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El Gran Otro | Mi閞coles 17 de Octubre de 2018

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Museos de C贸rdoba, entre la memoria y el olvido

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En los 煤ltimos a帽os la provincia reutiliz贸 varios lugares hist贸ricos para albergar al arte y a la memoria. Sin embargo llama la atenci贸n el ambiguo tratamiento que se le da a la identidad y al patrimonio arquitect贸nico de la ciudad.

 

Por Carlos Spedale

 

Siempre es bueno y saludable fomentar al arte y a la cultura, m谩s cuando es el Estado el promotor. En el caso de C贸rdoba, la provincia ha inaugurado y ampliado varios museos ubicados en lo que se conoce comola Media Legua de Oro Cultural. Sin embargo en este proceso de recuperar espacios para la naturaleza, el arte y la memoria, han sido diversos los modos en que la provincia reutiliz贸 el patrimonio arquitect贸nico local. En algunos casos los rescat贸 del letargo, pero en otros pr谩cticamente lo elimin贸 o amput贸.

 

 

Recuperando la memoria

A lo largo del tiempo el pasaje Santa Catalina estuvo relacionado a la historia de C贸rdoba. Ubicado entre la Catedral y el Cabildo, este pasaje -antes llamado Cuzco- fue utilizado como cementerio, lugar de fusilamientos o para caballada policial. De aqu铆 cuenta el historiador Efra铆n Bischoff, que en 1865 sali贸 el batall贸n C贸rdoba Libre a reprimir la rebeli贸n contra el gobernador Roque Ferreyra, y en el siglo XX sirvi贸 como lugar estrat茅gico para el ataque al Cabildo provincial, debilitando al presidente Per贸n en la llamada Revoluci贸n Libertadora.

Pero sus peores a帽os los escribi贸 dos d茅cadas despu茅s, ya que all铆 se ubic贸 el temible Departamento de Informaciones de la Polic铆a de C贸rdoba, m谩s conocido como D2, donde funcionara uno de los principales Centros Clandestinos de Detenci贸n del pa铆s. Seg煤n los documentos policiales se cree que entre 1971 y 1982 pasaron cerca de 20 mil personas por el lugar.

Afortunadamente en diciembre de 2006 el gobierno provincial le entreg贸 las llaves del lugar ala Comisi贸n Provincial de la Memoria, que ahora se ocupa de hacer funcionar all铆 el Archivo Provincial de la Memoria y el Museo de Sitio.

La labor que se hace desde all铆 es de gran importancia para mantener viva la memoria sobre las atrocidades de la 煤ltima dictadura. Aqu铆 pueden observarse sitios de detenci贸n y tortura en muy buen estado de conservaci贸n, ya que las paredes cuentan con l谩minas de acr铆lico para cuidar las marcas que dejaron los detenidos. Tambi茅n puede apreciarse una sala de escrache donde adem谩s de materiales y documentos est谩n los nombres de los torturadores que actuaron all铆.

Quiz谩s puede atribu铆rsele al Museo caer en cierto fetichismo sobre el tratamiento de la figura del desaparecido, o al menos en lo que el fil贸sofo Carlos Asselborn llama su estetizaci贸n, ya que en algunos sitios est谩n expuestos objetos de las v铆ctimas como un vestido, una motoneta y hasta una guitarra, al igual que escritos que si bien tienen una gran carga emotiva, minimizan el contenido pol铆tico del desaparecido y por momentos lo reducen a monumento, v铆ctima o en este caso a una pieza de museo.

Sin embargo, el lugar no solo cumple un rol importante como archivo y difusi贸n de documentos de la 茅poca, sino que adem谩s se realizan diversas exposiciones y manifestaciones art铆sticas relacionadas a la tem谩tica. Es llamativo lo vinculado que est谩 a la sociedad cordobesa, ya que es normal ver gente visitando el museo y la biblioteca o participando de las actividades que all铆 se recrean. Afortunadamente este es un lugar que le da la posibilidad al visitante de interaccionar con el pasado participando como testigo y descubridor, tomando conciencia y humaniz谩ndose.

 

 

Promoviendo Amnesia

Si del pasaje Santa Catalina usted camina seis cuadras rumbo a la avenida Hip贸lito Yrigoyen, llega a Nueva C贸rdoba. En este barrio de clase media alta se ubica otro lugar emblem谩tico de la ciudad: el Paseo del Buen Pastor. Ubicado frente a una joya arquitect贸nica como es la Iglesia de los Capuchinos.

Desde 1897 funcion贸 all铆 la C谩rcel Correccional de Mujeres, a cargo de la Congregaci贸n de Nuestras Sra. dela Caridad del Buen Pastor de Angers, la que en el a帽o 1901 se le agreg贸 una capilla en forma de cruz griega 鈥撁簄ica en la ciudad- que contiene cuadros y murales de Carde帽oza, G贸mez Clara y Emilio Caraffa.

Adem谩s de las reclusas comunes, en varias ocasiones alberg贸 presas pol铆ticas. En el a帽o 1975 el Ej茅rcito Revolucionario del Pueblo realiz贸 una espectacular fuga de veintis茅is cautivas, nueve de las cuales a煤n est谩n desaparecidas.

Ya en democracia, en 1994 bajo el gobierno radical de Eduardo Angeloz, un legislador cercano a 茅l, Luis Medina Allende termin贸 preso por defraudaci贸n al intentar vender los 10.396 m2 del inmueble a un ciudadano alem谩n apellidado Thesing, quien acus贸 al legislador de haberle pagado m谩s de 4 millones de d贸lares por el lugar.

Para el a帽o 2000, la c谩rcel dej贸 de funcionar y el Gobernador De la Sota anunci贸 su demolici贸n 鈥減ara hacer un espacio verde total, que se pueda visualizar mejor la Iglesiade los Capuchinos鈥. Fue entonces que el arquitecto Freddy Guidi, presidente del ICOMOS Argentina (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) hizo una contrapropuesta para preservar el edificio, ya que este ejemplificaba t茅cnicas y dise帽os del siglo XIX.

El ejecutivo acept贸 modificar el proyecto por otro que contemplara reutilizar 鈥渢oda la estructura existente jerarquizando la cruj铆a principal y la Capilla鈥, de acuerdo a un informe de Guidi ante el ICOMOS. Pese a ello, en el 2005 se descubre que el gobierno no estaba respetando el proyecto y seg煤n la arquitecta e investigadora de Universidad de C贸rdoba, Patricia Patti, el entonces director de Arquitectura de la Provincia H茅ctor Spinsatti hab铆a 鈥渆laborado su proyecto en secreto y as铆 comenz贸 la destrucci贸n de otro bien patrimonial de C贸rdoba鈥.

Finalmente, el Paseo del Buen Pastor fue inaugurado en agosto de 2007 con bombos, platillos y construcciones nuevas en las que se ubica una galer铆a de arte, dos restaurantes, un bar, una vinoteca y otra casa de venta de productos de cuero. Tambi茅n tiene una hermosa fuente de aguas danzantes y 6400 m2 de espacio libre demolidos a la c谩rcel. Del edificio antiguo solo se dej贸 un frente y la Capilla.

Ciertamente, la nueva plaza es un sitio que se ha adaptado muy bien a la zona, ya que es normal que los estudiantes la utilicen. Sin embargo no ocurre lo mismo con la galer铆a de arte, que a diferencia del Archivo Provincial de la Memoria, es poco concurrida salvo para inauguraciones o eventos puntuales.

No es menester discutir la calidad est茅tica de la arquitectura actual, o si se adapta a las necesidades para la que fue creado. El problema del Buen Pastor es que con la demolici贸n de la c谩rcel se demoli贸 una historia centenaria que era parte del patrimonio de los cordobeses.

Hoy en d铆a, como s铆mbolo de un momento trascendental de la historia queda una reja recordando la fuga y desapariciones y adem谩s una placa del Gobernador De la Sota鈥搎uien dijo que las madres no cuidaron bien a sus hijos desaparecidos- homenajeando a las presas que pasaron injustamente por el lugar.

De la arquitectura antigua permanece la capilla, muestra de un pasado centenario de gran valor hist贸rico, due帽o de una arquitectura 煤nica y emblem谩tica encastrada ahora en una centro comercial con un espacio abierto hibrido e iconoclasta, sin pasado y con amnesia.

 

 

La mutilaci贸n de la memoria

Tres cuadras m谩s arriba, tambi茅n por la Yrigoyen, llegamos al Museo Provincial de Bellas Artes Evita Palacio Ferreyra. Ubicado en un h么tel particulier que perteneci贸 a los Ferreyra, una familia tradicional de C贸rdoba. Esta residencia fue s铆mbolo del desarrollo de principios del siglo XX y testimonio de la opulenta Argentina del Centenario.

Por su calidad arquitect贸nica y decorativa, fue uno de los palacios m谩s importantes de Sudam茅rica. Su direcci贸n estuvo a cargo de dos destacados arquitectos franceses dela Belle Epoque Ernest-Paul Sanson y su hijo Maurice, mientras que la obra fue de Carlos Agote, quien en Capital Federal realiz贸 el edificio La Prensa, (actual Casa dela Cultura) y el fastuoso Palacio Paz.

La Casa Grande, como le llamaba su propietario original Mart铆n Francisco Ferreyra, se habilit贸 en junio de 1916 y fue una adaptaci贸n ampliada del H么tel Kessler en Par铆s. Tiene una superficie cubierta de 5145 m2, en un terreno de 10958 m2. Por fuera es una muestra del clasicismo franc茅s del siglo XVII y XVIII. Por dentro se destaca por el imponente hall de honor y la escalera de hierro forjado con incrustaciones de bronce que conduc铆a a los dormitorios principales. Todo el interior del palacio fue decorado por la casa Krieger de Par铆s siendo una versi贸n del estilo Imperio, 煤nicos en Am茅rica.

El jard铆n del Palacio era de puro lenguaje franc茅s, como cuenta Carlos Page en su libro 鈥淧alacio Ferreyra鈥. Este tiene una gran diversidad de 谩rboles: acacias, casuarinas, eucaliptos y jacarand谩s, as铆 tambi茅n pl谩tanos y palmeras. Adem谩s se destaca la fuente de fundici贸n ornamentada y los424 metros de rejas, que son de fundici贸n francesa de Val d鈥 Osne. El port贸n proviene de un castillo antiguo, mientras que el parque fue dise帽ado por el prestigioso paisajista franc茅s Charles Thays, quien en la 茅poca proyectara los m谩s importantes trabajos en C贸rdoba y fuera director de Parques y Paseos de Buenos Aires.

El edificio causa una gran admiraci贸n al visitante. En 1960 el famoso cr铆tico de arquitectura Nikolaus Pevsner lo describi贸 para la BBC como una mansi贸n imponente, pura y virtuosa. Asimismo destac贸 su majestuoso hall central 鈥渜ue mide alrededor de 100 pies por 100鈥 y por sobre todo hizo notar que 鈥渓a sala de baile del Palacio de Buckingham mide 120 por 60 y45 piesde altura, mientras que el hall del Palacio Ferreyra es de 75 pies鈥.

La residencia fue ocupada durante varios a帽os hasta la muerte de su 煤ltimo morador. Despu茅s fue repartida entre los descendientes, que salvo detalles dejaron intacto el mobiliario y la decoraci贸n original. En los a帽os posteriores el palacio sufri贸 los da帽os del tiempo. Sin embargo de acuerdo a la Fundaci贸n Legado Cultural, salvo por roturas y rajaduras, no presentaba grandes alteraciones.

En el a帽o 2004 la provincia se la expropi贸 a la familia y partir de all铆 se pens贸 utilizarla como casa de gobierno, pero finalmente se decidi贸 convertirla en museo.

A partir de ese momento fue llamativa la construcci贸n del museo, puesto que se mantuvo un total hermetismo sobre lo que se estaba haciendo. Ni expertos en conservaci贸n, ni legisladores ni la prensa pudieron ver lo que suced铆a adentro. Desde la calle lo 煤nico claro eran escombros saliendo del primer piso.

Finalmente el palacio Ferreyra dej贸 de existir para dar paso al museo, inaugurado el 17 de octubre de 2007. Una vez abierto se pudo constatar lo que el gobierno y el estudio de arquitectura GGMPU hab铆an escondido durante el tiempo de refacci贸n. Se hab铆a quitado gran parte de la flora original que proyect贸 Thays, adem谩s en la fachada del edificio los trofeos, m茅nsulas, t铆mpanos y otros elementos decorativos fueron pintados para resaltarlos sobre el resto de la arquitectura sin valorar la sobriedad de su est茅tica original. Tambi茅n se perforaron los muros para colgar cuatro carteles, cuando normalmente esto se hace en las rejas para cuidar la estructura.

Pero el mayor da帽o fue dentro del edificio, ya que se demolieron casi todos los ambientes que ten铆a el lugar. Tambi茅n se quitaron cuatro ara帽as de la casa Krieger y gran parte del mobiliario original. De aqu铆 sali贸 el museo, que se compone de 14 salas de exhibici贸n donde puede verse la colecci贸n permanente de la provincia, con obras de Antonio Segu铆, Jos茅 Malanca, Emilio Caraffa, Petorutti y la serie Manos An贸nimas, del genial Carlos Alonso. Adem谩s se adicion贸 un ascensor y una escalera revestida en cuero de vaca, mientras que a las ventanas se le agregaron l谩minas de PVC que le da diversos y fluorescentes colores a los vidrios.

Si bien es admirable la calidad de las obras que contiene el Ferreyra, pudo haberse conservado el palacio bajo sus condiciones originales y emplazado un museo de arte decorativo como el Nissim de Camondo en Par铆s o el Frick Collection de Nueva York. Sin embargo, se decidi贸 mutilar otro edificio hist贸rico con un valor patrimonial inigualable para montar un museo que pod铆a construirse en otro sector de la cuidad.

Es saludable tener museos y galer铆as que rescaten los acontecimientos hist贸ricos y culturales de la sociedad, m谩s si tenemos en cuenta que estos bienes son piezas fundamentales de las civilizaciones. Ellos nos ayudan a comprender la historia y mantener la memoria de los pueblos. Una parte de estos es el patrimonio que nos ha dado nuestra arquitectura urbana, por lo que all铆 se vivi贸 y por lo que ello representa. Eso es parte de nuestro legado como civilizaci贸n.

Si la provincia rescata de un modo tan ambiguo la historia arquitect贸nica local, como ciudadanos deber铆amos pensar qu茅 hacemos con nuestro pasado y c贸mo dejamos que el Estado act煤e sobre 茅l, ya que destruir patrimonios hist贸ricos en pos del arte no significa ganar mayor cultura, sino perder identidad y parte de la memoria local, as铆 como hipotecar el futuro.

 

 

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