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El Gran Otro | Mircoles 18 de Octubre de 2017

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Los muros, obras de la colección de Antoine de Galbert

Los muros, obras de la colección de Antoine de Galbert

Por Mariano Barrientos, corresponsal en París

Más de 1200 obras de 500 artistas del arte contemporáneo, un viaje al caos ordenado, alternando habitaciones y muros de tres metros de alto por 278 de largo en el espacio de la Maison Rouge de París.

Se cumplieron diez años de la inauguración de la Maison Rouge. Antoine de Galbert, su presidente, decidió compartir con el público toda su colección y presentó una serie de muros con una variedad de lujo para el arte moderno. Un estilo único, que no respeta un orden de disciplinas, logra ensamblar la fotografía, el diseño, la pintura, el video y las instalaciones.

Un cesto de basketball en la cabeza de Freud está junto a la obra de los artistas rusos Viacheslav Mizin y Alexander Shaburov, enfrentado a una tétrica imagen de Marina Abramović cubierta de huesos en descomposición. Nos habla de una modalidad del arte contemporáneo que hace que bajo un mismo techo convivan diferentes artistas. Esto provoca un excesivo desconcierto y una búsqueda de significado que es posible saciar ya que, si bien nada tiene un orden y está todo ensamblado, podemos armar un relato. Por ejemplo, las figuras de neón del francés Claude Lévêque alumbrando fotografías nada menos que de Francesca Woodman, artista que se hizo reconocida luego de suicidarse en su loft de Nueva York, tras incansables intentos de volverse una famosa fotógrafa. ¿Qué historia nos está contando acerca de su muerte y acerca de su vida? Un venado que  habla, un mapa gigante del territorio francés compuesto solo de fósforos, una papa enorme y hasta costillas en forma de ramas se cruzaron en mi camino, haciendo confluir lo mágico con lo grotesco en los autorretratos de Urs Lüthi, y con lo erótico a través de las fotos sadomasoquistas con muñecas de Hans Bellmer. Además está conjugado lo caótico con lo gracioso, en las pequeñas notas de papel con mensajes desesperanzadores de Eric Pougeau, y lo impresionable: las fotografías de Joel-Peter Witkin, famoso por construir escenas con cadáveres y naturalezas muertas con piezas mutiladas de seres humanos y animales. ¿Puede existir el caos ordenado? Los curadores no dejaron ninguna pieza expuesta al azar, sino que generaron un revuelo intencionado en el orden de cada uno de los muros. Todo este arte expresa un hecho social en el cual uno ya está inmerso. Todas las obras nos cuentan una realidad. Pero ese «todo», ¿deja entrever que en la vida «todo no se puede»? ¿O nos remite a la nada misma?

Los muros, cargados de información diversa, dejan ansias de continuar visitando más habitaciones. ¿El «desorden en el orden» existe? En cada habitáculo de la Maison Rouge, nos confrontamos al menos con alguna pregunta acerca de lo que nos deja el arte, siendo ese el verdadero objetivo de este espacio desde hace diez años.