Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El Gran Otro | Lunes 24 de Julio de 2017

Arriba

Top

No Comments

Patrón de convivencia

Patrón de convivencia

ENTREVISTA A NICOLÁS VARCHAUSKY

Por Adriana Vorhem

«No tengo nada que decir, y lo estoy diciendo, y esto es poesía»

John Cage

¿Cómo se articula la música experimental con la sociedad, en términos de tejido social y representación cultural? Dice Deleuze: «Componer es una forma de trazar líneas abiertas de intensidad entre los espacios del pensamiento». Esas improvisaciones experimentales son las líneas que investiga y desarrolla Nicolás Varchausky.

¿Cuándo decidís comprometerte con la música?

Cuando terminé el secundario. Tenía claro que quería estudiar música, pero no encontraba un espacio que me resultase atractivo. Estaba el conservatorio, pero en esa época primero tenías que hacer la carrera de instrumentista y después la de composición, y yo ya sabía que no quería ser instrumentista. Entonces me anoté en Letras, cursé un año, y una ex novia me cuenta que habían abierto hace poco una carrera en la UNQUI: Licenciatura en Composición con Medios Electroacústicos, mucho más en sintonía con lo que a mí me interesaba, ya que uno arrancaba estudiando composición. Realmente todo lo que formaba parte de la carrera me interesaba porque era el vínculo entre la música y la tecnología.

¿Cómo surge la articulación entre cuerpo y música?

Se juntaron varias cosas, usar un instrumento ya es una instancia de usar el cuerpo para hacer música. Cuando empiezo a hacer más música electroacústica y electrónica, me encuentro con que el cuerpo se encuentra ubicado en un lugar más pasivo. Por eso empecé a pensar dispositivos electrónicos que involucren el cuerpo de una forma más activa. Al mismo tiempo que empecé a estudiar en la universidad, empecé a hacer música para el teatro y surgieron algunos intereses por el lado de la voz y su uso ‒los actores dominan la voz al punto de expresar cosas que van más allá de la palabra‒.

Cuéntanos acerca de tus investigaciones.

Ahora estoy trabajando con una manera de sonido que se llama acople. El acople es un fenómeno que se da cuando uno enfrenta un micrófono a un parlante que están conectados entre sí, lo que capta el micrófono se amplifica por el parlante, y lo que se amplifica por el parlante lo vuelve a captar el micrófono, y se va retroalimentando el sonido. Lo que hago es generar un flujo constante de acople, con el cuerpo por un lado, y después también con la computadora lo que puedo es generar un flujo de sonido.

¿Qué tipo de música desarrollás?

Experimental. Creo que la música es un territorio que puede ser ampliado todavía y que puede evolucionar mucho más; y al mismo tiempo creo que los artistas evolucionan más rápido que las instituciones y los circuitos mismos de circulación, entonces quizás hay prácticas sonoras y musicales que hoy no encuentran espacio en los circuitos tradicionales de la música, y que por esto empiezan a circular y definirse como otra cosa. Nosotros no escuchamos en un vacío, escuchamos en un contexto, y ese contexto da sentido a lo que escuchamos y modifica la manera en la que escuchamos, me interesa trabajarlo y aprovecharlo para producir experiencias de escucha más complejas también.

En el marco de la Bienal de Performance hiciste una obra llamada Patrón de convivencia, ¿quiénes intervinieron y en qué consistía?

Eso fue un proyecto en colaboración con Juan Onofri Barbato, Matías Sendón y Jorge Crowe. Lo que hicimos fue colgar un alambrado de 10 metros de alto y 6 de ancho del techo del Museo del Mar. La performance consistió en ir ubicando de un lado y del otro 90 parlantes que estaban enfrentados entre sí para generar acople. La propuesta era construir un sonido a lo largo del tiempo, entonces íbamos encendiendo uno por uno los parlantes. Era una actividad que se volvía tangible y que daba una dimensión física muy clara a la idea de construir el sonido a gran escala en el tiempo y en el espacio. Entonces teníamos escaleras y una serie de dispositivos que nos permitían poner a siete u ocho metros de altura los parlantes. Nos llevó unas cuatro horas terminar esta actividad. Una vez que pusimos todos, teníamos una serie de placas diseñadas especialmente para poder modificar estos acoples y cambiar cómo sonaban para manipular ese gran tejido de sonido que habíamos armado.

Hoy, el arte deja visible el síntoma social que aparece como traumático. Esta realidad, ¿cómo incide en tu producción artística?

El trauma quizás es nuestra relación con la tecnología, ¿cuál es el rol del cuerpo en lo tecnológico? Me parece que hoy un artista contemporáneo no puede producir ignorando la posesión y el rol de la tecnología en nuestras vidas.

¿Tus referentes internacionales y nacionales?

No sabría bien qué elegir, si me preguntás de música, escucho muchísimo y muy diverso. Pero creo que desde un lugar afectivo y también estético, diría que Thelonious Monk. Él decía que cuando sentía que la música fluía, dejaba de tocar y dejaba tocar a los demás, y hacía otras cosas en el escenario. Era un personaje muy particular.

¿Proyectos?

Muchos. Particularmente este año fue una explosión de propuestas y proyectos. Me voy a quedar en el país, pero me parece fundamental tener siempre un vínculo con el exterior y confrontarme con gente de otros lugares, y confrontar mi obra con las de otros.

La improvisación es un modo de producción musical que intersecta la invención con la contingencia, con lo intempestivo. «No es lo que somos, sino que es más lo que vamos siendo, lo que llegamos a ser», es lo que Deleuze caracteriza como líneas de creatividad; es también lo que toma Nicolás Varchausky para construirse como músico y performer, encontrando un modo de pensar y cuestionar la cultura de nuestro tiempo a través de la música contemporánea