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El Gran Otro | Martes 27 de Junio de 2017

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La Conexión en los tiempos de la Hiperconectividad

La Conexión en los tiempos de la Hiperconectividad

Por Analía Dobrov Vasilieff

Imagen D Sharon Pruitt / Creative Commons

En la actualidad vivimos en la Era de la hiperconectividad: estamos conectados a la Internet las 24 horas del día, nos vamos a dormir con los dispositivos móviles encendidos y recibiendo mensajes constantemente. Trabajamos desde el celular, escuchamos música y bajamos canciones o películas mientras chateamos o comentamos en una red social.

Lo que puede percibirse como característico de esta Era de la hiperconectividad, paradójicamente, es una disfunción en la “conectividad” entre los sujetos. Somos testigos de una época en la que los encuentros entre dos se transforman en encuentros de 3: los 2 sujetos y sus dispositivos móviles.

Una escena cotidiana, como por ejemplo un encuentro de dos amigas en un bar o una plaza, pone de manifiesto

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estos nuevos modos de vincularse y estar en presencia de un otro. En estos encuentros podemos percibir cómo se interrumpen las conversaciones, se esquivan miradas y se asiente sin escuchar.

¿Podríamos pensar que el sujeto se encuentra ausente en la escena?

En principio, el sujeto se ausenta de la escena, de ese encuentro, ya que se haya arrastrado por lo que sucede en otra escena, es decir, es convocado por la escena virtual. Lo virtual lo convoca, como por ejemplo, cuando recibe alguna notificación de una red social en respuesta a algo que él posteó, o cuando recibe un correo electrónico, o un aviso de actualización de alguna aplicación. Y el sujeto debe responder instantáneamente, no se puede interponer la espera: la urgencia se ha instalado.

En otras ocasiones de lo que se trata es de una acción de un otro que no responde a algún acto particular del sujeto, como cuando se lo menciona en una publicación o se lo etiqueta en una foto.

Mirame, te estoy hablando

Cuando hablamos con un otro la mirada se erige como aquello que nos sostiene. En los encuentros actuales la mirada nos es retirada y dirigida a los dispositivos móviles. Como consecuencia de estos nuevos modos de estar en presencia del otro la palabra se posterga, en tanto lo que el otro está diciendo debe aguardar hasta tanto el interlocutor retire su mirada del dispositivo móvil y la dirija nuevamente hacia él.

Frases interrumpidas y relatos entrecortados son el rasgo característico de los diálogos que sostenemos en estos días. Y el relato, muchas veces, versa sobre lo que publicó un sujeto en una red social y otras tantas veces se reduce a la lectura de un chat o un intercambio de mensajes instantáneos.

Lo que está pasando es lo que sucede en las redes sociales.

Las redes sociales se han instalado como las que marcan tendencia e informan sobre lo que ocurre en la actualidad. El sujeto ingresa a las redes sociales para saber “qué está pasando”, tanto en relación a las vidas de sus familiares y amigos, como a lo que sucede en el mundo que lo rodea.

Se puede distinguir claramente cuando alguien está navegando en las redes sociales: el rápido movimiento de los dedos hacia abajo sobre las pantallas táctiles de los dispositivos y la lectura fugaz. En esta lectura veloz, que se asemeja más a una visualización que a una lectura, se pasa la mirada rápidamente sobre lo que aparece en la pantalla, como tomando una fotografía o realizando un escaneo.

Pareciera que poco importa lo que se está observando pero se impone como una necesidad: hay que saber lo que sucede, y lo que sucede es lo que se postea en las redes sociales. Las redes sociales se convirtieron en legitimadoras de información.

Por suerte no estoy solo, tengo mi celular

La hiperconectividad y el uso de los dispositivos móviles ponen sobre el tapete otra cuestión que caracteriza al sujeto en los tiempos que corren. Cada vez es menos frecuente ver a un sujeto solo en un bar o un restaurant leyendo un libro, tomando anotaciones en un papel o simplemente mirando por la ventana compenetrado en algún pensamiento. En su lugar, asistimos a la escena en la que el sujeto está con su dispositivo móvil, no está solo. El celular o la tablet se erigen como un escudo frente a la ausencia del otro.

¿Podría pensarse la relación con los dispositivos móviles como un modo de vérselas con la angustia? Es una pregunta interesante para hacerse en principio. La angustia toma la forma de la época pero siempre se presenta como aquello que no engaña, como sabemos por las enseñanzas de Lacan en su seminario X, la angustia es el único afecto que no engaña.