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El Gran Otro | Lunes 26 de Junio de 2017

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Muestra temporal de Soldi en el Museo Fortabat

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Por: Gisela Gallego

Luego de su apertura, en octubre de 2008, el Museo Fortabat —destacado por su diseño arquitectónico vanguardista y su variado acervo artístico— inicia una nueva etapa en la Colección de Arte «Amalia Lacroze de Fortabat», con exhibiciones de grandes maestros argentinos. Esta primera muestra temporaria se inaugura con el artista Raúl Soldi, quien, más allá de su consagración como representante de la pintura nacional, tenía un vínculo de amistad y afecto con la mecenas Amalia Fortabat.

El citado museo cuenta con una sección internacional que incluye artistas importantes, como el surrealista Salvador Dalí, Andy Warhol, Pieter II y Jan I Brueghel, Joseph Mallord y William Turner. Sin embargo, el conjunto de obras de artistas locales no es menos relevante; entre estos se destacan las obras de Soldi, así como las de Lino Spilimbergo, Antonio Berni, Antonio Seguí, Juan Manuel Blanes, Juan Carlos Castagnino y Ernesto Deira.

En esta nueva etapa, de exposiciones temporarias, el recorrido por la obra de Raúl Soldi, consta de una selección de 70 obras que relevan las etapas fundamentales del artista. Provienen de la propia colección Fortabat, de la Fundación Soldi y de la Galería Zurbarán, y datan de un período que va de la década del 20 hasta principios de los 80.

De esta manera, las variadas obras relevan períodos de la vida artística de Soldi, destacándose especialmente el conjunto de las relacionadas con la música, las figuras femeninas, los personajes circenses, su formación en Italia y un grupo especial dedicado a vistas de ciudad y al paisaje de Glew; localidad que en los años 50 conquistó a Soldi, por su tranquilidad contrapuesta a la urbe y donde hoy se encuentra la sede de su Fundación.

Cada serie temática está motivada por su biografía. La música fue una constante en su familia de artistas: luthiers, cantantes e instrumentistas se destacaban entre sus antepasados; con el circo y el teatro, tuvo una fuerte vinculación desde su infancia, y en su adultez pintaba telones y escenografías teatrales. En la muestra se pueden ver biombos, inspirados en lo escenográfico, aunque en algún caso terminaron siendo decoración de las vidrieras más sobresalientes de Buenos Aires. En Glew no solo quedó su fundación sino también una de sus obras más representativas: los murales de la iglesia Santa Ana, un trabajo ad honórem que realizó interrumpidamente durante más de veinte veranos.

De su período de formación en la Real Academia de Brera (Milán), se exponen principalmente figuras femeninas y desnudos, firmados como «Raoul» por aquella época, entre los años 20 y 30 .

En el último piso, una serie de paisajes retratan lugares significativos por los que el artista ha pasado: Rumania, Israel, Mar del Plata o Punta del Este; y Glew aparece nuevamente entre estampas campestres y atardeceres plagados de paz.

Coronando la variada y representativa muestra del pintor argentino, hay una reproducción de su atelier, ambientado con objetos y elementos de su pertenencia que evocan el espacio en el que trabajaba. En el mismo espacio recreado, un retrato del propio Soldi deja en el ambiente una cálida cercanía entre los visitantes y la trascendencia del artista.

Haciendo gala del espacio confortable que alberga la exposición y complementando los dos pisos que reúnen sus obras, también se reproduce en el auditorio Pintor de melodías, un documental de media hora de duración que combina el testimonio de Soldi con sus pinturas y se exhibe de manera permanente.

Quienes quieran descubrir o redescubrir la obra, así como el espíritu, de este referente de nuestra cultura pueden visitar la muestra hasta el 14 de noviembre, de martes a domingos entre las 12 y las 20, con visitas guiadas a las 17.

Alguna vez, en una entrevista, Soldi dijo que dos palabras definen la pintura: el cómo y el qué. «Lo que importa es cómo se pinta y no qué se pinta. Cuando un cuadro trasciende, no necesita ser explicado. Por trivial que sea el tema, se torna importante».

Además tenía una concepción del arte en que la emoción y la simpleza eran centrales: «El arte debe producir emoción. La emoción es perdurable a través del tiempo, se aloja en la memoria para siempre Uno se asombra de un viaje a la Luna, pero se emociona ante el hallazgo misterioso y simple de un gran poeta. Un buen día habrá de discernir entre lo que es creación pura, artesanía, manualidad o tonterías sofisticadas».

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