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El Gran Otro | Mircoles 23 de Agosto de 2017

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La Tierra, en déficit ecológico

La Tierra, en déficit ecológico

Por: Paula Rizzi.

Se acabaron todos los recursos naturales disponibles para el 2011.

En septiembre el planeta entró en déficit ecológico y ahora la Tierra vive «a crédito». Un fenómeno que demuestra la crisis ambiental y la desigualdad en el acceso al patrimonio natural.

 

El 30 de octubre se anunció que el planeta llegó a los 7 mil millones de habitantes, cifra que aumentó seis veces desde 1800, cuando solo había mil millones. Este crecimiento de la población, sumado al exagerado e innecesario consumismo característico de la sociedad moderna, está haciendo que el mundo y sus recursos naturales no alcancen para abastecer a la población mundial.

Si bien desde hace años se alerta sobre la necesidad de ejercer menos presión sobre los recursos del planeta, un estudio reciente de la Global Footprint Network y la New Economics Foundation de Londres confirma que el 27 de septiembre pasado la Tierra entró en déficit ecológico. Esto quiere decir que en nueve meses se agotaron los recursos naturales disponibles para todo el año y ahora se está consumiendo en base a productos que el planeta no es capaz de producir.

Además, el estudio señala que los humanos consumen los recursos equivalentes a entre 1,2 y 1,5 planetas, con posibilidades de que se necesiten dos planetas al año antes de 2050. La biocapacidad es de 1,78 hectáreas per cápita, pero la huella ecológica global es de 2,69 hectáreas. Hay, entonces, un déficit ecológico de 0,9 hectáreas globales per cápita. Esta sobreexplotación pone en peligro el patrimonio natural, degrada el ambiente y genera sustancias contaminantes que no se pueden neutralizar y van directamente hacia la atmósfera; se acelera el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, con escasez de recursos vitales como agua y alimentos.

Pero además del problema ambiental, esta situación saca a la luz la enorme desigualdad que existe entre los distintos países. Los niveles de producción y consumo dependen de las condiciones socioeconómicas de cada nación, por lo que mientras algunos abusan de los recursos naturales, otros no tienen acceso a ellos. Si toda la población mundial viviera como un ciudadano estadounidense se necesitarían cinco planetas al año, mientras que para seguir el ritmo de vida de un español se necesitarían tres planetas. Si se pusiera como ejemplo a un ciudadano de la India, solo bastaría con un planeta. Paradójicamente, a pesar de su pequeña cuota de responsabilidad, los países en vías de desarrollo sufren más el impacto del calentamiento global. Esto demuestra la enorme desigualdad en el acceso a los recursos naturales y quiénes son los que deben liderar el compromiso para evitar una mayor degradación del ambiente. A pesar de la crisis económica por la que están atravesando muchos países de Europa, la demanda de recursos naturales sigue en aumento. Esto está relacionado con el modelo económico capitalista, donde se pretende un «crecimiento» infinito en un planeta finito. En este modelo, el éxito se mide en relación con el nivel de producción y de consumo de cada país, sin tener en cuenta un desarrollo sustentable que pueda hacer perdurar la actividad sin dañar al medio ambiente.

El déficit ecológico y el aumento de la población a 7 mil millones de personas son fenómenos recientes ante los que se genera la oportunidad de reconstruir el escenario mundial. La situación actual demanda nuevos desafíos que deben centrarse en un modelo económico acorde al funcionamiento del planeta. Es fundamental que las acciones pongan el foco en un desarrollo mundial más justo y equitativo, que los recursos naturales sean preservados para ser utilizados de manera responsable. Para que esto sea posible, urge implementar políticas públicas globales tendientes a gestionar una producción más sustentable, como aquella generada a partir de las energías renovables. Además, se deben fomentar nuevos hábitos de consumo en la población que permitan ahorrar recursos naturales como agua, energía y petróleo, y así reducir la reducir la basura y la contaminación. Más allá de las gestiones políticas, cada ciudadano cumple un rol protagónico en este camino hacia la valorización y recuperación del patrimonio natural.

 

Por: Paula RizziPor: Paula Rizzi.

Se acabaron todos los recursos naturales disponibles para el 2011.

En septiembre el planeta entró en déficit ecológico y ahora la Tierra vive «a crédito». Un fenómeno que demuestra la crisis ambiental y la desigualdad en el acceso al patrimonio natural.

El 30 de octubre se anunció que el planeta llegó a los 7 mil millones de habitantes, cifra que aumentó seis veces desde 1800, cuando solo había mil millones. Este crecimiento de la población, sumado al exagerado e innecesario consumismo característico de la sociedad moderna, está haciendo que el mundo y sus recursos naturales no alcancen para abastecer a la población mundial.
Si bien desde hace años se alerta sobre la necesidad de ejercer menos presión sobre los recursos del planeta, un estudio reciente de la Global Footprint Network y la New Economics Foundation de Londres confirma que el 27 de septiembre pasado la Tierra entró en déficit ecológico. Esto quiere decir que en nueve meses se agotaron los recursos naturales disponibles para todo el año y ahora se está consumiendo en base a productos que el planeta no es capaz de producir.
Además, el estudio señala que los humanos consumen los recursos equivalentes a entre 1,2 y 1,5 planetas, con posibilidades de que se necesiten dos planetas al año antes de 2050. La biocapacidad es de 1,78 hectáreas per cápita, pero la huella ecológica global es de 2,69 hectáreas. Hay, entonces, un déficit ecológico de 0,9 hectáreas globales per cápita. Esta sobreexplotación pone en peligro el patrimonio natural, degrada el ambiente y genera sustancias contaminantes que no se pueden neutralizar y van directamente hacia la atmósfera; se acelera el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, con escasez de recursos vitales como agua y alimentos.
Pero además del problema ambiental, esta situación saca a la luz la enorme desigualdad que existe entre los distintos países. Los niveles de producción y consumo dependen de las condiciones socioeconómicas de cada nación, por lo que mientras algunos abusan de los recursos naturales, otros no tienen acceso a ellos. Si toda la población mundial viviera como un ciudadano estadounidense se necesitarían cinco planetas al año, mientras que para seguir el ritmo de vida de un español se necesitarían tres planetas. Si se pusiera como ejemplo a un ciudadano de la India, solo bastaría con un planeta. Paradójicamente, a pesar de su pequeña cuota de responsabilidad, los países en vías de desarrollo sufren más el impacto del calentamiento global. Esto demuestra la enorme desigualdad en el acceso a los recursos naturales y quiénes son los que deben liderar el compromiso para evitar una mayor degradación del ambiente. A pesar de la crisis económica por la que están atravesando muchos países de Europa, la demanda de recursos naturales sigue en aumento. Esto está relacionado con el modelo económico capitalista, donde se pretende un «crecimiento» infinito en un planeta finito. En este modelo, el éxito se mide en relación con el nivel de producción y de consumo de cada país, sin tener en cuenta un desarrollo sustentable que pueda hacer perdurar la actividad sin dañar al medio ambiente.
El déficit ecológico y el aumento de la población a 7 mil millones de personas son fenómenos recientes ante los que se genera la oportunidad de reconstruir el escenario mundial. La situación actual demanda nuevos desafíos que deben centrarse en un modelo económico acorde al funcionamiento del planeta. Es fundamental que las acciones pongan el foco en un desarrollo mundial más justo y equitativo, que los recursos naturales sean preservados para ser utilizados de manera responsable. Para que esto sea posible, urge implementar políticas públicas globales tendientes a gestionar una producción más sustentable, como aquella generada a partir de las energías renovables. Además, se deben fomentar nuevos hábitos de consumo en la población que permitan ahorrar recursos naturales como agua, energía y petróleo, y así reducir la reducir la basura y la contaminación. Más allá de las gestiones políticas, cada ciudadano cumple un rol protagónico en este camino hacia la valorización y recuperación del patrimonio natural.

Por: Paula RizziPor: Paula Rizzi.

Se acabaron todos los recursos naturales disponibles para el 2011.

En septiembre el planeta entró en déficit ecológico y ahora la Tierra vive «a crédito». Un fenómeno que demuestra la crisis ambiental y la desigualdad en el acceso al patrimonio natural.

El 30 de octubre se anunció que el planeta llegó a los 7 mil millones de habitantes, cifra que aumentó seis veces desde 1800, cuando solo había mil millones. Este crecimiento de la población, sumado al exagerado e innecesario consumismo característico de la sociedad moderna, está haciendo que el mundo y sus recursos naturales no alcancen para abastecer a la población mundial.
Si bien desde hace años se alerta sobre la necesidad de ejercer menos presión sobre los recursos del planeta, un estudio reciente de la Global Footprint Network y la New Economics Foundation de Londres confirma que el 27 de septiembre pasado la Tierra entró en déficit ecológico. Esto quiere decir que en nueve meses se agotaron los recursos naturales disponibles para todo el año y ahora se está consumiendo en base a productos que el planeta no es capaz de producir.
Además, el estudio señala que los humanos consumen los recursos equivalentes a entre 1,2 y 1,5 planetas, con posibilidades de que se necesiten dos planetas al año antes de 2050. La biocapacidad es de 1,78 hectáreas per cápita, pero la huella ecológica global es de 2,69 hectáreas. Hay, entonces, un déficit ecológico de 0,9 hectáreas globales per cápita. Esta sobreexplotación pone en peligro el patrimonio natural, degrada el ambiente y genera sustancias contaminantes que no se pueden neutralizar y van directamente hacia la atmósfera; se acelera el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, con escasez de recursos vitales como agua y alimentos.
Pero además del problema ambiental, esta situación saca a la luz la enorme desigualdad que existe entre los distintos países. Los niveles de producción y consumo dependen de las condiciones socioeconómicas de cada nación, por lo que mientras algunos abusan de los recursos naturales, otros no tienen acceso a ellos. Si toda la población mundial viviera como un ciudadano estadounidense se necesitarían cinco planetas al año, mientras que para seguir el ritmo de vida de un español se necesitarían tres planetas. Si se pusiera como ejemplo a un ciudadano de la India, solo bastaría con un planeta. Paradójicamente, a pesar de su pequeña cuota de responsabilidad, los países en vías de desarrollo sufren más el impacto del calentamiento global. Esto demuestra la enorme desigualdad en el acceso a los recursos naturales y quiénes son los que deben liderar el compromiso para evitar una mayor degradación del ambiente. A pesar de la crisis económica por la que están atravesando muchos países de Europa, la demanda de recursos naturales sigue en aumento. Esto está relacionado con el modelo económico capitalista, donde se pretende un «crecimiento» infinito en un planeta finito. En este modelo, el éxito se mide en relación con el nivel de producción y de consumo de cada país, sin tener en cuenta un desarrollo sustentable que pueda hacer perdurar la actividad sin dañar al medio ambiente.
El déficit ecológico y el aumento de la población a 7 mil millones de personas son fenómenos recientes ante los que se genera la oportunidad de reconstruir el escenario mundial. La situación actual demanda nuevos desafíos que deben centrarse en un modelo económico acorde al funcionamiento del planeta. Es fundamental que las acciones pongan el foco en un desarrollo mundial más justo y equitativo, que los recursos naturales sean preservados para ser utilizados de manera responsable. Para que esto sea posible, urge implementar políticas públicas globales tendientes a gestionar una producción más sustentable, como aquella generada a partir de las energías renovables. Además, se deben fomentar nuevos hábitos de consumo en la población que permitan ahorrar recursos naturales como agua, energía y petróleo, y así reducir la reducir la basura y la contaminación. Más allá de las gestiones políticas, cada ciudadano cumple un rol protagónico en este camino hacia la valorización y recuperación del patrimonio natural.

Por: Paula Rizzi