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El Gran Otro | Jueves 24 de Agosto de 2017

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Las salas que nunca serán (parte 2)

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A lo largo de los siglos, innumerables han sido las obras de arte destruidas o que desaparecieron para siempre. Incendios, guerras o expolios se alzan como los principales artífices. Sigamos repasando algunas de las más destacadas pérdidas del mundo del arte.

Por: Alejandro Barba Ramos

El incendio del Palacio Ducal de Venecia de 1577 supuso la pérdida de muchas obras de primer orden. Entre las más destacadas, se encontraban La batalla de Spoleto, La batalla de Cadore y el Retrato de Andrea Gritti orante y la Virgen, de Tiziano. De Tintoretto, se perdieron la Coronación de Federico Barbarroja, La excomunión de Barbarroja y El Juicio Final. Y de Veronés, su Homenaje a Federico Barbarroja.
De la obra de Rubens, se perdieron algunas en el bombardeo de Bruselas por parte de las tropas francesas de Luis XIV en 1695. Entre otras, se quemaron Virgen adornada y Santa Ana, Virgen del Rosario, el Tríptico de san Job, El juicio de Salomón y El Juicio Final. El incendio del palacio Coudenberg de Bruselas acabó con la Adoración de los Magos, la Natividad y Pentecostés. Otro incendio, el del Alcázar de Madrid, causó la pérdida del Retrato ecuestre de Felipe IV, El rapto de las Sabinas, La batalla de los romanos y otras 20 obras que decoraban la conocida como Pieza Ochavada. La caza del león también fue devorada por las llamas en 1870, en el Museo de Burdeos.

De Brueghel, de quien nos ha llegado poca producción a día de hoy, podemos destacar, entre sus muchas obras desaparecidas, la Caída de Ícaro. De ella tenemos conocimiento gracias a dos versiones que posteriormente se realizaron; una de ellas, la del Museo de Bruselas. Además, en el incendio del Alcázar de Madrid, se quemaron algunas de sus obras. Jonás y la ballena, de Jeroen Van Aeken, «El Bosco», es otra gran obra perdida. Solo ha llegado hasta nuestros días una tercera parte de ella. En el incendio del Alcázar, también se perdieron varias obras de «El Bosco», según consta en catálogos de la época. De Jan van Eyck, uno de los paneles del Retablo de Gante fue robado en 1934, y nunca más se supo de él. En el caso de Rembrandt, cabe destacar la desaparición de su obra La circuncisión de Cristo. Se sospecha que la iglesia, al tratarse de un tema eminentemente judío y, por lo tanto, molesto, hizo «desaparecer» la obra. No se sabe nada de ella desde el año 1756.

El incendio del Alcázar de Madrid (ubicado en la zona donde hoy día se emplaza el Palacio Real), en el año 1734, fue sin dudas uno de los acontecimientos más tristes para la historia del arte, sobre todo para la historia de la pintura, Entre salones y estancias, la cifra de lienzos rondaba los 2.000. En su momento, fue la mayor colección de pintura de la historia, atesorada desde el reinado de Isabel I de Castilla y ampliada sobremanera durante los reinados de Felipe II y Felipe IV. Se calcula que se perdieron durante el incendio unas 500 piezas. De entre las más destacadas que perecieron en las llamas, nos encontramos con lienzos del maestro sevillano Diego Velázquez. Entre ellos, la Expulsión de los moriscos. De sus obras de corte mitológico, solo se salvó una, Apolo y Marsias. Adonis y Venus y Pisqué y Cupido corrieron peor suerte y se quemaron. Otra notable obra de Velázquez, el Retrato ecuestre de Felipe IV, también se quemó. De Tintoretto, se perdieron Píramo y Tisbe y Venus y Adonis. De Veronés, Moisés en el Nilo y Jacob. De Ribera, se perdieron Jael y Sisara, Sansón y Dalila, Venus y Adonis, Apolo y Marias y El triunfo de Baco. De Tiziano, el Retrato de Carlos V e Isabel de Portugal (del que se conserva una copia realizada por Rubens), Los doce Césares, Ixión y Tántalo, y dos obras de la serie Las furias. También se quemaron obras de El Greco, Durero, Van Dyck, Correggio, Carracci y Sánchez Coello.

Francisco de Goya no escaparía a esta interminable lista de obras perdidas. Un gran número de cartones preparatorios para la realización de sus tapices fueron robados del Palacio Real en 1870, y nada más se supo de ellos. El Retrato de D. Antonio de Porcel se quemó en el Jockey Club de Buenos Aires en 1956.
Otro incendio, el de la Comuna de París en 1871, destruyó también numerosas obras de arte. De Eugene Delacroix, se perdieron, entre otras, Justiniano redactando las leyes y La paz consuela a la humanidad y trae abundancia. De Ingres se perdió su Apoteosis de Napoleón I, que decoraba el techo del Hotel de la Ville de Paris.
Casi un siglo después, la humanidad sería testigo del mayor expolio y destrucción de obras de arte de la historia: la II Guerra Mundial. Muchas fueron expoliadas, generalmente las que pertenecían a cualquier movimiento vanguardista, pues los nazis lo consideraban un arte «degenerado». De Turner a Picasso, pasando por Chagall, Pisarro, Renoir, Matisse, Monet, Cezanne, Derain, Van Gogh y un larguísimo etcétera. Afortunadamente se han ido recuperando, poco a poco, miles de ellas, aunque muchísimas otras siguen desaparecidas. Damas en el césped, Composición geométrica o Niña en la playa, de Picasso; Joven desnuda en la silla con chimenea y ciervo, de Degas; Escena de calle con macetas, de Chagall; Las fuentes de Bresseline, Velero en el mar desde un acantilado y Árbol viejo, de Monet; Espalda de mujer, de Derain; Paisaje del sur en la ladera de una montaña y Mujeres orientales, de Matisse; Joven actuando, de Renoir; Paisaje otoñal de Provença, Paisaje de verano con ladera y casa de campo y Caminando bajo los olivos, de Van Gogh; Maceta y cortina o Niña sentada con jersey rojo y pantalones, de Cezanne; Escena de Tahití. 1848 y Mujer aborigen bajo un árbol, de Gauguin. Títulos que conforman una mínima parte de la ingente cantidad de obras que al día de hoy siguen ilocalizables.

Otras, por desgracia, se destruyeron definitivamente en los distintos bombardeos. En la caída de Berlín, se perdieron, entre otras, las siguientes obras: Madonna con el Niño y san Juan y Retrato del cardenal Alberto de Brandeburgo, de Cranach El Viejo; Apolo y Juno y Saturno, de Veronés; Neptuno y Anfitrite, Diana y las Ninfas sorprendidas por los Sátiros y Visión de san Huberto, de Rubens; Retrato de cortesana, La inspiración de san Mateo y Cristo en el Monte de los Olivos, de Caravaggio; San Buenaventura revela el Crucifijo a santo Tomás, de Zurbarán, y los frescos del Palazzo Archinto de Milán pintados por Tiépolo.
En otros puntos de la contienda, se destruyeron obras de Poussin (El martirio de Erasmo), de Carracci (Dánae o San Gregorio orante), de Turner (La desembocadura del Támesis), de Courbet (Los picapedreros) y Van Gogh (Jardín con estanque y figuras, Jarrón con cinco girasoles, El pintor en su camino al trabajo o Entrada del parque de Arlés visto a través de los árboles).
Con el paso del tiempo, la medidas de seguridad y protección para con las obras de arte se han ido extremando, a la par que perfeccionando todos los sistemas para evitar cualquier tipo de daño, pérdida o robo. Aun así, resulta inevitable luchar contra todos los imprevistos, e incluso el azar, y algunas obras, aunque en menor medida, se destruyen o son robadas.
En el incendio declarado en el MOMA en 1958, se perdieron dos obras de Monet. En un accidente aéreo de la compañía Swissair, se perdió la obra El pintor, de Pablo Picasso, cuando era trasladada a Canadá. Más de 300 dibujos y esculturas de Rodin, un tapiz de Joan Miró realizado para el hall y obras de Roy Lichenstein se perdieron en la Torres Gemelas de Nueva York tras el atentado del 11 de septiembre de 2001.

Pero también la excentricidad humana es causa, hoy día, de que algunas obras de arte desaparezcan. Un mural de Diego Rivera encargado por Rockefeller fue destruido por este al comprobar que contenía el rostro de Lenin.
Para acabar nuestra visita por este «museo» de obras perdidas, mencionaremos una que rebosa excentricidad. El Retrato del Dr. Gachet, de Van Gogh, fue adquirido por un japonés en subasta, por unos 82 millones de dólares. El propietario comentó que, cuando muriese, el cuadro se quemaría con él. El señor falleció y, misteriosamente, no se sabe nada del cuadro desde entonces…
Al día de hoy, la Interpol tiene registradas unas 160.000 obras desaparecidas por robo. El ránking lo encabeza Picasso, con más de 500 obras. Lo siguen Joan Miró, Marc Chagall, Dalí, Durero, Rembrandt y Warhol. Actualmente, el robo es la principal causa de desaparición de obras de arte. Ambición, dinero, misterios e intrigas. Pero esa ya es otra historia.

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