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El Gran Otro | Sabado 21 de Octubre de 2017

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JUAN TRAVNIK – Fotógrafo, gestor cultural, curador

JUAN TRAVNIK – Fotógrafo, gestor cultural, curador
Por Leontina Etchelecu

En nuestra escena nacional, el nombre de Juan Travnik se conjuga con el verbo fotografiar. Su relación con este medio visual comienza cuando tenía apenas quince años. Considerado uno de los fotógrafos argentinos más sobresalientes. Ha desplegado a lo largo de los años una amplia labor docente. A partir de 1998, dirige La FotoGalería del Teatro San Martín. Desde 1999, es miembro de la Fundación Luz Austral, organizadora de los Encuentros Abiertos-Festival de la Luz. Participó en numerosos encuentros y festivales internacionales. Desde 2012, dirige la Diplomatura de fotografía de la Universidad Nacional de San Martín, que devino en Licenciatura a partir del corriente año. Es también ensayista y curador independiente.

En 2014, fue nombrado Miembro de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Y entre muchas otras distinciones, en 2012 fue galardonado con el premio Konex de Platino en Fotografía.

Lo primero que nos preguntamos es, ¿cómo un artista tan presente puede conjugar las distintas facetas que conforman su actualidad profesional: gestor, curador, director de la UNSAM, etc.?

Llego a la fotografía como fotógrafo y con el tiempo se fue gestando ese interés por la docencia, trabajo dando clases desde muy joven. Luego, surge el tema de la curaduría y la gestión, todo empujado por el entusiasmo por hacer y por conocer una forma de pensar sobre la fotografía un poco más elaborada de la concepción generalizada que había hacia los 70 y 80. La fotografía en Argentina ha cambiado muchísimo y creo que el trabajo de varios colegas, en estos años, en gestión y producción de eventos artísticos terminó dando lugar a los cambios que modificaron esa situación. La fotografía, dentro de las artes visuales, ocupa hoy un lugar de mucho dinamismo.
Es cierto que, a partir del 2008/9 vi reducidos mis tiempos por estas otras actividades, pero nunca dejé de sacar fotos. El año pasado hice una muestra con material, incluso inédito, sobre el terrorismo de Estado tratado metafóricamente, en el Parque de la Memoria.

La ciudad en su conjunto es difícil de captar. Tu serie Paisaje Urbano (de 1984 en adelante), muestra cierta decadencia en esas imágenes. ¿Cómo conciliar el binomio paisaje + urbano?

Depende cómo oriente esas búsquedas el fotógrafo. Yo trato de ir más allá del paisaje urbano, tiene más que ver con un estado de conexión con la ciudad que logro en sábados y domingos, muy temprano en la mañana. Estos paisajes son siempre desiertos, no hay gente. En esta
situación especial, salgo a caminar o recorro con el auto los barrios en busca de lugares cuando la calle está vacía. Me apasiona porque le encuentro matices casi desconocidos.
Uno nunca puede prever cómo va a terminar el trabajo en el futuro; en lo personal me interesó mucho la fotografía callejera, inspirado primero en Cartier-Bresson y luego en Robert Frank. Me está interesando incursionar en esas imágenes en donde empiezan a aparecer las personas
dentro de lo urbano y su escenografía.
Siento que siempre termino fotografiando a la gente a través de sus huellas. Una intervención en la pared, un cartel, un rayado de algo, cosas que aparecen casi tácitamente en el paisaje urbano. Entonces, ese paisaje se transforma en algo misterioso que encierra un escenario y una acción a la vez, escenario y drama a la vez. Me interesa que aparezca ese clima.
En ese deambular, me fascina la ciudad despoblada. Le encuentro un espíritu propio a los rincones cuando están vacíos.

Hablaste justamente, del ser humano y la ciudad. Hay una tendencia en hacer megaconstrucciones arquitectónicas, en las que el hombre parece subsumido por la
monumentalidad de los edificios.

Yo no podría aseverar nada en ese campo, pero me apasiona el vínculo entre arquitectura, urbanismo y vida cotidiana. De la ciudad, me interesan más los aspectos degradados que los nuevos. Busco encontrar el paso del tiempo en arquitecturas que fueron modificadas. Mis áreas
de trabajo en la ciudad están definidas, pero siempre estoy abierto a encontrar otras. Voy por Barracas, Versalles, Liniers, me gustan estos lugares; lugares en los que hubo fuentes de trabajo y ahora aparecen vacíos, cerrados.
El trabajo profesional en fotografía de arquitectura lo he hecho, pero no tengo una motivación personal. Para mí la arquitectura es más que esa noción de registro que a veces se busca. Es el escenario, el drama, la acción, esa cosa urbana que está en nuestras vidas. Me interesa el hecho de conseguir una buena imagen, si hay una sombra, un rastro, algo que me permita contar una historia.

¿Cómo ves a Argentina dentro del mercado de arte de fotografía?

Creo que está creciendo, se está haciendo. Me parece que hablamos de mercado cuando hay una cantidad de protagonistas, de alguna manera, relevantes. Cuando hay compradores ocasionales hablamos de la posibilidad de crecimiento o desarrollo del mercado. Creo que en
Argentina estamos en una etapa intermedia. No creo que haya un mercado ya desarrollado, y es muy valorable la actitud de determinadas galerías que accionan sobre la fotografía de manera casi excluyente, porque así apuestan a mover y a hacer crecer un mercado incipiente.
Como todos los mercados, pueden llegar a imponer modas o líneas y esta es una faceta negativa del mercado, en la medida en que los artistas seamos permeables a esas influencias o tendencias.
Está claro que el mercado del arte tiene pautas propias y características diferentes de otros, pero termina siendo un mercado, donde hay compradores, vendedores y los «hacedores» de materia prima. Esto tiene un costado muy positivo: el intercambio.
Mi primera muestra la hice en 1970. Eran épocas en la que uno exhibía sin intención de vender, uno exponía para mostrar su trabajo. Las galerías de arte, cada tanto, hacían una muestra de fotografía a sabiendas que era difícil que se venda. Sólo algunos fotógrafos, por sus vinculaciones, podían acceder a algún coleccionista para concretar una venta.

¿Por qué es tan importante para el artista que un coleccionista o un Museo le compre obra?

Creo que lo importante es entender todo el campo en el que uno trabaja. Profundizar en la obra personal, pero también tratar de entender el rol de los galeristas, de los curadores, ordenar la difusión del trabajo, valorar una venta por lo económico y por lo que trae aparejado. Las colecciones y las becas o premios prestigiosos, suelen ser una parte importante de nuestra presentación.