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El Gran Otro | Sabado 19 de Agosto de 2017

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Mito y SociedadMyth and society

<!--:es-->Mito y Sociedad<!--:--><!--:en-->Myth and society<!--:-->

Toda sociedad necesita, en cierto momento de su desarrollo, la existencia de mitos que justifiquen su escala de valores, su forma de organización, o que describan sus conflictos.

En épocas antiguas, fue necesario que definiéramos si éramos guardianes de nuestro hermano (Caín y Abel), o si el hecho de robarle el secreto del fuego a los dioses (la civilización) conllevaba el costo de una tortura eterna (Prometeo). Aquiles nos recordó que aun los héroes tenían su lado vulnerable y Moisés nos enseñó que con una mentalidad de esclavos no se puede alcanzar la libertad.

En nuestro país tenemos personajes míticos, que aun siendo reales, vivos o ya fallecidos, encarnan deseos o arquetipos: el caso de Evita que aun encumbrada no se olvidó de los humildes; o el de Maradona, que se levantó del barro hasta tocar el cielo apoyándose en sus virtudes, y por sus defectos cayó hasta palpar la muerte; casi como Ícaro, que cayó al mar por acercarse demasiado al sol. Pero a diferencia de éste, aquel se levantó otras tantas veces, como un héroe indestructible.

Hay otros mitos que, siendo contemporáneos, son compartidos por enormes porciones de la población mundial. Me refiero a los superhéroes que aparecieron a mediados del siglo XX como relatos en revistas de “comics”, pero que en el XXI se han difundido de la mano de Hollywood a todo el planeta. Este fenómeno trasciende el mero producto de una enorme y pujante industria de entretenimientos; porque esta serie de historias, con sus secuelas y precuelas, generan cada vez más espectadores en terceros países – que en el de su origen. Y cada nueva edición, en vez de disminuir, aumenta esa masa global de espectadores – esos cuentos no están hablando a una sociedad determinada (como muchos opinan), sino a muchas. Son nuevos personajes míticos que, a diferencia de los originales que se difundían de boca en boca, o los posteriores que se distribuían por la letra escrita, se expanden hoy por la imagen – la “letra escrita” de nuestra época.

Estos mitos representan los temores y  deseos de nuestras sociedades industriales o postindustriales mucho mejor que los de siglos anteriores.

Tomemos como primer ejemplo a Spiderman: un joven inteligente, tímido, apocado, que por azar obtiene recursos que lo hacen confrontarse con un dilema: si asume que “todo poder conlleva una responsabilidad” está condenado a no realizarse en su vida privada. Si transgrede esta restricción, daña a sus seres queridos; si abandona sus deberes sociales está condenado a la culpa y a la intrascendencia. En suma, otro dilema prometeico – aplicable hasta a las vocaciones políticas.

Otro ejemplo es Batman: un hombre que tiene todo el dinero y el poder a su disposición. La temprana muerte de sus seres queridos lo sume en un estado de duelo eterno. Lo obsesiona realizar su venganza, pero sin cruzar los límites de la Ley. Finalmente se transforma en un ser dividido, y castiga a los malos propinándoles los mismos miedos que él sufre. Su amiga de la infancia lo acusa que ahora su cara descubierta es su máscara, y que cuando está disfrazado, él es su verdadero yo. Y que ella solo lo aceptará cuando su ser se reunifique. Situación que no ocurrirá jamás… porque en otro episodio, ella morirá a manos de un archivillano. Fábula por entregas que nos relata que aun los super-ricos lloran,  desean y están incompletos – no importa cuántas caras de sí mismos muestren.

Superman nos muestra que un inmigrante, aun teniendo capacidades extraordinarias o ayudando visiblemente al prójimo, jamás se podrá integrar y siempre se sentirá solo, alienado y dividido. Y que todos tenemos nuestra kryptonita. O sea, Aquiles redivivo.

Arquetipos estos, que arrastran conflictos de nuestra sociedad planetaria, tales como la tensión entre el deseo y el deber, la loca impotencia en medio del lujo, o un eterno deseo del diferente que quiere ser uno de nosotros pero siempre está pagando el precio de pertenecer. Y que, cuanto más poderosos, más condenados a la soledad y la esquizofrenia.

Algún lector opinará que los conflictos que nombro no son en realidad los que definen a esos personajes, sino otros. Justamente, en la múltiple dimensión de sus luchas interiores está el atractivo de estos héroes que, habiendo saltado fuera de las páginas de las revistas de adolescentes (donde solo eran caricaturas que “usaban la ropa interior del lado de afuera”), se han transformado en mitos sociales que viven entre nosotros.

 

Por Roberto A.By Roberto A.

At a certain development stage every society needs the existence of myths that justify its scale of values, its organization form, or which describe its conflicts.

In ancient times it became necessary that we defined if we were our brother’s keepers (Cain and Abel), or if the fact of stealing the secret of fire from the gods (civilization), entailed eternal torture (Prometheus). Achilles reminded us that even heroes had their vulnerable side, and Moses taught us that an enslaved mind cannot reach freedom.

In our country, we have mythical characters which being real, alive or dead, incarnate desires or archetypes: As Evita’s case, that even encumbered did not forget the humble ones; or Maradona, who arose from the mud to reach heavens leaning on his virtues, and by his defects he fell, touching death; almost as Icarus, that fell into the sea for having approached too close to the sun. But the footballer’s fate was different, for he returned so many other times, as an indestructible hero.

There are other myths that, being contemporary, are shared by enormous portions of the world’s population. I am talking about the superheroes that appeared during the middle of the XX Century as “comic”-book tales, but in the XXI century they have expanded globally by Hollywood’s hand.

This phenomenon transcends the mere product by a huge and thriving entertainment industry: this series of stories, with its sequels and prequels, generate more and more watchers in third countries, besides its original one. And every new edition, -instead of diminishing-, increases this global mass of spectators – these tales do not speak to one society in particular (as many think), but to many. These are new mythical characters, which differ from the original ones that spread from mouth to mouth, or latter ones that rode on the written word. The present ones expand through images – our times’ “written word”.

These myths represent the fears and desires of our industrial or postindustrial societies in a much better way, than the ones from bygone centuries.

Let us take as first example Spiderman: a timid, intelligent, young man that by chance gets personal resources that force him to confront with a dilemma: if he assumes that “every power brings responsibility”, he is condemned to unfulfilling his private life. If he crosses this restriction, he will end up hurting his loved ones; if he abandons his social duties he is condemned to guilt and oblivion. In short, another promethean dilemma – which is even pertinent to political vocations.

Another example is Batman: a man with all the power and money to his disposition. His loved ones’ early death throws him into a state of eternal mourning. He is obsessed with fulfilling his revenge but without crossing the limits of the Law. Finally he turns into a divided being, and he punishes the bad guys by inflicting them with the same fears he suffers. His childhood girlfriend accuses him that now his bare face is his mask, and when disguised, he is his real being. And she will only accept him when his soul reunites. This is a situation that will never happen, for in another episode she dies at the hands of an arch villain. This is a saga/fable which tells us that even the super-rich cry, have wants, and are incomplete – no matter how many faces they show us.

Superman tells us that an immigrant (no matter how extraordinarily gifted or visibly helping the fellow man) will never be able to integrate, and he will always feel lonely, alienated and divided. And that we all face our own kryptonite. That is, Achilles in flesh.

These archetypes carry conflicts, that belong to our planetary society, such as tension between desire and duty; mad impotence in luxury’s midst; or the different one’s eternal desire to be one of us, but who is always paying the price of belonging. And, the more powerful they are, the more condemned they are to loneliness and schizophrenia.

Some readers will be of the opinion that the conflicts I name are not really what defines these characters, but other ones. Indeed, in the multiple dimensions of their internal struggles lies these heroes’ allure. Having jumped out of teenager magazines’ pages (where they were only cartoons that “wore their underwear inside out”), they have transformed into social myths that live among us.