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El Gran Otro | Martes 21 de Noviembre de 2017

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Magdalena Suranyi: La denuncia y la catarsisMagdalena Suranyi: Speaking Out and Catharsis

<!--:es-->Magdalena Suranyi: La denuncia y la catarsis<!--:--><!--:en-->Magdalena Suranyi: Speaking Out and Catharsis<!--:-->

“Mis ideas no son fáciles de digerir y mis productos en general no son comerciales. Me dedico a visualizar problemas que usualmente la gente no quiere ver.”

 

La presencia de Eros manifestada en una de las caras de la tecnología sirvió para achicar las distancias entre Argentina y Gran Bretaña, dupla paradójica en la historia de nuestro país. Allí reside desde el año 2003 Magdalena Suranyi, artista polémica, dueña de un estilo cargado de denuncia. Su producción artística provoca escarnio en la mirada del público que asiste a sus muestras. Esta argentina radicada en Londres y reconocida internacionalmente accedió a la entrevista solicitada por El Gran Otro y nos condujo por un mundo que sólo se recorre con los pies desnudos y sin velo.

-¿Cuál ha sido tu forma privilegiada de expresión en Londres?

-Quizás el arte en vivo. Expuse en uno de los pocos lugares de Londres que muestra las cosas que son un poco más under, que son más difíciles de exponer, porque son menos comerciales, porque rompen muchos tabúes. Participé con grupos y artistas como Oliver Frost y Mark Massive, fue una de las primeras exhibiciones que hice en Londres en el 2005, donde mostré una pintura muy grande de aproximadamente unos 4 metros. Con los años fui mostrando más cosas y en 2010 hice una instalación interactiva con 200 dibujos de niños en diferentes estados de abusos de parte de las autoridades católicas. El proyecto  tuvotimingyel año pasado hubo mucha difusión sobre el tema, saltaron muchos escándalos alrededor del Papa Benedicto XVI y hubo una especie de furor en los medios ingleses.
El tema ya lo tenía en plena digestión, lo trabajaba desde unos años antes. La segunda exhibición que hice con ACT ART fue una instalación de un escritorio muy chiquito, con el cajón abierto y dos dibujos. Un dibujo era de un hombre negro abusando de una nena negra, y el otro un hombre blanco con un nene blanco. Estuve un par de meses preparando el escritorio, proyecté la idea del cuerpo en el escritorio, lo dejaba en la calle, con la nieve, con la lluvia, lo puse en su clima; también lo lastimé con cuchillos, lo ensucié. El escritorio se convirtió en una alegoría, una especie de metáfora de la autodestrucción, la automutilación, especialmente de una víctima de esta clase de abuso.

-¿Porque la instalación es Interactiva?

-Es interactiva porque la gente tenía acceso a los dibujos, toda persona que se acercara a la instalación podía hasta sentarse en la cama, podía tocar los dibujos. Lo más interesante en esta instalación era cómo la gente reaccionaba.

-Por lo que cuentas era como una forma de  provocación.

-Si, era la cama, los doscientos dibujos y una cruz traída de Roma, bendecida por el Papa,  esto tiene importancia específicamente porque el Papa, se sabe, fue la cabeza de la Comisión Disciplinaria antes de ser Papa, y hubo muchísimos casos de los que estaban enterados y nunca se hizo nada. Father Murphy, en Milwaukee, fue director de un colegio de chicos sordomudos por veinte años y abusó de doscientos chicos, y murió con todos los honores. Y Ratzinger estaba al tanto del tema y nunca  hizo nada. Los números son abstractos, la gente cuando habla de números no sabe de lo que se está hablando, y yo quería saber cuántos eran doscientos chicos. Me pasé dos meses haciendo los doscientos dibujos que terminaron en la cama. La noche que mostré la instalación, la gente reaccionó de muchas maneras. Había gente que se quedaba mucho tiempo mirando los dibujos, había gente que agarraba los dibujos, había gente que no podía hacerlo sola, venían en grupos de a seis, todo el mundo mirando los dibujos. Yo me quedé toda la noche al lado de la instalación asegurándome primero de que nadie se robara los dibujos, de que no les pasara nada. Además arriba de la instalación había una cámara que filmaba todo. Y en ese momento me di cuenta de que el trabajo estaba terminado, fue el momento en que hubo interacción.
Yo estaba trabajando con la idea de la responsabilidad compartida. No sólo la responsabilidad de la persona que causa estos crímenes, estos abusos, sino incluso la responsabilidad de la víctima. Muchos casos de abuso que terminan en juicio se suelen perder por la falta de cooperación de la víctima.

-¿Cuánto tiempo te llevó hacer los dibujos?

-Fue largo y fue duro el proceso de hacer los dibujos. Con mi trabajo estoy constantemente revelando algo mío. Cada vez que quiero exponer me estoy exponiendo a mí. Pero este proyecto fue una especie de proyecto terapéutico, hecho en un momento donde yo necesitaba una catarsis gigantesca de un tema que venía reprimiendo de muy chiquita, y fue una manera de sanarme. Empecé el proyecto en un estado bastante frágil y al terminarlo me encontré mucho más fuerte.
La propuesta se basó en tres escándalos, uno en Estados Unidos, uno en Alemania y uno en Irlanda. En Irlanda fue el Murphy Report que es evidencia de que la Iglesia Católica estuvo tapando muchísimos casos en los últimos cuarenta años, e igual el día que salió eso no se dijo mucho y la situación la verdad que no cambió mucho allá. En Estados Unidos con este caso de Father Murphy y después en Alemania con el caso de un colegio católico donde no sólo los maestros estaban abusando de los estudiantes, sino también los estudiantes estaban abusando de otros estudiantes.

-¿Tu arte,  es denunciativo?

-Sí. Definitivamente. Sé que mis ideas no son fáciles de digerir y mis productos en general no son comerciales. Me  dedico a visualizar problemas que usualmente la gente no quiere ver. A mí me interesa mucho concientizar, es lo que más me importa. No debería estar usando la palabra “comercial”. Sucede que mi producción artistica no vende, en el sentido de que alguien lo puede adquirir para adornar  su casa. Pero sí muestro. Y todo el tiempo. Entonces el trabajo pasa a cumplir otra función, que no es la de estar en el confort del living del que lo compró, sino la función de estar en un espacio público. Siento que el artista en general puede aprovechar del poder de expresión que tiene para mejorar o empeorar las cosas. A través de la historia los artistas siempre fueron muy útiles.

-¿Quién elige a quién? ¿Vos elegís el tema o el tema te elige a vos?

-Difícil… ésa es una pregunta muy difícil, no sé si pueda responder porque a veces no sé. A veces las cosas me eligen a mí. El proyecto de la instalación me eligió a mí. ¿Por qué me eligió a mí? Porque tuve sueños que me revelaron cosas con las que tuve que lidiar sola y la única manera de lidiar con ellas fue haciendo un proyecto bastante extenso y difícil, exponiéndome y  poniéndome en una situación muy vulnerable enfrente de mucha gente para poder sanarme. Y qué pasa, estas cosas pueden salir bien como pueden salir mal, de casualidad. No sé si de casualidad pero a veces pienso que sí, es una casualidad que me salió bien y que me siento bien con que lo hice, y que me sirvió y que si hubiese escondido todo eso, si este tema no hubiese resurgido de esa manera, estaría peor hoy. Pero después,

una vez que uno termina el dibujo, no es más de uno, es de la persona que lo mira. El trabajo no sólo habló de mis pesadillas o de mis sueños, o de lo que me pasó a mí, sino también de lo que les pasó a varios otros, que no pueden hablar del tema o que nunca van a hablar del tema.

-¿Cuándo aparece en vos la vocación artística? ¿Cómo se manifiesta?

-De muy chiquita, porque por un tema “orgánico” me alentaban a dibujar, siempre me pedían que dibujara. De muy chiquita dibujé, hice retratos y también me puse a dibujar el cuerpo, estaba muy consciente de la anatomía femenina y masculina, y dibujé mucho.
Hoy en día tengo con el dibujo la misma relación que tenía cuando era chica: era una manera de expresarme muy importante que me ayudaba a sobrevivir el día. Siempre fui muy proclive a estresarme, de chiquita tenía muchos problemas de psoriasis, que es una enfermedad psicosomática, es el cuerpo tratando de crear una especie de caparazón para protegerse del estímulo exterior. Entonces me mandaron a una psicóloga, y ella quería saber qué me estaba pasando por la cabeza, entonces me hacía dibujar, también  le pedía a mis padres que me hicieran dibujar, así que dibujé de muy chiquita, y seguí dibujando.
Empecé a pintar de más grande, en la adolescencia. Ahí fue cuando tuve una especie de explosión creativa, empecé a trabajar sobre murales. Tenía el espacio y los recursos para hacerlo, entonces trabajaba sobre paneles de madera gigantescos donde hacía autorretratos de técnicas mixtas que estaban muy relacionadas con el momento que estaba pasando, con la crisis existencial de ese momento en la adolescencia. Y es increíble, en ese momento no sabía que me iba a dedicar al arte; sabía que se me hacía fácil, que era algo que me gustaba, pero no sabía que después me iba a dedicar completamente. Pero sí, las memorias más tempranas que tengo son del dibujo, así que yo diría la vocación la tuve desde siempre.

-¿Tenés pensado exponer en la Argentina?

-Me encantaría, pero es algo que me gustaría hacer con tiempo y que me gustaría hacerlo bien. En Londres tengo muchas exhibiciones, chicas, grandes, estoy constantemente mostrando algo, entonces la gente ya sabe qué esperar de mí. Pero en Buenos Aires, como nunca hice una exhibición me gustaría hacer algo bastante grande, dedicarle mucho tiempo.

-He podido observar las mujeres de tu obra, algunas parecen estáticas, atadas de pies y manos, mujeres que parecen débiles pero no lo son, porque esas mujeres están hablando. Me quedé pensando sobre cuál es tu idea sobre la fragilidad femenina.
 
-Yo trabajo mucho con ambigüedades. Con las imágenes que uso, si las ve alguien que no me conoce o recién ve mi trabajo, no sabe cuáles son mis intenciones, y eso usualmente puede confundir mucho a una persona. Eso a mí me gusta, no me disgusta. Me ayuda que las imágenes generen muchos mensajes en vez de sólo uno. Y como sé que no puedo controlar de ninguna manera todos los mensajes que puede generar un cuadro, entonces no trato de controlarlo, y a veces hasta empujo un poco más a ver hasta dónde puedo llegar.
Pero sí, hay un tema que aparece bastante, que es el de la mujer sumisa, la sumisión, pero una sumisión asumida, una sumisión que gusta, o también, la idea de que una mujer puede asumir cierto poder, el poder de “soy así, puedo ser así o elijo vivir así”, lo cual a veces es un problema y a veces no. En ocasiones puede ser un problema de violencia domestica.

 

– Me quedé pensando en que sentirán esas mujeres sometidas.

-Hay mucho orgullo en ese sentirse de esa manera. Y no sólo eso, también pasa que las mujeres se someten entre ellas. Con el tema de la mujer atada también estoy trabajando con el tema del placer, estoy hablando también del placer que puede existir en mucha gente, en darle el control a otra persona, y hasta qué punto uno controla la situación de sumisión que asume. Entonces, no es sólo una mujer atada, no es sólo la condición femenina, sino que es la condición que una elige.
También  hice una serie de dibujos eróticos, que tienen mucho que ver con los dibujos que hacía de más chica, porque yo de chica dibujaba el cuerpo y sentía vergüenza, aunque se me daba natural. Toda la vida dibujé el cuerpo humano, trabajé con el cuerpo humano, sigo trabajando y nunca lo voy a dejar porque soy una artista que usa la figura. Entonces dibujaba una mujer desnuda, sentía una terrible excitación y después rompía el dibujo. Una vez en el colegio me avergoncé tanto y me asusté tanto que rompí el dibujo en millones de pedacitos y los tiré en diferentes tachos de basura. Entonces se me ocurrió que hacía mucho que no dibujaba de esa manera, que no dibujaba sólo por dibujar el cuerpo humano de una manera que a mí me parecía excitante sexualmente. Trabajé con muchos fetiches en los dibujos, que están íntimamente relacionados al final con la teoría freudiana del trauma de la infancia. Los fetiches que usé en los dibujos no necesariamente son mis fetiches, siento que son parte de una especie de conciencia universal.
Al dibujar empecé a sentir las mismas cosas que sentía de chiquita, yo no podía creer que había llegado a esta sensación que tenía escondida en algún lugar del inconsciente, algo que tenía completamente borrado, que de repente estaba sintiendo las mismas sensaciones, no sólo de excitación sexual, más bien de excitación de poder hacerlo, de que nadie me podía decir “no, vos no podes dibujar así”, de que nadie podía castigarme. Fue como volver a una sensación bastante básica. Y los dibujos se convirtieron en cien en una semana. Encima tenía muchísimas ganas de mostrar, al revés de cuando era chica, me parecía necesario mostrarlos, ponerlos en una pared y que los viera medio mundo.

 

-Mirando algunos de tus  dibujos apareció en mi memoria la obra de Gustave Courbet, “El origen del mundo”, donde él dibuja el pubis de una mujer desnuda, causó revolución en esa época. Asocie tus dibujos  a la forma provocativa de mostrar lo obsceno que tenía Gustave Courbet.

-Gracias, aunque a veces me cuesta relacionarme con artistas de esa época porque tenían otra intención, pero ahí me estoy contradiciendo porque ellos no controlaban lo que genera su trabajo, como no lo controlo yo. Yo provoco, estoy provocando constantemente, me dedico a provocar. Aunque  no provoco nada más porque quiero provocar, no es la idea. Los dibujos, las cosas que hago no las hago sólo para asustar a la gente, porque la verdad que necesito mucho más que eso para asustar a alguien. Me doy cuenta de que cada vez puedo shockear más con menos, y me doy cuenta de que puedo causar furor con formas muy simples, con imágenes que no están terminadas.

-Hay una cierta masculinidad en algunas mujeres que dibujas, porque?

-Es cierto. En esos dibujos, yo veía no sólo mujeres, sino mujeres de cierta edad, porque durante mucho tiempo trabajé con la edad. Una mujer de cierta edad y con las experiencias de la vida que se muestran en la piel.
Hice muchos dibujos de viejas que se convertían en árboles, y árboles que se convertían en viejas, y bueno, que también tenía mucho que ver con la destrucción de la naturaleza. Igual hay cierta masculinidad en las mujeres que dibujo, eso esta más en la fuerza que tiene la mujer, una fuerza y una resistencia al dolor, una manera de vivir que es muy particular de la mujer. Eso es algo muy importante para mí, y me gustaría darte algo que tenga que ver con eso.
Mi interés no es sólo la denuncia, es encontrar un equilibrio entre necesidades propias de reaccionar frente a algo que personalmente me hace mal, o me hace bien, y encontrar también un tema universal de violencia, de patrones de violencia globales. Estoy constantemente saltando entre el uno y el otro, entre lo personal y lo universal, y quisiera dejar eso en claro: que es tan catártico como denunciativo.

 

 

Margarita Gómez Carrasco Psicoanalista – Lic. en Periodismo y Comunicaciones

mgomezcarrasco@elgranotro.com.ar

“My ideas aren’t easy to digest, and the productions in general aren’t commercial.  And, yes, I go in for visualizing problems that people usually don’t want to see.”

The presence of Eros manifested in one of the aspects of technology served to reduce the distance between Argentina and Great Britain, a paradoxical pairing given the history of our country.  Magdalena Suranyi is a controversial artist who often provokes outright ridicule among viewers of her shows which routinely speak out against various issues. This Argentine, who has been living in London since 2003 and received international acclaim, accepted the interview withEl Gran Otro by Skype, and led us through a world that can only be entered barefoot, bareheaded and barefaced.

What has been your primary form of expression in London?

Perhaps live art.  I had an exhibit in one of the few places in London that shows things that are a littleunder, which are more difficult to show because they are less commercial, because they break many taboos.  I participated with groups and artists such as Oliver Frost and Mark Massive, and in 2005 it was in one of my first exhibits in London where I showed a huge painting of about 4 meters.  As the years have gone by, I have shown more things, and in 2010 I put together an interactive installation with 200 drawings of children being abused by authorities of the Catholic church.  The project had a certain timing, don’t you think?  Last year there was a whole lot of talk about the issue, and a lot of scandals came out about Pope Benedict XVI, and there was a sort of furor in the English media.
I was already immersed in the issue – I had been working on it for the last few years.  The second exhibit that I mounted with ACT ART was an installation with a tiny desk, with the drawer open and 2 drawings.  One drawing was of a black man abusing a black girl, and the other was of a white man abusing a white boy.  I spent a couple months preparing the desk… I projected the idea of the body onto the desk – I left it in the street, with snow, with rain, I exposed it to all the elements; I also gashed it with knives and I got it all dirty.  The desk turned into an allegory, a kind of metaphor for the self-destruction and self-mutilation, especially of a victim of this type of abuse.

Why is the installation interactive?

It’s interactive because people had access to the drawings – each person who went up to the installation  could actually sit on the bed and touch the drawings.  What was most interesting were people’s reactions.

From how you’re telling it, it seems it was a kind of provocation.

Yes, there was the bed, the 200 drawings, and a cross blessed by the Pope brought from Rome.  This was especially important because the Pope, as we know, headed the Disciplinary Committee before he became Pope, and there were many known cases, and nothing was ever done.  Father Murphy, in Milwaukee, was principal of a school for deaf and dumb children for 20 years and abused 200 kids, and died with honors. And Ratzinger was aware of everything and never did anything.  Numbers are abstract… people don’t know what they’re really talking about when numbers are given, and I wanted to know how many is 200 children.  I spent two months doing those 200 drawings that ended up on the bed.  The night I showed the exhibit, people reacted all sorts of ways.  Some people spent a long time looking at the drawings, some people picked up the drawings, some people couldn’t go to see it alone and came instead with a group of six, all of them looking at the drawings.  I spent the whole night next to the exhibit making sure, first of all, that no one stole the drawings, and that nothing happened to them.  Besides, over the exhibit there was a camera filming everything.  And at that moment I realized that my work was done, the moment in which there was an interaction.
I was working with the idea of shared responsibility.  Not only the responsibility of the person who commits such crimes, such abuse, but also the responsibility of the victim.  Many cases of abuse that end up in court are often lost because of lack of cooperation on the part of the victim.

How long did it take you to do the drawings?

It was a long and hard process.  I’m constantly revealing something of myself through my work. Each time that I want to mount an exhibit, I expose something of myself.  But this project was a sort of therapeutic project, done at a time when I needed a deep catharsis over an issue that I had been repressing since I was little, and it was a way to heal myself.  I started this project in a rather fragile state and by the end I found myself a lot stronger.  The idea was based on three scandals, one in the United States, one in Germany, and one in Ireland.  In Ireland, the Murphy Report exposed the evidence that the Catholic Church had been covering up many cases during the last 40 years.  And even so, the day it came out not much was said, and to tell the truth, the situation hasn’t changed there much.  And then the case of Father Murphy in the United States, and later in Germany the case of the Catholic school where not only the teachers were abusing students but the students were also abusing other students.

Do you see your art as denunciatory?

Yes.  Definitely.  I know my ideas aren’t easy to digest and the results in general aren’t commercial, and, yes, I go in for visualizing problems that people usually don’t want to see.  I’m interested in raising consciousness, that’s what matters most to me.  I shouldn’t even be using the word “commercial.”  It turns out that what I do doesn’t sell, in the sense that someone can acquire it and use it to decorate their house.  But I do have shows.  All the time, in fact.  So, my work ends up serving a different purpose, which isn’t about the comfort of hanging in the living room of whoever bought it, but rather about being seen in a public space.  I feel that the artist in general can take advantage of the power of expression that he or she has to make things better or worse.  Throughout history artists have always been useful.

Who chooses whom?  Do you choose the issue, or does the issue choose you?

Hard to say…that’s a hard question, I don’t know if I can answer, because sometimes I don’t know.  Sometimes things choose me.  The installation project chose me.  Why did it choose me?  Because I had dreams that revealed things that I’ve had to struggle with alone, and the only way to work them out was by developing a difficult and extensive project, exposing myself, and putting myself in a vulnerable position in front of a lot of people in order to heal myself.  And what happened, these things can either turn out well or turn out badly.  I don’t know if it’s by chance – but sometimes I think so – that it came out well and I feel good about what I did, and that it was good for me, and if I had hidden all that, if this issue hadn’t come up in this way, I’d be worse off today.  But later, once you’ve finished the drawing, it’s no longer yours, it belongs to the viewers.  This piece not only spoke of my dreams and nightmares or what happened to me, but it also speaks of what’s happened to others who can’t talk about the issue or who never will.

When did you get the calling to be an artist?  How did it happen?

When I was little.  Because I had an “organic” issue, I was encouraged to draw, they were always asking me for a drawing.  Ever since I was little I’ve been drawing – I did portraits and I started drawing the human body.  I was always very aware of the female and male anatomy, and I drew a lot.
I still have the same relationship with drawing that I had when I was little – it was a really important way of expressing myself, and it helped me get through the day.  I always tended to get stressed.  When I was little I had psoriasis, which is a psychosomatic condition, it’s the body’s way of trying to create a sort of shell to protect itself from outside stimulation.  So then they sent me to a therapist, and she wanted to know what was going on in my head, and so she had me draw, and she told my parents to get me to draw, and so I started drawing when I was little, and I’ve been drawing ever since.
I started to paint as I got older, when I was a teenager.  That’s really when I experienced a kind of creative explosion, I started to work on murals.  I had the space and the resources to do it, so I worked on these giant wooden panels where I made self-portraits using different techniques that had to do with the moment I was going through, with the existential crisis of whatever moment in my adolescence.  And it’s incredible, at that moment I didn’t know I was going to become an artist; I knew it came easily to me and that it was something I liked, but I didn’t know that I would end up devoting myself completely to it.  But the earliest memories I have are of drawing, so I would say that I’ve always had the vocation.

Are you thinking of showing in Argentina?

I’d love to, but it’s something that I’d like to have the proper time for so that I can do it well.  In London I mount a lot of exhibits – small, large – I’m constantly showing something, and people know what to expect from me.  But in Buenos Aires, since I’ve never shown there, I’d like to do something big and dedicate a lot of time to it.

I’ve observed the women in your pieces – some seem static, tied by the feet and hands, women that seem weak but aren’t, because those women are saying something.  I’ve been wondering about what you think about feminine fragility.

I work a lot with ambiguities.  With the images I use, if someone who doesn’t know me sees them or just recently sees my work, they don’t know what my intentions are, and that usually confuses a person.  I like that – it’s not something I dislike.  That the images generate more than one message helps me.  And since I know that there’s no way I can control all the messages a painting might generate, I don’t try to control it, and I even push a little harder to see how far it can go.
But, yes, there is a theme that often shows up, the submissive woman, submission…but it’s a submission that’s been taken on or appropriated, a submission that can be liked, the idea that a woman can take on certain power, the power to say, “I’m this way, I can be this way or choose to live this way,” which a lot of times is a problem and sometimes it’s not.  It can be a problem when it turns into domestic violence.

I keep thinking about how those submissive women must feel.

There’s a lot of pride in feeling that way.  And not only that, it also happens that women submit themselves to other women.  With the theme of the woman tied up I’m working on the theme of pleasure- I’m talking about a pleasure in giving over control to another person that can exist for a lot of people, and to what point one actually controls the position of submission that one assumes.  So, it’s not only about a tied-up woman, it’s not only about the feminine condition, it’s about the condition that one chooses.  Before the series of drawings I was telling you about, I did a series of erotic drawings, which also have a lot to do with the drawings that I did when I was younger, because when I was a girl I drew the human body and I felt shame, which I think is natural.  My whole life I drew the human body, I’ve always been working on the human body, I continue to work on it and I’m never going to drop it because I’m an artist who uses the figure.  So, I would draw a picture of a nude woman, and I would feel terribly turned on, and I would immediately rip up the picture. Once in school I was so embarrassed and so frightened that I ripped up a drawing into tiny bits and threw the pieces out in different waste baskets.  And so, it occurred to me that it had been a long time since I had drawn in that way, drawn only to draw the human body simply because it was sexually exciting to me to do so.  I worked with a lot of fetishes in the drawings that are intimately related to the end of Freud’s theory on childhood trauma.  The fetishes that I used in the drawings aren’t necessarily my fetishes, I think they belong to a kind of universal conscience.
While drawing, I began to feel the same things that I felt when I was little – I couldn’t believe that I had actually reached that sensation that was hidden in some place in my unconscious, something that was completely erased, and that suddenly I was having the same sensations – though not just sexual excitation, but the thrill of being able to do it, that no one could tell me, “No, you can’t draw that way,” that no one was going to punish me.  It was like returning to some sort of basic sensation.  And the drawings grew into 100 in one week.  And I also really wanted to show them – contrary to how I felt when I was a girl – it seemed necessary to show them, hang them on a wall so that everyone could see them.

Looking at some of the drawings, I thought of the piece by Gustave Courbet, “The Origin of the World,” where he drew the pubis of a naked woman, and it caused a revolution at that time.  Looking at your drawings, I associated them with that provocative style that Gustave Courbet had.

Thank you, though sometimes it’s hard for me to relate to artists of that era because they had a different intention – but then I’m contradicting myself because they couldn’t control what their work would generate, the same way that I can’t.  I provoke – I’m constantly provoking, I’m committed to provoking.  Though, I don’t provoke just to be provocative, that’s not my idea.  The drawings, the things I make, I don’t make them just to scare people, because the truth is that I’d need a lot more than that to scare people.  I’ve realized that I can shock more doing less, and I’ve realized that I can cause a fury with very simple forms, with unfinished images.

There’s a certain masculinity in some of the women you draw.  Why is that?

That’s true.  In those drawings, I saw not only women but rather women of a certain age, because for a long time I worked with the theme of age.  A woman of a certain age and with life experience that shows up in her skin.
I did a lot of drawings of old women who turned into trees, and trees that turned into old women, and, well, it also had a lot to do with the destruction of nature.  And there is a certain masculinity in the women I draw, though it has more to do with the strength that women have, a strength and a resistance to pain, a way of living that’s peculiar to women.  That’s something that’s really important to me, and I’d like to give you something that’s related to this idea.
I’m not only interested in speaking out against issues, I’m interested in finding a balance between my own needs to react against something that affects me personally, either positively or negatively, and also finding a universal theme of violence, of global patterns of violence.  I’m constantly jumping between one and the other, the personal and the universal, and I’d like to make one thing clear:  it’s as cathartic as it is denunciatory.

 

Margarita Gómez Carrasco
Psychoanalyst – Master’s in Journalism and Communications
mgomezcarrasco@elgranotro.com.ar