Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El Gran Otro | Jueves 17 de Agosto de 2017

Arriba

Top

Música para (y desde) el Alma

<!--:es-->Música para (y desde) el Alma<!--:-->


Entrevista a Jorge Bergero sobre el proyecto que refleja solidaridad en estado puro

 

Por: Guillermo Dellmans

 

Música para el Alma es un proyecto solidario e independiente de músicos de las diferentes orquestas profesionales más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. De corta pero intensa vida, el proyecto ya se ha realizado en hospitales, escuelas de educación especial y geriátricos, donde a través de la ejecución musical (si se puede describir de esa manera el acompañamiento que hace el proyecto por medio de la música) se establece un contacto humano de una intensidad especial.

Detrás de este maravilloso proyecto, se «esconde» Jorge Bergero, quien, aunque resiste la categorización de director, es el responsablede la organización de cada concierto, actividad que realiza paralelamente a su profesión (musical) como cellista del Teatro Colón. Aquí nos explica, entre otras cuestiones, cómo la creatividad, unida al placer de la ejecución y la apreciación musical, permite inducir una variedad de respuestas fisiológicas y afectivas en cada persona, teniendo siempre a la sensibilidad musical como elemento subyacente.

¿Cómo surgió el proyecto Música para el Alma?

La idea fue de Eugenia, una joven y talentosa flautista de la Orquesta Nacional de Música Argentina «Juan de Dios Filiberto», a quien, durante su lucha contra una enfermedad, se le ocurrió compartir su actividad musical con otras personas que estaban atravesando el mismo padecimiento. Y puntualmente el primer concierto que dimos fuer en la Fundación Salud. Su directora, Estela Maris Maruso, presentaba su libro, y estábamos contentos de cómo nos había cambiado la forma de pensar la enfermedad con Eugenia. Entonces, yo propuse tocar el cello ahí, y muchos compañeros del Teatro Colón me acompañaron. Y esa fue la primera señal. Porque sentimos cómo la gente se conectaba con nosotros y viceversa. A cada uno, internamente, le pasó eso. Un oboísta mío me dijo: «Son situaciones en las cuales vos te das cuenta de que el público es artista». Y también uno de los violinista, que estaba muy conmovido, me dijo: «Yo le quiero decir a la gente…» —y después lo hizo— que haber tocado ahí es como que lo había conectado con la razón por la cual él había empezado a estudiar violín.

¿Cada cuánto realizan conciertos?

A partir de eso, empezamos a hacer conciertos todos los meses en la Fundación, y luego, cuando Eugenia partió, seguimos haciéndolo. Ahora, en vez de hacerlo una vez por mes, lo hacemos cada tres meses aproximadamente, por el hecho de que la realización de los conciertos en los hospitales conlleva una organización y mucho tiempo, y nosotros todo lo hacemos a pulmón. Para el último concierto, que fue en el Hospital Moyano, fueron dos semanas de mucho trabajo. Pero uno va aprendiendo con la experiencia a organizarse un poco mejor.

Sin embargo, llama la atención la organización que reina en los conciertos.

Para mí, el cimiento de todo esto, que es muy fuerte y el único verdadero, es la experiencia. Cuando yo empecé con esto en la Fundación en Lomas de Zamora, había poca gente en el proceso de organización, y esta carencia, sumada a mi ansiedad por que todo salga bien, me empezó a hacer muy mal, porque era mucha presión para mí. Entonces empecé a modificarlo, y la forma en que lo hice fue la siguiente: yo le comentaba a la gente acerca del proyecto, y si tenía ganas de participar yo le decía que nadie estaba obligado, que cada uno se maneja su tiempo. Después, si lo aceptaba, le llegaba un mail, y la persona me confirmaba por sí o por no, y a partir de la cantidad de músicos que me aseguraba su presencia, recién ahí yo confirmaba la realización del concierto.

Además de su actividad en hospitales, también han actuado en una institución para niños no videntes.

En agosto del año pasado, un violinista amigo —Raúl Di Renzo— estaba esperando a un amigo en un barrio, estacionado, y pasó un cieguito con el bastón, y observó dónde entraba, y al rato entró en el mismo lugar un niño en iguales condiciones; entonces, ahí se emocionó, bajó del auto y se fue a preguntar. Le dijeron que era una escuela para niños ciegos, y él les comento que era violinista, y ahí le contaron que los no videntes desarrollan mucho la capacidad auditiva; entonces él se ofreció a tocar. Y un día me comentó eso, y yo le propuse unir los dos proyectos. Entonces nos juntamos un grupo de músicos y fuimos. Y ahí se creó magia pura porque nosotros fuimos sin ningún tipo de plan, y de pronto había una maestra que estaba filmando todo.

¿Cómo reaccionaron los chicos?

Estaban muy contentos. En un momento dado, una nena levantó la mano y dijo que quería acompañar con el piano la pieza que estaba tocando Raúl en el violín y nos deslumbró, porque fue todo improvisado. Y después, al finalizar el concierto, ellos se acercaron a tocar todos los instrumentos.

¿Creés que fue importante ese video para la difusión del proyecto?

Yo creo que, en la sociedad actual, estamos acostumbrados al impacto visual. Es por eso que, cuando la gente vio el video que nos filmaron en la escuelita para no videntes, fue totalmente diferente su reacción de la que surgía cuando le contábamos con palabras de qué se trata el proyecto. Porque esas imágenes son muy movilizadores. Recuerdo que, al tiempo que le mandé el video al director de cine Eliseo Subiela, me llamó muy conmovido.

¿Y cómo fue el paso de ese inicial «grupo de músicos» a la actual orquesta?

Bueno, al estar todo filmado, músicos de las demás orquestas empezaron a verlo e inmediatamente querían formar parte del proyecto. Y así fue creciendo el número de músicos que se unieron, y actualmente somos casi trescientos. Al tomar esta magnitud, yo me contacté con la directora Cristina Galopo para realizar un concierto en el Hospital Gutiérrez. Empezamos haciendo en la capilla, luego en el patio. Pero, como sabia que los chicos que estaban internados no podían asistir, a mí me quedaron ganas de ir a los pabellones. Así que nos quedamos unos pocos y empezamos a recorrerlos. Y se dieron un contacto más profundo y una experiencia incomparable.

¿Tienen pensado extender el proyecto al interior del país?

Mucho de nosotros, como músicos de diferentes orquestas, hacemos giras, y todos los años vamos al Festival en el Llao Llao; además, tocamos en San Martín de los Andes y en Villa La Angostura. Y recuerdo que la última vez, en nuestro día libre, fuimos al hospital de Villa La Angostura a dar un concierto con músicos que se sumaron ahí, y la gente quedo alucinada. Por otro lado, una alumna mía que está en la orquesta de Neuquén ya se armó un cuarteto, y van por el cuarto concierto que dan en la Liga Neuquina de Lucha contra el Cáncer. Algo similar hicimos en Córdoba con Laura Rizzo, la soprano del Colón. El 23 de diciembre la llamo a Laura para saludarla, y ella me propone hacer un concierto, y ahí nomás empezamos a juntar músicos para hacerlo el día siguiente, con todo lo que ello implicaba. Así que nos pasamos recorriendo los pabellones del Hospital de Niños de Córdoba toda la tarde del 24 de diciembre.

¿Recordás alguna situación que te haya conmovido especialmente?

A nivel personal, recuerdo que, en uno de los pabellones del Hospital de Córdoba, había una nena de cuatro años aproximadamente, que lloraba porque le estaban haciendo un tratamiento. Yo veo esta situación y hago señas preguntándoles a los médicos si podía entrar con el cello, y me hicieron señas de que pasara. Entonces yo comienzo a tocarle una canción infantil, y ella se da vuelta, me mira y se ríe como conociéndola, y después de esto ya no volvió de llorar. Ahí vos tomas conciencia de la conexión que puede generar ese «algo» que vos hacés automáticamente por una rutina laboral, pero que en situaciones como la que te conté cobra otra dimensión. Pero hay experiencias colectivas muy fuertes, como por ejemplo el desmayo de alegría de una señora internada en el Hospital. Situaciones como estas te hacen pensar de otra manera el día a día. Porque, si bien cuando uno lo ve por la televisión se apena, se conmueve, no es la misma energía que se siente al estar y compartir, de la manera que sea, esta experiencia. Y es por esto que tanta gente se está acercando.

¿Cuáles son los objetivos próximos?

La idea es llevar el proyecto a una gran red nacional de Músicos para el Alma, comenzando primero en las provincias que tienen orquestas, o basta con que solo tengan ganas de integrarse al proyecto, porque por ejemplo yo preparo las partituras y las cargo en la página web. En www.musicaparaelalma.org es donde está toda recopilada la información, va a empezar a haber historias, por ahora hay fotos, videos, están las fechas de los conciertos, y hay una dirección de contacto para la gente que quiera integrarse al proyecto y/o que quiera proponer lugares donde ir a tocar. Por otro lado, también esta la idea de hacer un colectivo musical, partiendo de una convocatoria donde un grupo de músicos, con un lugar y una fecha determinados, recorran una vez por mes una provincia. Que se genere con músicos locales una experiencia, la cual sirva como semilla que se vaya cultivando en distintos puntos del país. Y, sobre todo, ir sumando gentes de otro lugar y otros géneros. Por ejemplo, Juan Quintero y Luna Monti se ofrecieron para participar.

¿Cómo imaginas el porvenir de Música para el Alma?

Me parece que en esto no hay plan predeterminado, no hay un «este año tenemos que hacer esto y lograr aquello», es una cosa que surge espontáneamente con alegría, con entusiasmo, con esas ganas de dar, de compartir, de estar ahí con lo que uno hace, con lo que hizo siempre pero desde otro lugar. Desde mi visión —totalmente personal—, yo creo que la idea es sacar todo ego, toda cuestión individual de esto. A mí me gustaría que este proyecto algún día siguiera solo y a mí me llamaran como uno más para integrar la orquesta. Y no lo digo porque esté cansado o no quiera seguir, sino todo lo contario, porque yo estoy apasionado con todo esto. Me gustaría que Música para el Alma sea un hecho colectivo y no haya un nombre propio con el cual relacionar el proyecto.

Entre muchas de sus cualidades, quizás la más radical sea lograr —al menos por un instante— que la música deje de ser un fin para convertirse en un medio. De esta manera, los protagonistas de la velada no suelen ser los cantantes, tampoco la orquesta, y ni siquiera la música en sí; sino ellos, y de manera reciproca, también nosotros.

Próxima presentación de Música para el Alma: lunes 29 de abril a las 11, en el Hospital de Niños Garrahan.

 [showtime]

Fotos: gentileza de Agustín Benencia.