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El Gran Otro | Viernes 22 de Setiembre de 2017

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Jorge Sarsale: «No todos tienen un lugar en la página de avisos fúnebres de La Nación»

Jorge Sarsale: «No todos tienen un lugar en la página de avisos fúnebres de La Nación»

Jorge Sarsale
«No todos tienen un lugar en la página de avisos fúnebres de La Nación»
Por Dafne Roussos

Desde la más profunda abstracción, Jorge Sarsale teje y entreteje papeles, superponiendo y yuxtaponiendo Ideas. Repetición de estructuras, juego de ensayo y error continuo donde construye texturas visuales, su obra se desarrolla con una coherencia y una constancia que asombran. Partiendo de la reflexión sobre su hacer, en esta entrevista nos muestra el proceso de creación en el que se encuentra inmerso.

«Yo trabajo con papeles, papeles triturados y ahora cortados. Eso para mí es el trabajo: corto, pego, trituro. Dejo secar, despego, vuelvo a cortar, rearmo, vuelvo a cortar, pego, plancho, y una vez que está seco lo miro y digo: Esto no va a servir para nada. Descubro lo que quiero en la medida en que sigo trabajando. Mis papeles, por necesidad, tienen que ser papeles industriales, no pueden ser papeles artesanales. Ante el papel hecho a mano, interpreto que ya es una obra a la que no puedo intervenir, que la voy a arruinar. Trabajo con papeles superpuestos, nunca con el papel plano. Y lo que obtenés depende de qué superpongas, qué papeles y qué pegamento. Capaz que lo tengo 5 o 10 años, y después vuelvo a esa idea».

¿Con qué materiales trabajás?
Conseguí papeles chinos, que no son grandes. Pero también uso papeles de molde de costura, que me regalan. Compré papeles de cigarrillos para una obra, unos franceses y otros de Uruguay. Mi hijo me trajo de Vietnam un papel bien finito. Entonces un día, por error, compré un tissue que destiñe. Trabajo mucho con el error, eso es fundamental. Me dejo llevar: el que destiñera me abrió un camino. Compré uno marrón, que al ponerle el barniz de acrílico cambió. Depende del papel y del barniz que uso el resultado que obtengo. Con el tiempo, empezando a hablar con restauradores de papel, me sugirieron que usara para pegar wepel (el pegamento de pared), mezclándolo con metilcelulosa, que te genera un gel interesante. Por supuesto, me equivoqué miles de veces: pegué solo con metilcelulosa y se me despegó la obra; pegué solo con wepel y se me rompió el bastidor. Tiró tanto pero tanto, que con los años se rompió. Trabajo el papel como una membrana; tiene que ver con que, cuando pintaba al óleo, me interesaba la superposición. La transparencia es muy importante para mí.

 

Cuando vi tu obra, vi tu interés por la caducidad. ¿Vas acopiando papeles hasta que vez algo te dispara una idea, como en las necrológicas?
Esa obra se llama No todos. No todos tienen un lugar en la página de avisos fúnebres de La Nación. Yo nunca leí los obituarios, nunca, porque no es un tema que me interese, salvo cuando son de una misma persona. A mí me interesan las estructuras, las estructuras de repetición, el diseño gráfico en general, desde lo visual. La Nación, por un lado, tiene ese diseño tan fuerte. Era interesante ver los obituarios de La Nación, y los recordatorios de Página/12. Los recordatorios de los desaparecidos, donde aparecen la foto y la fecha de desaparición, donde los recuerda la familia. Empecé a juntar en una caja páginas enteras de La Nación; fue por una cuestión visual de estructura. Luego empecé a triturar estos obituarios en tiras de 2,2 milímetros; por momentos se veían los símbolos religiosos y por momentos no. Después empecé a triturar papeles tissue negro y entretejerlos.

¿Te preocupan los cambios que ves en tu obra con el paso del tiempo?
Las obras envejecen y cambian de color. Hay obras que son nobles y envejecen bien, y otras que no. Para mí, el envejecer está ligado a la obra. No me preocupa, es parte de la obra misma.

***

Sus búsquedas actuales se orientan hacia la idea de comunidad, que trabaja con papel de las guías telefónicas de distintas ciudades, como Nueva Orleans o Nueva York, donde nos deja ver su interés en las tramas sociales. Lo que sucede con los obituarios: la necesidad de fragmentar la idea de muerte, porque de otra manera nos resulta imposible aceptarla; y, al mismo tiempo, que la muerte se entreteje con el resto de la existencia, como algo más de la vida, que por momentos aparece tapada: apenas podemos descubrirla y, cuando lo hacemos, volvemos a taparla con otro papel. Signos fragmentados, rítmicamente repetidos, mapas o texturas donde el hombre deja su huella. Huella más allá de la muerte

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