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El Gran Otro | Lunes 21 de Agosto de 2017

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Mara Musolino

Mara Musolino

Por: Margarita Gomez Carrasco.

El sujeto que desea es narrador de su deseo y, para hacerlo, utiliza la ficción y el engaño de las palabras

Cuando invité a Mara Musolino a realizar este reportaje sobre su libro Hacia una praxis de lo Real, lo concedió sin hacer demasiadas preguntas, siempre dispuesta a colaborar y a hacer circular el saber del psicoanalista.

Ella se encuentra enrolada dentro de la categoría de los grandes maestros de nuestro tiempo. Sin embargo, Mara da la impresión de que no lo sabe o prefiere no saberlo, quizás para evitar cualquier vanidad y banalidad que opaque su proverbial humildad. Tal vez, esta incansable psicoanalista se encuentra en un punto, más allá de cualquier efímero resplandor.

 

Mara Musolino es una eximia psicoanalista con una amplia trayectoria en su praxis y una extensa producción de textos psicoanalíticos. Expresidente de la Institución Mayéutica, actualmente es Titular de la Comisión de Enlace General en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano.

 

-El epígrafe de tu libro está tomado de un cuento incluido en el libro de Borges, El jardín de senderos que se bifurcan. Es un pasaje que habla sobre los hechos que permiten a unos pocos lectores la adivinación de una realidad atroz o banal.

Esta realidad se puede homologar con una praxis de lo real, ¿por qué?

-La praxis de lo real es la articulación de la teoría a la práctica de lo real de lo que cada uno es culpable. Somos culpables del deseo que ignoramos hasta cuando lo hablamos. Por eso, aun una vez dicho, es de imposible satisfacción, pues no se cumple más que en su realización. Esta es totalmente inesperada e inanticipable, por inimaginable en una representación e irrepresentable en un significante. El sujeto que desea es narrador de su deseo y, para hacerlo, utiliza sin saberlo la ficción y el engaño de las palabras. Así omite y desfigura los hechos, incurre en contradicciones que, sólo a algunos, permite la ‘adivinación’. Ella consiste en la imposible traducción de esa realidad atroz y banal que es la falta de ser, el humano que falla en ser lo que dice ser. El humano, por hablante y sexuado, es Otro en el sexo y en su cuerpo, otro en la identificación con que se hace objeto para ese Otro como el cual desea porque no es más que él mismo, hecho yo-moi en el intento de decir su nesciencia del deseo.

-¿Qué fue lo que te inspiró a escribir el libro Hacia una praxis de lo Real?

-Me preocupaba la disyunción exclusiva que se estaba dando entre nosotros, hasta con juicios de valoración peyorativos respecto de lo inconsciente freudiano, como si hubiera un antes y un después, con oposiciones de tipo neopositivista entre lo viejo y lo nuevo, nada menos que sobre lo inconsciente y lo novedoso de la una-equivocación. Novedoso para nosotros, que lo estábamos desarrollando en nuestras Jornadas, porque este Seminario fue dado por Lacan entre 1976 y 1977.

-En el prólogo, Alberto Marticorena dice que libro gira en torno a la represión primaria y se interroga qué es lo inconsciente desde el psicoanálisis. Vos desarrollás este punto desde el primer capitulo, sin embargo, actualmente hay quienes lo llaman «lo» inconsciente y otros que lo llaman «el» inconsciente. Decidir cómo nombrarlo implica una toma de posición, ¿de qué nos habla tal posición, cuando decidimos emplear el o lo?

-Me das la oportunidad de agradecer nuevamente a Alberto Marticorena su  encomiable trabajo, pues este no es un libro sencillo ni lineal. Lo que Alberto destaca es que la represión primordial alcanza lo Real, desde ese saber irreductible que emerge en retoños como en el ombligo del sueño, pero que no puede saberse, porque es irreductible: no reducible a algo imaginario o a lo simbólico. Ese retoño no-reconocido, Unerkannte, dice Freud, emerge del deseo en esa bella metáfora del hongo que aparece de su micelio.

Cuando decimos el inconsciente de modo coloquial, nos referimos a la determinación de lo inconsciente en alguien en particular. Para ser precisos y dentro del discurso del psicoanálisis, nosotros —con Harari— traducimos das Unbewusste tal como lo pensó Freud: neutro. Vale decir, ni determinado ni indeterminado, lo inconsciente es estructurado como un lenguaje.

-¿Cuál es la diferencia entre introducción e imtraducción?

-Al comienzo, Lacan supone que el significante, con las formaciones de lo    inconsciente, hace una traducción posible de lo inconsciente. Ese discurso del Otro es lo que el analista puede interpretar con su operar. Son conocidas las formas que indica en La dirección de la cura y los principios de su poder: escansión, implicación, interpretación. Con esta operatoria, si bien esta traducción ya no es una traducción literal del saber que no se sabe —de lo inconsciente—, el saber puede llegar a saberse a través de sus formaciones: el acto fallido, el olvido de nombres, los actos sintomáticos, sueños, etc.
Ahora bien, la intraducción se debe a que hay un saber insabido que es sabido por la una-equivocación, aunque no pueda dar cuenta de eso sin la intervención de un psicoanálisis. Quien habla, ese ser, produce el deslizamiento de ese todo falso. Es un todo falso porque no es un todo, sino varios pedazos de palabras. Por otra parte, lo así intraducido (e introducido en la equivocación) vale como unidad. Es la no posible traducción de lo que no depende del significante, sino del sonido, del eco sonoro o pulsional que produce en el cuerpo la acción de soñar, jugar y fantasmar; mientras que sus productos, el sueño, el juego y el fantasma son la posible traducción gramatical de la pulsión que es soporte del deseo. Así, lo inconsciente se articula en lenguaje para hablar más de un dialecto, porque su núcleo está integrado por representantes pulsionales que buscan descargar sus investiduras, hacer una posible traducción en el habla.

La imtraducción, por otra parte, es la imposible traducción de lo insabido que sabe de la una-equivocación, porque esta es algo que sustituye a lo que se funda como saber que se sabe. En esa equivocación que es una; es esa y no otra traída por la reflexión posterior, el maestro es la conciencia, por eso está lejos de lo inconsciente.

-¿Hay algún punto de conexión entre lo real de lo inconsciente que sale del ombligo del sueño y lo obsceno?

-Podemos hablar del ombligo del sueño, si entendés por lo Real de lo inconsciente a ese real que alcanza la represión primordial; pero lo obsceno referido a lo siniestro, a eso incognoscible, Unbekannte, por muy familiar se conecta con lo Real como registro de la experiencia, de la vida vivida como experiencia. Por eso angustia, porque aparece y entonces, la falta no falta para dar curso al deseo. El punto de conexión tal vez sea la otra escena, esa escena que Lacan califica de obscena, que es la escena edípica.

-El recorrido en la lectura de Freud y Lacan te llevaron a abrir interrogantes sobre la una-equivocación, ¿a qué descubrimiento arribaste en una praxis de lo Real? ¿Sería como reconocer lo que irrumpe?

-La una-equivocación es un significante tipo, que es lo mismo y lo otro material-mente, vale decir, en el material mental que el analista puede operar analizando la pendiente de las palabras. Ese análisis abre un conjunto abierto desde ese punto, que no es lo inconsciente, sino lo dicho de lo inconsciente por el analizante. La diferencia clave con el material de lo inconsciente se encuentra en la rétorica que ese artificiar abre y se puede analizar. Ya no estamos analizando la gramática de lo inconsciente que aparece en sus formaciones, sino que surge la retórica, el modo en que aparece el ser cuando desea.

-Si la una-equivocación ocurre fuera del análisis, ¿qué pasa entonces?

-Queda sin analizar, resta para la interpretación consciente como si fuera una formación, o deja al hablante atónito, en la hiancia emergida de lo que piensa una pulsación temporal. Lo cree así por su omnipotencia y su incapacidad para asumir la castración implicada en la equivocación ocurrida en la conjunción del tiempo y el espacio sonoro parlante que habita. Recordemos que, para Freud, lo inconsciente era atemporal, pero lo inconsciente lacaniano surgía de la apertura de esta pulsación temporal.

-¿Qué quiere decir Lacan al decir que lo inconsciente es estructurado como lenguaje?

-Quiere decir que no se refiere a un contenido o frase que desapareció de lo consciente ni algo que esté debajo de lo consciente, sólo por haber caído por efecto de una represión. No es el retorno de lo reprimido. Es algo nuevo, que resulta de la repetición, de ese encuentro fallido con lo real. Que sea estructurado como un lenguaje indica que no es un lenguaje, sino que el lenguaje es condición de lo inconsciente. Lo incosciente habla, ¿pero de qué habla? Hay algo escrito, gozado en ese cómo, que el lenguaje estructura a espaldas del sujeto.

-¿Por qué lo inconsciente es un saber imposible?

-Lo inconsciente es un saber imposible, en el sentido de que es un saber que emerge en lo real de un análisis. Es imposible en el sentido económico, porque el equívoco o malentendido surge sin advertencia posible. La una-equivocación irrumpe como ese segundo deslizamiento freudiano, de manera incolora —sin el color sexual simbólico con que tratamos de cernir algún real—. La patinada de una palabra en otra sustituye cualquier saber sabido, cognoscible o decidido que el ser que habla piense haber dicho.

-Lo inconsciente, ¿es efecto de la letra gozada?

-Otra vez tenemos que hacer la diferencia entre la letra entendida como puro significante y la letra como litoral de saber y goce, cuya escritura es la representación-palabra. La insistencia de la letra en lo inconsciente, ¿sería la letra gozada? Esta insistencia produce la edición de la letra y su inserción en la cadena significante, quiere decir que entrará en la serie, en el par ordenado S1 y S2 que, sin estar encadenados, por retroacción del S2 o saber sobre el S1, sobre el significante amo —que domina el discurso—, producen un sujeto y un resto que lo causa en su deseo.

Por el trabajo y la investigación de Roberto Harari, continuado por nosotros en Mayeútica, sabemos que hay letras que restan inéditas y huellas que no son borradas para dar nacimiento al significante y al sujeto que este representa. La interpelación del goce en el trabajo de la transferencia sobre esas letras inéditas que hacen oír la turbulencia pulsional permite la invención de significantes nuevos —que no son para el Otro del deseo, ni para mí (yo-moi) como Otro que desea. Esto abre nuevas perspectivas en la dirección de la cura. A esto me refiero en mi último libro, Fantasma desde el psicoanálisis con niños, como el trabajo pathemático (y no sólo del mathema) del fantasma, lo que nos empuja al psicoanálisis caótico y postjoyceano, esa innovación de Harari que llama otro psicoanálisis. La clínica psicoanalítica trasciende la interpretación en la construcción, volviendo a Freud, desde las modulaciones y articulaciones de la voz, desde lo sonoro, y no solo desde el sentido contenido en las palabras. Es otro trabajo de la transferencia en la escucha y la audición que abre la experiencia de un psicoanálisis, la pone a disposición del deseo analizante.Por: Margarita Gomez Carrasco.

El sujeto que desea es narrador de su deseo y, para hacerlo, utiliza la ficción y el engaño de las palabras

Cuando invité a Mara Musolino a realizar este reportaje sobre su libro Hacia una praxis de lo Real, lo concedió sin hacer demasiadas preguntas, siempre dispuesta a colaborar y a hacer circular el saber del psicoanalista.
Ella se encuentra enrolada dentro de la categoría de los grandes maestros de nuestro tiempo. Sin embargo, Mara da la impresión de que no lo sabe o prefiere no saberlo, quizás para evitar cualquier vanidad y banalidad que opaque su proverbial humildad. Tal vez, esta incansable psicoanalista se encuentra en un punto, más allá de cualquier efímero resplandor.

Mara Musolino es una eximia psicoanalista con una amplia trayectoria en su praxis y una extensa producción de textos psicoanalíticos. Expresidente de la Institución Mayéutica, actualmente es Titular de la Comisión de Enlace General en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano.

-El epígrafe de tu libro está tomado de un cuento incluido en el libro de Borges, El jardín de senderos que se bifurcan. Es un pasaje que habla sobre los hechos que permiten a unos pocos lectores la adivinación de una realidad atroz o banal.

Esta realidad se puede homologar con una praxis de lo real, ¿por qué?

-La praxis de lo real es la articulación de la teoría a la práctica de lo real de lo que cada uno es culpable. Somos culpables del deseo que ignoramos hasta cuando lo hablamos. Por eso, aun una vez dicho, es de imposible satisfacción, pues no se cumple más que en su realización. Esta es totalmente inesperada e inanticipable, por inimaginable en una representación e irrepresentable en un significante. El sujeto que desea es narrador de su deseo y, para hacerlo, utiliza sin saberlo la ficción y el engaño de las palabras. Así omite y desfigura los hechos, incurre en contradicciones que, sólo a algunos, permite la ‘adivinación’. Ella consiste en la imposible traducción de esa realidad atroz y banal que es la falta de ser, el humano que falla en ser lo que dice ser. El humano, por hablante y sexuado, es Otro en el sexo y en su cuerpo, otro en la identificación con que se hace objeto para ese Otro como el cual desea porque no es más que él mismo, hecho yo-moi en el intento de decir su nesciencia del deseo.

-¿Qué fue lo que te inspiró a escribir el libro Hacia una praxis de lo Real?

-Me preocupaba la disyunción exclusiva que se estaba dando entre nosotros, hasta con juicios de valoración peyorativos respecto de lo inconsciente freudiano, como si hubiera un antes y un después, con oposiciones de tipo neopositivista entre lo viejo y lo nuevo, nada menos que sobre lo inconsciente y lo novedoso de la una-equivocación. Novedoso para nosotros, que lo estábamos desarrollando en nuestras Jornadas, porque este Seminario fue dado por Lacan entre 1976 y 1977.

-En el prólogo, Alberto Marticorena dice que libro gira en torno a la represión primaria y se interroga qué es lo inconsciente desde el psicoanálisis. Vos desarrollás este punto desde el primer capitulo, sin embargo, actualmente hay quienes lo llaman «lo» inconsciente y otros que lo llaman «el» inconsciente. Decidir cómo nombrarlo implica una toma de posición, ¿de qué nos habla tal posición, cuando decidimos emplear el o lo?

-Me das la oportunidad de agradecer nuevamente a Alberto Marticorena su  encomiable trabajo, pues este no es un libro sencillo ni lineal. Lo que Alberto destaca es que la represión primordial alcanza lo Real, desde ese saber irreductible que emerge en retoños como en el ombligo del sueño, pero que no puede saberse, porque es irreductible: no reducible a algo imaginario o a lo simbólico. Ese retoño no-reconocido, Unerkannte, dice Freud, emerge del deseo en esa bella metáfora del hongo que aparece de su micelio.
Cuando decimos el inconsciente de modo coloquial, nos referimos a la determinación de lo inconsciente en alguien en particular. Para ser precisos y dentro del discurso del psicoanálisis, nosotros —con Harari— traducimos das Unbewusste tal como lo pensó Freud: neutro. Vale decir, ni determinado ni indeterminado, lo inconsciente es estructurado como un lenguaje.

-¿Cuál es la diferencia entre introducción e imtraducción?

-Al comienzo, Lacan supone que el significante, con las formaciones de lo    inconsciente, hace una traducción posible de lo inconsciente. Ese discurso del Otro es lo que el analista puede interpretar con su operar. Son conocidas las formas que indica en La dirección de la cura y los principios de su poder: escansión, implicación, interpretación. Con esta operatoria, si bien esta traducción ya no es una traducción literal del saber que no se sabe —de lo inconsciente—, el saber puede llegar a saberse a través de sus formaciones: el acto fallido, el olvido de nombres, los actos sintomáticos, sueños, etc.
Ahora bien, la intraducción se debe a que hay un saber insabido que es sabido por la una-equivocación, aunque no pueda dar cuenta de eso sin la intervención de un psicoanálisis. Quien habla, ese ser, produce el deslizamiento de ese todo falso. Es un todo falso porque no es un todo, sino varios pedazos de palabras. Por otra parte, lo así intraducido (e introducido en la equivocación) vale como unidad. Es la no posible traducción de lo que no depende del significante, sino del sonido, del eco sonoro o pulsional que produce en el cuerpo la acción de soñar, jugar y fantasmar; mientras que sus productos, el sueño, el juego y el fantasma son la posible traducción gramatical de la pulsión que es soporte del deseo. Así, lo inconsciente se articula en lenguaje para hablar más de un dialecto, porque su núcleo está integrado por representantes pulsionales que buscan descargar sus investiduras, hacer una posible traducción en el habla.
La imtraducción, por otra parte, es la imposible traducción de lo insabido que sabe de la una-equivocación, porque esta es algo que sustituye a lo que se funda como saber que se sabe. En esa equivocación que es una; es esa y no otra traída por la reflexión posterior, el maestro es la conciencia, por eso está lejos de lo inconsciente.

-¿Hay algún punto de conexión entre lo real de lo inconsciente que sale del ombligo del sueño y lo obsceno?

-Podemos hablar del ombligo del sueño, si entendés por lo Real de lo inconsciente a ese real que alcanza la represión primordial; pero lo obsceno referido a lo siniestro, a eso incognoscible, Unbekannte, por muy familiar se conecta con lo Real como registro de la experiencia, de la vida vivida como experiencia. Por eso angustia, porque aparece y entonces, la falta no falta para dar curso al deseo. El punto de conexión tal vez sea la otra escena, esa escena que Lacan califica de obscena, que es la escena edípica.

-El recorrido en la lectura de Freud y Lacan te llevaron a abrir interrogantes sobre la una-equivocación, ¿a qué descubrimiento arribaste en una praxis de lo Real? ¿Sería como reconocer lo que irrumpe?

-La una-equivocación es un significante tipo, que es lo mismo y lo otro material-mente, vale decir, en el material mental que el analista puede operar analizando la pendiente de las palabras. Ese análisis abre un conjunto abierto desde ese punto, que no es lo inconsciente, sino lo dicho de lo inconsciente por el analizante. La diferencia clave con el material de lo inconsciente se encuentra en la rétorica que ese artificiar abre y se puede analizar. Ya no estamos analizando la gramática de lo inconsciente que aparece en sus formaciones, sino que surge la retórica, el modo en que aparece el ser cuando desea.

-Si la una-equivocación ocurre fuera del análisis, ¿qué pasa entonces?

-Queda sin analizar, resta para la interpretación consciente como si fuera una formación, o deja al hablante atónito, en la hiancia emergida de lo que piensa una pulsación temporal. Lo cree así por su omnipotencia y su incapacidad para asumir la castración implicada en la equivocación ocurrida en la conjunción del tiempo y el espacio sonoro parlante que habita. Recordemos que, para Freud, lo inconsciente era atemporal, pero lo inconsciente lacaniano surgía de la apertura de esta pulsación temporal.

-¿Qué quiere decir Lacan al decir que lo inconsciente es estructurado como lenguaje?

-Quiere decir que no se refiere a un contenido o frase que desapareció de lo consciente ni algo que esté debajo de lo consciente, sólo por haber caído por efecto de una represión. No es el retorno de lo reprimido. Es algo nuevo, que resulta de la repetición, de ese encuentro fallido con lo real. Que sea estructurado como un lenguaje indica que no es un lenguaje, sino que el lenguaje es condición de lo inconsciente. Lo incosciente habla, ¿pero de qué habla? Hay algo escrito, gozado en ese cómo, que el lenguaje estructura a espaldas del sujeto.

-¿Por qué lo inconsciente es un saber imposible?

-Lo inconsciente es un saber imposible, en el sentido de que es un saber que emerge en lo real de un análisis. Es imposible en el sentido económico, porque el equívoco o malentendido surge sin advertencia posible. La una-equivocación irrumpe como ese segundo deslizamiento freudiano, de manera incolora —sin el color sexual simbólico con que tratamos de cernir algún real—. La patinada de una palabra en otra sustituye cualquier saber sabido, cognoscible o decidido que el ser que habla piense haber dicho.

-Lo inconsciente, ¿es efecto de la letra gozada?

-Otra vez tenemos que hacer la diferencia entre la letra entendida como puro significante y la letra como litoral de saber y goce, cuya escritura es la representación-palabra. La insistencia de la letra en lo inconsciente, ¿sería la letra gozada? Esta insistencia produce la edición de la letra y su inserción en la cadena significante, quiere decir que entrará en la serie, en el par ordenado S1 y S2 que, sin estar encadenados, por retroacción del S2 o saber sobre el S1, sobre el significante amo —que domina el discurso—, producen un sujeto y un resto que lo causa en su deseo.
Por el trabajo y la investigación de Roberto Harari, continuado por nosotros en Mayeútica, sabemos que hay letras que restan inéditas y huellas que no son borradas para dar nacimiento al significante y al sujeto que este representa. La interpelación del goce en el trabajo de la transferencia sobre esas letras inéditas que hacen oír la turbulencia pulsional permite la invención de significantes nuevos —que no son para el Otro del deseo, ni para mí (yo-moi) como Otro que desea. Esto abre nuevas perspectivas en la dirección de la cura. A esto me refiero en mi último libro, Fantasma desde el psicoanálisis con niños, como el trabajo pathemático (y no sólo del mathema) del fantasma, lo que nos empuja al psicoanálisis caótico y postjoyceano, esa innovación de Harari que llama otro psicoanálisis. La clínica psicoanalítica trasciende la interpretación en la construcción, volviendo a Freud, desde las modulaciones y articulaciones de la voz, desde lo sonoro, y no solo desde el sentido contenido en las palabras. Es otro trabajo de la transferencia en la escucha y la audición que abre la experiencia de un psicoanálisis, la pone a disposición del deseo analizante.Por: Margarita Gomez Carrasco.

El sujeto que desea es narrador de su deseo y, para hacerlo, utiliza la ficción y el engaño de las palabras

Cuando invité a Mara Musolino a realizar este reportaje sobre su libro Hacia una praxis de lo Real, lo concedió sin hacer demasiadas preguntas, siempre dispuesta a colaborar y a hacer circular el saber del psicoanalista.
Ella se encuentra enrolada dentro de la categoría de los grandes maestros de nuestro tiempo. Sin embargo, Mara da la impresión de que no lo sabe o prefiere no saberlo, quizás para evitar cualquier vanidad y banalidad que opaque su proverbial humildad. Tal vez, esta incansable psicoanalista se encuentra en un punto, más allá de cualquier efímero resplandor.

Mara Musolino es una eximia psicoanalista con una amplia trayectoria en su praxis y una extensa producción de textos psicoanalíticos. Expresidente de la Institución Mayéutica, actualmente es Titular de la Comisión de Enlace General en Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano.

-El epígrafe de tu libro está tomado de un cuento incluido en el libro de Borges, El jardín de senderos que se bifurcan. Es un pasaje que habla sobre los hechos que permiten a unos pocos lectores la adivinación de una realidad atroz o banal.

Esta realidad se puede homologar con una praxis de lo real, ¿por qué?

-La praxis de lo real es la articulación de la teoría a la práctica de lo real de lo que cada uno es culpable. Somos culpables del deseo que ignoramos hasta cuando lo hablamos. Por eso, aun una vez dicho, es de imposible satisfacción, pues no se cumple más que en su realización. Esta es totalmente inesperada e inanticipable, por inimaginable en una representación e irrepresentable en un significante. El sujeto que desea es narrador de su deseo y, para hacerlo, utiliza sin saberlo la ficción y el engaño de las palabras. Así omite y desfigura los hechos, incurre en contradicciones que, sólo a algunos, permite la ‘adivinación’. Ella consiste en la imposible traducción de esa realidad atroz y banal que es la falta de ser, el humano que falla en ser lo que dice ser. El humano, por hablante y sexuado, es Otro en el sexo y en su cuerpo, otro en la identificación con que se hace objeto para ese Otro como el cual desea porque no es más que él mismo, hecho yo-moi en el intento de decir su nesciencia del deseo.

-¿Qué fue lo que te inspiró a escribir el libro Hacia una praxis de lo Real?

-Me preocupaba la disyunción exclusiva que se estaba dando entre nosotros, hasta con juicios de valoración peyorativos respecto de lo inconsciente freudiano, como si hubiera un antes y un después, con oposiciones de tipo neopositivista entre lo viejo y lo nuevo, nada menos que sobre lo inconsciente y lo novedoso de la una-equivocación. Novedoso para nosotros, que lo estábamos desarrollando en nuestras Jornadas, porque este Seminario fue dado por Lacan entre 1976 y 1977.

-En el prólogo, Alberto Marticorena dice que libro gira en torno a la represión primaria y se interroga qué es lo inconsciente desde el psicoanálisis. Vos desarrollás este punto desde el primer capitulo, sin embargo, actualmente hay quienes lo llaman «lo» inconsciente y otros que lo llaman «el» inconsciente. Decidir cómo nombrarlo implica una toma de posición, ¿de qué nos habla tal posición, cuando decidimos emplear el o lo?

-Me das la oportunidad de agradecer nuevamente a Alberto Marticorena su  encomiable trabajo, pues este no es un libro sencillo ni lineal. Lo que Alberto destaca es que la represión primordial alcanza lo Real, desde ese saber irreductible que emerge en retoños como en el ombligo del sueño, pero que no puede saberse, porque es irreductible: no reducible a algo imaginario o a lo simbólico. Ese retoño no-reconocido, Unerkannte, dice Freud, emerge del deseo en esa bella metáfora del hongo que aparece de su micelio.
Cuando decimos el inconsciente de modo coloquial, nos referimos a la determinación de lo inconsciente en alguien en particular. Para ser precisos y dentro del discurso del psicoanálisis, nosotros —con Harari— traducimos das Unbewusste tal como lo pensó Freud: neutro. Vale decir, ni determinado ni indeterminado, lo inconsciente es estructurado como un lenguaje.

-¿Cuál es la diferencia entre introducción e imtraducción?

-Al comienzo, Lacan supone que el significante, con las formaciones de lo    inconsciente, hace una traducción posible de lo inconsciente. Ese discurso del Otro es lo que el analista puede interpretar con su operar. Son conocidas las formas que indica en La dirección de la cura y los principios de su poder: escansión, implicación, interpretación. Con esta operatoria, si bien esta traducción ya no es una traducción literal del saber que no se sabe —de lo inconsciente—, el saber puede llegar a saberse a través de sus formaciones: el acto fallido, el olvido de nombres, los actos sintomáticos, sueños, etc.
Ahora bien, la intraducción se debe a que hay un saber insabido que es sabido por la una-equivocación, aunque no pueda dar cuenta de eso sin la intervención de un psicoanálisis. Quien habla, ese ser, produce el deslizamiento de ese todo falso. Es un todo falso porque no es un todo, sino varios pedazos de palabras. Por otra parte, lo así intraducido (e introducido en la equivocación) vale como unidad. Es la no posible traducción de lo que no depende del significante, sino del sonido, del eco sonoro o pulsional que produce en el cuerpo la acción de soñar, jugar y fantasmar; mientras que sus productos, el sueño, el juego y el fantasma son la posible traducción gramatical de la pulsión que es soporte del deseo. Así, lo inconsciente se articula en lenguaje para hablar más de un dialecto, porque su núcleo está integrado por representantes pulsionales que buscan descargar sus investiduras, hacer una posible traducción en el habla.
La imtraducción, por otra parte, es la imposible traducción de lo insabido que sabe de la una-equivocación, porque esta es algo que sustituye a lo que se funda como saber que se sabe. En esa equivocación que es una; es esa y no otra traída por la reflexión posterior, el maestro es la conciencia, por eso está lejos de lo inconsciente.

-¿Hay algún punto de conexión entre lo real de lo inconsciente que sale del ombligo del sueño y lo obsceno?

-Podemos hablar del ombligo del sueño, si entendés por lo Real de lo inconsciente a ese real que alcanza la represión primordial; pero lo obsceno referido a lo siniestro, a eso incognoscible, Unbekannte, por muy familiar se conecta con lo Real como registro de la experiencia, de la vida vivida como experiencia. Por eso angustia, porque aparece y entonces, la falta no falta para dar curso al deseo. El punto de conexión tal vez sea la otra escena, esa escena que Lacan califica de obscena, que es la escena edípica.

-El recorrido en la lectura de Freud y Lacan te llevaron a abrir interrogantes sobre la una-equivocación, ¿a qué descubrimiento arribaste en una praxis de lo Real? ¿Sería como reconocer lo que irrumpe?

-La una-equivocación es un significante tipo, que es lo mismo y lo otro material-mente, vale decir, en el material mental que el analista puede operar analizando la pendiente de las palabras. Ese análisis abre un conjunto abierto desde ese punto, que no es lo inconsciente, sino lo dicho de lo inconsciente por el analizante. La diferencia clave con el material de lo inconsciente se encuentra en la rétorica que ese artificiar abre y se puede analizar. Ya no estamos analizando la gramática de lo inconsciente que aparece en sus formaciones, sino que surge la retórica, el modo en que aparece el ser cuando desea.

-Si la una-equivocación ocurre fuera del análisis, ¿qué pasa entonces?

-Queda sin analizar, resta para la interpretación consciente como si fuera una formación, o deja al hablante atónito, en la hiancia emergida de lo que piensa una pulsación temporal. Lo cree así por su omnipotencia y su incapacidad para asumir la castración implicada en la equivocación ocurrida en la conjunción del tiempo y el espacio sonoro parlante que habita. Recordemos que, para Freud, lo inconsciente era atemporal, pero lo inconsciente lacaniano surgía de la apertura de esta pulsación temporal.

-¿Qué quiere decir Lacan al decir que lo inconsciente es estructurado como lenguaje?

-Quiere decir que no se refiere a un contenido o frase que desapareció de lo consciente ni algo que esté debajo de lo consciente, sólo por haber caído por efecto de una represión. No es el retorno de lo reprimido. Es algo nuevo, que resulta de la repetición, de ese encuentro fallido con lo real. Que sea estructurado como un lenguaje indica que no es un lenguaje, sino que el lenguaje es condición de lo inconsciente. Lo incosciente habla, ¿pero de qué habla? Hay algo escrito, gozado en ese cómo, que el lenguaje estructura a espaldas del sujeto.

-¿Por qué lo inconsciente es un saber imposible?

-Lo inconsciente es un saber imposible, en el sentido de que es un saber que emerge en lo real de un análisis. Es imposible en el sentido económico, porque el equívoco o malentendido surge sin advertencia posible. La una-equivocación irrumpe como ese segundo deslizamiento freudiano, de manera incolora —sin el color sexual simbólico con que tratamos de cernir algún real—. La patinada de una palabra en otra sustituye cualquier saber sabido, cognoscible o decidido que el ser que habla piense haber dicho.

-Lo inconsciente, ¿es efecto de la letra gozada?

-Otra vez tenemos que hacer la diferencia entre la letra entendida como puro significante y la letra como litoral de saber y goce, cuya escritura es la representación-palabra. La insistencia de la letra en lo inconsciente, ¿sería la letra gozada? Esta insistencia produce la edición de la letra y su inserción en la cadena significante, quiere decir que entrará en la serie, en el par ordenado S1 y S2 que, sin estar encadenados, por retroacción del S2 o saber sobre el S1, sobre el significante amo —que domina el discurso—, producen un sujeto y un resto que lo causa en su deseo.
Por el trabajo y la investigación de Roberto Harari, continuado por nosotros en Mayeútica, sabemos que hay letras que restan inéditas y huellas que no son borradas para dar nacimiento al significante y al sujeto que este representa. La interpelación del goce en el trabajo de la transferencia sobre esas letras inéditas que hacen oír la turbulencia pulsional permite la invención de significantes nuevos —que no son para el Otro del deseo, ni para mí (yo-moi) como Otro que desea. Esto abre nuevas perspectivas en la dirección de la cura. A esto me refiero en mi último libro, Fantasma desde el psicoanálisis con niños, como el trabajo pathemático (y no sólo del mathema) del fantasma, lo que nos empuja al psicoanálisis caótico y postjoyceano, esa innovación de Harari que llama otro psicoanálisis. La clínica psicoanalítica trasciende la interpretación en la construcción, volviendo a Freud, desde las modulaciones y articulaciones de la voz, desde lo sonoro, y no solo desde el sentido contenido en las palabras. Es otro trabajo de la transferencia en la escucha y la audición que abre la experiencia de un psicoanálisis, la pone a disposición del deseo analizante.