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El Gran Otro | Jueves 19 de Octubre de 2017

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La Fundación Federico Klemm y su Premio a las Artes Visuales

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El legado de un artista apasionado

Por: Victoria Márquez

Hace ya diez años la Fundación Federico J. Klemm organiza su tradicional Premio de Artes Visuales, que consiste en un Primer Premio Adquisición de $25.000, además de un Segundo Premio Adquisición de $15.000 y una Mención no-adquisición de $2.000.

La Fundación fue creada en 1995 por el conocido artista checo-argentino, quien decidió instaurar un premio dedicado a la pintura joven, que después pasó a denominarse Premio Federico Jorge Klemm a las Artes visuales y prescindió de las divisiones por género, con obras que van desde el dibujo a la performance.

Este premio es altamente convocante, dado el prestigio de la institución y la ausencia de restricciones por edad en el proceso de selección de las obras, como así la libertad brindada cuanto a las técnicas, que posibilitan la participación de una gran cantidad de artistas. Podemos entonces observar aquí un amplio panorama del arte local que incluye una variedad de producciones de artistas de diversas trayectorias y poéticas.

Entre los ganadores de las ediciones anteriores se encuentran Lux Lindner, Miguel Harte, Flavia Da Rin y muchos de los más interesantes artistas activos en la actualidad. Al repasar la lista de los ganadores pasados nos encontramos con obras de artistas que luego desarrollaron una prolífica carrera tanto a nivel nacional como internacional.

La ganadora de la edición 2011 fue Silvia Gurfein, con su obra Origen y fin, un políptico consistente en 14 cuadros de diferentes tamaños que nos muestran diversas etapas del proceso de creación artística: dibujos hiperrealistas de pájaros de colores conviven con otros de inspiración abstracta y pequeñísimos fragmentos de pintura enmarcados. De la observación a la materia, de lo conceptual a lo objetual, el proceso de construcción de la imagen es desmenuzado hasta llegar a mostrarnos una materia pictórica que parece escultórica, sólida, tridimensional. Son pequeñísimos trozos de óleo cristalizado que están enmarcados, jerarquizados como si fueran una tradicional pintura de caballete. La microscópica mezcla de colores de las manchas de óleo petrificadas resulta tan interesante como las representaciones de pájaros y flores pintadas de modo naturalista. Se trata una obra que demanda su tiempo para ser mirada de cerca y con detenimiento, que obliga al espectador a reflexionar sobre la propia naturaleza de la pintura y el trabajo del artista.

Asimismo, encontramos obras como la de Valeria Conte Mac Donell, que se destaca por su formato no convencional, el registro de una performance/instalación que podría ubicarse dentro de la corriente del land art. Construyó la fachada de una «casa» tejida en hilo de tanza; por las noches la regaba y se convertía en hielo por las mañanas: una casa de cristal, que ella bautizó La conquista de lo inútil, que pudo visitarse durante el mes de septiembre en la localidad donde se la construyó, San Martín de los Andes. La obra fue ganadora de una mención del jurado.

La cerámica es otras de las técnicas que estuvo presente en el Premio: el ganador de 2009, Gabriel Baggio, inauguró en 2011 su muestra individual, Elogio de la profanación, en la sala de exhibiciones temporarias. La obra premiada, Motivo para sábana (variaciones cromáticas y formales) —que forma ahora parte del patrimonio de la Fundación— consiste en una serie de flores entrelazadas que simulan el motivo que podría tener una sábana o un mantel, pero no están realizadas ni en pintura ni en bordado, sino en cerámica esmaltada de apariencia «achatada», dispuesta casi como si fuera un relieve sobre un plano. Este modo innovador y original de trabajar la técnica será una constante a través de toda su obra, que comprende una gran cantidad de trabajos en cerámica que escapan a nuestra concepción tradicional de lo que la cerámica es o debería ser.

 

Lo que es y lo que debería ser

Federico Klemm ciertamente no se preocupó por obedecer a los cánones o reglas impuestas por la sociedad tradicional: se destacó por su personalidad excéntrica, por su compromiso con el arte de vanguardia y su generosidad para con nuevos artistas y propuestas plásticas, siempre alentó la experimentación y la actitud innovadora.

Nacido en 1942, emigró muy joven de su Checoslovaquia natal y se dedicó a estudiar de la obra de grandes maestros como Toulouse-Lautrec, Picasso y Van Gogh. Más tarde realizó estudios de canto lírico y arte dramático, que influyeron fuertemente en la realización de sus performances, dotadas de un sentido histriónico que lo distinguió tanto dentro del ambiente del arte como fuera de él: su programa El Banquete Telemático lo convirtió en una figura mediática que era saludada por la gente en la calle como cualquier otra estrella de televisión, rol que no lo incomodaba en absoluto.

En una de las salas de la Fundación pueden verse retratos de Federico realizados por importantes artistas como Edgardo Giménez, Marcos López, Delia Cancela y el grupo Mondongo, entre otros, lo que muestra el grado de reconocimiento que logró también por parte de sus colegas. Sin duda, ha dejado una huella en el nuestro arte, tanto desde su profesión de artista como desde su lugar de mecenas y difusor del arte argentino y del mundo: a través de la Fundación se han editado catálogos dedicados a las artes visuales y la teoría del arte contemporáneo, se han organizado cursos, seminarios y conferencias que han contribuido enormemente a la difusión del arte y el pensamiento en nuestro país.

El espacio de la Fundación, situado a metros de la avenida Florida en el subsuelo de una galería comercial en la calle Marcelo T. de Alvear al 600, podrá resultar desconocido para algunos, pero quien lo visite se sorprenderá, ya que alberga una de las mejores colecciones de arte del siglo XX que pueden encontrarse en la Argentina, que incluye obras de Pablo Picasso, Andy Warhol, Robert Rauschenberg, René Magritte y Robert Mapplethorpe. Podremos ver incluso esculturas de Yves Klein y Jeff Koons, obras de célebres fotógrafos como Cindy Sherman, Nan Goldin y Pierre et Gilles, un dúo de franceses que trabaja sobre la estética kitsch a la que Klemm era tan adepto. Es importante subrayar que la obra de muchos de los reconocidos artistas que aquí pueden verse no se encuentra en ningún otro museo o colección abierta al público en nuestro país, por lo que esta constituye una visita obligada de todo aficionado al arte que se precie de tal.

Asimismo, la colección de arte argentino ofrece una selección impecable, con obras de grandes maestros como Antonio Berni, Enio Iommi, Roberto Aizenberg y Ernesto Deira, entre tantos otros. El amplio espacio de la Fundación puede recorrerse de un modo relajado y ameno, a diferencia de los museos actuales, en los que somos asediados constantemente por personal que observa cada uno de nuestros movimientos. «El espíritu de Federico era poner a la gente en contacto con el arte», me comentó alguna vez uno de los guardias que vigilan la entrada. Les pregunté si alguna vez habían tenido problemas con la conservación de las obras, a lo que me respondieron que algunas obras frágiles debían estar especialmente protegidas, pero que el público en general se comportaba con mucho respeto y gentileza. Probablemente sea un agradecimiento al generoso espíritu de Federico y su confianza en el poder conciliador del arte.