempladas, entender y gozadas hasta por un niño de cinco años» se convierte en un «fetiche mercantil» altamente rentable y consumible por la sociedad contemporánea, como lo ha denominado Ana Maria Gausch en su obra «Los manifiestos del arte posmoderno».

La obra de Koons se apodera de emblemas del minimalismo o de la cultura pop (imágenes apropiadas, productos en serie, materiales e industriales etc.) trabajando con el articulo – signo, cumpliendo con muchas obras de arte posmodernas que se interpretan y consumen como signos de intercambio (Ready made) y a la vez, se pueden apreciar como tales, es decir como una mercancía.

Entonces, si los ready mades de Duchamp impusieron un cambio de signo, sustituyendo el valor de uso de aquellos objetos por una cualidad estética y de intercambio; las obras de koons al exponer y banalizar sus objetos no solo trabajan con el signo de intercambio, porque no lo sustituye con una cualidad estética, para Gausch la obra de Koons cambia el valor del uso por un signo de status, donde poco o nada se diferencia el objeto de arte de una aspiradora y donde la obra de Koons cumple doblemente con el propósito.

Lo cierto es que la producción de Koons propone una comunicación casi sin fin con el público y la obra y, que hoy en día es uno de los artistas vivo más famoso y polémico, aunque haya dejado ya de fotografiarse junto a estrellas porno, varios museos le han dedicado retrospectivas como el Guggenheim en Bilbao o el Museo Whitney de Arte Estadounidense y el Pompidou de Paris.