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El Gran Otro | Jueves 14 de Diciembre de 2017

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La sensualidad del libro

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Arturo Lunis

 

Jacobo Siruela estuvo en Buenos Aires para «sacar de la clandestinidad» a su editorial, Atalanta. Junto con su esposa Inka Martí la dirige desde su casa de campo. Allí, dialogan y deciden cuidadosamente los diez títulos que publican por año.

La escena se repite en algunas librerías porteñas: un rincón-imán para exquisitos, con unos pocos ejemplares. Es imposible resistirse a la tentación de rozarlos con la yema del dedo, notar la textura de la cubierta y el peso de la tapa, abrirlos para apreciar el tono justo del papel, la elección de la tipografía, el color del papel guarda… son libros para leer y para sentir. Inevitablemente, casi todos los lectores empedernidos terminan padeciendo de bibliofilia, aun en grado leve.

Jacobo Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, conde de Siruela, comenzó a editar libros porque le gustaba leer. Comenzó con un libro de bibliofilia, La muerte del rey Artur, del que esperaba vender unos pocos ejemplares, pero el premio concedido por el Ministerio de Cultura al libro mejor editado del año 1980 cambió todo: fue un éxito de ventas. Fundó la editorial Siruela y la dirigió hasta que sintió que era un ciclo cumplido. La vendió, aunque continuó trabajando un tiempo como director, hasta que en 2005 fundó Atalanta con su esposa. Una de sus premisas fundamentales es la «ecología libresca», ya que la superabundancia de libros publicados lo obliga a pensar y estar muy convencido de cada uno de los libros que edita: en total 62 títulos en seis años.

En una conversación pública con Rafael Cippolini, surge la pregunta: ¿Por qué Atalanta? Responde: «Me gustó el mito, y me gustó la fonética. Atalanta es un nombre bello y encierra un significado». La editorial sigue tres líneas: brevedad, memoria e imaginación, en tres colecciones. Ars Brevis surgió de la intención de explorar otro territorio, porque «todo el mundo publica novelas; en España no existe una tradición del cuento (como sí en la Argentina), es un territorio más marginal» y sentencia: «lo breve siempre tiene algo extra lírico». Para la colección Memoria Mundi toma de Borges la idea del universal: «la literatura no tiene fronteras espaciales o temporales. Todo es contemporáneo. No hay nada más contemporáneo que la estructura de la Odisea, es absolutamente contemporánea». Por último, en Imaginatio vera intenta «meter los sueños dentro de un contexto cultural, ya que forman parte de la historia y la cultura. Existeuna cultura del sueño», se aboca a «investigar caminos oblicuos, mundos opacos, porque ¿qué es el espacio onírico?».

Siruela se niega a ser un fabricante de libros: defiende la «osadía de oponerse a las leyes del mercado». Considera que su actividad una es una artesanía que nace del diálogo con su esposa, en su oficina itinerante o en su casa de campo. Como editor, su valor más preciado es la coherencia: «Tiene que ser coherente. Los descubrimientos son azarosos, pero tener una línea clara impide que la editorial se convierta en un cajón de sastre dependiente del mercado».

El editor debe «olfatear lo que está pasando», desliza: «El trabajo del editor es un rol de vampiros» y se reconoce a sí mismo como un «vampirólogo azaroso». Escribió el prólogo de la antología Vampiros en 1992, y explica la vigencia del vampiro por sus dos obsesiones: la muerte y la sexualidad. Cuenta una anécdota: «Paseaba con Borges por Sevilla, en coche. Cuando se le acercaron unas palomas, las ahuyentó con su bastón, dijo: “las palomas son peores que los vampiros”, luego de lo cual recitó un poema en alemán. Como no sé alemán, no sé de qué se trataba. Las palomas son peores que los vampiros, destruyen la arquitectura».

El paso del tiempo cambió sus intereses, ya no le resultan tan atractivos los vampiros o la condesa Báthory ni el pop de los ochenta, hoy le parece más interesante la vida en el campo, la música clásica y las vidas de los santos. Entre sus proyectos para el futuro, cuenta que su segundo libro tratará sobre el sueño y las metáforas, desde Gilgamesh hasta hoy, y que realizará una tercera antología del sueño. Dejó atrás su revista El paseante, pero recuerda su último número (publicado en 1998) dedicado al ciberespacio, especialmente «esa visión utópica de la Red como un mundo paralelo más libre», y se define como un flâneur que abarca veinte siglos.

Ante la pregunta de rigor sobre la posible desaparición del libro, responde con suavidad: «El libro barato, feo, va a desaparecer, porque para eso está el ebook. Cuando apareció la televisión no desapareció la radio, no desaparecieron los periódicos». Recuerda su afición de juventud por la pintura y cómo aplicó esa afinidad artística en el diseño y la artesanía de libros. «El libro concreto, sensual, perdura. Es más sofisticado, es un objeto agradable y además implica un sentimiento de propiedad, de posesión».

Lamenta la omnipresente vulgaridad reinante y llama a defender a la civilización de una barbarie que se está apoderando de la sociedad. A través del uso de la tecnología, la exquisitez de los contenidos y la delicadeza de la artesanía, el libro bello seguirá manteniendo su lugar en las bibliotecas de los lectores selectivos.

http://www.atalantaweb.com/