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El Gran Otro | Mircoles 20 de Setiembre de 2017

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La Ley o El Llanero Solitario

La Ley o El Llanero Solitario

Por Roberto A

Cuando releo este título, me pregunto si no estaré postulando un falso dilema. Claro, la ley debe ser un concepto positivo, ¿no es así? Y el Llanero Solitario era bueno, ¿no?

Esta historia nos lleva al viejo Oeste, a la época del imparable avance del hombre blanco hacia el Pacifico. Un joven abogado, John Reid, convencido de que solo el estado de derecho asegurará la paz del país, está volviendo a su hogar. Nueve años estuvo ausente de su pueblo, situado en el occidente de Texas. Su pacifismo extremo se ve sacudido de raíz cuando, en el tren que viaja, se enfrenta con un bandolero sádico y despiadado.

Lo que en verdad desestabiliza su mundo es su encuentro con un aborigen profundamente alterado por décadas de culpa, sufrimiento y deseos de venganza. Deseos aún más difíciles de satisfacer para un comanche entre hombres blancos. Y, especialmente, para un indio de a pie, al que llaman Tonto, con pintura de guerra, que ostenta sobre su cabeza un cuervo muerto, al que le tira alpiste de vez en cuando.

Esta historia la está contando un decrépito indio, sesenta y tantos años más tarde, a un niño que, con revolver de cebitas en el cinto, chaleco con flecos, estrella de sheriff y sombrero de cowboy, asiste a una feria ambulante. En ella, el viejo trabaja de estatua del Noble Salvaje. Y lo que este «viejo loco» nos cuenta dista mucho de la historia oficial sobre la conquista del Oeste.

Lo notable es que esta película de Disney (más establishment, difícil) nos trata de decir que desconfiemos de las historias oficiales. Y que, muchas veces, la ley se usa para proteger a los poderosos y que sirve para justificar injusticias (¡interesante contradicción en los términos!).

John acompaña a su hermano, un incorruptible y duro ranger de Texas (policía de llanura), en la partida de alguaciles que persigue al bandolero fugado y su banda. Todos los perseguidores (excepto un traidor entre ellos) caen en una emboscada bajo las balas de los forajidos. John es dado por muerto, al igual que los demás.

El indio los encuentra y los entierra. Cuando intenta sepultar a John, interviene un extraño caballo blanco salvaje y se lo impide.

Tonto encara la sanación de John. Aun contra la muda insistencia del caballo, considera que este hombre, pacifista en un mundo violento, es kimosabi, en comanche, «el hermano equivocado». Aquí me permito interpelar al guionista: ¿es el hombre equivocado o es que esta errado?

Tonto le revela a John que está persiguiendo al bandido desde hace años, en busca de venganza. El criminal había sido uno de los dos hombres que su tribu salvó de la muerte y cuidó. Tonto, en ese momento un niño, a cambio del pago de un reloj de bolsillo, reveló a los dos la ubicación de una enorme mina de plata. Para asegurarse el secreto de la mina, masacraron a toda la tribu de Tonto, quien sobrevivió. Lo único que logró rescatar de la tragedia fue el cadáver de su cuervo y el reloj maldito. Al igual que el mecanismo del reloj, su espíritu está roto.

Al hallar al abogado, Tonto decide que puede ser el arma de su venganza. Invirtiendo el relato tradicional, es este hombre blanco quien está dirigido por el excéntrico comanche. El indio insiste en que un muerto es más poderoso que un vivo; y que use una máscara, ya que John Reid está «muerto», y él es ahora un «espíritu que camina». Así nace el último ranger de la partida, el Llanero Solitario. Las legendarias balas de plata son proporcionadas por Tonto. La misma plata que causo la muerte de su gente será el medio de su venganza. Balas disparadas por un hombre que no cree en la justicia por mano propia…