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El Gran Otro | Viernes 18 de Agosto de 2017

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Mendoza es una herida absurda

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        MENDOZA  ES  UNA  HERIDA  ABSURDA

            PORQUÉ VECES LA FAMA ES PURO CUENTO

Ya lo saben; casi nunca coinciden lo que se cuenta de un lugar (o lo que sus habitantes dicen de él) con la realidad. Hay casos extremos, y la provincia que nos ocupa es uno de ellos.

Por: Roberto A. Pérez 

 

 Cuando alguien llega en plan turístico a Mendoza, siempre en pos de vinos, cordillera y otras obviedades, tiene casi asegurado perderse de saber adonde realmente arribó. Debería anoticiarse que lo hace a un lugar de suma extrañeza, donde para cada solución se llama a concurso público a fin de crearle varios problemas, donde todos parecen estar de vuelta sin haber ido a ningún lado, y donde cualquier innovación a lo que sea puede entenderse como un liso y llano insulto.

Veamos: solo dos provincias no permiten en sus Constituciones la reelección del gobernador: Santa Fe y Mendoza. En ésta última, todos los mandatarios desde 1983 hasta  nuestros días intentaron reformar la carta magna local y uno por uno fueron estrellándose contra el Mendo-cinismo: mientras gran parte de la opinión “publicada” (a la pública esto le importa un corno) clama por una reforma, oscuras fuerzas empiezan a moverse justamente para no modificar nada. Es automático. Algunos sospechamos que quienes se desgañitan pregonando la necesidad de una reforma son algunos de los que luego operan para que nada ocurra y sigamos regidos por una Carta Magna que sobrevive desde ¡1916! con solo con un par de modificaciones. Y no vayan a creer que hay, por ejemplo, fuerzas clericales o aún más retrógradas (si tal cosa es posible) que se oponen a la modernización de la letra constitucional para que no se cuelen tendencias modernos seguramente atentatorias contra nuestras costumbres occidentales y cristianas…bueno, en realidad eso también ocurre. Pero el tema se recalienta hasta implotar como una supernova cuando se habla de la reelección del gobernador. Es que aquí, crease o no, un mandatario cumple 4 años en el sillón mayor y se va. Quedamos rodeados por provincias manejadas estancieramente por caudilletes que se eternizan en el poder a gusto y paladar, lo cual genera urticarias de envidia en los políticos mendocinos. Y desde 1983 hasta hoy no hubo uno solo que no fatigara los medios para explicar que hay que reformar la Constitución provincial so pena que los demás distritos nos pasen por encima como alambre caído. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Si bien algunos proponen reformas totales, generales, terminales, borrón y cuenta nueva, mientras otros quieren acotar y acordar previamente los puntos a reformar, lo cierto es que nada se ha hecho (y dudamos que se haga) debido a una característica bien local: tomar mucho impulso e instar a los demás a que lo tomen, para luego desacelerarse bruscamente antes de la primera curva e irse al pasto con pena y sin gloria. Así es con todo.

Pero bueno, estamos en otro de esos periodos donde el espantajo de la necesidad de una reforma constitucional vuelve a agitarse. En esta ocasión, el Gobernador justicialista muy K en curso, Francisco “Paco” Pérez  NO aclaró que una reforma como la que propone NO lo excluye para una reelección, cosa que sí habían hecho sus antecesores (aunque todos ellos esperaban que luego algún “operativo clamor” los volviera a poner en carrera; el viejo truco). En un reciente video que se encuentra hasta en la sopa, el mandatario se pone a enumerar la cantidad de derechos que deben incluirse en la nueva Constitución, y al parecer lo único que piensa dejar afuera es el derecho a no ejercer ningún derecho. Luego de tironeos, dimes, diretes y un tsunami de chicanas previsibles, el oficialismo se dignó a decir que “podrían” considerar la exclusión del actual gobernador como prenda de paz, pero nadie les creyó. Pocos días atrás, un movedizo Senador Provincial conservador juntó trece voluntades de otros tantos de sus pares en un documento donde manifestaban que se opondrían al mero tratamiento del proyecto oficial, que tiene la friolera de 80 puntos (las ochenta cuestiones que para el gobierno hay que reformar, eliminar, añadir, etc.) con lo cual el asunto pareció irse al frezzer por enésima vez. Pero el último fin de semana de Octubre, el justicialismo gobernante hizo una especie de retiro espiritual para pulir sus diferencias y refinar el discurso sobre este tema, del cual se desprende que pese a todo insistirán en reformar la vetusta Carta Magna local.

Dicha Constitución contiene varias perlitas que delatan su arcaico origen, de las cuales rescatamos una que  no tiene desperdicio:No pueden ser miembros de las Cámaras legislativas, los eclesiásticos regulares, los condenados por sentencia mientras dure la condena, los encausados criminalmente después de haberse dictado auto de prisión preventiva en delitos no excarcelables, y los afectados por incapacidad física o moral”, dice el artículo 65. De modo que se trata de una “Constitución Inconstitucional”, ya que impide a quienes tienen algún grado de discapacidad acceder a bancas legislativas, contradiciendo a la Nacional reformada en 1994 y todos los tratados internacionales en la materia rubricados por el país. Vaya como ejemplo el artículo 29 de la Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad: “Los Estados Partes garantizarán a las personas con discapacidad los derechos políticos y la posibilidad de gozar de ellos en igualdad de condiciones con las demás y se comprometerán a asegurar que puedan participar plena y efectivamente en la vida política y pública en igualdad de condiciones con las demás (…) incluidos el derecho y la posibilidad de las personas con discapacidad a votar y ser elegidas”, determina esta Convención a la que Argentina adhiere desde el año 2008.

Pero sí podrían hacerlo corruptos varios, en tanto no reciban al menos un procesamiento firme con prisión preventiva…aunque casi todos los delitos contra la administración pública son excarcelables. Y, ciertamente, la mayoría de los casos de corrupción detectados en Mendoza desde la vuelta de la democracia hasta hoy no tienen siquiera un procesado. Recordemos: se sancionó en ¡1916! y la tenemos hasta hoy con nosotros. Claro, en esos años cualquier incapacidad/discapacidad física era sinónimo de enfermedad, concepto este que fue mutando grandemente hasta llegar al que hoy utilizamos, el de las “capacidades diferentes”. Eso se comprende, pero en los hechos le veta el derecho a ser elegidos para cargos legislativos a un porcentaje de mendocinos que oscila entre el 13 y el 15 por ciento.

En este punto es conveniente hacer una aclaración: recién mencionamos a un “Senador conservador”, quien motorizó el rechazo formal al tratamiento del proyecto. Sucede que en Mendoza, además de los clásicos y omnipresentes radicales y justicialistas, también existe el Partido Demócrata, provincial, casi centenario y de posturas que nadie calificaría de “progresistas” precisamente. Este colectivo político, siempre señalado como proveedor de funcionarios para dictaduras varias, tiene un piso electoral que ha variado entre el 10 y el 15 por ciento, lo que le permite obtener una cantidad de legisladores que tradicionalmente han bloqueado todo intento reformista, porque el radicalismo siempre se mostró más flexible y el justicialismo local es abiertamente reformista. Según los altos mandos de ese Partido, el gobierno tiene que ocuparse de mejorar la salud, la justicia, la seguridad y la educación, y dejarse de tonterías. Para ellos, la actual Constitución provincial en nada obstaculiza la buena gestión de las cosas públicas, y tanta anunciación de derechos por incluir es no más que una tapadera para el verdadero objetivo: conseguir la reelección del gobernador de turno. Lo demás es puro cuento, afirman, o en todo caso cuestiones que podrían tratarse por ley o con una reforma consensuada y parcial, limitada a algunos temas muy puntuales. Y seguimos inmersos en diálogos de sordos que suelen sonar más o menos así:

OFICIALISTAS: “Tenemos que reformar la Constitución para incluir los derechos ambientales, los del consumidor y todos los de ‘tercera generación’, los de identidad de género, las elecciones desdobladas, que todas las regiones de la provincia tengan sus representantes legislativos porque ahora algunas no tienen, el voto electrónico y varias cosas más”.

OPOSITORES: “¡Ni lo piensen! ¡No vamos a permitir la reelección del Gobernador!”

OFICIALISTAS: “Y debemos incluir la autarquia del Poder Judicial, reforzar la autonomía municipal y garantizar un piso presupuestario para la educación y la salud”.

OPOSITORES: “¡No insistan! ¡Ya les dijimos mil veces que lo de la reelección del Gobernador no pasa! ¡Basta!”

OFICIALISTAS: “¡Oh, demonios! ¡Nos descubrieron de nuevo!”

NOSOTROS: “Perdón, muchachos…sin ánimo de importunar…¿Van a reformar el inconstitucional artículo 65?”

OFICIALISTAS Y OPOSITORES A CORO: ¡¡¡¿¿¿ Lo qué ???!!!

 [showtime]

Obvio; apenas un par de medios de comunicación lo mencionaron. Y pese a verlo en letras de molde, los Legisladores no se dieron por enterados. Silencio de radio. Mientras, en San Juan la unicameral Legislatura local ya cuenta con un legislador con “capacidades diferentes” que no tuvo ningún problema en acceder a su banca.

Eso si: ha sucedido lo que varios sostenían: en las últimas horas, cuatro de esos “13 apóstoles” antireformistas se han desdicho, y mediante otro documento dado a la opinión pública (que sigue sin interesarse ni un poquito en este minué) afirman ahora que si, que hay que darle pista a la reforma. Radicales ellos, aprovecharon para partir su Bloque en el Senado y cortarse solos a todos los efectos. Esto, además, le permite al gobierno barajar,  dar de nuevo e intentar otro ataque de la armada reformadora, amén de facilitarle el tratamiento y aprobación de leyes fundamentales que se tratarán antes de fin de año (presupuesto y avalúo fiscal, principalmente). Está mucho más cerca de la mayoría especial que indica la propia Carta Magna local para ser reformada. Eso si: de cambiar el artículo 65 y su aberrante anacronismo ni hablemos.

Así están algunas cosas en este valle (andino) de lágrimas. Por eso: hemos notado que Mendoza tiene muy buena fama fuera de sus fronteras, como decíamos al principio, y no nos parece mal. Pero cuidado, que no todo lo que brilla es oro. La asfixiante mediocridad (o “Mendocridad”, en este caso) solo se palpa viviendo acá.